Arte y Letras Literatura

Roberto Calasso, o cómo editar libros únicos

Calasso
Roberto Calasso, 2000. Fotografía: Cordon.

(Nota: Este artículo forma parte de una serie sobre memorias de editores)

Roberto Calasso (Florencia, 30 de mayo de 1941-Milán, 29 de julio de 2021) tenía veintiún años cuando su amigo Roberto Bazlen le propuso crear una editorial, cuyo propósito sería publicar «libros únicos» sobre el criterio de hacer bien lo que antes se había hecho menos bien, y hacer por primera vez lo que antes solo había sido ignorado. En una definición destilada de libro único, este sería «aquel en el que rápidamente se reconoce que al autor le ha pasado algo y ese algo ha terminado por depositarse en un escrito». Serían también libros únicos los que «habían corrido un alto riesgo de no llegar a ser nunca tales». Y así fue como nació en 1962 la editorial italiana Adelphi, que en 1965, coincidiendo casi con la muerte de Bazlen, creó la célebre Biblioteca Adelphi, una colección que hoy es símbolo de la cultura italiana. Con ella Calasso intentó verificar una idea que defiende desde entonces: que la edición equivale «a un género literario», y que el editor pertenece a la estirpe de los que escriben publicando libros de otros, hasta consumar su autobiografía «a través de su catálogo».

Con un listado de autores como Nietzsche, cuya edición crítica fue su primera publicación, Robert Walser, George Simenon, Nabokov, Somerset Maugham, Tolkien, Jack London, Borges, Canetti, Kundera o Sciascia, entre otros, Adelphi contribuyó junto con Einaudi a dinamizar la vida cultural de su país. Mención aparte merece la difusión de la obra de Joseph Roth, a propósito del que «se puede decir que Italia es el único país del mundo en el que hoy el apellido Roth evoca enseguida el nombre del austríaco Joseph y no el del estadounidense Philip», destaca Calasso en su libro La marca del editor (Anagrama).

Roberto Calasso se afanaba en recordar a menudo que la edición, no pocas veces, «ha demostrado ser una vía rápida y segura para derrochar patrimonios sustanciosos. Se podría incluso agregar que, junto con la roulette y las cocottes, fundar una editorial siempre ha sido, para un joven de noble cuna, una de las maneras más eficaces de despilfarrar su fortuna», defendía. Aunque si eso fuese así, se cuestionaba a continuación, habría que saber por qué la figura del editor seguía atrayendo a tantas personas y «considerándose fascinante y, en cierto modo, misterioso». Quizá porque además de una rama de los negocios la edición era una cuestión de prestigio, «cuando menos por tratarse de un género de negocios que es a la vez un arte».

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Un comentario

  1. Brenda Gómez

    Y ya, así, sin más. Me has dejado con más ganas. Espero la siguiente.

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