Gastronomía Ocio y Vicio

¿Bourbon? Oui, c’est moi

Barriles

No sé cuándo comencé a beber bourbon. Hago memoria y no encuentro el punto de partida, lo que sí sé es que llevo grabada en la memoria una frase que un día me dijo un amigo: «hombre, es que el bourbon no es una bebida muy femenina…»

Me puse a pensar entonces en ello, y sigo haciéndolo ahora, porque no sabía que las bebidas tuvieran sexo. Parece ser, según algunos, que sí. Y también parece que es raro, no solo que una mujer lo beba, también que quiera o pretenda escribir de ello. Cierto es que desde aquel día, cada vez que estoy en la barra de algún bar (léase en algunos casos antros de los buenos, ¿por qué no?) miro a un lado y otro tratando de descubrir cuántas féminas piden lo mismo que yo. Lo reconozco: pocas.

Y me extraña, porque si hay algo que lo define son dos cosas: dulzura y suavidad.

Quizá es la moda del gin tonic, aderezado por mil y un complementos; o la apuesta segura del ron-cola, o incluso esos primeros acercamientos al vodka con limón, los que hacen que no tenga tantas adeptas (e incluso adeptos), pero desde luego el bourbon tiene estilo. Y solera. Y tradición. E historia.

Y deja poca resaca. Al menos a la que firma estas letras.

Puede que sea también porque suelo abanderar causas perdidas y siempre me han dicho que sería una gran abogada de pleitos pobres; quizá porque un día de pronto descubrí que la belleza felina de Ava Gardner también era de las mías o, simplemente, porque me gusta lo atípico, me he propuesto reunir unas líneas que cuenten las bondades de ese destilado, que endulza los besos que una va dando.

Llegados a este punto, no se me ocurrió mejor manera que poner en orden pensamientos y palabras en una exquisita y excitante cata de buenos bourbons. Para ello, me llevé a Álex Calvo —amigo, periodista del Club Vinoselección, experto catador de destilados y puedo asegurar que con un historial mayor que el mío, gracias a su larga experiencia en catas a un club de fumadores: Churchill Club (Capitán Haya 48, Madrid).

Como dijo aquel «verso a verso», en este caso, trago a trago su faceta más sumiller-profesional-masculina y la mía más bebedora-femenina, fueron desmontando mitos (si es que los había) de una bebida que puedo asegurar también es para ellas.

destilería

La suavidad del vaquero

Cuando hablamos de bourbon, en numerosas ocasiones la mente nos lleva a pensar en esos rudos vaqueros, tabaco de masticar en boca, que miran al horizonte en el Oeste Americano a lomos de su caballo. Ya lo cantaron Los Enemigos en aquella canción dedicada a John Wayne: “¿Eres tú John Wayne? ¿Eres tú John Wayne? ¿O lo soy yo?; ¿Bebes tú bourbon? ¿Bebes tú bourbon? ¿O lo bebo yo?; ¿Mascas tabaco? ¿Mascas tabaco? ¿O lo masco yo?”

Quien piense así es que nunca ha probado, ni mojado sus labios con este destilado. Más allá de esa imagen dura, varonil, brusca, el bourbon es dulzura, es suavidad, es sugerencia, es aroma y sabor a frutos secos, es miel, es notas acarameladas. Es también una historia de amor, no solo la mía con él. Años ha, un joven soldado confederado en Atlanta llamado Paul Jones Jr. conoció a una joven sureña de la que se enamoró al instante, asegurando que sería la mujer de su vida. Ese mismo día fue llamado a filas y se declaró prometiendo que, pasada la guerra, regresaría a buscarla para convertirla en su esposa y que, si su respuesta era un sí, se lo hiciera saber bordando cuatro rosas rojas en su corpiño.

A su vuelta le estaba esperando la mujer de su vida y cuatro rojas rosas bordadas, que se convirtieron en sinónimo de amor verdadero, y más tarde, en 1888, en el símbolo de un sueño: su propia destilería Four Roses en Kentucky.

