Guillermo Ortiz: El último regate imposible de José Luis Pérez Caminero

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El «gol de Caminero» lo marcó en realidad Roberto Fresnedoso. Estas cosas pasan a menudo en el fútbol. Por ejemplo, «el gol de Redondo» en Old Trafford lo marcó, como casi siempre, Raúl, y el «gol de Abreu» ni fue gol ni fue nada. La jugada en sí tiene un contexto y una estética: jornada 37 de liga, a cinco del final en aquellas insufribles ligas de 22 equipos. El Atleti viene de perder una ventaja muy sustancial y tiene al Barcelona a solo tres puntos. Diez días antes ambos equipos se han enfrentado en La Romareda para disputarse la Copa del Rey y aún se recuerda en el Camp Nou el escozor del gol de Pantic en la prórroga.

Son, por tanto, tiempos de venganza, de estadio lleno y agresivo, Johan Cruyff apurando sus últimos chicles en el banquillo blaugrana. La victoria o la guerra civil. La victoria o la derrota en la guerra civil, más bien, porque el conflicto estalló en el momento en el que «el Flaco» dejó de ganar títulos y Núñez se vio legitimado a echarle la culpa de todo. El Atleti sabe que si pierde puede ceder el liderato y sabe también que está agotado, que ha sido un año inesperado, de emociones demasiado fuertes y es difícil manejar tensión acumulada de aguantar el liderato durante toda la temporada.

El equipo se basa en el dominio del medio campo. Todo su dominio está ahí. Un medio campo atípico, no demasiado deslumbrante, con Vizcaíno, un medio centro defensivo cumplidor; con Simeone, todoterreno, ídolo de las gradas, hábil en el juego limpio y en el sucio si hace falta, siempre voluntarioso y a veces incluso efectivo; con Milinko Pantic, la calidad en estado puro, el especialista en faltas y córneres que se acabará convirtiendo en especialista en todo y aún más en marcarle goles al Barcelona.

Y, como pegamento, con algo de la firmeza de Vizcaíno, algo de la llegada y fortaleza de Simeone y algo de la técnica y calidad de Pantic queda Caminero, un personaje difícil de interpretar, con sus declaraciones polémicas, sus tristezas, sus no saber si me quedo o si me voy…

Caminero había sido canterano del Real Madrid y estrella del Valladolid en segunda división, que no es un currículum como para optar al Balón de Oro. El Atleti se fijó en él en 1993 como se fijaba en unos quince jugadores por año, la necesidad de empezar de cero cada mes de agosto. El acierto fue total: su primera temporada en el Calderón acabó con Caminero en la selección, perilla en ristre, marcando contra Italia en cuartos de final y acercando a España a una gloria que nunca llegó. Caminero como estandarte del jugador que nunca se rinde, un jugador Clemente, un tipo listo pero a la vez indefinible: el Frente Atlético le cantaba: «Caminero, más cojones que el caballo de Espartero» a ritmo de Antonio Molina, pero no sé si lo cantaban con un total convencimiento. Caminero no era Simeone. Caminero no era Arteche. Caminero ni siquiera era un tío constante, sino que abusaba de las genialidades.

Esta genialidad, por ejemplo. La gran genialidad. La que Almodóvar inmortalizó en Carne Trémula mientras Javier Bardem y Liberto Rabal —¿qué fue de Liberto Rabal?, ¿no tendría Caminero algo de Liberto Rabal, de estrella del momento que poco a poco se va difuminando mientras a Simeone le llueven los Oscars? se agarraban de los huevos. Unidos por el Atleti. La genialidad del minuto diez en el Camp Nou, citada jornada 37 de liga de la temporada 1995/96. La jugada empieza con una hermosa colección de cabezazos hasta que se transforma en un contraataque en el que los jugadores se vuelven indetectables. Ese es el encanto de aquel Atleti de Antic: es imposible saber por dónde te iba a venir cada mediocampista y para cuando lo averiguabas, ya tenías a Kiko o a Penev preparados para enchufar el gol.

