Ponga un sinestésico en su vida

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Vladimir y Vera Nabokov. Foto: Cordon.
Vladimir y Vera Nabokov. Foto: Cordon.

Imaginen los cincos color azul cielo de tormenta de verano e imaginen los días de la semana colocados en una espiral hacia lo alto del monte Olimpo. Imaginen lo cursis que podemos llegar a ser. Imaginen a Vladimir Nabokov discutiendo con Vera el color de sus letras, VN. Esto último imagínenlo con un poco de ayuda, lean la transcripción de la entrevista concedida por Nabokov a la BBC en 1962. Allí cuenta que comparte sinestesia con su mujer y su hijo, y que el color que cada uno de ellos asigna a los diferentes grafemas es distinto. Así resulta fácil pensar en Vladimir y Vera en plena conversación cromática: «Oh, this isn’t that color, this is this color».

Imaginen a un genio pensando. Y ese genio tiene sinestesia. Que no es más que la mezcla de los sentidos, la interrupción de unos sentidos con otros. Cuando los sentidos no entienden de fronteras, aparece la sinestesia. Lo cuenta Rust Cohle en la serie de la HBO True Detective, en el episodio 3 de la primera temporada, tranquilamente, como no podía ser de otro modo, sin darle importancia, para explicar las cosas que de verdad merecen la pena. Y la pregunta que le hace Lori —«So, when something feels good, it means that it feels twice as good, but in two different ways?»— es la forma más precisa de explicar cómo se siente la sinestesia, y al final, no es una pregunta. Queda en el aire si cuando algo resulta molesto se convierte en dos veces desagradable.

Un sentido, de los cinco que tenemos, interpreta sensaciones capturadas por otro sentido. Eso es todo. Eso es tanto. Ver en color los números escritos, saborear algunas palabras escuchadas, tocar sabores, oler la música. Y así. Está demostrado empíricamente que en las personas sinestésicas se activan simultáneamente dos o más zonas del córtex cerebral, de manera que una persona con sinestesia activa las mismas áreas del cerebro cuando por ejemplo percibe un número de un color determinado que una persona no sinestésica cuando percibe de forma real ese color. Llanamente esta es la base científica de la sinestesia. Y tan llanamente, porque esta afirmación supone una simplificación, elevada a la máxima potencia, de los procesos cerebrales que se esconden detrás de un fenómeno como la sinestesia. Pero deja claro que no es una asociación de la memoria, como pudiera parecer.

Es el olor a amarillo de la jacaranda en primavera, es el sabor ácido de la palabra cocotología, son los meses del año sobre los pasos de una escalera. Y lo cursis que estamos siendo.

Todos nacemos sinestésicos, usted también, pero las conexiones neuronales cambian a medida que el cerebro se va desarrollando; solo uno de cada dos mil adultos la conserva, lo que viene a ser el 0,05% de la población (1). Eso implica que lo más fácil es que conozca a alguien con sinestesia, y puede que sea de su círculo más cercano. Quizá ese alguien ni siquiera lo sepa.

En ocasiones esta cualidad se atribuye a los artistas, o por lo menos a personas con un potencial artístico mayor que el del resto de la población. Es muy probable que esta afirmación que relaciona a las personas con sinestesia con un rico mundo creativo no sea cierta, como tampoco lo es su tendencia a ser zurdos, sus problemas de lateralidad o su mayor propensión a la depresión. Y es que aparece aquí el denominado survivorship bias, que hace que el foco se centre en aspectos que llaman más la atención, dejando a un lado otras características que pueden ser bastante más significativas en el común de los sinestésicos y, coómo no, olvidando otros aspectos frecuentes y seguramente mucho más relevantes del conjunto de los artistas. ¿Quién incluye en la biografía de un artista su no sinestesia? Es muy fácil caer en este tipo de sesgo cuando buscamos en internet información sobre el tema y encontramos una lista de personas famosas con sinestesia como Charles Baudelaire, Marcel Proust, Arthur Rimbaud, Jimi Hendrix, el ya citado Nabokov, etc., todos con profesiones relacionadas con el mundo arte.

Afortunadamente, profundizando un poco más en el tema, se están llevando a cabo diferentes estudios del fenómeno en varias universidades, entre ellas alguna española (como la Universidad de Granada), que están poniendo el rigor científico necesario en cualquier estudio. Se puede encontrar literatura de calidad, artículos científicos en la red, que permiten dar un paso atrás para coger un poco de perspectiva y alejarnos del postureo en el que nos puede meter la red y que está tan de moda. Y en el que incluso estas líneas nos pueden enredar.