Cuando uno se introduce en el mundo del bourbon ocurre lo mismo, es un flechazo, una historia de amor, es descubrir una bebida suave pero con carácter y llena de matices. Como los que afloran cuando se degusta e incluso cuando se conversa en torno a ella. Como bien me apuntaba mi partenaire de cata, a él el bourbon le hace pensar en música. Cierto, es trasladarse a los club clandestinos que crecieron al amparo de ley seca en la década de los 20, en los que se bailaba hasta el amanecer con las notas del swing. A mí me suena a contrabajo y ahí, sorbito a sorbito, cambiamos de década y nos acercarnos a la escena rockabilly y a las pin up, que levantan pasiones, quizá la inspiración que ha encontrado de nuevo Four Roses, con una campaña protagonizada por la dama del burlesque español Vinilla Bon Bismark. Una apuesta clara para introducir al sector femenino en una bebida que tiene mucho que ver con nosotras.

Cortapuros

Pero, ¿whiskey o bourbon? ¡Qué jaleo!

Otro de los grandes mitos, o errores, o confusiones es la duda de si el bourbon es o no whiskey. (Ojo, que no whisky, que se utiliza para designar los destilados de Escocia, Gales, Canadá y Japón)

Puedo afirmar que seguramente en numerosas ocasiones os habéis topado con esta respuesta a la pregunta “¿tienes bourbon?” en la barra de un bar: “Sí, tengo Jack Daniel’s”.

Bourbon es un whiskey americano, sí, pero no todo el whiskey americano es bourbon. Cuando los colonos procedentes de Escocia e Irlanda pisaron suelo americano, sus maletas llegaron cargadas de una larga experiencia en elaborar los mejores whiskies europeos. Pero en aquellas tierras, la dificultad de encontrar maltas y la abundancia de maíz y otros granos, hizo que comenzaran a utilizar ese cereal como materia prima básica del nuevo whiskey. Poco a poco las recetas de un lado y otro del océano se fueron diferenciando, así como la destilación y la maduración.

En 1793, en agradecimiento por el apoyo que Francia había otorgado a Estados Unidos durante la Guerra de la Independencia, numerosos condados adoptaron nombres franceses. Entre ellos se encontraba el actual Kentucky, que recibió el nombre de Bourbon, en honor a la dinastía Borbón. Una tierra llamada “país de la hierba azul” (bluegrass country) que posee los tres elementos claves que aportan calidad e identifican a esta bebida: el roble americano con el que se construyen las barricas, el agua calcárea y una tierra muy fértil en la que cultivar el maíz.

Fue tal la concentración de destilerías que comenzaron a crecer en la zona que pronto ese caldo comenzó a exportarse a otros condados. Como en un primer momento en la etiqueta únicamente aparecía la palabra Old Bourbon, poco a poco este whiskey americano fue tomando el nombre de bourbon, por la zona de destilación y embotellamiento y diferenciándose del whisky más tradicional.

El whiskey americano se caracteriza por tener una base de mezcla de grano (maíz, centeno, cebada), estar destilado a 90% ABV o menos, se debe reducir a no <62.5% ABV antes de ser añejado en barricas de roble y no debe ser embotellado a < 40% ABV.

Por su parte el bourbon whiskey ha de cumplir las siguientes condiciones: debe ser destilado y añejado únicamente en Estados Unidos, debe contener un mínimo del 51% de maíz (que suele llegar a 70%); ha de ser añejado en barricas nuevas de roble blanco quemado, al menos durante dos años; su sabor no puede adulterarse, debe ser destilado a 80º de concentración alcohólica y poseer una máxima graduación en barril de 62,5°.

Cuentan las leyendas también, aunque parecen no conservarse testimonios escritos de ello, que la tradición de quemar el interior de las barricas de roble fue casual. En 1789, un incendio en la destilería del reverendo Elijah Craig provocó que tuviera que reutilizar algunos de los barriles de roble blanco americano que habían sobrevivido. Fue ahí cuando se dio cuenta de que el bourbon que había envejecido en ellos tenía un mejor sabor que el de las barricas nuevas. Aunque esta era una tradición que se remontaba a los primeros aguardientes como el cognac y armagnac, desde entonces no hay destilería de bourbon que no queme el interior de sus barricas, que además elimina los taninos de la madera, suavizando su sensación en boca.

