El arquitecto de papel

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Fotografía: Forgemind ArchiMedia (CC).

Shigeru Ban es un arquitecto incansable cuya obra exuda optimismo. Donde otros pueden percibir retos casi imposibles de superar, Shigeru Ban ve una invitación a la acción. Donde otros pueden preferir tomar un camino ya probado, él ve la oportunidad de innovar. Es además un profesor comprometido que no solo representa un modelo a seguir para la generación más joven, sino también una fuente de inspiración. (Jurado encargado de otorgar el Pritzker, 2014)

Aunque hoy la idea de otorgar un premio personal a una labor que requiere la implicación de un numeroso colectivo se antoje descabellada (máxime cuando los premiados pertenecen a una élite de arquitectos con varias oficinas a lo largo del globo), es de agradecer que se dé un fuerte golpe sobre la mesa al panorama que rige las directrices que deben tomar los profesionales de la construcción. O quizá sea de los que piensen que cuando se reconoce la labor de alguien no solo se está alabando su capacidad competente en la materia, si no enviando un mensaje al resto del gremio de que posiblemente se estén haciendo las cosas mal. O rematadamente mal como es el caso, ya que Shigeru Ban es posiblemente el ganador del premio Pritzker con más criterio de los últimos años.

Quizá porque nos encontremos ante un individuo que, pese a sus cincuenta y seis años de vida, sigue soltero y sin hijos, y viste unos trajes realizados por su propia madre. Quizá sea porque, después de estudiar en el extranjero gracias a su acaudalada situación familiar, haya decidido que su dedicación debe ir dirigida a los menos agraciados económicamente. Quizás lo sea porque, su profesor Peter Eisenman, el cual le apodaba «Sugar Bear» en lugar de Shigeru Ban excusándose en la dificultad de su nombre oriental, hizo que cambiara por completo su tesis al no concebir un alumno con diversidad de pensamiento, rechazando cualquier discurso aportado.

O hipotéticamente lo sea por alguno de los siguientes valores que paso a detallar.

Por su inestimable ayuda humanitaria

No es una casualidad que antes de convertirse en Batman y ayudar a los que más le necesitaban, Bruce Wayne tuviera que codearse con las más altas esferas de Gotham City. Para comprender la diversidad de dos extremos tan diferentes, has necesitado pertenecer inevitablemente a uno de ellos. Y en esa tesitura se encontraba el arquitecto japonés cuando, cansado de la actual tendencia de edificios icono que pueblan los rincones más escondidos de nuestra geografía, decidió dedicar la mitad de su esfuerzo a realizar diseños destinados a personas que no puede pagar sus servicios.

Porque colonizar las costas llenándolas de complejos hoteleros con sus correspondientes campos de golf, igual no es arquitectura. O urbanizar solares a golpe de talonario erigiendo estrafalarios bloques de ladrillo, tampoco. O porque quizá, dar respuesta a ayuntamientos para colocar un monumento firmado por la estrella de la arquitectura del momento en mitad de la ciudad y hacer visible su nombre en el mapa ya no le motivase demasiado.

Imagen interior de una de sus iglesias donde se puede observar cómo el material de cubierta es reproducido inteligentemente conformando también el mobiliario. Fotografía: Forgemind ArchiMedia (CC).

En 1995 y tras el fuerte terremoto de Kobe, levantaba en Japón una iglesia católica realizada con tubos de cartón. Construida únicamente en cinco semanas y sin maquinaria pesada, el Templo de Takatori daba respuesta a unas necesidades inmediatas tras la catástrofe. Una obra que, a pesar de ser concebida como temporal, sigue en pie casi veinte años después. Para Ban, la verdadera arquitectura temporal es aquella cuyo único objetivo sea lucrarse: los promotores derribarán y edificarán ante el antojo e interés de sus nunca satisfechos bolsillos.

Solucionar antes que impresionar.

Por su arquitectura High-Tech

En 1994, nuestro galardonado se dio cuenta de lo mal que la ONU estaba gestionando la construcción de refugios en Ruanda. Tuvo que viajar hasta Ginebra con un hatillo cargado de ideas y exponer allí sus planteamientos. Su principio básico fue el de sustituir el plástico utilizado por otro material menos perjudicial para el medio ambiente, así como reemplazar los tubos de aluminio, empleados en la creación de residencias y que estaban siendo robados para ser vendidos posteriormente, por sus innovadoras estructuras de papel. Después de cualquier catástrofe natural o bélica y en casos de emergencia, excede lo que no es necesario. Un año más tarde tras el gran terremoto de Hanshin, los cimientos de las viviendas que realizó fueron materializados en cajas de cerveza aprovechando la durabilidad del plástico como material no susceptible al daño creado por el agua.

Shigeru Ban ha demostrado ser un arquitecto capaz de evitar incoherentes influencias del movimiento moderno o modas pasajeras dentro de un cada vez más contaminado estilo arquitectónico. Su preocupación ha estado ligada a escapar de convencionalismos siguiendo una línea propia de investigación fiel a materiales económicos, autóctonos y de fácil ensamblaje. Que arquitectos como Buckminster Fuller, Jean Pruvé o Frei Otto hayan sido de su interés, no resulta una casualidad. Ban ha manejado tubos de cartón, papel, contenedores de transporte, materiales de embalaje, pantallas de metal, tela, plástico, acrílico, bambú laminado, madera sin conectores metálicos, fibra de carbono, cortinas, y materiales compuestos de fibra reciclada de papel y plásticos para la construcción de sus diseños.