Al grano: Toni corre la banda, cruza el campo y ve que Pantic desdobla y ocupa la banda izquierda. Podría pasarle el balón pero prefiere aprovechar el hueco que ha dejado el serbio y meter el pase a Caminero, que ha caído a la media punta. Caminero controla y se echa a su vez a la izquierda, poco a poco, apartando a Pantic, que frena su carrera, y arrastrando en la marca a Nadal, un central poco acostumbrado a las coberturas en banda. Con los dos estancados uno protegiendo la pelota, el otro guardando la posición, la jugada tiene pinta de haber acabado en nada, en Caminero casi a la altura del córner, de espaldas, sin alternativas: un defensa detrás y el Barcelona ya reorganizado.

Lo mismo debe de pensar Nadal, que relaja el cuerpo y se limita a aguantar, anticipando el siguiente pase, que los cánones mandan que sea hacia atrás, hacia alguien que se incorpore de segunda línea para seguir la jugada… solo que de repente Caminero hace magia: gira todo el cuerpo hacia su derecha, amaga con salir por ahí, hace incluso el gesto de golpear la pelota en esa dirección, pero consigue pasar el pie por encima del balón, dejar al defensa completamente desequilibrado y retomarlo de nuevo con el exterior hacia línea de fondo, donde, como en todo equipo de Cruyff que se precie, no hay absolutamente nadie para hacer la ayuda.

Los jugadores del Barça se quedan mirando, casi hipnotizados, hasta cuatro defensas inmóviles junto al área pequeña. Caminero entra en el área pero no hay mucho hueco. De nuevo los cánones piden un pase hacia atrás pero está la jugada como para vulgarizarla. La defensa sigue quieta, esperando el pase que llega adonde nadie espera, un resquicio de centímetros entre la portería de Busquets y la pierna del último defensa adormilado. Un pase tenso, raso, paralelo, que encuentra la carrera de Roberto Fresnedoso en el segundo palo, una carrera agónica, de meter la pierna a ver qué pasa y 0-1 en el marcador, el principio de una victoria por 1-3 que, ya sí, le da la liga al Atleti por mucho que anden tocando las narices Luis Aragonés, Pedja Mijatovic y el Valencia.

Es imposible no resumir a Caminero en ese gol: inteligencia en el desmarque, fuerza física para aguantar el balón, técnica individual para conseguir ese regate imposible… y comodidad en el segundo plano, gloria eterna para Roberto.

Caminero fue un héroe fugaz, un héroe de doblete que en seguida entró en conflictos personales y rumores. Durante la Eurocopa de 1996, la que le iba a presentar como estrella mundial, se peleó con Jesús Gil y pidió el traspaso. Primero se rumoreó una oferta del Barça y luego salieron a la luz unos problemas personales algo escabrosos con su compañero Simeone. Fue, en cualquier caso, el principio del fin. Caminero marcó 14 goles la temporada siguiente, la del gol de Dani para el Ajax de Van Gaal en la prórroga de la Champions y solo dos en la siguiente, su última en el club, aquella de los fichajes de Vieri, Juninho, Lardín, Andrei... cuando el mundo parecía que volvería a ser rojiblanco.

Simeone se había ido un año antes, en 1997, aunque Simeone es de esos tipos que vuelven mil veces al mismo lugar para comprobar si les echan de menos. Un líder. A Pantic lo vendieron ese mismo verano y Antic no duró mucho más, de manera que, en septiembre de 1998, en el Atlético de Madrid no quedaba ni rastro de su medio del campo mágico ni de su entrenador, aunque este aún volvería un par de veces: la primera, en 1999, para sustituir a Arrigo Sacchi. La segunda, en 2000, para reemplazar a Ranieri y terminar de descender al equipo.

Del doblete al infierno en cuatro años.