Quisimos en nuestra cata introducir a Jack Daniel’s a pesar de no ser bourbon, no solo por la confusión continua, también por la diferencia que le aporta el proceso único y exclusivo de su filtrado con carbón vegetal de arce, que caracteriza su color ambarino y así como una mayor suavidad en boca y un aroma más intenso en nariz.

Copas1

Bourbon on the rock, ¿sí o no?

Como todo en la vida, depende del cristal con el que se mire. Y en este caso, más. ¿Quién decide cuál es la mejor manera de sentarse ante un bourbon y degustarlo?

Cada uno, está claro, y en este terreno Álex y yo volvíamos a tener visiones diferentes del cómo. Para él, la mejor opción o la que más le hace disfrutar es solo o con agua. Su recomendación, y me parece la más correcta también, es que si lo queremos con agua, nos lo sirvan acompañado de una jarrita individual, que permita ir mezclando a demanda.

En mi caso, lo he disfrutado de todas las maneras: solo, con hielo, combinado e incluso en cóctel. He de reconocer que mis dos opciones favoritas son con hielo, dependiendo del grado premium del caldo, o combinado con Coca Cola (algunos me llevarán a la hoguera por ello), que además incrementa el dulzor de sus notas.

Hay numerosas opciones de consumo, para aquel que tenga dudas del cómo saborearlo:

Podríamos comenzar de menos a más, y para ello por qué no elegir el vaso Collins. Largo, delgado, amplio y cómodo, tiene su origen en el popular cóctel que lleva su mismo nombre, y es ideal para servir bebidas de todo tipo combinadas con refrescos o gaseosas. Bajo mi humilde punto de vista, es quizá la manera más tranquila de iniciarse y acercarse al bourbon, aprendiendo a captar e identificar sus notas en boca.

Otra opción es el shot. En Estados Unidos la mayoría de las bebidas se ofrecen en formato shot. El llamado chupito en nuestra tierra parece tener más glamour camuflado bajo ese nombre. No tengo claro si más glamour, mas concentración desde luego que sí. El shot es un vaso de trago corto, diseñado para beber una cantidad determinada de licor o como unidad de medida. Para quien no lo sepa, sus orígenes se remontan —y volvemos a ella— a la Ley Seca en Estados Unidos, aunque sus primeras apariciones de forma escrita datan de los años 40. Fue durante la Ley Seca también, cuando las restricciones llevaron a los americanos a disfrutar de sus bourbon con lo que tenían a mano en casa. Así nació el Jam Jar, un tarro de mermelada improvisado como vaso que marcó toda una época.

Desde luego no es lo más recomendable para principiantes, porque al tomarlo de un solo trago es complicado apreciar la cantidad de detalles, aromas y aristas que nos ofrece el bourbon.

Subimos de nivel con el Old Fashioned Glass o Rock Glass, el llamado vaso para rocas (hielo). Un vaso pequeño, corto, de base muy sólida y con poca altura y bastante anchura, especialmente ideado para esos tragos que se preparan y sirven con mucho hielo. La manera más que perfecta para los amantes de este destilado, en una sobremesa, una buena conversación o una tarde de chimenea. Momentos que seguramente duran “lo que dos peces de hielo en un whisky on the rock”, como cantaba Sabina.

Puestos en situación, nos vamos a detener en las virtudes de cada uno de los bourbon que han dado vida a este reportaje.

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¿Quién quería un bourbon? Yo seis, gracias

Todos los aromas son recuerdos que nos trasladan a un momento de nuestra vida, o viceversa. Y ya sabemos que nuestra vida no es la del de al lado, como la suya no es la nuestra, y la nuestra no es la de todos. En cada casa se cocina de una manera, en cada infancia los abuelos olían diferente, cada colada tiene un aroma, cada piel, cada perfume o el de al lado, etc.

En mi caso, que soy una amante de las bebidas dulces, siempre que puedo apostar por un vino dulce, lo hago. Es por ello que —quizá— soy más tendente a reconocer esas notas que dejan en boca los vinos dulces, frente a aquellos a quienes les gusten los vinos con toques de madera, potentes en boca y un posgusto persistente.

