Ocio y Vicio

El 92 era una feria

Expo Sevilla 92 1

Una punta de flecha encendida prende un pebetero. O no: una ilusión colectiva prende un país.

Estábamos matando los minutos de una tarde de final del único mes de junio sevillano. Aniquilando los minutos de espera a base de crujir rebujitos, que entonces eran una novedosa combinación de los pipas y quicos de-toda-la-vida y al poco adquirirían, por cosas de la polisemia, el carácter de bebida oficial de las ferias. Ocupábamos unos soportales de Heliópolis, donde la sombra solo quita luz. Y desahogábamos esa impaciencia cuando uno de los nuestros solapó nuestro mascar a la manera de Rodrigo de Triana. —»Tíos, ¡es el de Faith No More!»

Delante de nosotros se deslizaba sinuosa, como la patinadora de Boogie nights o el pez del Viejo y el mar, un estrambote de bicicleta morada, de morado gran poder como las túnicas de Carlos Jesús y como un billete de mil duros, pilotada por Jim Martin, a la sazón, en efecto, el guitarrista de Faith no more. Un tipo difícil de no reconocer porque no había muchos como Jim, aún menos en una estivalía sevillana: camiseta negra sin mangas, vaquero a la piedra, gafas de culo de botella y pasta roja y pulgosa melena y barba amelenada de azabache. No hubo más reacción que la del grito porque insospechadamente Jim tenía un golpe de riñón indurainano y además el gentío no estaba allí para gastar energía adoratriz en él, sino en los Guns ‘n Roses. Estaba en marcha, desde luego, la era Induráin y Martin también era muy feo. Demasiado feo para esa España entusiasta, que era una España demasiado sexy para el mundo (o algo así cantaban Right said Fred).

Era 1992, he dicho, como es 1992 en ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? Pero el futuro de chatarra y baja densidad que ideara Philip K. Dick en su novela de 1968 guarda poca relación con aquél presente sevillano de overbooking cotidiano, grandes conciertos y fastuosos edificios en la Expo, el evento cuyas colas inspiraron con toda probabilidad la idea de abrir un Ikea en esa misma provincia allá por el año 2004. El verano de 1992 era el tiempo, principio y fin, para conquistar el paraíso, usar la ilusión.

Después de aquella aparición tan casual, Jim Martin actuaría con su banda en la parte central de un concierto que abrieron Soundgarden y cerró alguna casaca de Axl Rose. La estampa es una España modernizada por las revoluciones urbanísticas de Barcelona y Sevilla, el estreno del AVE y la familiaridad incipiente con la tecnología telemática —así, todas las letras del disco Inercia de Lagartija Nick—. En 1991 se había creado el PC multimedia y este año se estrenaban el Windows 3.1 y el 3.11. La revolución informática y la revolución gastronómica para ya no ser lo mismo o apenas variar en la superficie para seguir siendo superficie, que es lo que sucede de todas formas. En el 92 algún pionero ya hablaba sobre la tridimensionalidad que se avecinaba y en un giro contracorriente la mascota de los Juegos Olímpicos era un perro de una dimensión. Para acreditar que también se aproximaba la normalización de lo gay, la mascota de la Expo tenía un pico, un largo pico multicolor. Coby y Curro, bisílabas con ‘C’ como Cristian Campos. Las tortillas aún eran sólidas.

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11 comentarios

  1. Pingback: El 92 era una feria

  2. Hablar del 92 y obviar a los Metallicon con su mastodóntica propaganda del black album (tanto en forma de giras como en videoclips y entrevistas), máxime cuando ellos fueron los que dieron el empuje a los Faith No More (el amigo Hetfield apoyando a los de Jim Martin desde el 88), esos que tanto aparecen en este artículo, chirría un pelín. O lo de obviar a los por aquel entonces (y por este ahora) pesadisimos Extreme (pobrecito Nuno). Pero vamos, que nos ha quedado claro que te gustan Faith No More, aunque aquí Angel Dust tardó en cuajar un par de añitos. ;)

  3. Gabriel Araceli de la Viña

    muy bien, y?
    entrando en la anecdota local, te recomiendo «grupo 7», en tu onda remember. Te ha faltado hablar de la vía parenteral y de la ETA, que entre las dos, nos querian matar a todos.

  4. Nah, Metallica es una banda de los ochenta. Pero sí hay nexo articulable: en su día le dieron publicidad en entrevistas y luciendo camisetas tanto a FNM como a RHCP.

  5. Sí, «la» puta ETA.

  6. Philip K. Dick también situó el trascurso de la acción de «Ubik» en 1992, al igual que los androides y sus ovejas eléctricas, a pesar de que una la escribió en 1968 y otra en 1969…
    Ese 1992 que ya no volverá fue toda una feria olímpica de los sentidos, sí señor. Todo un placer haber montado en la máquina del tiempo de este artículo para rememorarlo.

  7. Enhorabuena por el artículo.

    Por cierto, en el ’92… DREAM TEAM. Fenómeno que trasciende el mundo del deporte para convertirse en algo social.

    Os dejo un link a un post al respecto y os recomiendo ver el documental de NBA TV sobre el tema.

    http://saliendodesdeelbanquillo.blogspot.com.es/2012/06/cerca-de-las-estrellas.html

  8. Gran artículo… A mi ese concierto me lo jodió la aluminosis del Vicente Calderón.
    Y ya que algún enteradillo te echa en cara que falte algún acontecimiento, ahí va el mío: Jon Bon Jovi cortándose la melena.
    Grande Jim Martin, quien diría que, 20 años despues, se dedica al cultivo competitivo de calabazas (no es coña).

  9. ¿En serio Héroes del Silencio presentaron en una gira de 1992 un disco que salió en 1993?

  10. «Unas aguas ideales para que cada vez más peña le hiciera la ola a los REM, de los pocos supervivientes que transitaron el cambio de década y de modas sin perder comba y que a la que vieron que la jovialidad ya no se llevaba (esos colores de la Shiny Happy People) se pasaron a lo átono sin que ningún crítico avispado reparara en lo comercial de la jugada.» Lo siento, pero no. Los R.E.M. de los ochenta no eran un grupo «jovial». Y no cambiaron con los noventa. Escarbe en «Out of time», el disco del 1991, en las canciones que no fueron single. ¿Que las que fueron single estaban escogidas por ser más accesibles? Cierto: la jugada era arriesgada si alguien compraba el LP esperando encontrarse más «Shiny happy people» (conozco amargas decepciones al encontrarse con «Country Feedback»); y la vivacidad rítmica de «Losing my religion» es engañosa. Si no perdieron comba, fue porque el cambio de modas les fue a favor; pero ellos ya estaban allí.

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