
—Entonces, ¿piensas que, como dijo Bernie, estamos engañando a la naturaleza?
—Sí.
—Bueno, te digo que, por la forma en que la naturaleza nos ha estado engañando, no me importa engañarla un poco.
(Cocoon. Ron Howard, 1985)
Ser viejo es una mierda. ¿O quizá lo que es una mierda es envejecer? O quizá las dos cosas sean una mierda. Juntas y por separado. Porque una cosa es hacerse mayor y aprender, y mejorar, y ganar experiencia y recuerdos, y conocer gente, y hacerse más fuerte, y más inteligente, y más alto, a veces más guapo. Y otra cosa es envejecer, que significa que perdemos nuestras propiedades con los años: la salud, la fuerza, la inteligencia, la memoria, la destreza o todo junto también, que es posible. Y que conste que eso no lo digo yo:
¡Qué penoso es el fin de un anciano! Se debilita día a día; su vista disminuye, y sus oídos se vuelven sordos; sus fuerzas declinan; su corazón ya no conoce descanso; su boca se vuelve silenciosa y no habla. Sus facultades intelectuales disminuyen y le es imposible recordar hoy lo que fue ayer. Todos los huesos le duelen. Las ocupaciones a que se entregaba antes con placer solo se cumplen con dolor y el sentido del gusto desaparece. La vejez es la peor de las desgracias que pueda afligir a un hombre. La nariz se la tapa y no puede oler más.
Este es el primer texto occidental que trata el asunto de la vejez. Lo dejó escrito el poeta egipcio Ptahhotep en el 2500 antes de Cristo. Y es que la vejez ha sido siempre temida desde el comienzo de la historia. En muchísimas de las culturas y civilizaciones hay referencias a la vejez, y en casi todas no muy buenas. A veces se refieren a ella como un conflicto entre generaciones —como lo hace la mitología de Sumer y Acad—, en el que los dioses al envejecer se vuelven malos y perversos y, en otras ocasiones, como una enfermedad mortal. Así la veían los egipcios.
Estos, al considerarla como una dolencia, le dieron muchas vueltas a cómo vencerla. Por eso buscaron con ahínco las formulas médicas que erradicasen sus síntomas —la calvicie, la sordera, las arrugas…—, para así hacerla desaparecer. Ese era el modo en que consideraban que podría curarse.
Pero mucho antes de eso, en las sociedades agrícolas o en las nómadas, cuyos recursos eran insuficientes, se optaba por sacrificar a los viejos. Eran un lastre.
Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.






El tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos, yo el amor no lo reflejo como ayer. A todo dices que sí, a nada digo que no para poder construir esta tremenda armonia que pone viejo los corazones.
Creo que el autor esté todavía en sus años mozos, porque si fuera viejo como yo no habría escrito eso de que ser viejo es una mierda. Pero son puntos de vista que solo la vejez dona para aceptar con tranquilidad de ánimo lo irritante.
Toma zasca.
(Como dicen los jóvenes)
Años.
Recuerdo ese tema en Grabaciones Encontradas II
Bueno, si nos ponemos radicales sobre el tema, nos ponemos:
https://antoniopriante.com/2018/04/15/tu-eres-un-viejo-y-nunca-has-sido-otra-cosa/
En la vejez, se contempla mejor los arreboles al atardecer
Y en la noches se aprecia mejor la hermosa luna llena, rodeada de estrellas al amanecer
También se escucha a lo lejos los quejidos sin eco y las sombras a aparecer
Son los fantasmas de la vejez que empiezan a sentir los pasos lentos y silenciosos y la lánguidamente lápida a fenecer.
El tiempo pasa .Nos vamos poniendo viejos.No es Mia , por supuesto, creo recordar que era de un cantautor cubano , ya muerto,del que no recuerdo, por supuesto su nombre.Ahora , lo que la vejez es una merdé, ya lo dijo Napoleón a su oficial británico que le custodiaba en Santa Elena, es una verdad como un templo.Nadie nos escucha ni nos hace el menor caso. Nos insultan , nos amenazan, nos acosan, nos agreden , algunas veces, no siempre.!e ha insultado, vejado, amenazado y todo eso por ser viejo.En la mejor etapa de la vida, intelectualmente hablando, porque ahora desde la cima al lado del precipicio, veo toda la verdad y la historia de mi pobre vida.