Ahí sí que no creo que sea cuestión de masculino o femenino, sino de gustos, porque cuando uno se habitúa a unos aromas y unos sabores, cuesta menos encontrarlos en una cata, o más allá de ella. Eso es lo que nos pasó con cada uno de los bourbon que fuimos catando. Mientras en mi nariz afloraban los anises, más o menos marcados, en la de él primaban aromas de frutos secos, muchos procedentes del tostado interior de las barricas. Ya en boca aparecían para mí los cremosos, vainillas o caramelos, mientras que en la suya se marcaban los ahumados y los cacaos. Además de notar diferentes densidades y cuerpos, cada uno además, encontramos nuestro favorito entre todos.

1- Jim Beam

Intenso en aroma, es uno de los bourbon míticos del mercado. Los aromas de caramelo y frutos secos destacan en un bourbon al que pusimos el adjetivo de serio. Ser serio no le impide ser ligero en boca, en la que las flores secas y los tostados de la madera se marcan con intensidad. Más dulce en nariz que en boca, el azúcar quemado mantiene un amargor agradable. Recomendación: al mezclar con agua, se diluye en boca. Mejor tomar solo.

2- Jim Beam Black Label

Seis años en barrica hacen que se perciba la madera en el primer contacto en nariz, pero muy bien integrada. Más sobrio y elegante, se nota de entrada un gran equilibrio sin aristas, donde las notas amieladas y el frescor se combinan con la dulzura de los cereales con miel. Un fondo tostado que recuerda a las cajas de puros sí, todas esas cosas se descubren en nariz y en boca, notas anisadas y un cacao casi puro final de calidad, aportan mayor cuerpo, volumen y complejidad. Recomendación: beber con un chorrito de agua fría para acentuar los sabores dulces.

3- Four Roses Small Batch

Recién llegado, es un bourbon seleccionado artesanalmente en el que sobresalen con elegancia las notas de vainilla propias de las barricas de roble americano. Goloso en nariz, es más graso en boca, con más volumen y una entrada dulce, cálida, suave y aterciopelada. Recomendación: para un bebedor fan del bourbon, será una apuesta segura gracias a su sensación cremosa en boca.

4- Blanton’s

Pionero en la elaboración y embotellado a mano Single Barrel único barril la botella recuerda a los más tradicionales whiskies de malta. Más complejo, con notas de cuero, no abandona el dulzor que se aprecia en frutas de licor, flores rojas y chocolates. Nos sorprendió su boca muy potente, completa y con muchísimo carácter, que nos dio la clave para beberlo siempre sin combinar.

5- Maker’s Mark

Lo descubrí hace un par de años y es uno de mis favoritos para tomar solo o con hielo. Un bourbon suave, goloso en nariz en el que destacan los aromas de vainilla, caramelo, toffe, bombón y toques especiados. Equilibrado y con una concordancia entre nariz y boca, se percibe dulce y suave en ella, con notas de caramelo y con un final muy agradable y persistente. La crianza en roble le aporta unos recuerdos ahumados y tostados, que permanecen.

6- Jack Daniel’s

Su especial filtrado con carbón natural de arce, como hemos anotado anteriormente, le aporta ese característico color ámbar, además de unos aromas propios que otros bourbon ni whiskies poseen. Yo no conseguí identificar el recuerdo a peta zeta que encontraba Álex, pero sí la fruta escarchada. Coincidimos en los ahumados en boca así como ciertos recuerdos cítricos, y en que ambos creímos que, a pesar de ser completamente diferente a todos, era necesaria su presencia.

Puede que no haya un sitio mejor en el mundo para tomar un Bourbon que la mítica Bourbon Street de Nueva Orleans. Con un pie en los cabarets y otro en los club de jazz como el histórico Maison Bourbon, decidir cuál, cómo y con quién no ha de ser fácil. De momento, en Madrid, nos quedamos saboreando cada uno de ellos, con el resonar de estas palabras: “la música ligera del whisky cayendo en un vaso, es un interludio formidable”.

Señoras. Señores… que así sea.

