Cómo escribir «Crimen y castigo» en cinco pasos

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Fiódor Dostoievski. Foto: Gallimard (DP)
Fiódor Dostoievski. Foto: Gallimard (DP)

Todos hemos querido ser Dostoievski alguna vez. Sí, ya sé que la Rusia de los zares es un sitio muy chungo, repleto de gobernantes autárquicos y vodka de garrafón. Pero ¿quién no ha deseado desde el sofá de su casa, con una cerveza en la mano y el mando de la televisión en la otra, verse ahí, rodeado de tipos potencialmente revolucionarios, explorando los recovecos más oscuros de la mente humana? ¿Quién no ha querido vivir en un suburbio del San Petersburgo del siglo XIX, rodeado de ratas, para poder decir que conoció el germen bolchevique de Petrogrado en primera persona?

Todos hemos querido ser Dostoievski alguna vez. Y, sobre todo, hemos querido serlo para poder sentir aquello que sintió Fiódor, fuese lo que fuese, al escribir Crimen y castigo. Porque tan magna obra no se redacta al estilo Faulkner, desnudo frente a una Hispano Olivetti con un cohiba entre los labios. No. Para llegar a la sordidez humana como llegó Dostoievski hace falta más. No basta con esa barba hipster que ahora le copiáis. No bastan las partidas de póker con los colegas. Hay que dar un paso más.

Para ello vamos a exponer en este artículo los pasos que ha de seguir el lector para convertirse en un novelista ruso capaz de idear esta obra de arte. Para aquellos que no lo hayan leído, procuraremos no spoilear demasiado, a pesar de que la propia obra lleva el spoiler en el título. Por ir avisando, diremos que hay un tío que se limpia a sus víctimas con un hacha. También diremos que el nombre del asesino se conoce en el momento mismo del asesinato, poco después del comienzo de la obra y sin suspense al respecto, pero que incluso así mantiene la tensión psicológica hasta el final. Dicho esto, es hora de comenzar a trabajar.

Ponte del lado de los asesinos de tu padre

Para escribir Crimen y castigo, esta condición es indispensable. Dostoievski cumplió la orden al pie de la letra. Su padre fue un hombre déspota y agresivo, amargado, entre otras cosas, por la muerte de su mujer por tuberculosis. Bebía como un cosaco (perdonen el juego de palabras) e incluso atizaba a sus hijos casi a diario. No obstante, les había proporcionado una educación exquisita, en escuelas de prestigio y con acceso a lecturas como Cervantes, Shakespeare o Dickens. De familia noble, el padre también intentó traspasarles su fuerte creencia religiosa, algo que calaría posteriormente en Fiódor. Pero la brutalidad con la que actuaba afectaba especialmente a sus mujiks, humildes trabajadores del campo a los que Mijhail Dostoievski explotaba sin piedad. Por este motivo, en 1839 torturaron y asesinaron a su jefe.

Dostoievski se alegró al enterarse de lo sucedido, celebrando la victoria interiormente y desarrollando un gusto por el socialismo y la clase obrera que más tarde le traería problemas. Por si fuera poco, años después sintió que la culpabilidad de este asesinato recaía sobre él y se deprimió por el recuerdo de aquella pérdida paternal plagada de alegría. Es en esta época, además, cuando se producen sus primeros ataques epilépticos. El sentimiento de culpa no se marcharía hasta escribir Los hermanos Karamazov, una obra que, conociendo ya este primer apartado, se podrá descifrar mejor.

Sálvate de un fusilamiento cuando ya estás contra la pared 

De nuevo, otra condición sin la cual nos resultará imposible redactar una obra como la que aquí nos ocupa. Como ya se ha dicho, Dostoievski fue desarrollando una conciencia de clase y un cariño por el socialismo que, en la Rusia imperial, eran inviables. Por eso, cuando ya se había convertido en un habitual de las tertulias en las que el socialismo utópico brillaba por su presencia, fue detenido junto a varios de los integrantes de dichas tertulias. Eran tiempos recios. Varias revoluciones habían aflorado en Europa y el zar no podía permitir que la historia se le fuera de las manos.

Después de ocho meses encerrado, Dostoievski fue condenado a muerte junto a sus compañeros. De esta manera, una mañana cualquiera fueron conducidos al paredón, sentenciados y colocados en su correspondiente fila. Sin embargo, cuando los soldados ya habían encañonado a los reos, un mensajero detuvo la ejecución. El tipo leyó en alto la misiva: «El zar conmuta la pena de muerte por cuatro años de trabajos forzados».

