La cabeza alta: en busca de los niños perdidos

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Imagen: Vértigo Films.
Imagen: Vértigo Films.

«Quizá sea una cuestión de glándulas» era la respuesta de aquel profesor tartamudo de Los 400 golpes para explicar el comportamiento cada vez más rebelde y obstinado del protagonista. Lo que veíamos los espectadores era sin embargo a un muchacho que crecía en un entorno que oscilaba entre la indiferencia y el rechazo, que se negaba a comprenderle e iba alimentando en él una rabia que terminaría explotando en una escena que forma ya parte de la historia del cine. En La cabeza alta, de Emmanuelle Bercot, la influencia de este clásico es evidente, pero si vamos un poco más allá de los paralelismos inmediatos en torno a la delincuencia juvenil y los conflictos familiares que la rodean, realmente la película que más parece haber influido a la directora es otra también de Truffaut, El pequeño salvaje.

A lo largo de las dos horas que dura esta película francesa que abrió la última edición del Festival de Cannes lo que vemos es la respuesta a la idea de la que parte Bercot: «Todos los niños tienen derecho a una educación. Debe ser supervisada por la familia, y si la familia es deficiente, entonces es responsabilidad de la sociedad intervenir». El problema es que para cuando dicha deficiencia se hace visible ya se ha creado un pequeño monstruo al que encauzar requerirá tal esfuerzo, paciencia y atención que pocas sociedades dispondrán de los recursos suficientes para ello, y aun así el resultado será incierto. Ese es precisamente uno de los mayores logros de la película, el ser capaz de moverse «entre la fe y el desaliento, la empatía y el rechazo, en lugar de simplemente cabalgar sobre la ola de una historia de redención» explica la directora. Y es que el personaje no es presentado para caer bien desde el primer momento. Malony es un adolescente de la región de Normandía criado en una familia disfuncional cuyos frecuentes arrebatos de ira lo han llevado a ser expulsado de la escuela. Incapaz de controlarse, su comportamiento errático y hostil provoca un rechazo hacia él que refuerza esa conducta en una espiral de autodestrucción que no parece tener fin. Es entonces cuando entra en contacto con una jueza de menores (Catherine Deneuve) y un consejero de juventud (Benoît Magimel) dispuestos a ayudarle, aunque él se empeñe en no dejarse ayudar. Cada aparente mejora acaba trayendo una recaída, no quiere ser tratado como un niño pero se niega a comportarse como un adulto y a cada nueva vuelta a la casilla de salida siempre prometerá que va a cambiar, que esta vez será diferente. Una y otra vez pone a prueba un sistema que, con sus defectos, intenta también proporcionarle oportunidades.

No esperen por tanto encontrar una airada crítica social en este film al tiempo que se exculpa e incluso mitifica al delincuente juvenil, como si de cine quinqui a la francesa se tratara. El sistema en el país vecino funciona razonablemente bien, viene a decirnos, y los fallos son achacables a la frágil naturaleza humana, especialmente en aquellos primeros años de nuestra infancia que terminarán marcando nuestra vida. Como no conocemos esa realidad no sabemos decir hasta qué punto será cierta, cuánto habrá de grandeur o de legítimo orgullo ante un logro civilizatorio, así que lo que nos queda es contemplar con interés el proceso de educación —o de reeducación deberíamos decir— como quien mira a un artesano trabajar un material muy difícilmente maleable. Ayuda a ello el tono documental en el que está narrado y que por su realismo remite a Ser y tener, aunque el ambiente apacible de aquella escuela rural sea sustituido aquí por uno con mucha más violencia física y verbal en a través del recorrido por centros de menores, juzgados y cárceles por las que nos llevan. Como dice en cierto momento la jueza «nosotros podemos poner las vías, pero es él quien tendrá que decidir ir por ellas», ese será el viaje en el que acompañaremos al protagonista y en él afrontará una encrucijada que condicionará el resto de sus días.

Más información en Vertigo Films.

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3 Comentarios

    • Sí, Marta, ya has visto que lo que escribes queda reproducido y que tu nick también sale, así que ya puedes decir algo (más).

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