Agradecimientos: Álex Calvo. Ángel Casaña. Churchill Club. Y cada una de las distribuidoras que han facilitado información para dar forma a este reportaje (Diageo, Maxxium, Hisúmer y Varma)

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34 Comentarios

  1. Pingback: ¿Bourbon? Oui ces’t moi

  2. Maker’s Mark. Lo descubrí en un pub irlandés de Barcelona. Los excesos de la noche hicieron que, para recuperarlo, tuviera que referirme a él en mi siguiente visita como «el de la botella rara». Desde entonces mi dieta en cuanto a destilados se basa en JD y MM.

  3. Enrique Aguilar

    Que gracia, el tomar todos estos años Jack’s Daniels, pensando que era Bourbon. Bueno no importa, me sigue gustando como siempre, aunque sea «american whiskey».

  4. devilinside

    ¿El whiskey americano es lo que llaman rye?

  5. ¿Bourbon? No, gracias. Si ha de ser un trago corto que sea whisky escocés (por supuesto me parece un sacrilegio bautizarlo con refrescos o rocks de hielo), tampoco es que sea un gran entendido, aunque la lista sería bastante extensa. Una recomendación: Lagavulin (16).-

  6. Tremendo, pero se echa en falta el Wild Turkey.

  7. Si. A la hoguera va l’autora del articulo por hacer mezclas raras…..hielo, cola…..

    Donde este el Lagavullin…..

  8. mataclanes

    Un pequeño detalle: «años ha» se escribe con hache («hace años»).
    De nada.
    ;-)

  9. Bebo bourbon. A mi siempre me dicen que es una bebida femenina, que de hombres es beber whisky. Me da igual, seguiré en Bourbon Street con Ignatius J. Reilly bebiendo Southern Comfort con 7up. Los ingresos no alcanzan para Blanton´s.

  10. A mí me gustan los whiskeys irlandeses, los grandes olvidados en estas comparativas. Dicen los entendidos que los de EE.UU. son más similares a estos que a los whiskies escoceses, de ahí que se escriban «a la irlandesa». No sé, los americanos suelen saber mucho más a madera, los irlandeses son muy suaves y menos dulces por lo general.

    Pero en fin, que cada cual beba lo que quiera. Excelente artículo, a ver si veo ahora el bourbon con otros ojos.

  11. Yo he sufrido eso de «cómo pides bourbon, habiendo escocés «.A mi me encanta. Un cóctel que recomiendo es el horse neck: bourbon, ginger ale, angostura, una piel de limón en vaso alto y grueso como el cuello de un caballo.

  12. ammattilainem

    Soy profesional de la restauración, confeccioné una carta de whiskeys con más de 80 referencias de malta y una sola de bourbon: Blanton’s single barrel, espectacular.
    P.D.: es la botella con la figura de un caballo y su jinete en el tapón, cuanto más corre el caballo más bueno es el bourbon

  13. José Angel

    Una recomendación para paladear de verdad a un par de ellos: a Jim Bean bebedlo junto a Otis Taylor (el disco ‘Respect the Death’). Para Jack Daniels, acompañémoslo con Miles Davis (por ejemplo con ‘Mile´s Groove’). La bebida por sí misma nunca inflama el espíritu. Los que creen lo contrario, les añaden otras, y otras más, buscando la sensación de un beso perdido que nunca volverán a encontrar Enhorabuena por el artículo.

    • Bipolar, pero vaya, bien...

      Bastante de acuerdo, pero yo añadiría a esas excelentes recomendaciones, un Macallan 18 años con gaseosa argentina Cabalgata (difícil de encontrar) mientras nuestros oídos se regalan con «La Mandanga» de El Fary. Con tortilla de patatas chorreando aceite, incluso, y entrecerrando los ojos, se puede evocar a Georgie Dann y su Bimbo, aunque entonces se ha de beber con hielo y Casera consiguiendo algo parecido al rebujito…

  14. La canción de Los Enemigos alude a una escena de «La chaqueta metálica», no a John Wayne en sí mismo.

    • José Angel

      Recuerda Bipolar que, entre que pones el disco y te deleitas con la música, vacías menos la botella. Eso es muy importante para resolver tu caso.

      • Bipolar, pero vaya, bien...

        ¿Mi caso…? ¿Qué caso?
        «¿Joroba…? ¡¿Qué joroba?!». Marty Feldman como Igor en «El jovencito Frankenstein».

