Casi siempre tendemos a recordar a los músicos con un somero resumen. Prueba a preguntar en un bar con la música a tope por una canción que te ha gustado y no sabes de quién es. Te darán una referencia breve, normalmente atenta a los aspectos macabros. Casi como una reacción automática. Así Bon Scott es el primer cantante de AC/DC, el que murió borracho ahogado en su propio vómito. Cass Elliot, la voz de The Mamas & The Papas, la que pesaba 100 kilos y falleció atragantándose con un bocadillo —un falso rumor pero que nunca está de más recordarlo—. Y Skip Spence, por citar otro ejemplo, el tío de Moby Grape, sí, el que en un mal viaje de ácido intentó asesinar a sus compañeros entrando con un hacha de bombero en el estudio de grabación y acto seguido le ingresaron en el psiquiátrico. Así hasta la saciedad.
Roky Erickson, por su parte, entraría en esta última categoría lisérgica. Te dirán: es el autor del histórico hit You’re gonna miss me, y el buen hombre que, tras detenerle la policía con un porro de marihuana, fue ingresado en un manicomio donde le dieron electroshock hasta destrozarle el cerebro para terminar firmando, diez años después, una especie de declaración jurada dirigida al Gobierno de Texas en la que aseguraba ser un alienígena del espacio exterior. Cosas que pasan.
Humano o extraterrestre, lo cierto es que la obra de Roky, que nos visitó a finales del año pasado, es una de las trayectorias más brillantes de la historia de la música popular. Y hay que subrayar que sus trabajos más notables vinieron cuando ya tenía el cerebro frito y deshecho por el electroshock e incluso estaba frisando la indigencia. ¿Es esto posible? Sí, señora.
Hay un documental de 2005 que lleva el título de su canción más famosa: You’re gonna miss me. Dirigido por Keven McAlester, el reportaje relata la pelea por la custodia legal de Roky a principios de la década pasada entre su madre y su hermano, que es como si litigaran por cuidarte Sasa Curcic y Paul Gascoigne. La muy religiosa madre es partidaria de no medicarle y dejarlo a su aire. El hermano, que se gana la vida tocando la tuba en una orquesta, es un new age que quiere que haga la misma y extravagante psicoterapia que él.
En las primeras escenas vemos cómo era un día normal en la vida de Roky mientras le cuidaba su madre. Enciende todos los aparatos eléctricos que hay en su casa, pone a tope la radio, la televisión y un organillo que tiene en el salita. Se sienta, se acomoda bien en el sillón, se pone unas gafas de sol y entonces se relaja por fin. Es lo único que puede hacer para no escuchar las voces que hay en su cabeza gritándole.
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Algunos tuvimos la suerte de verle en León y la sensación suponemos que es muy parecida a la que tuvieron esos niños en Fátima (nosotros íbamos menos drogados,eso seguro). Fue algo místico.
Creo que es uno de los mejores relatos que jamás he leído. He reído a carcajadas en la parte de la entrevista, pero no se puede evitar sentir pena por la suerte que le tocó vivir a este hombre. Modelo a imitar, en lo que a la música concierne claro.
Gracias por descubrirme a este genial músico. Llevo un buen rato escuchándolo y no me canso.
¡Qué grande Roky! Coincido totalmente en lo de que prefiero su carrera en solitario.
Otro ejemplo más de que en la música (o al menos en la que a mí me gusta) lo importante no es si eres más o menos bueno. Lo importante es que seas único y que moles. Y R. Erickson mola mazo (que diría Camilo Sixth).
Mi preferida: White Faces y, por supuesto, I Walked With A Zombie.
me da miedo. sin embargo, hay un recopilatorio que no cansa nada, un disco de tributo llamado ‘the psychedelic sounds of the sonic cathedral’, en el que salen unos cancionorros de mucho cuidado. incluso sale el propio roky cantando con unos mozalbetes. un discazo.
enhorabuena por el artículo.
Desternillante, apasionante y sobre todo, enriquecedor. A escuchar a estos reyes de la psicodelia.
Pingback: Roky Erickson: padre de la psicodelia, superviviente al electroshock y… alienígena
Sus arrobas no, pero si me desasosiegan tanto su americana blanca como esa forma de colgarse la guitarra a media panza, por lo mucho que me recuerdan al palizas de BB King.
Y siendo mas partidario de su faceta eléctrica, pocas canciones me parecen mas hermosas que «You’re an unidentified flying object».
Por lo demás, chapó por el artículo, y desear por un lado que no se muera nunca Roky y por otro un doloroso prolapso anal al cretino que se dedica a subir videos del «The Evil One» rotulados en Comic Sans, aunque esto probablemente lo aprobaría de forma fervorosa el propio Roky.
Confieso que la americana blanca a mí me conquistó a primera vista.
En el rock y el pop la música es mucho menos importante y determinante que la personalidad del músico.
Entiendo -hasta cierto punto- la fama de los 13th floor elevators, no así la trayectoria en solitario de este señor, un músico menor elevado a los altares -ultimamente parece haberse puesto más de moda que nunca entre la intelligentsia roquista- sin que todavía haya podido entenderlo del todo, como no sea por la típica atracción por el malditismo, la aureola del perdedor y la locura. Ya que se cita en el artículo, ¿por qué no Skip Spence? o mejor aún, el más oscuro Twink, ex-batería de Pretty Things, Pink Fairies, Tomorrow, y otro pirao de cuidado. Tampoco es que me interese mucho más Twink, sólo hago notar cómo funcionan las modas, gustos e ideologías en esto de la «historiografía» del rock.
Ya me supongo que hablar por enésima vez de Syd Barrett tiene que ser cansino, pero para genio iluminado él -ya no digamos Brian Wilson- y dejémonos de bobadas
Gracias por el comentario. Lo cierto es que a mí me gusta bastante más Roky que los Ascensores. Y de hecho, le escuché antes a él que a ellos ¡así es la vida! En cualquier caso, en este espacio intentaré contar la historia de todo aquello que merezca la pena ser contada. Y si es músico, al margen de su lugar en las diferentes historiografías del rock, que me traen bastante sin cuidado. El único motivo por el que he elegido Roky es porque vino a tocar. Es más, quería hacer coincidir esto con el Purple, pero la vida es muy dura.
Claro, pero eso es debido a que de forma inconsciente recuperas de una de tus cirunvoluciones cerebrales la imagen de una americana blanca conteniendo dentro a Lee Brilleaux tocando la armónica en el escenario del Old Grey Whistle.
Le descubrí por casualidad en el festival de jazz de Denton, TX, este año, y me impactó mucho. No conocía su historia, aunque imaginaba que, por la letra de sus canciones, habría algo más que ‘solo’ droga.
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Que jartá a reír con el coñazo de la botellica,me he sentido completamente identificado.