
La tarjeta de visita de Rachel Edidin la presenta como una editora mercenaria especializada en aventurarse en proyectos poco comunes y su currículo asegura atesorar experiencia en el cómic, la narrativa transmedia, las creaciones multiplataforma o los trabajos literarios de ficción, no ficción y ciencia ficción. Edidin ha firmado artículos sobre diferentes capas de la cultura pop para revistas como Wired, Kotaku, Playboy o Comics Alliance. Y también afirma que es capaz de matar a un hombre con un punto y coma bien colocado.
Entre las estanterías de su vivienda, esta editora atesora desde hace muchos años un ejemplar muy especial de una obra fetiche para ella, el clásico de la ciencia ficción El juego de Ender que Orson Scott Card escribió en 1985. La copia que posee Edidin tiene cierto rodaje tras sobrevivir a varias relecturas y a causa de ello luce un lomo machacado y unos bordes desgastados. Pero su ejemplar tiene un valor añadido que resulta evidente al ojear sus primeras páginas: está dedicado en exclusiva («Para Rachel, una amiga de Ender») por el propio autor. La dedicatoria y la firma que la acompañaba no eran fruto de un encuentro fugaz en algún evento promocional entre escritor y lectora, sino más bien producto de una relación de amistad; durante sus años universitarios Edidin se carteó con Card con asiduidad llegando a considerarlo un mentor y alguien a quien acudir en busca de consejo a la hora de afrontar la escritura como un oficio. La relación entre ambos fue más allá de la mera docencia y acabaron considerándose amigos, ella ha comentado que incluso ha compartido cenas con Card en la casa de este.
En 2013 Edidin explicaba en un artículo para Wired todo lo anterior antes de asegurar no tener intención alguna de acudir al cine para ver la adaptación cinematográfica de El juego de Ender, una decisión que no había sido causada por falta de interés en la adaptación cinematográfica, sino porque la mujer había decidido apuntarse al boicot contra la película que durante aquellas fechas estaba teniendo lugar. Dicho boicot se extendía hacia cualquier obra firmada por Orson Scott Card o simplemente, como era el caso, derivada de su trabajo. Aquella persona, que en un momento dado había considerado al escritor como mentor y amigo, había decidido que nunca más volvería a comprar un libro suyo, ni siquiera una nueva copia de su idolatrado El juego de Ender, porque no quería financiar de ningún modo al escritor nunca más, ni siquiera de rebote.
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No solo las obras literarias, sino todas las obras artísticas deben ser juzgadas independientemente de la personalidad, de la ideología del autor, esto es un axíoma, no una opción. La moralidad, las leyes y las costumbres cambian con el tiempo, no pueden ser utilizadas como reactivo que determine la pureza de la obra.
El señor Scott Card es un mormon con ideas de mormon y las refleja en sus artículos de opinión, no tienes por que leerlos.
Por otro lado siempre he considerado que el Juego de Ender y sus derivados son bastante horrorosos. Quizá porque la historia de soy el mas pequeño y débil, todo el mundo se aprovecha de mi, nadie me comprende, pero en en mi interior se encuentra la fuerza suprema que os salvara de los extraterrestres/comunistas/demonios/sistema politico totalitario/ y al final todos me amareis ya me parecía vieja, aburrida, cuando la leí….aunque es una formula que funciona estupendamente, cada año hay nuevos adolescentes, eso si si quieres que el editor se la mire, el prota debe ser una fémina.
Sí, la verdad es que tan incomprensible es el entusiasmo, primero, de Rachel Edidin por una novela tan aburrida y tan mala como «El juego de Ender», como el aborrecimiento, después, por la obra de Card simplemente porque el autor le parece un impresentable.
Respetable opinión que no te guste El Juego de Ender, pero tampoco compares una novela de obligatoria lectura entre los licenciados de Westpoint y ganadora de Premios Hugo y Nébula con las sagas bestsellerianas de Divergente y los Juegos de ya sabes. Que eso es ponerse un pelín reduccionista.
A gustos. Ender es una buena novela, entretenida, bien escrita y llena de ideas. Pero (a mi criterio) no es una obra maestra de la ciencia ficción. Hacedor de estrellas de Olaf Stapledon ES una Obra Maestra (con mayúsculas, con negrita, cursiva y subrayado).
Solo una nota al margen: ¿podemos culpar a gente que, como Kipling o incluso Lovecraft, creían en lo que en aquellos momentos se consideraba normal? Lo políticamente correcto en su época era precisamente ser colonialista, racista y pensar que el hombre blanco era un ser superior. Hay excepciones, pero el mito no se iba a cuestionar hasta la Primera Gran Guerra para la mayoría.
Otra cuestión es aquel que, desde cualquier punto de vista, solo pueda ser calificado de criminal. Y también hay que descalificar a los fanáticos. Y Card solo puede ser calificado de fanático.
El racismo de Lovecraft se pasaba un pelin de rosca para su época. O sea, si, la gente era racista, pero inclusive a sus amigos (que el tio los tenia, tenia una amplia red de correspondencia escribiendose con gente) les sonaba como «te has pasado un poquito, Howard».
En cuanto a Card, lo mas triste del asunto es que leyendo tanto su obra de ficción como sus mismas proclamas antihomosexuales uno no puede mas que llegar a la conclusión de que es un homosexual reprimido, que tiene que proclamar y sentir todo ese odio porque se tiene que purificar de alguna manera. Desde la escena de Ender en las duchas y como la escribe, hasta su explicación de que oye, si, la homosexualidad es peligrosa porque claro, tu eres hombre, a quien vas a entender de verdad sino a otro hombre, a una mujer no puedes entenderla, pero es tu deber procrear…
El problema de Lovecraft es que no podría existir su obra sin racismo. Toda su obra es la sublimación de sus miedos más profundos transformados en monstruos horrendos. ¿Que son los profundos de Innsmouth salvo su miedo a razas «inferiores», horrendas y subhumanas para su hipersensibilidad puritana, pasado por el filtro de su creatividad?
