
Inés Fernández-Ordóñez (Madrid, 1961) es filóloga especialista en dialectología rural, catedrática de Lengua Española en la UAM y sillón P de la Real Academia Española desde 2008. Es discípula de Diego Catalán Menéndez-Pidal, un vínculo que la une a la figura clave de la filología en España, Ramón Menéndez Pidal —de cuya teoría de la formación del español ofreció una revisión en su discurso de ingreso en la RAE— y a su escuela, de la que toma el testigo de interpretar la relación entre la historia y los textos, con un enfoque actualizado.
Estamos en la exposición «La ciencia de la palabra», una excusa perfecta para hablar de la filología como ciencia. ¿Qué parte hay de ciencia y qué parte de interpretación?
La filología tiene muchas orientaciones y en todas ellas se puede hacer ciencia, tanto si es lingüística, investigación o reconstrucción de textos antiguos, etc. Por ejemplo, si queremos saber lo que realmente escribió un autor, tenemos una pluralidad de testimonios antiguos y no sabemos cuál representa verdaderamente la palabra del autor, la filología tiene herramientas de crítica textual que permiten reconstruir con cierta fidelidad, aunque no con absoluta seguridad, el texto que el autor escribió. La lingüística, que por supuesto es una disciplina de las humanidades, también tiene mucho de ciencia en el sentido de que podemos establecer predicciones del comportamiento de las lenguas a través de la comparación, la observación y el análisis, realizamos experimentos en los que comprobamos si las cosas son como esperábamos o no.
En el discurso de ingreso en la RAE hablaste de la formación del español con una interpretación diferente a la de Menéndez Pidal, defendiendo el papel de otros dialectos además del castellano. ¿Nos puedes explicar esta diferencia de interpretaciones? ¿Se trata de falta de datos o de tratamiento de datos interesada?
Hay un poco de las dos cosas. El científico no es neutro, quiere probar una hipótesis, tanto si es de ciencias experimentales como si es de humanidades. Menéndez Pidal quería demostrar que Castilla había hecho España, pero no porque él quisiera, sino porque toda la mentalidad de su época estaba imbuida de esa ideología. Él es muy honesto, en Orígenes del español él compara datos del leonés, del castellano, del aragonés y con las herramientas de que disponía entonces, que fundamentalmente eran las de la fonética histórica, intenta delimitar los orígenes del castellano. Es decir, creo que él tiene una gran honestidad intelectual con los datos pero también un prejuicio ideológico. Por otra parte, hay muchos datos que él no llega a conocer en su momento, porque no estaban a disposición de los investigadores; esa falta de datos también pudo condicionar una interpretación más compleja de la historia de la lengua que hoy pensamos que es la correcta. La tendencia actual es considerar que el español es una lengua que surge de la confluencia de los tres dialectos: el asturleonés, el castellano y el navarroaragonés. Entran en contacto en la parte central y meridional de la Península Ibérica y como resultado a veces triunfan los rasgos castellanos, y esos son los que estudió Menéndez Pidal, los referidos a la pronunciación, pero en otros aspectos de gramática o léxico, triunfan rasgos no necesariamente castellanos. Él tenía esa idea, pero siempre pensó que el castellano era la lengua preponderante, lo que tenemos que matizar es que tuviera esa importancia. Él fue muy honesto con los datos hasta el siglo XI, pero después proyecta la historia política de Castilla sobre la historia lingüística. No puedes identificar los territorios que dominaba Castilla con el castellano. Los territorios que eran políticamente castellanos podían hablar variedades que no necesariamente se identificaran con la que se hablaba en la cuna del castellano.
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Enhorabuena por la entrevista. Bastante densa (en el buen sentido) y llena de información.
Un ejemplo a seguir para los filólogos jóvenes, tanto en lo profesional como en lo personal.
La entrevista no ha sacado el partido que debía a una persona muy interesante pero, aun así, siempre se agradece la decisión de dedicarle espacio a la filología en una revista tan plural.
yo creo que lo mejor es que nos degen escribir como nos salga del igo y no meticonear tanto con la gente que siaqui una ache que siayá una coma.
Degen? Igo? ache? enserio?
Una entrevista muy interesante. Yo habría insistido sobre el sexismo lingüístico y la performatividad de la lengua, no solo su capacidad icónica.
Justo lo que iba yo a decí anque desde un punto de vista intriseco sobre el sexso con lengua.
Una buena entrevista llena de sentido común
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