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Lomonósov o el sueño de saberlo todo

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Mijaíl Vasílievich Lomonósov. Imagen: Wikicommons.

Después de visitar la Plaza Roja, el Kremlin, las catedrales, la galería Tetriákov, Gorky Park y, si es bibliófilo, el estanque del Patriarca y la casa de Bulgákov, hay una ruta menos conocida que se revela como una opción muy interesante para el visitante ocasional de Moscú. Comienza en la estación de metro Vorobyovy Gory, al sudoeste de la ciudad. Antes de salir, una mirada a la derecha nos proporciona una preciosa vista del estadio Luzhniki, ya preparado para acoger el próximo Mundial, con el Moscova a sus pies. Tras aparecer en los pilares de un puente, unos escalones de madera nos permiten atravesar un bucólico bosquecillo, y acabar en la calle Kosigina, más bien un amplio bulevar. Ya solo aguarda un corto paseo hasta el mirador que da nombre a la estación, y que permite gozar, si el día es claro, de una maravillosa panorámica del centro de la ciudad.

Sin embargo, lo más brillante del paseo no se ve asomándose al mirador, sino paradójicamente dándole la espalda. En ese momento tendremos enfrente la fenomenal mole del edificio principal de la Universidad Estatal de Moscú, apoteosis de la arquitectura soviética y posiblemente la dependencia universitaria más impactante del mundo —la belleza o no ya queda al criterio de cada cual—. Diseñada por Lev Rúdnev en pleno estalinismo, posee más de treinta pisos en su torre central, habiendo llegar a ser en algún momento el edificio más alto del continente europeo. El viajero no puede evitar acercarse al coloso, y ya más cerca será capaz de leer la inscripción en la fachada principal que anuncia Moskóvskiy Gosudárstvenniy Universitét ímeni M.V. Lomonósova. El inevitable diccionario bilingüe le puede ayudar a traducir Gosudarstvenny (Estatal) e imeni (en honor de), pero no aparecerá Lomonosova porque es un nombre propio. El nombre del tipo que, entre otros miles de cosas, hizo posible que un día esa universidad existiese.

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La Universidad Estatal, y al fondo el Luzhniki. Imagen: Wikicommons.

Probablemente Lomónosov no pensaba en fundar universidades cuando recogía pescado de niño con su padre, pero por lo que sabemos es muy posible que ya tuviera grandes ideas en la cabeza. Situémonos un poco. Nos encontramos en los primeros años del siglo XVIII en Mishaniskaia, una perdida ciudad norteña a la orilla del mar Blanco, cerca de Arkhangelsk. Gobierna ya Pedro el Grande desde el San Petersburgo que ha creado casi de la nada, tratando de pilotar la transformación de Rusia en un país moderno. A pesar de ello la movilidad social es muy reducida, y las esperanzas para un chico cualquiera de provincias de salir adelante y medrar sin padrino, sin sangre azul y sin dinero son prácticamente nulas.

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5 comentarios

  1. El artículo es muy interesante, me ha descubierto a un personaje fascinante del que no sabía nada.
    Eso sí, no vendría mal una revisión de género y número de algún adjetivo, así como algún tiempo verbal mal escrito.

    Un saludo

  2. Ramón Flores

    Revisado y corregido, gracias por el comentario.

  3. No lo conocía.

    Buen artículo!

    Abz,

    Javi

  4. Buen artículo. Entre otras cosas, la casa natal de Bulgakov no está en Moscú sino en Kiev. Vivió con su familia en dos casas en la bajada Andreievsky. En «La Guardia Blanca» en una de esas casas viven los Turbin.

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