Ciencias

Los niños invisibles: el caso de Julio. Indicaciones para cronificar el insomnio

Julio se despierta en mitad de la noche de modo inexplicable, mira el reloj y ve que son las tres de la madrugada. Sin darle importancia vuelve a dormirse hasta la mañana siguiente. Desarrolla su jornada habitual sin recordar el episodio.

La noche siguiente vuelve a despertarse a la misma hora, quizá por un hábito y esta vez, recuerda su despertar de la noche anterior y en algún punto de su conciencia los enlaza. Esta vez oye con mayor nitidez el segundero del reloj y se duerme pasados unos minutos.

Al despertar la mañana siguiente tiene un vago recuerdo de su episodio insomne y afronta el día con la sensación anotada en su mente. Es como un punto de color sobre la superficie nevada de su pantalla imaginaria. Vuelve a mirar el reloj pero le parece un artefacto menos inofensivo que la noche anterior.

Esta vez, al atardecer el punto de color adquiere intensidad como si fuera un aviso. Esa noche el insomnio dura alrededor de una hora y al día siguiente está cansado. Comienza a esperar a que se le pase esto y, por otro lado, inicia una ronda de hipótesis sobre la causa del conflicto.

Piensa que le ocurre algo, quizá sea algún cuadro patológico que le dificulta seguir con su vida normal.

Con el establecimiento de cada hipótesis acordona una zona de sospechas, marca fronteras que delimitan elementos amigos y enemigos. Y sobre todo, comienza a esperar el insomnio cada vez más pronto. Al principio era a última hora de la tarde, después, tras la comida y últimamente, desde que se despierta en la mañana, extenuado por la falta de descanso.

Ha reunido toda su atención en torno a este problema, e incluso puede haber llegado a olvidar otras actividades que antes le producían satisfacción. Poco a poco abandona acciones superfluas y se dedica a resistir el día, empieza a experimentar otras sensaciones asociadas a este sobreesfuerzo. No logra relajarse y cuando lo consigue experimenta un aviso de que no se abandone. Le parece sentir la presencia del reloj durante el día. Antes solo era el sonido del tic tac, ahora también es la imagen de la esfera, los números y las agujas. No se había dado cuenta hasta ahora de que la campana del despertador es mucho más grande de lo que le parecía hasta ese momento.

Inicia una serie de soluciones como quedarse muy quieto en la cama, concentrarse en el sueño, contar ovejitas, acostarse más tarde, ver la tele, tomar alguna copa de licor para relajarse, últimamente un vaso de leche caliente… Cada vez es peor. Cuanta más fuerza de voluntad aplica a su deseo de dormir menos lo consigue. A veces logra ver todas las horas del reloj durante la noche.

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Un comentario

  1. Pasa mucho. La relación voluntad-deseo plantea preguntas que no son fáciles de responder. Qué es lo espontáneo? Qué hacer cuando la voluntad se le enfrente? Soy de pensar que siempre habrá fricción en nuestro actuar, especialmente cuando se quiere lograr algo.

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