Máxima eficacia y mínimos materiales.

Por su reinterpretación del término «habitar»

¿Qué significa ser un arquitecto estrella? ¿Formar parte de un selecto grupo de elegidos, capaces de poner firma a un cachivache resuelto con mayor o menor acierto consiguiendo que se revalorice su emplazamiento? Y lo que es mejor, ¿cuál es la motivación que lleva a un estudiante de arquitectura a matricularse de una carrera cada vez más prostituida?

Tras el tsunami de 2011 en Tohoku, aportó mil ochocientas unidades gestadas a partir de papel para que fueran utilizadas a modo de tabiques, dentro de grandes naves que albergaban numerosas familias de damnificados por la catástrofe, ofreciendo la privacidad necesaria en un espacio de gran escala sin fragmentar. En su proyecto Curtain Wall House (Japón, 1995), utilizó cortinas móviles similares a las de las tiendas de campaña, vinculando interior y exterior de la vivienda y flexibilizando en un juego de transparencias la dualidad entre ver y ser visto.

Visión interior y exterior de Curtain Wall House en Tokyo. Fotografía: Forgemind ArchiMedia (CC).

En Naked House (Japón, 2000) da un paso más en su búsqueda hacia nuevos métodos de habitar. Proyecta una casa desnuda de compartimentaciones, fomentando fortalecer un vínculo entre una familia compuesta por tres lazos generaciones diferentes. Un espacio común engloba la vivienda, quedando reducidas las zonas íntimas a cuatro cubículos a modo de dormitorios móviles que pueden ser extraídos hasta el jardín atravesando la fachada oeste. La casa es entendida como un continuo flujo de movimientos dentro de un único espacio común.

Por ser capaz de vivir en París sin pagar un céntimo de alquiler

Su propio estudio, ubicado en lo alto de una terraza en el Centro Pompidou de París mientras trabajaba para el proyecto del Museo de Metz, fue construido con tubos de cartón y juntas de madera, y una membrana que cubría el techo arqueado. La estructura fue construida sin necesidad de mano de obra especializada, utilizando únicamente a sus estudiantes y colaboradores. Como él mismo narra con gran sentido del humor, pasó seis años en la capital francesa sin pagar absolutamente nada por el alquiler del estudio.

Pese a haber rechazado en numerosas entrevistas la posibilidad de ser el siguiente arquitecto japonés con opción a llevarse el galardón. Pese a no haber sido tenido en cuenta por sus compañeros compatriotas en la reconstrucción de zonas afectadas por el tsunami de 2011, a sabiendas de su participación en otros desastres naturales en Taiwán, China, Haití, Turquía o Sri Lanka. Pese a encontrarse fuera del circuito comercial de arquitectos estrella conocidos internacionalmente.

Shigeru Ban ha dado motivos de sobra para hacerse un hueco en el mundo de la arquitectura. En silencio y casi sin molestar. Sin llamar la atención. Haciendo lo que mejor sabe hacer: convirtiendo en realidad el pasado que miles de personas habían perdido por una sucia jugarreta de la madre naturaleza.

Imágenes de su estudio temporal en lo alto del centro Pompidou en París. Fotografía: Forgemind ArchiMedia (CC).

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9 comentarios

  1. Pingback: El arquitecto de papel

  2. Me pareec admirable este señor. Lo que no acabo de ver es que la soltería y el que los trajes se los haga su madre sea relevante. ¿Será que las mujeres somos mu malas y maleamos a los artistas?

  3. wenmusic

    Fantástico artículo. Me ha encantado descubrir a este arquitecto tan diferente a los demás.

  4. José Sakamoto

    Ojala pueda ver alguna de sus obras.para poder convencerme.

  5. Pingback: Bitacoras.com

  6. Picoto

    Una pregunta… ¿y el tema de la resistencia a incendios qué tal?

    • Si lo preguntas por los tubos de cartón, éstos sufrieron diferentes pruebas antes de ser utilizados como material estructural. Además de ser testados en laboratorios con pruebas de cargas, están recubiertos exteriormente con una sustancia ignífuga para aguantar el fuego en posibles incendios.

      Un saludo.

  7. Patricia

    En mi opinión, mas que un gran arquitecto es una gran persona, que entiende la arquitectura no solo como algo para crear grandes y sorprendentes construcciones solicitadas por el lujo o la moda, sino que también vio la arquitectura como una herramienta que sirve para afrontar las necesidades de las personas teniendo en cuenta la economía y el cuidado del medio ambiente.

    Yo creo que revolucionó el uso de materiales para la arquitectura, creó algo nuevo, algo que solo se habría quedado en la imaginación de algunos y él lo hizo realidad, y en un momento decisivo ya que con esto ayudó a muchísimas personas.
    Y ha seguido buscando diferentes formas de construcción que produzcan sensaciones distintas y nuevas experiencias a quienes las habitan. Aunque no es muy reconocido oficialmente, sus nuevas ideas y creaciones hacen de él uno de los mejores arquitectos del mundo. No por nada es el actual ganador del premio Pritzker.

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