Entrevistas Música

Caetano Veloso: «Hice planes para salir de la música, pero aún no lo he conseguido»

Caetano Veloso para JD 0

Hay un lugar mágico en Río de Janeiro que en realidad es un instante. Ocurre cuando se dobla la esquina de la calle Rainha Elizabeth y se enfila Vieira Souto. En esa curva se descubre a los ojos un paisaje urbano inusitado: una avenida costera, una playa tropical —Ipanema— y, al fondo, las montañas mellizas llamadas Dois Irmãos, por cuyas laderas selváticas se desparrama la favela Vidigal hasta el océano Atlántico. Una postal. Y dentro de esa estampa hay otra viva, fina. Junto a ese punto del mapa, con vista de palmeras y arena y espuma de mar, espera un hombre delgado en un enorme apartamento repleto de libros, memorias familiares y guitarras expuestas frente a un piano de cola. Saluda dando la mano firme pero cariñosa y llama al interlocutor por su nombre en un español reconocible, con un timbre familiar, como el de un padre, aunque tiene edad de abuelo.

Caetano Emanuel Viana Teles Veloso (Santo Amaro, Bahía, Brasil, 1942) habla de su infancia como si hubiera sido ayer; recuerda el bar de Doña Digna, la gallega de su pueblo, al tiempo que da referencias filosóficas o detalla aspectos de la bossa nova, el género musical que nació en este mismo barrio de Ipanema. También se refiere a España como si fuera su propia casa y se atreve a decir que su música, la de él, no le satisface. En cuanto se pasa al portugués —que ya no abandonará— el discurso genera cadencias curvas, como si hablase en endecasílabos, y mete rimas sin querer al hablar de su propio país. Como él mismo dice de sus propias composiciones, con gestos joviales, agarrándose de los pelos, grises y abundantes, «las palabras se van ordenando en melodías». El ideólogo del tropicalismo, el transgresor de los sesenta, después autor de mil éxitos reconocibles y reconocidos en todo el planeta, encarcelado, exiliado, amado, se acomoda en un rincón y pide una Coca-Cola. Y escucha tras las gafas ovaladas antes de empezar a hablar.

Salir de gira con casi setenta y cinco años con pleno reconocimiento está al alcance de muy pocos.

En Brasil ha habido varias figuras que murieron cantando y en el auge del prestigio y la fama antes de mi generación. Dorival Caymmi, cantante y compositor, los clásicos de los años treinta, la época de oro de la música popular brasileña, que nunca fueron olvidados, gente que grabó más que nosotros, como Francisco Alves, en la época de los discos de 78 rpm., Orlando Silva, Noel Rosa, Ary Barroso. Lo que pasó en mi generación ocurre internacionalmente, los que empezamos en la segunda mitad de los sesenta seguimos tocando ahora. En ese momento hubo una inflexión en la historia del mundo y de la cultura que propició una intensificación de eso, pero ya antes Sinatra, Nat King Cole y Charles Aznavour o Amália Rodrigues, por poner ejemplos de varios países y realidades, también actuaron y se mantuvieron en la cumbre del reconocimiento público por muchas décadas.

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Un comentario

  1. Iba leyendo y esperaba alguna pregunta o referencia al disco ‘Transa’ (1972), uno de mis preferidos y creo que de los más revolucionarios de su obra.
    Muy buena entrevista, la he disfrutado mucho, me gusta cuando dejan al entrevistado hablar a sus anchas. Y Pimentel es un genio! Gracias!

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