  15. Jack Daniels es whisky de Tennessee, por denominación de origen, puro marketing. Si hubiera tenido otro publicista le llamarían bourbon.

  16. No consigo conectar con la palabrería «somilier», tanta peregrina evocación (¿peta-zetas? amos anda…) y leches en vinagre (¡uy!).

    Y que las cosas se huelen y saborean en LA nariz y LA boca, respectivamente.

  17. No puedo entender como no esta en la lista el Woodford Reserve. Para mi es el mejor de todos.

  18. a mi no me gusta el whisky y sí el bourbon, de vez en cuando compro Jack Daniel’s (vale, no es bourbon) o Jim Beam para casa, lo malo es que me calzo media botella mientras veo una peli o leo.

    De todas formas mis padres estuvieron en Escocia este verano, a mi padre no le gustaba el whisky aunque de toda la vida le han gustado cognacs, armagnacs y brandys. Cuando pidió un cognac el camarero le dijo que en Escocia eso no tenían y le animó a tomar whisky escocés, le gustó tanto que todas las noches en ese viaje después de cenar pedía whisky sin dudarlo.

  19. me encanta el JD, los bourbons como el 4 rosas o el Jim Beam me pegan una patada en el estómago poco normal, si la economía lo permite me voy a los maltas, soy devoto del Lagavulin 16 y el Laphroaig, y no le hago ascos a maltas mas suaves. Los escoceses normales me ponen enfermo, supongo que es cuetión de gustos, pero como dijo Richard Burton, si de algo me he arrepentido en esta vida es de haber bebido pocos destilados, y por lo que se sabe le dio bien a la priva

  20. «En 1793, en agradecimiento por el apoyo que Francia había otorgado a Estados Unidos durante la Guerra de la Independencia, numerosos condados adoptaron nombres franceses.» ¡Pero que bien se vendieron los franceses! Su aportación fue infinitamente menos valiosa para la independencia de los E.E.U.U que la de España, pero en fin….

  21. Mi favorito es el Four Roses clásico pero para evitar los «grandes pelotazos» lo mezclo con un poquito de sprite o tónica Nordic… Riquérrimo!! :D

  22. A la autora le habría quedado ‘chapeau’ citar las Cuatro Rosas de Gabinete Caligari; pocas veces en la vida la gente hace canciones tan redondas y dedicadas a las espirituales.
    El artículo es estupendo. Me gusta leer catas de tabaco de pipa y cosas como estas. Vienen a ser como las crónicas taurinas, pero menos castizas.

  23. Pingback: CUATRO ROSAS… (Y LOS ORÍGENES DEL BOUBON) | Blog de Laguiatravel.com

  24. Pingback: CUATRO ROSAS... (Y LOS ORÍGENES DEL BOUBON) | Los Viajes de Laguía Travel

  25. Muy buen artículo, siempre quise leer algo así sobre el bourbon. Yo soy bebedor ocasional de single mal y algún que otro blended. Una vez en mi vida me dio por beber Four Roses con cola y he de deciros que nunca más, nunca, nunca más. De las resacas más pastosas que he tenido en mi vida, me sorprende verlo en la lista.

    Me apunto los que habéis recomendado. Como ya he dicho mis gustos son más de single malt o blended. Macallan, Lagavulin, Gold Label, Ardbeg, Glen Deveron…Hasta que hace poco compré una botella de Jack Daniels que vi de oferta con sus dos vasos a juego. El primer trago me impactó, jamás pensé que me fuera a gustar tanto.

    En mi caso suelo beberlo con una esfera de hielo, que es lo suficientemente grande como para que no se deshiele tan rápido, así no rebaja la bebida y le da el punto exacto de temperatura.

  26. Bull Peter

    Es cierto que Blantons resulta un poco caro. Ya que viví en EEUU durante un tiempo y pude visitar destilerías en Kentucky y Tennessee os digo mi lista de favoritos:
    Pappy Van Winkle (23 years old)
    Woodford Reserve
    Buffalo Trace
    Marker´s Mark
    Blantons
    Elijah Graig
    Heaven Hill
    Jim Bean black
    Knob Creek

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