Una semana en Paterson

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Imagen: Vértigo Films.

Lunes

Paterson es una película sencilla sobre un poeta sencillo que vive una vida sencilla junto a su novia, soñadora pero sencilla, y conduce el autobús 23 de su ciudad sencilla. Lo han adivinado, la clave de la nueva película de Jim Jarmusch es su mágica sencillez. Él lo explica diciendo que quería «retratar un pequeño mundo ligero y tranquilo de personas creativas y equilibradas». Un equilibrio que convierte Paterson en un antídoto perfecto —aunque claro, sencillo, modesto y secreto— a la locura paranoica de la Norteamérica de Trump.

Martes

Paterson es una película-semana, pues cuenta día a día una semana en la vida de su protagonista estructurándose en torno a su rutina: se despierta pronto por arte de magia; desayuna un bol de cereales; camina hacia el trabajo; anota en su libreta los versos que lleva escribiendo toda la mañana en su cabeza; conduce el autobús; come frente a su lugar favorito en el mundo, su cascada; vuelve a casa tras el trabajo; cena con su novia y hablan, generalmente, de ella y de sus sueños; sale a pasear al perro hasta la esquina, donde lo ata para tomar una cerveza con su amigo el barman; y desde ahí fundimos a negro. Todos los días serán prácticamente iguales, como si estos personajes hubieran descubierto que se puede vivir en piloto automático. Aunque, bien pensado, tal vez en las pequeñas variaciones se encuentre esa poesía de lo cotidiano que persigue, tranquilo pero perseverante, nuestro protagonista. Tal vez en esas pequeñas variaciones entre los días se encuentre, en el fondo, esa cosa tan extraña que llamamos vida.

Imagen: Vértigo Films.

Miércoles

Paterson es… supongo que aquí, al tercer día, ya se habrán dado cuenta de que todos los días empiezan igual. Más que un recurso estilístico, que también, esto es un reflejo de la propia película, donde las variaciones cobran valor precisamente porque son excepciones, ya que la clave constructiva principal es la repetición. Los siete días de Paterson, la película sobre Paterson, el poeta que conduce del autobús 23 de la ciudad de Paterson, Nueva Jersey, empiezan con el mismo plano cenital de su despertar junto a su novia. Sí, el mismo, pero a la vez no, porque Jarmusch repite cada día el encuadre pero varía cada vez la posición de los personajes, y por tanto la composición del plano: el lunes se despiertan mirándose; el martes, dándose la espalda, pero ella desnuda; el miércoles, abrazados; el jueves otra vez abrazados, pero por la espalda; el viernes se despierta él solo, porque ella está horneando sus cupcakes; el sábado, ¡ay el sábado!, no hay despertar en cenital porque, como veremos, el sábado es el día de las sorpresas; el domingo, tras la sorpresa, amanecen separados, él sentado al borde de la cama; y el lunes… cómo no, se despiertan como toca los lunes, mirándose. Pero los días en Paterson no solo empiezan igual-pero-no-del-todo, es que son iguales-pero-no-del-todo. Y así los filma Jarmusch: por eso repite continuamente planos como el general de las salidas y llegadas a casa, recursos como el fundido a negro que cierra cada día, bromas como la de «Carlo William Carlos» o la del perro gruñendo a cada beso, o signos como los gemelos o el agua de la cascada.

Imagen: Vértigo Films.

Jueves

Paterson es una película sin conflicto. Quizá les haya asustado el tema de la sorpresa del sábado y el posterior despertar separados, del que hablaremos, tal vez, el sábado, pero no se alarmen. Tiren todos los manuales de guion por la ventana, destierren a Robert McKee y a sus apóstoles, que ha venido Jarmusch a hacer una película sin conflicto pero absorbente, sin drama pero nada aburrida, sin gritos ni excesos pero llena de vida. Mientras cita a Ozu y a Bresson, él lo explica aduciendo que «la vida no suele ser dramática. Paterson es un simple retrato de siete días de rutina, de día a día, y por tanto evito el drama y el conflicto», y añade que, aunque no tenía la intención de ir contra esas películas llenas de acción y violencia, sí que cree, como defendía Jonás Trueba en San Sebastián, que «necesitamos otro tipo de películas».

Viernes

Paterson es, también, una preciosa historia de amor. O la historia de un amor precioso, porque tiene todo lo que tiene esta preciosa película, esa brillante armonía carente de aristas y de sombras. El amor de Paterson es tal vez el que soñó Rilke, aquel en que «dos soledades se protegen y procuran hacerse mutuamente felices». Las escenas de Paterson y Laura están llenas de momentos que en cualquier otra pareja podrían fácilmente desencadenar en pelea, o en reproche sutil, o en ataque pasivo-agresivo, pero que aquí pasan como una brisa: el tema de su libreta secreta y su manía de no guardar copias, la sugerencia de ella de que se compre un móvil, sus salidas nocturnas al bar (que a ella no solo no le molestan, sino que le encanta que llegue oliendo a cerveza). Quizá más que Rilke, lo que mejor define el milagro sencillo de este amor de película es el poema de William Carlos Williams que ella le pide que le lea mientras desayunan, «Esto es solo para decir»:

Me he comido
las ciruelas
que estaban
en el refrigerador

y que
seguramente
habías apartado
para el desayuno

Perdóname
estaban deliciosas
tan dulces
y tan frías.