Caminero siguió su carrera en el Valladolid y lo hizo con la discutida solvencia habitual. Cuando la afición quería un ídolo, el madrileño era el elegido. Cuando querían cabezas, la de Caminero era la primera en rodar. Hasta seis temporadas más pasó en Pucela, hasta los 36 años. Fue titular prácticamente siempre, a veces en el medio del campo, a veces en una posición parecida a la de libre. Tuvo lesiones, como todos los treintañeros, y coqueteó con la retirada varias veces, pero se resistió como gato panza arriba. Empezaron a llamarle vago y pesetero, que es lo que pasa con las estrellas caídas. El Valladolid, por su parte, se mantuvo los seis años en primera división, que no es una racha demasiado habitual y por lo tanto hay que valorarla.

Ya retirado como jugador, pasó por momentos duros con la justicia, como cuando en 2009 le acusaron de pertenencia a una banda de blanqueo de dinero relacionado con la cocaína. De nuevo, su redención fue el Atlético, donde hace de director deportivo desde 2011. Como siempre, en un segundo plano, tras los Gil Marín y los Cerezo. Como siempre, vitoreado tras un buen fichaje y vapuleado cuando las cosas van mal, porque ese es su sino. Siempre se ha dicho que Caminero podría haber sido mucho mejor jugador si hubiera querido. Como Guti. Como Míchel, más bien.

Puede que sea cierto, pero querer ser mejor es parte de ser mejor, no se puede separar, y quizá los demás viéramos cosas en él que él no veía y la genialidad puntual le bastara. Al fin y al cabo, de oficinistas, y aún más en los 90, están los campos llenos.

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10 comentarios

  1. PUÑETERO CORRECTOR

    Creo que fué de la liga 1995/96

  2. Qué pasó entre el y Simeone?

    • Dani Bonzo

      Rumores, chismes, radio patio en todo su esplendor… pero a modo resumen diré que un día Simeone se despertó con una buena cornamenta de ciervo y Caminero tiene algo que decir al respecto.

      Ya solo con la leyenda sobre Caminero y su afición a dormir en camas ajenas, hay material de sobra para la 4ª temporada de Juego de Tronos.

      • pablo

        aaaahhhh… en Argentina mientras dirigia River tuvo un revival pero en este caso el adonis fue guardavida

  3. Camilo Sexto

    Ese Atlético jugaba de escándalo. Recuerdo en esa temporada el Atlético-Barcelona de la primera vuelta, que acabó 3-1 y donde el Barcelona apenas salió de su campo. Repaso desde el minuto uno. Daba gusto ver jugar a ese equipo, aunque no fuese el tuyo.

  4. HusMorpheus

    El artículo está bien, pero encuentro a faltar algunos datos para redondearlo, mientras que otros quizá sobren. Por ejemplo:

    – Caminero llega al Calderón para reforzar la posición de defensa central y explota, de manera inesperada por la edad que tenía, como jugador de gran técnica y llegada en el centro del campo.

    – Hay otra noche mágica, también con el Dream Team de Cruyff en frente, que marca su carrera. En el Calderón todos aún recuerdan el papel protagonista que tuvo el jugador el día en el que el Atlético fue capaz de remontar tres goles de Romario. En ese momento nace el Caminero estrella.

    – Caminero no fue un jugador de declaraciones polémicas, tal y como se indica en el artículo. Tuvo la pelea con Gil que se menciona durante la Eurocopa de Inglaterra. Punto.

    – Guti no llegó a ser jamás, ni siquiera, titular claro de su equipo. Decir que Caminero podría haber llegado a su nivel chirría… y mucho.

    • Anémono

      Creo que tienes mucha razón en tus comentarios, pero en el último diría que has malinterpretado el texto. Dice que Caminero podría haber sido mejor jugador de haber querido, como Guti, es decir, que a Guti le pasó lo mismo. Aupa atleti.

  5. Número21rojiblanco

    Caminero fue, al menos durante 4 ó 5 años, el mejor jugador español del momento y probablemente uno de los mejores centrocampistas del mundo. A ver de cuántos jugadores se puede decir lo mismo. Aunque haya demostrado ser un poco sinvergüenza, creo que su memoria histórica como futbolista merece más respeto.

  6. carlos

    Lo curioso es que Caminero jugase 6años en Primera con el Valladolid y el Atlético jugase dos años en 2división,
    Sacchi cometio un error al echar a Caminero¡¡

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