¿Pero no os dais cuenta de que no estáis mejorando el cristianismo sino empeorando el rock’n’roll? (Hank Hill a una banda de rock cristiano, El rey de la colina).
Cuando la religión gusta de cruzarse con el ocio el resultado suele ser un imán de vergüenza ajena por la sencilla razón de que a la primera le interesa cabalgar encima durante el acto mientras obliga al segundo a gritar su nombre. Una afirmación que es posible demostrar con ejemplos: la boyband cristiano-rockera Newsboys combina relativa eficiencia en lo de cantar y toquetear instrumentos con letras que rezan «Creemos en la crucifixión / creemos que Él venció a la muerte / creemos en la resurrección / y que está volviendo de nuevo» de manera tan reiterativa como para que el mensaje palidezca al presentarse con los modales de una apisonadora. Ni siquiera el rock satánico se molesta en insistir tanto en las alabanzas más allá de mencionar un par de cuernos y unos seises apiñados. En otros entretenimientos el producto con recado cristiano ha corrido una suerte similar, la de parecer una monja con guitarra que obliga a cantar el «Juntos como hermanos» bajo amenaza de collejas nucleares y calzando una gorra de lado para aparentar militar en la modernidad. Curiosamente los videojuegos, un medio tan ajeno a los predicadores como para convertirse en su diana, también lucen una extensa historia de ramalazos cristianos que van desde lo evangelizador hasta lo delirante.
A. C.
A principios de los setenta Phillip Conrod descubrió en un ordenador una copia de Hunt the Wumpus, un sencillo juego de texto donde el objetivo era dar caza a un monstruo en un laberinto. Aquello despertó el interés de Conrod por los mundos virtuales y le llevó a visitar otras aventuras de la época: Super Star Trek, Lunar Lander o el clásico Colossal Cave Adventure. Su curiosidad le empujó a escarbar en el código de aquellos programas y decidir finalmente que necesitaba construir algo similar. Junto a su padre jubilado, John Conrod, ambos comenzaron a principios de los ochenta a diseñar videojuegos con una característica que los hacía únicos: todos giraban en torno a temáticas cristianas, algo que no era muy sorprendente teniendo en cuenta que el oficio al cual había dedicado su vida John Conrod era el de pastor religioso.

Los Conrod crearon unos cuantos juegos de ordenador con títulos como The Church Growth Game, The Memory Verse Games o Manna from Heaven. Hasta que llegaron a un acuerdo editorial para escribir un libro que ilustrase a otros creyentes en el milagro de crear videojuegos: Computer Bible Games: Computer Fun for the Whole Family, un libro de programación para cristianos cuya existencia conllevaba la duda de si los programadores ateos utilizaban técnicas diferentes. El libro tuvo éxito como para producir una secuela y, cuando la editorial original desapareció, los Conrod continuaron promocionando digitalmente las técnicas de programación cristianas. Sorprendentemente, no eran los únicos que vadeaban el mercado: Bernad K. Bangley e hijo publicaron en esos ochenta un libro similar llamado Bible BASIC: Bible Games for Personal Computers.
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Sobre entretenimiento y religión, no hay que perderse «Regalo de Reyes»
«Ahora puedes adorar a Dios on the dance floor», buena esa xD. aunque tiene, merito que hicieran que el juego fuera de hasta cuatro jugadores, además de que una que otra canción suena bien, de hecho la mayoría (si no es que todos) de los juegos que jugué que incorporaban un tápate de baile (si se le puede llamar así) eran de máximo dos jugadores.