Sobrevive a cuatro años de trabajos forzados en Siberia 

En este punto, todavía eres un escritorzuelo de tres al cuarto. De hecho, Dostoievski, que ya había publicado algunos textos con cierto éxito, es en este tercer paso cuando realmente se encuentra consigo mismo y se convierte en el escritor que más tarde fue. Para empezar, su pasión por la lectura se ve reducida a la revisión constante de su obra preferida: la Biblia. Esto desarrolla en él una fuerte creencia religiosa, alimentada por el recuerdo de su padre y aderezada con el episodio del fusilamiento (qué no rezaría el bueno de Fiódor la mañana del fusilamiento).

Las condiciones del presidio, además, no eran las más adecuadas para un tipo como él, enfermo y acosado por la epilepsia. Del sufrimiento constante y de su amor por la Biblia desarrolla una pasión por Cristo que se vería reflejada en todas y cada una de sus obras. Sus personajes son personajes atormentados, sufridores. Pero, a la vez, luchadores que no cejan en su empeño de buscar el bien, por mucho que se hayan equivocado en el pasado. ¿Y de dónde podía sacar Dostoievski el ejemplo del mal que busca la redención? Solo habría que echar un vistazo a los barracones siberianos en los que había sido encerrado. Aquello estaba plagado de delincuentes, ladrones, asesinos. Fiódor empatizó con ellos. Los exploró y los comprendió. Es el comienzo de su verdadera literatura.

Abandona a tu pareja para ponerle los cuernos de viaje por Europa

Si has llegado hasta aquí, enhorabuena, tienes pinta de poder ser alguien en el mundo de la novela. Esto le pasó a Dostoievski. Al salir de Siberia, fue obligado a seguir cumpliendo condena enrolado en el ejército ruso. Es en esta época cuando conoce a su mujer, María Dimítrievna, con la que no tuvo una relación, por decirlo así, demasiado estable. Incluso el día de la boda tuvieron que suspender la ceremonia unos minutos, pues Fiódor había sufrido un ataque epiléptico repentino y se había desplomado en pleno altar. Ya de vuelta a San Petersburgo y dado su escaso poder adquisitivo, decidió largarse de viaje por Europa para explotar otra de sus pasiones: el juego. Hay que dejar claro que no se puede ser un santo para escribir Crimen y castigo. Dostoievski dejaba en Rusia una mujer muy enferma (sufría tuberculosis) postrada en una cama y sin nadie que esperara a los pies de la misma.

Durante este viaje se despendola. Cierra los casinos de media Europa y conoce a una mujer de la que se enamorará pasionalmente llamada Paulina Suslova. Entre el dinero que había tomado prestado en Rusia y las pingües ganancias que se había proporcionado gracias al juego, los dos enamorados abusaron de su atracción erótica. Pero el dinero no cae de los árboles, así que Dostoievski se vio obligado a recurrir a su medio de supervivencia favorito. Con Paulina esperando en París, durante meses intentó rentabilizar su depósito sin suerte hasta que liquidó todo su patrimonio. Hay que decir que Fiódor creía poseer dotes adivinatorias, estaba seguro de poder intuir dónde caería la bola. Aunque, a juzgar por los resultados, no parece que su creencia estuviera fundada sobre una sólida base. Al volver a París, por supuesto, Paulina se había largado con el primero que había pasado, un médico bastante bohemio. Como curiosidad, déjame apuntar la nacionalidad del matasanos: no podía ser otra que la española.

Cuando mueran tu hermano y tu mujer, hazte cargo de sus deudas sin devolver un rublo 

Perfecto. Ya eres un escritor que pasará a la historia. Pero si quieres dar el último paso y publicar tu obra magna, necesitas cumplir con este requisito. Dostoievski también redondeó el proceso, y lo hizo al volver a San Petersburgo. Allí vio morir finalmente a su mujer, después de una penosa enfermedad, y también a su hermano. El papel de este es indispensable en la vida de Fiódor. Se habían retroalimentado culturalmente, habían publicado muchos textos juntos e incluso habían fundado revistas juntos. Dostoievski lo quería tanto que al morir asumió todas sus deudas (que no eran pocas) y decidió que se haría cargo de su familia, que quedaba desvalida sin la figura del padre.

