
A estas alturas la expresión «¡que vienen los rojos!» se usa con el consabido tono de sorna, incluso por aquellos que luego se definen así con la mayor convicción. Una prevención burlona que aludiría a un temor injustificado del que ya estaríamos de vuelta, como en la fábula de Pedro y el lobo. Pero oiga, el caso es que a veces el lobo efectivamente venía. Y conspiraba. Y malmetía. La Guerra Fría tuvo unos cuantos momentos que hacen parecer a su lado la trama más disparatada de James Bond más veraz y mundana que el BOE. Pero no es de tales ocasiones de las que hablaremos, sino de las falsas alarmas. O sino falsas, al menos enfáticas hasta el delirio. Vista con la distancia que otorga el tiempo cierta propaganda anticomunista resulta incluso simpática en su empeño por aterrorizar a la audiencia como si del tren de la bruja se tratase. Terminaba siendo casi indistinguible del cine de terror y ciencia ficción con el que en no pocas ocasiones intercambió recursos. Tal vez el histrionismo de esas advertencias contribuyó a que luego ya nadie se las tomara en serio, o puede que permitieran contener la amenaza ante un público un poco sordete al que había que gritarle las cosas con mucho aspaviento para que se enterara. Quién sabe. En cualquier caso resultaba divertida y llamaba la atención, lo que es la regla número uno de la propaganda y el motivo por el que a continuación le echaremos un vistazo a los ejemplos más peculiares. Aquellos en los que no quedaba claro si estaban hablando de política o del próximo estreno en las salas.

El filósofo René Girard dedicó mucho tiempo a reflexionar en torno a los mitos, a cómo expresaban los anhelos y temores más íntimos de cada persona y a la manera en que conformaban las sociedades. Encontró que uno recurrente en múltiples culturas era el del héroe impolutamente virtuoso que combatía al monstruo que asolaba la comunidad, generalmente de tamaño gigantesco. Esa espantosa criatura podía ser la esfinge contra la que luchaba Edipo o el dragón al que hizo frente san Jorge. Claro que entonces llega el siglo XX y con él grandes cambios y nuevos peligros. ¿Cómo representarlos de forma rápida y esquemática, logrando un efecto inmediato en el público? Meditémoslo durante un momento… ¡Bingo!, mostremos al comunismo como una enorme bestia de aspecto vagamente humano que asola nuestra comunidad. Ahí lo tenemos entonces con su rostro cadavérico, envuelto en llamas, cerniendo su gigantesca sombra sobre una ciudad desvalida o extendiendo sus repugnantes patas por todo el planeta. El cartel que ven arriba abriendo este artículo fue aún más allá en esa combinación de política y serie B, al recurrir a una actriz de la Paramount, Janet Logan, para protagonizarlo, al tiempo que advierte de que el destino de los hombres no sería mucho mejor, al resultar esterilizados en masa. No me negarán que son todos ellos una preciosidad de carteles, ideales para decorar cualquier casa o local.
Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.






Curioso artículo.
¿ Nadie se toma en serio la propaganda anticomunista ? no hay más que ver los resultados electorales, victoria del Pp con aumento de sus votantes.
Lo de los Beatles, impagable. Yo oí mucho a los «Escarbajos» en mi juventud, ahora entiendo mis inclinaciones políticas.
Artículo histórico que, fíjate por dónde, está muy de actualidad… Interesante.
Pingback: La propaganda anticomunista como una de las bellas artes
Pues a pesar de todo el comic under…y la historia reciente de Venezuela tiene ciertas semejanzas :( por no decir un monton.