Cine y TV

Música, maestro

James Horner. Foto: Cordon Press.
James Horner. Foto: Cordon Press.

Todos tenemos nuestra propia memoria cinematográfica. Para algunos es la chica que corre hacía la playa en la primera escena de Tiburón; para otros es el chaval de La noche americana robando carteles del cine; para algunos es el atormentado Alain Delon de Rocco y sus hermanos; para muchos es la princesa Leia declarando su amor a Han Solo o Neo escogiendo entre la pastilla azul o la roja. Seguramente habrá miles de momentos, aquel que define a cada uno de nosotros y aquellos que definen a generaciones enteras de cinéfilos. De la misma manera, cada momento acude a la mente acompañado de un olor, de una textura y —por supuesto— de una banda sonora.

Mi primer recuerdo con James Horner se remonta a 1985 o 1986, cuando Krull apareció en VHS. Krull es un pequeño clásico del cine de género, un película de aventuras con cíclopes, yeguas que volaban, magos y un príncipe tratando de rescatar a su princesa de las manos de un villano que todo lo ve. Era algo alucinante para un niño, por supuesto, pero lo mejor, lo más extraordinario, era su banda sonora. Que un chaval de catorce o quince años se enamore de una canción no es demasiado difícil, enamorarse de un partitura ya es otra cosa. Así que apunté en un papel: Krull, James Horner, 1983.

Por aquel entonces no habían torrents, no teníamos internet en casa, Amazon no existía y en las tiendas de discos tenían una sección de bandas sonoras digna pero no lo suficientemente surtida como para darle a un niño el gusto de venderle la partitura de una película de serie B que pasó con discreción por la taquilla.

En 1986 estrenaban Aliens, la secuela de Alien que a muchos nos gusta más que el original (podéis llamarnos herejes o lo que os venga en gana). El score de la primera era un delicioso trabajo de corte intimista de Jerry Goldsmith, así que la segunda, más allá de reinventar el universo de la primera, contaba con el insuperable reto de igualar el trabajo de uno de los mejores compositores de la historia del cine. Horner se salió por la tangente entregando una partitura de combate, pegada al guión de James Cameron, una locura con marines, armas que pesaban una tonelada y un montón de xenomorfos con ganas de liquidar a todo quisqui, incluidos mujeres y niños.

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6 comentarios

  1. Pablo Calzado

    Amigo mío, ¿y ni una mención para La Máscara del Zorro, ¡Avatar!, ¡¡Leyendas de Pasión!!, ni ¡¡¡Willow!!!? Esto entre otras, que por ahí andan también los scores de Enemigo a las Puertas, Troya o Cocoon… En fin, me has dejado la carrera de este genio, hermano menor no reconocido de John Williams hace dos décadas, un poco coja la verdad…

  2. Yakima Canut

    Yo me fijé en su trabajo en El nombre de la rosa pero vaya, compararlo con Rózsa es inadecuado cuando menos. Claro que, nadie resiste la comparación con Miklós…

  3. Elías Ajeno

    Conmovedor, aún me estoy secando las lagrimas derramadas al leer este edulcorado ¿artículo? sobre James Horner; a quien no quito méritos. Pero, de entre otros compositores de bandas sonoras para épicas películas, ¿DONDE DEJAS A JOHN WILLIAMS?
    Que pena de sección.

  4. Sincero y sencillo homenaje al Maestro. Para mí no hay duda: su canto del cisne es «En busca del Valle encantado».

  5. Modesto seguidor de bandas sonoras, para mi el descubrimiento de James Horner llegó con Willow, y luego lo «identifiqué» en Casper y en Jumanji (por eso me extraña que ni se mencionen). Desde entonces me hice seguidor suyo, y coincido con el análisis final sobre sus últimos autoplagios (aunque ya Braveheart y Titanic tenían mucho en común)

  6. Buen trabajo amigo, pero no me cabe que no puedas hacer ni una mención honorífica a Bernard Herrmann. Él, para mí, es el maestro de los maestros

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