No es un fenómeno que implique distinción alguna en la sociedad, no al menos distinción si no se busca, porque en YouTube hay algunos vídeos donde personas anónimas explican las bondades de su sinestesia y alardean, de forma poco discreta en ocasiones, lo artistas que se sienten, lo especial que es ver los números de colores, oler la música, incluso ver el aura de las personas. ¿Alguien da más? Daniel Tammet siempre da más, pero de verdad. Su caso es llevar al extremo esta característica de los sentidos y alejarnos un poco de lo cotidiano. Pero merece la pena.

Daniel Tammet tiene síndrome de Asperger y precisamente nació un día azul, habla once idiomas, es un genio de las matemáticas y usa la sinestesia para hacer cálculos, para recordar decimales del número pi, para hacérselo más fácil a la memoria. Tiene varios libros publicados donde relata diferentes experiencias de su vida, la forma en que convive con sus rarezas y la manera de sacar partido a su inteligencia desbordante. De verdad, Tammet no representa el prototipo de sinestésico, solo es the boy with the incredible brain (2) y, además, tiene sinestesia.

El tema, llevado por segunda vez a un punto radical, fue tratado por Alexander Luria con su paciente S, que también tenía una memoria prodigiosa, de tal forma que para recordar algo, además de escucharlo o leerlo, lo relacionaba con un sabor, un color o incluso con su sentido del tacto. Esto le permitía llegar a recordar prácticamente todo lo que experimentaba, y además sentir lo que recordaba. No obstante, S tenía otra serie de problemas que le complicaban la existencia, más allá de la sinestesia y de lo que se pretende exponer aquí.

También Oliver Sacks en su libro Musicofilia recoge en alguno de sus relatos de pacientes con trastornos neurológicos la sinestesia, a través de historias clínicas como la de Sue B, que describe así su experiencia «[…] cuando oigo música, veo pequeños círculos o barras de luz verticales que se hacen más blancas o más brillantes, o más plateadas, en las notas más altas y adquieren un delicioso marrón intenso en las más bajas […]»

Entonces, imaginen a cualquier persona pensando. Y esa persona tiene sinestesia. Los rasgos comunes de la sinestesia, a los que hacía referencia unos párrafos atrás son, entre otros, su carácter permanente e involuntario, en principio se sostienen en el tiempo, el mismo estímulo causa la misma reacción y esta ocurre de forma automática, siendo difícil suprimirla de manera consciente. Es unidireccional, un estímulo causa una reacción, pero la reacción evocada no provoca al estímulo. Tiene carácter idiosincrásico, al igual que el matrimonio Nabokov, las sensaciones que producen ciertos estímulos varían de una persona a otra. Otro aspecto a destacar es su carácter emocional, hace sentir que lo experimentado es real, que no es una invención de la mente, y puede que este último punto sea el que haga difícil darse cuenta de que se tiene sinestesia.

Mucha gente con sinestesia cree que es algo que le ocurre a todo el mundo, de ahí que puede que el sinestésico que por estadística probablemente conozca ni siquiera lo sepa. Es un fenómeno sutil, además de interesante y en ciertos aspectos envidiable. Envidiable por la posibilidad que aporta de experimentar con un sentido lo que capta otro, sin necesidad de recurrir a sustancias alucinógenas, se entiende. Consumiendo sustancias como el LSD se pueden llegar a vivir experiencias sinestésicas (sinestesia inducida por drogas); sin embargo no se sostienen en el tiempo, una vez que pasa el efecto de la sustancia tomada la sinestesia desaparece. Es una posibilidad que siempre está ahí.

Aunque no es menester llegar a los niveles de genialidad de Tammet, a la sinestesia se le puede dar uso, y me refiero a un uso más cotidiano. Ponga un sinestésico en su vida, por ejemplo a la hora de memorizar fechas, de saber qué lugar ocupa una letra en el abecedario, de encontrar un seis en un mar de ochos, de recordar el color del mejor olor del verano. Y es que depende del tipo de sinestesia que se tenga (grafema-color que es la más común, gustativo-táctil, temporo-espacial, tacto-espejo, músicogustativa, etc.) podrá sacar mayor o menor partido al sinestésico de su vida. Y es una manera de hablar, usada como recurso, la sinestesia tiene tanto valor como el que la persona sinestésica sea capaz de darle.

La sinestesia grafema-color es la más habitual y es de la que habla Nabokov en la entrevista para la BBC; supone la asociación de un símbolo con un color. Las letras, los números, aunque impresos en negro, el sinestésico los «ve» en color.

Otro tipo de sinestesia bastante común es la temporo-espacial, que permite usar el espacio para colocar el tiempo, los números, las letras, etc. Normalmente esta posición del espacio es muy concreta y detallada.