Las malas lenguas dicen que Fiódor no devolvió ni un solo rublo de los que debía su hermano, aunque estas deudas lo perseguirían de por vida. Las revistas que fundó también quebraron sin que pudiera ser capaz de reflotarlas. Para colmo, los ataques epilépticos se habían multiplicado. Solo y agobiado, decidió volver a coger la carretera para adentrarse de nuevo en el Viejo Continente. Allí se reencontró con Paulina, que había sido abandonada, como no podía ser de otra forma, por el doctor español. Pero ni despechada quiso retomar su relación con Dostoievski, así que este decidió volver a Rusia y sostener por fin la pluma con la que habría de escribir Crimen y castigo. Por el camino, se volvió a fundir lo poco que tenía en cualquier casino.

Si has llegado al final del camino, mereces toda clase de alabanzas. Eres un novelista de talla mundial y has escrito uno de los mejores libros de la literatura universal. No obstante, tienes cuarenta y cinco tacos y bastante vida por delante. De acuerdo, estás destrozado, eres un ludópata y un enfermo, pero todavía podrás cumplir otras tantas calamidades hasta escribir Los hermanos Karamazov. Si no has conseguido llegar, no te preocupes. Recoge tu cerveza y tu mando a distancia. Olvida tus sueños imperiales y deja que la gloria, con un poco de suerte, la sufran otros.

Raskolnikov y Marmeladov, de Crimen y castigo. Ilustración: Mijaíl Petrovich Klodt (DP)
Raskolnikov y Marmeladov, de Crimen y castigo. Ilustración: Mijaíl Petrovich Klodt (DP)

 

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27 comentarios

  1. tresko

    He leído hasta “spoilear”. Y no he leído Crimen y Castigo, aunque lo haré, pero no sé cuándo.

    He leído a Faulkner y creo su escritura representa, o evoca, todo lo bueno y todo lo malo (incluyendo todo lo sórdido) del ser humano. Y dudo mucho que, para hacer esas cosas, la olivetti y el cohiba sean un impedimento; tampoco una ventaja.

    Escribid sin spoilear y así os leeré más (y quizá os critique menos).

  2. Tresko, eres bobo

  3. DelerG

    Me cuesta entender por qué algunos (pocos en realidad) autores de esta página se empeñan en literaturizar todo lo que escriben. Que ojo, no digo yo que bien hecho no sea una manera tan buena como cualquier otra de presentar un texto, pero en la mayoría de los casos sucede que un tema interesante como este queda completamente trivializado. No me gusta nada comentar un artículo si no es para elogiarlo, pero me ha dado rabia el regustillo que deja el texto a veinteañero con ganas de parecer brillante.

    • Abraham

      Yo creo que precisamente el articulo es tan digerible, que puede atraer lectores hacia la obra de Dostoievski. Que después de todo, no es tan ligera como el artículo.

    • De verdad que no veo lo que dices de “literaturizar”. Me parece un texto totalmente ameno y sencillo. Si que es verdad que en esta web hay artículos muy literarios (que siendo una revista cultural suele agradecerse), pero no me parece el caso.

  4. Abraham

    Es bellísimo este artículo. :’)

  5. viruela

    el terror al spoiler es una muestra de infantilismo, al modo de “no me rompas mi juguete, que me pongo a llorar”

    algunos (parece que no demasiados), disfrutamos de un texto (literario o de otra índole) atendiendo a léxicos, sintasis, estructuras narrativas, caracterizaciones, todo lo que ofrece la buena escritura, más allá de “mantener el intríngulis hasta el final”… por mi parte, spoileen ustedes lo que les plazca

  6. Qué Dostoievski leyera a Dickens en la escuela, justito justito, ¿eh? Tal vez en la universidad, y aún así me cuesta creerlo. Se llevaban pocos años de diferencia.

    • erjhgbasb

      Dostoievski cita a Dickens en algun libro, suyo así que no hay dudas de ello. Otra cosa es que lo leyera mas o menos tarde. Pero yo he leído la biografia de Dostoievski y hay muchas otras cosas en ese artículo que no se ajustan a la realidad. Aunque por el tono medio creativo del artículo ya se entiende que no todo lo que se dice es verdad, o almenos no está revisado cual publicación universitaria.