Imagen: Vértigo Films.

Sábado

Paterson es una caja de sorpresas. Bueno, en realidad no, pero como lo prometido es deuda, ahora tengo que contarles lo de la sorpresa del sábado (aviso: hoy vienen SPOILERS), y a la vez tengo que mantener la estructura de repeticiones de mi artículo, que tan originalmente reproduce la estructura de la película. El sábado por la noche, al volver del cine, Paterson descubre que el perro ha hecho pedazos la libreta que contenía la única copia de toda su obra poética. Solo puedo hablar por mí, pero supongo que la mayoría de los que hemos visto la película nos temíamos que esto acabaría pasando. Pero estas premoniciones de espectador no caen del cielo, sino que están perfectamente construidas desde el guion y la puesta en escena. En su empeño por despojar su película de todo atisbo de conflicto, Jarmusch nos anuncia con letreros luminosos la única sorpresa conflictiva de la película. Uno de esos letreros es que el sábado sea el único día que comienza diferente (sin el cenital de la cama al despertar), pero hay mucho más. Por la tarde, Paterson escribe un poema de amor en el sótano cuando llega Laura, radiante por el éxito de sus cupcakes. Los dos están hablando en el sótano, pero de pronto oyen un ladrido del perro y deciden subir (será esa subida lo que condene a la libreta, porque normalmente Paterson la deja en su escritorio del sótano, a salvo del perro), y justo entonces, mientras ellos suben, corta a un primer plano del perro. Pero el verdadero letrero luminoso viene cuando Laura le dice al perro que él se quedará en casa «custodiando el castillo» y cuando, después de que Paterson se levante, Jarmusch mantiene el plano de la libreta sobre el sofá, y corta a un plano del perro mirándola.

Imagen: Vértigo Films.

Domingo

Paterson es una película poética sobre la poesía de lo cotidiano. Por los resquicios de la rutina diaria de Paterson se cuelan los versos que piensa y escribe, igual que las palabras se pegan a las imágenes de la película. Esa idea de la inspiración poética como algo que irrumpe en lo cotidiano para elevarlo está magníficamente expresada por los encadenados que rompen el tiempo —sobreponiendo distintos planos/momentos para acelerar la rutina— y por la música que acompaña todos y cada uno de los momentos de creación o escritura. Hay un momento clave que condensa toda esta reflexión sobre la extraña conexión entre la rutina y la poesía. Siempre que le vemos escribir en su libreta, se trata más de anotar versos que ya ha pensado y que luego, cuando se pone a escribirlos, desarrolla. Y la música puntúa tanto el momento de pensamiento como el de escritura. Pero hay un momento, el viernes por la mañana, en que le vemos sacar la libreta para escribir unos versos que aún no ha pensado, y solo cuando se le ocurren las primeras palabras y comienza a escribirlas empieza la música. Lo genial es que aunque la poesía (y la música que la acompaña) suelen colarse en la rutina de Paterson, esta vez es la rutina de escribir unos versos antes de arrancar el autobús la que hace surgir la poesía, y por tanto también la música. Si quisiera spoilearles más les contaría que este recurso de la música que empieza cuando se activa la inspiración se repite el domingo, tras ese regalo de ese señor en esa escena.

Imagen: Vértigo Films.

Lunes

Paterson es la historia de una semana que acaba en domingo pero se renueva el lunes, porque cada nueva semana está, como una página en blanco, llena de posibilidades.

Puedes ver el tráiler de Paterson aquí.

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3 comentarios

  1. Leolo

    Magnífica película, para mi la mejor de toda su filmografía por su aparente falta de pretensiones, una gozada con un montón de secuencias dignas de proyectarse en las escuelas de cine. Qué lástima la poca visibilidad que tendrá en los próximos premios de la academia, así como su ausencia de galardón en Cannes, algo inexplicable.

  2. Aunque sea lenta, es una película preciosa, a la altura de las grandes obras de juventud del poeta Jarmusch.

  3. Estupendo artículo, Miguel. Después de ver ‘Paterson’ leí por fin ‘Cartas a un joven poeta’, de Rilke. Con tu permiso, invito a tus lectores a leer mi ‘reseña’ de esta película fascinante https://despuesdelhipopotamo.com/2016/12/27/paterson-mirada-poeta/ ¡Feliz 2017!

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