
Sentado frente a Mercedes Milá, con el empaque propio de quien sabe no tomarse demasiado en serio a sí mismo, Camilo José Cela afirmaba durante una entrevista en TVE en el año 1982 que poseía una curiosa habilidad fisiológica. Consistía, según sus palabras, en la capacidad de «absorción de litro y medio de agua de un solo golpe por vía anal». Algo que, para mayor mérito del escritor gallego, tal y como él mismo puntualizaba, «hace muy poca gente». La escena, desternillante, termina con Mercedes Milá solicitando que alguien de su equipo traiga una palangana con litro y medio de agua que no esté demasiado fría y, a ser posible, que no contenga cloro. Cela tranquiliza a la periodista a este respecto: «Eso es igual; las papilas del gusto no las tengo en ese conducto, sino en otro».
En realidad, Cela estaba haciendo suya una singular historia que había leído en un libro escrito por los autores François Caradec y Jean Nohain, publicado en Francia en 1967 por el célebre editor Jean-Jacques Pauvert y en España tres años más tarde por Alfaguara, la editorial que el propio Cela había fundado seis años atrás. Se titulaba El pedómano —en francés, Le Pétomane— y relataba la vida de Joseph Pujol, un hombre nacido en Marsella en el seno de una familia de origen catalán que, siendo adolescente, había descubierto que era capaz de aspirar y exhalar grandes cantidades de agua y aire por el ano, convirtiendo esa extraña habilidad en su forma de vida. Más aún: convirtiéndola en un arte.
Como tantas veces ha ocurrido a lo largo de la historia, Joseph Pujol había realizado su magnífico hallazgo de forma accidental. Por pura casualidad. El suyo es un ejemplo clásico de serendipia, semejante a la de Alexander Fleming y la penicilina, le de Arquímedes y el empuje hidrostático o la de Isaac Newton y la gravedad. Si al físico y matemático inglés no le hubiese caído una manzana en la cabeza a finales del siglo XVII, hoy andaríamos todos flotando como bobos por ahí. Si Joseph Pujol no hubiese absorbido un volumen considerable de agua por el culo cuando intentaba coger aire para bucear, el mundo se habría quedado sin disfrutar de toda una nueva disciplina artística. Cualquier otra persona lo habría dejado correr. Una mente mediocre no habría sabido reconocer la singular importancia de aquel descubrimiento. Pero en el caso de Joseph Pujol, el azar quiso cruzarse en la vida de un genio.
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Sí, y a Mercedes Milá le hizo tanta gracia lo de Cela que años más tarde, tomó una gran afición por cagar en el mar mientras tomaba un baño. A lo mejor también le entraba agua por el culo.
cela y pujol
A mí me ha pasado algo curioso cuando me han dicho que los violadores de la Manada están ya en la calle: se me ha soltado el esfinter y se me ha caido un tordo de kilo y medio mientras pensaba en la justicia española.
Hombre, qu5é se te suelte el esfínter pensando en violaciones…