Genial comentario :)
No perdón pero aunque fuera en esa época aceptado, estaba mal y ya. Sacrificar a personas a sus Dioses para los mayas esta mal y ya. aunque yo sepa que en ese tiempo eso se consideraba hasta un honor o algo bueno, estas de acuerdo con que esta mal.
No se puede separar la obra del artista es que en su obra el artista plasma sus ideas, pensamientos y formas de ver el mundo. o hay algún artista que su obra no sea su vida, podemos disfrutar de estas obras SI, debemos de criticarlas con autores ya fallecidos POR SUPUESTO, debemos criticarlas, criticar al autor y levantar la voz cuando estén mal CLARO, ¿Acaso por la proeza de hacer un producto estoy exento de critica?
A mí es que, aunque censurables desde el punto de vista actual, las posturas de Kipling y de Lovecraft siempre me han parecido de lo más lógicas. También es verdad que sucede lo contrario: si admiramos al autor, tendemos a perdonarle sus defectos.
Knut Hamsun y su apoyo a los nazis
Buen artículo. De él quiero comentar dos cosas: [1] a tu última pregunta, creo evidente que la mejor forma de acercarse a una obra – literaria o no – es obviando al autor como persona y centrarse sólo en su «creación». Sin embargo, el problema que esto genera es que va en ambos sentidos, es decir, este articulo debería complementarse con obras que se consideran maestras por quien las ha hecho y no «per se» (las obras de Warhol no pueden entenderse sin la persona – personaje. Y con esto no estoy minusvalorando sus obras, que quede claro) y [2] hay varios ejemplos en este artículo a mi modo de ver injustos. Doy por bueno el ejemplo de Scott Card (aunque él actúa según lo que le han inculcado, ha tenido suficiente vida para reconocer lo erróneo de su pensamiento) pero me cuesta más verlo en Lovecraft o Kipling, por ejemplo. No porque acepte sus ideas – en absoluto – sino porque no aplicamos el filtro «Tiempo». No es justo juzgar a personas pasadas con nuestra mentalidad actual. Las reglas del juego han cambiado y los valores son otros. Mi duda tiene que ver con que el problema no sería si Kipling fue colonialista con todas sus consecuencias (lo que en aquel entonces me parecería «razonable») con si ya para la época era una persona «excesivamente» colonialista.
Pingback: La homofobia de Orson Scott Card
Volviendo al caso de Lovecraft. En su caso, se puede seguir una evolución de su pensamiento: basta con leer los cuentos más tardíos a menudo olvidados. Por ejemplo: «En los muros de Erix» muestra el principio de una actitud anticolonialista. «Los sueños de la casa de la bruja» muestra hacia el inmigrante (polaco, en este caso) una actitud desconocida en sus primeros y más famosos relatos.
Es una puñeta como una catedral. ¿Acaso es lo mismo que juzgar las ideas del que fabrica los zapatos o los espaguetis que compras? En un libro uno está comprando ideas y visiones del mundo, aunque sean estrambóticas, parciales, parabólicas y anacrónicas. Si la visión conquista, si fascinan el punto de vista, el ritmo, el vocabulario y cada coma, acabar viendo de dónde salieron es como haber devorado con delectación dos platos de deliciosos espaguetis y ver que han sido horneados en… O acabas de descubrir que las marranadas son lo tuyo, y tiene tela, o te sientes burlado, estafado, involucrado en algo infame, turbio y deshonesto, y encima a traición. Lo bueno es que cuando eso pasa más de una vez, por ejemplo: 1) pasas de todo; 2) no endiosas a nadie, y 3) decides que, por ejemplo, seguirías leyendo a Lovecraft porque el chalado vivía en el Gótico tardío, aunque como ese estilo te iba pero hace décadas, lo dejarás para un posible Revival si eso; que Highsmith, después de Mar de Fondo, no puede superarse ni rebajarse: consiguió su medalla y pasó; que Carroll, Kipling y otros se las vean con su público diana (infantil o nostálgico), lo mismo que Woolf, Card, Perry y Mailer (habemos pasao por eso y curaos quedamos, pero no por escrúpulos sino por hastío). O sea, después de un tiempo, sólo te quedan dos o tres traumas y no es para tanto. Y hay más: si nuestros ídolos políticos nos dan bascas después de cuatro meses, cuatro años o cuatro décadas; si Joan Sutherland es una racista vitriólica, ignorante y ordinaria a pesar de que por su Casta Diva merecería una vista gorda de tres megas; si los Reyes Magos nunca, ni siquiera cuando los reverenciábamos, fueron capaces de ser verdaderos; si nuestra parentela, a la vuelta de la esquina, ni se sabe quién es, y nuestro primer amor eterno fue una gran fantasía, por decirlo dulcemente… Sigamos disfrutando del follón mientras se pueda.
Si mi vida dependiera de una operación de neurocirujía, y el mejor de los mejores neurocirujanos, con un pulso a prueba de bombas, estuviera cumpliendo condena por matar negros y homosexuales, violar niñas y otras atrocidades como comer animales (humanos), yo pediría que le dejaran salir para que me operase. Es más, pediría que su condena fuera que estuviera operando siempre a quien lo necesitara. El autor y su obra, y quienes aborrecen de una obra porque su autor piensa diferente (o está chalado).
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