Ejemplo de sinestesia temporo-espacial. (CC)
Ejemplo de sinestesia temporo-espacial. (CC)

El hecho de que los sentidos se mezclen puede generar en la persona que lo sufre ciertas reacciones más acentuadas que en el sujeto normal. Si el chirrido que hace una puerta mal engrasada produce sabor amargo o un violín desafinado genera un color desagradable, esto puede suponer sensaciones más negativas para la persona que lo padece, más allá del desagrado que supone para las personas no sinestésicas.

De alguna manera este fenómeno da sentido real y literal a expresiones cotidianas, a la sinestesia literaria. Hace palpable el discurso que Gabriel García Márquez arrojó al mar en una botella dirigida al dios de las palabras en el I Congreso Internacional de la Lengua Española: «¿Cuántas veces no hemos probado nosotros mismos un café que sabe a ventana, un pan que sabe a rincón, una cerveza que sabe a beso?». Eso y lo contrario. Ya ven lo cursis que podemos llegar a ser, pero no dejen de imaginar.

___________________________________________________

(1) Callejas, A. & LupiáñezSinestesia. El color de las palabras, el sabor de la música, el lugar del tiempo. Alianza Editorial. Madrid, 2012.

(2) The boy with the incredible brain es un documental de Five Channel sobre Tammet.

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11 comentarios

  1. Genial, el cerebro y sus maravillas

  2. Arturo

    Entiendo que da por sentado que todos sus lectores entienden inglés, ya que ni se molesta en traducir las frases o citas que hace. Me pregunto si la sinestesia va asociada a la falta de empatía.

    • Quizás sea la manera de que usted intente aprender un idioma universal como es el inglés y que le puede servir para empatizar con personas que no hablan su idioma, digamos por ejemplo, con un danés, pero que si habla inglés ya que lo aprendió en el colegio pues es asignatura obligada, cosa que en este país se empieza a aprender, mal y tarde, ya que en el imperio donde nunca se ponia el sol, somos así de orgullosos y luego no somos capaces de atravesar los Pirineos y así nos va.

      Puede que me diga usted que ya no tiene edad para aprender, yo, lo he aprendido casi a los 40 años y siempre fuí muy burro, solo acabé la EGB, todo es proponerselo en esta vida, y si aun así, no tiene tiempo para aprenderlo, haga un copia y pega y vayasé al traductor de Google, que muy gustosamente le traducirá el texto copiado.

      La empatía, señor Arturo, tambien ha de ser recíproca, empatice usted con la autora y con los lectores que agradecemos profundamente que haya transliteraciones de frases en inglés.

      Me gustó mucho su articulo Sra María, un saludo.

  3. Manuel Cabedo

    Si te interesa la sinestesia, y quizás la música, no puedes dejar de ver estas maravillas:

    https://www.youtube.com/channel/UC2zb5cQbLabj3U9l3tke1pg

    Y, en cuanto a Nabukov, hace una montón de años, cuando viví en Avignon, tuve la suerte de presenciar en directo su maravillosa entrevista en Apostrophes, con Bernard Pivot. Esa entrevista me marcó para toda la vida y ahora, (¡gracias, youtube!) es recuperable con un simple clic del ratón:

    https://www.youtube.com/watch?v=RpjTgHMUbAk

    Si no la visto, ¡no te la pierdas!.
    Saludos.

  4. Pingback: Sinestesia. | Cosas.

  5. alcide Bava

    queridos míos,
    olor de ríos,
    lean a Rimbaud
    y en sus vocales,
    encontraran sus sabores

  6. Igual soy yo muy tiquis miquis pero lo de grafema-color, al tratarse de 2 informaciones distintitas pero que se han aprecian por el mismo sentido.
    ¿Sería estrictamente sinestesia?
    Yo tuve una vez una experiencia similar en mi caso tacto/vista pero con un estado de consciencia alterado.

  7. Pingback: Ponga un sinestésico en su vida

  8. Noelia

    Personalmente, tengo sinestesia espacial, y poco me ayuda, todo lo contrario.

    Sí he de afirmar que gracias a ello tengo una agilidad una pizca superior al promedio en temas matemáticos y de ciencias exactas, pero en cuanto a la memoria, no tengo esa suerte.

    Toda mi carrera universitaria sufrí horrores para lograr incorporar nuevos conocimientos, ya que, más allá de entenderlos, mi mente sólo los guarda a largo plazo si logro ubicarlos en una especie de mapa mental. Y no todo es gráfico, puedo ubicar fácilmente fechas, personas o clasificaciones, pero no conceptos o datos más abstractos.

    Supongo que cada uno lidia con lo suyo jaja.. Ojalá tuviera la memoria prodigiosa de tantos sinestesicos.

    Saludos.

  9. Pingback: Naukas Iruñea 2018: “Sinestesia: berezko errealitate areagotua” – Sinestesia

  10. Pingback: Naukas Pamplona2018: “Sinestesia: realidad aumentada inherente” – Sinestesia

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