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Zaj, música no específicamente sonora en pleno franquismo

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Foto: Fondo de la Universidad de Castilla La Mancha.

Muy pocas palabras para lo que, confieso avergonzado, no entendí ni sílaba (…) no oí nada absolutamente que viniera del escenario. (El Pensamiento Navarro, 29 de junio de 1972).

Zaj se convirtió en una lamentable tomadura de pelo (…) No hubo originalidad, no hubo ingenio, no hubo arte, si eso es lo que se pretendía. Señores de Zaj: qué vergüenza, qué vergüenza. (Javier de Aguirre. El Pensamiento Navarro, 29 de junio de 1972).

… califiquemos de auténtica tomadura de pelo lo que en la tarde del miércoles vimos en el Teatro Gayarre. El grupo Zaj; bien puede permitirse una «boutade», pero no hacer de un espectáculo al que acudió una cantidad tal de público que llenó el teatro, la broma más insípida y sin razón que pueda verse. (Florencio Martínez. La Gaceta del Norte, 30 de junio de 1972).

… los ZAJ… ¡ah, los ZAJ! Este trío de solapados terroristas le sacudirá el vientre dolorosamente; su digestión será imposible (…) Parte del público, los menos, llegaron a la grosería verbal. Otra parte salióse del concierto en vista que no tenía las coordenadas clásicas. (Juan Pedro Quiñonero. Informaciones, 6 julio 1972).

La provocación, en ese sentido, es la actitud infantil, la del niño que provoca a su padre para ver dónde están los límites y hasta dónde se puede llegar. Pero nosotros éramos adultos y sabíamos perfectamente que podíamos llegar hasta donde nos diera la gana. Eso no es provocar, provocar es cuando necesitas marcar un terreno. Son los otros los que deciden la provocación, no nosotros. (Esther Ferrer (Zaj) Entrevista en El País, 6 de noviembre de 1989).

Lo que leen aquí arriba son las reseñas y críticas a un concierto de Zaj en los Encuentros de Pamplona de 1972, un macrofestival de arte experimental. En una exposición del Reina Sofía que recordó su vigésimo quinto aniversario, se le calificó de «gran punto de inflexión» del arte de vanguardia en nuestro país. Los Zaj, que se estrellaron allí, fueron un grupo pionero a la hora de cortar cabezas a pollitos, como Ozzy Osbourne, o pelar manzanas ante un auditorio, como luego copió Tony Leblanc. Incitaciones, desafíos artísticos con la dificultad añadida de que Zaj lo hicieron, no solo los primeros, sino en una dictadura fascista. En la nuestra.

Hace años un profesor de Música de la universidad —del que omitiré su nombre por si ya no está de acuerdo con lo que dijo— me comentó que, por raro que parezca, a Fraga le chiflaba el arte de posguerra del siglo XX, el expresionismo abstracto, el informalismo, el free jazz y todo lo que usted quiera. Todo en un mismo saco porque a él no le servía para deleitarse, sino para vender la imagen de un país moderno. Un chollazo, porque a un obrero de Vallecas sin agua corriente en casa no le iba a entrar conciencia revolucionaria para pasar a la clandestinidad por un cuadro «que lo puede hacer mi hijo de tres años» o una melodía «que suena como tirar de la cadena del váter». En cambio, en Europa y Nueva York se aplaudían mucho estas propuestas vanguardistas, de modo que el régimen, a sugerencia del ministro de Información y Turismo, puso fondos y medios para este tipo de artistas. Eso me contó. Y también que muchos de los que los recibieron se lo tenían bien calladito, pero esa es otra historia.

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14 comentarios

  1. Pingback: Zaj, música no específicamente sonora en pleno franquismo

  2. pijus magnificus

    Muy bueno el artículo. Solo una cosa, por tocar las pelotas más que nada: el artista de fluxus es La Monte Young. Con el «La»

  3. Al franquismo le importaba un pijo Zaj, ocupado como estaba en la represión política y social (no se da en el artículo un solo ejemplo que apunte a lo contrario mas allá del recurrente calificativo de «anarquistas» a cargo de una desnortada autoridad competente)… es más, algún facha espabilado como Fraga, le sacaba punta al fenómeno y lo travestía a su favor…

    al fin y al cabo lo que queda es lo de siempre… la cultura alternativa e insoportablemente independiente, que emerge al margen de las estructuras mediáticas del sistema (sea éste el que sea), eclosiona entre la indiferencia y el espanto del respetable… si de alguna inexplicable peripecia surge un atisbo de enraizamiento y desarrollo, se fagocita el fenómeno por el stablishment, que en una simbiosis digna de la lupa de un naturalista, sanciona con el marchamo de modernidad aquello que nutre sus caballerizas, como perspicazmente apunta Ozono en su suelto del año 77…

    Por tanto, me parece que el articulista se pasa de frenada en la contextualización política de Zaj, un grupo interesante en sus minoritarias propuestas artísticas, mas allá de las airadas reacciones de un público de querencias pestilentemente burguesas (en su próximo artículo se puede ocupar de Mortier y su trayectoria en la dirección artística del teatro Real, ya en pleno orgasmo de modernidad)

  4. Como una puta regadera

  5. Bromitas. Que son arte, si quieres. Pero bromitas.

    • Efectivamente. Niños bien con demasiado tiempo libre.

      • Esos “niños bien” a los que te refieres se atrevieron a dar un paso más allá en una España completamente rota y atrasada a nivel musical. No se trataba de crear un nuevo lenguaje que diera continuidad, sino de decir “hasta aquí hemos llegado”. Quizás incluso de ridiculizar al régimen, al pueblo, a una España arcaica. Detrás de Fluxus o Zaj se encontraban profesionales de la composición musical en este país que se sintieron totalmente aislados mientras allá fuera fluía la libertad creativa. Y ojo, no me refiero a meter la cabeza en salsas de tomate. Fue la primera vez en décadas que un grupo de creadores decidió hacer piña en este país para hacernos ver que existe un más allá de las óperas de Verdi o los valses de Strauss.

  6. Europa estaba on fire, dice. Qué cabrón.

    Ahora ya en serio, yo toco el concierto para violín del maestro Bussoti si quieren con el violín del hermano del maestro Busotti.

  7. Pingback: Can: cuando Alemania desafió el imperialismo anglosajón del rock con música telepática - Jot Down Cultural Magazine

  8. ¿El ‘soviético’ Maciunas?

  9. Gracias por el artículo, te ha quedado muy sabroso. Una cosilla: a Castillejo le cambias el nombre cuando hablas de su libro de la i.

    Un saludo.

  10. Ramiro Cortés

    Gracias por el artículo, lo leo hoy 02/02/2021 y ha sido como el túnel del tiempo. Al teatro Beatriz creo que le llamas un par de veces Begoña. Aquello fue divertido/interesante, el teatro estaba lleno, pero la participación de la gente de Almorox fue mucho más expontánea, participativa y enriquecedora.

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