
Deseo, transgresión, luz. Nabokov. Mantener una conversación con Lila Azam Zanganeh provoca auténtico vértigo intelectual. Esta escritora de padres iraníes nacida en París vive y trabaja en Nueva York compaginando la creación de sus obras literarias —El encantador fue la primera, un artefacto inclasificable sobre su relación con Nabokov— con colaboraciones en Le Monde, The Paris Review, The New York Times o La Repubblica. Entre muchos otros méritos, es la única mujer de la Nabokov Literary Foundation y forma parte del jurado del Man Booker Prize.
Ocupada entre múltiples viajes y la finalización de su segunda obra, una reescritura de El cantar de Roldán, aprovechamos su paso por Barcelona de vuelta de Mallorca, donde ha participado en las Converses Literàries a Formentor, para hablar con ella sobre literatura, escritura, lectura y Nabokov. Dice que ama la literatura tanto como le horroriza leer. Y es ahí donde empieza el juego.
¿Cómo han ido estos días en Mallorca?
Absolutamente maravillosos. Me ha sorprendido mucho tanto la buena organización del festival como el propio lugar, es de una belleza increíble. Siempre he tenido una relación especial con España, siento que en cierta manera estoy en casa. Me lo he pasado muy bien.
Diste una charla sobre El asno de oro (Lucio Apuleyo).
Me educaron en Francia, y allí siempre tienes que contestar preguntas explicando por qué, cómo… El tema era «Espíritus, fantasmas y almas errantes», así que me pregunté cuál era el porqué de este tema y cuál era el conector. Me di cuenta de que quizá era una pregunta relacionada con el deseo, porque uno de los motivos por los que estas almas errantes regresarían era el deseo de seguir viviendo, de seguir con algo inacabado. Así que pensé que la conexión entre El asno de oro y esa cuestión era una noción de transgresión. Y para mí, como es natural, todo está conectado con la obra que estoy acabando ahora, es el eslabón que Apuleyo coloca entre las transgresiones como medio para iniciar una narrativa: quiere convertirse en un búho y para ello se aplica un ungüento, pero se equivoca de ungüento y acaba convertido en asno.
Uno de los principios de estas religiones de la antigua Roma era que no deberías inmiscuirte en lo invisible. Así que la primera transgresión es que Lucio está muy interesado en convertirse en mago y practicar la magia. Aunque más que mago es un hechicero. La segunda transgresión es que realiza el ritual incorrecto. Y eso hace que arranque la historia.
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Por el titulo.
Los buenos escritores copian a muchos, lo otro es plagio.
Me gustó mucho la parte final.