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Alberto Rojas: El libro que leería durante la película que no puedo perderme

keith stewart

No sé si recuerdan la voz de aquel tipo, el capitán Chesley Sullenberger, mientras posaba la panza de su Airbus A320 en el río Hudson. Llevaba a su cargo 154 almas y muchas toneladas de queroseno cuando una bandada de pájaros agujereó sus motores. Sin posibilidad alguna de llegar a ninguna pista de aterrizaje digna de ese nombre, improvisó una alternativa: amerizar. La conversación con las torres de control de Newark y La Guardia revelan que los verdaderamente acojonados aquel día fueron los controladores. Sullenberger comunica con calma que el avión se cae, que se va al Hudson.

— Repita, vuelo 1549. Tiene la pista 2 de Newark a su disposición.

— Imposible, no llegamos. Voy al Hudson.

La voz del capitán, veterano y equilibrado, no tiembla. Es firme y categórica. Transmite órdenes a la tripulación y tranquiliza al pasaje. El avión planea sobre el agua. Chof… chof… chof. Dos minutos después flota a la altura de la calle 48 de Manhattan y todo el mundo está a salvo.

Las principales cadenas de televisión de todo el mundo reprodujeron aquella conversación, sorprendidas con el temple del piloto. Escuchar esas pausas, ese timbre de voz, esa calma zen rezumando entre el chisporroteo de la radio, recuerda al romanticismo cremoso, a la épica dorada, a la cofradía de caballeros paladines con alas que Tom Wolfe retrató en Lo que hay que tener (The Right Stuff), un monumento al nuevo (viejo) periodismo que supera al sobrevaloradísimo A sangre fría de Capote.

El copyright de aquella voz de cowboy tranquilo pertenece en realidad a Chuck Yeager. Desde que Yeager superó por primera vez la barrera del sonido con su X-1 todos los pilotos del mundo intentan imitar su manera de decir: «Bueno… Mmmm… Sí, parece que he perdido los dos motores. Hay fuego. Mmmm… Bueno chicos… Voy a saltar… » mientras los controladores se miran unos a otros espantados y ven, desde el ventanal de la torre, cómo el avión ya es en realidad una bola de fuego que caerá en el desierto como un meteorito.

Yeager, mito de la aviación, es el protagonista de esta epopeya que narra la carrera espacial vista desde los Estados Unidos. Una historia que comienza en la base aérea de Edwards, en California, un lugar polvoriento al que acuden los mejores pilotos de pruebas del país para desarrollar poderosos aviones de combate entre fanfarronadas, borracheras y viriles desafíos aéreos.

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2 comentarios

  1. Aún recuerdo la primera vez que la ví, quién no querría ser piloto… Ellos se llevaban la gloria, pero nadie era más duro que Yeager, ese Jesee James con alas.

  2. Me gustó mucho el libro de Tom Wolfe, «The Right Stuff», está muy bien narrado y documentado y a poco que interse el tema de la astronáutica o la aviación, es un acierto seguro, incluso si no te interesa es una excelente lectura. La película sigue el libro bastante fielmente, pero está claro que al estar limitada por el formato de la pantalla y la duración del metraje, pierde algo en relación con el libro. Hay otro libro que una vez lo empiezas no puedes dejarlo, la autobiografía de Chuck Yeager, vale mucho la pena leerlo, ya sea antes o después de «The Right Stuff».

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