  7. Respecto al artículo en general, me ha gustado, pero prefiero seguir escribiendo mis textos simples y minimalistas, que tener que pasar por tanto sufrimiento para escribir una obra como lo es Crimen y Castigo. Vaya vida más jodida.

  8. Viruela, no estoy de acuerdo. Lo que planteas está muy bien a la hora de leer poesía, pero cuando estoy delante de una novela o una película, no me gusta nada que me la cuenten. Aunque hay críticos de cine que te cuentan toda la trama, como si su comentario fuera lo central del asunto, mucho más importante que la película. Pecado capital. La incertidumbre es parte fundamental del disfrute de la obra.

    • viruela

      se trata de comparar la realidad vs la ficción. La realidad no admite spoilers, pues se desarrolla ante nosotros en tiempo real. Evidentemente soy muy poco aficcionado, porque en la malla mediática en la que estamos instalados, las mejores historias las vivimos asistiendo al devenir de los acontecimientos, que ni el mejor de los fabuladores es capaz de imaginar. Es así como la literatura deviene en arte literario, sin necesidad de amarrarnos a ella en un vínculo psicológico placentero, esperando ansiosamente que nos suministre nuestra correspondiente ración de “soma”

  9. Comprendo el asunto (neura) de spoiler De hecho prefiero saber el argumento de una película y el chisme de la trama Con frecuencia luego veo otra cosa que no tiene nada que ver con lo que me han contado

  10. Leí hermanos Karamázov. Me pareció repetitivo, irreal, lento…
    La parte del gran inquisidor muy bien pero el resto… Sobre todo el final, bastante insufrible

  11. Esto mismo lo cuenta -mejor- Félix de Azúa en “Lecturas compulsivas” http://www.casadellibro.com/libro-lecturas-compulsivas-una-invitacion/9788433967596/932150. No soy fan de Azúa, pero este libro es muy disfrutable

  12. jesmez

    “Todos hemos querido ser Dostoievski alguna vez”. Yo no. Y conozco a otros dos o tres que tampoco. Así que … empezamos mal. Y para que leer el resto.

  13. Rousss

    Leí Crimen y Castigo con 20 años y 30 años después puedo decir q es el mejor libro q he leído… Yo sí q hubiera querido ser Dostoievsky alguna vez… Recomiendo El idiota, Apuntes del subsuelo… Con los hermanos Karamazov no pude… X él llegué a estudiar ruso!

  14. lichtenberg

    Un artículo magnífico, y con un humor delicioso. Enhorabuena.

  15. Carlos F.

    Excelente artículo. Cabe decir que empecé a leer Dostoyevski por su última obra y quedé fascinado y anonadado con ciertos retumbes en el alma. Mi duda era si encontraría las otras obras al mismo nivel y, ¡oh sorpresa!, he pasado por Apuntes del subsuelo, Humillados y ofendidos (en espera Noches blancas) y madre mía, ¡cuánto placer y exquisitez!

    Me han enamorado los rusos, ahora estoy con Chéjov (¡qué delicia sus cuentos!) y Gógol (apenas El Capote)

  16. jesús

    Si este escrito lo entresacamos y lo llevamos a Word, y allí lo resumimos y lo despojamos de tanto modismo y lenguaje ‘simpaticorro’, queda un artículo bastante explicativo de la condición de escritor de Dostoievski.

  17. Fiodor Dostoievski

    Gracias por tus palabras hermano

  18. Pingback: Cómo escribir «Crimen y castigo» en cinco pasos – El Tímpano Ilustrado

  19. Curiosamente es el último libro que he leído y curiosamente también, uno de los mejores.

  20. Agustín Serrano

    El artículo está muy bien. Ligerito. Pasajes de la vida del escritor, con algo de humor y conocimiento, desde luego. Unas viñetillas con el padre ahogado en vodka y el hijo con cara de flipado ante la ruleta y así es como contarían su vida en la revista ”El Jueves”.

    Me ha gustado mucho, sobre todo: ”qué no rezaría el bueno de Fiódor la mañana del fusilamiento” O ”Por el camino, se volvió a fundir lo poco que tenía en cualquier casino…”

    Pero si el que no ha leído nunca a Dostoievski, no lo hace tras esto, no tiene algo de curiosidad por saber qué diablos escribía este tío, es que nunca lo hará y mejor que siga con otros entretenimientos.

    Saludos.

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