Esa lengua que se llevaron las golondrinas

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Vista de Burgui y su puente, valle del Roncal, Navarra. Fotografía: Javiergomezvet (CC).

Nain din sin cona ichasoaren ecustra? Anisco andia da, tia Juana.

Julián Gayarre en una carta a su tía Juana, 1884.

Era capaz de ejecutar el re bemol en Lucia di Lammermoor, e incluso el do sostenido que exigía Il trovatore; triunfaba en alemán con Lohengrin de Wagner, o en italiano con L’elisir d’amore de Donizetti. Por si fuera poco, Julián Gayarre era capaz de contarle todo aquello a su tía Juana, y mucho más, en unas cartas que escribía en roncalés. Sepan ustedes que el tenor navarro pensaba en una variante arcaica y ya extinta del euskera.

Dejen de leer si buscan algo que no se haya contado sobre su prodigiosa voz; en realidad se ha hablado siempre de oídas, porque no existe grabación alguna. La fatalidad quiso que Gayarre muriera prematuramente en 1890, justo antes de que se popularizaran las primeras grabaciones de voz en fonógrafo. Merece la pena visitar su casa solariega en la localidad pirenaica de Roncal (Erronkari en euskera). Los horarios son algo erráticos y entre semana cierra, pero se puede dar con Marta Zazu, la encargada, en el restaurante familiar que regenta a la entrada de este pueblo de casi doscientos habitantes. Si no, pregunten por el laberinto de calles de piedra que lleva hasta la casa de Gayarre. Allí, entre una mesa de billar, un carruaje, su laringe conservada en formol (han leído bien) y sus muchísimos premios y obsequios recibidos a lo largo de una brillante carrera, están las cartas que el tenor enviaba a su tía Juana. Pueden pasar desapercibidas entre tanto kitsch decimonónico, pero su valor ha resultado incalculable para saber cómo respiraba una lengua vasca cuya última hablante murió en 1991. Se llamaba Fidela Bernat.

Antes de meternos en harina, y por si se han quedado noqueados con lo de esa laringe mostrándose impúdica a los visitantes, hay que decir que todavía quedan roncaleses que achacan los prodigios de Gayarre a que este tuviera dos órganos fónicos: uno masculino y otro femenino. El jarro de agua fría para los amantes de tan fantástica teoría llegó en 2010, cuando un estudio del Hospital de Navarra concluyó que el secreto de su voz se debía a una malformación congénita. Por lo visto, estamos ante una laringe «asimétrica», y que presenta unas cuerdas vocales más largas de lo normal.

Necesitamos un segundo inciso para recordar que Gayarre comenzó a ganarse la vida como pastor de ovejas a los trece años hasta que, dos años más tarde, su padre decide mandarlo a Pamplona, donde trabajará como dependiente en una mercería. A mediados del xix, la capital navarra era el centro del mundo para un roncalés, y este en concreto comienza su carrera musical en el Orfeón Pamplonés. Aquella será la plataforma desde la que encadenará las becas y los premios que le llevaron a consagrarse como Primer Tenor del Mundo en La Scala de Milán en 1876.

Nos gusta imaginar que, de jovencito, apartaría su rebaño del camino para dejar paso al carruaje del príncipe Louis Lucien Bonaparte durante alguna de las cinco visitas que el sobrino de Napoleón hizo a tierras vascas. Completamente ajeno al boato cortesano que le otorgaba su cuna, el bueno de Louis dedicó su vida a algo tan maravilloso como el estudio comparativo de las lenguas europeas: desde el livonio —del que quedan una veintena de hablantes a orillas del Báltico— hasta el gallego, pasando, por supuesto, por el valle del Roncal. Y vaya si lo hizo bien. Su Carte des sept Provinces Basques, un minucioso mapa dialectal de la lengua vasca publicado en 1866, ha sido usado hasta que fuera actualizado por el lingüista Koldo Zuazo en 1998. Los cambios principales estriban en las ausencias. El roncalés ya no está.

Lengua secreta

Roncal es uno de los siete pueblos del valle homónimo; un pequeño paraíso natural distribuido a lo largo del cauce del Esca, y cuyas lindes van desde la frontera con Francia, a 1500 m de altitud, hasta Burgi, el primer pueblo del valle cuando uno accede desde el sur. «Onki Xin», ‘Bienvenidos’, nos saluda un cartel a la entrada, a pocos metros del imponente puente romano donde, según la leyenda, los roncaleses cerraron el paso a las huestes musulmanas. Cierto o no, la cabeza cortada del emir cordobés Abderramán I sobre el puente de Burgi es el escudo del valle desde tiempo inmemorial.

Si no han conducido nunca por esa única carretera que atraviesa una estrecha garganta entre acantilados y bosques, imaginen una especie de Twin Peaks pero con casonas de piedra blasonadas. Se harán una idea. Y si echan de menos un misterioso asesinato como el de la icónica serie, siempre pueden desviarse hacia Fago por la carretera que lleva a Ansó, el valle limítrofe. Es en estos siete pueblos donde se habló la variedad más arcaica de una lengua a la que, hasta el día de hoy, no se le han encontrado parientes lingüísticos.

En sus Études sur les trois dialectes basques des Vallées dAezcoa, de Salazar et de Roncal, el propio Bonaparte ya había apuntado que los roncaleses hablaban en castellano entre ellos, pero no las roncalesas.

Pregunten a los que aguantan inviernos como el de este año en el valle; ellos les contarán que el roncalés, o uskara, murió en las cocinas de sus abuelas, que se convirtió en una lengua secreta que las mujeres usaban cuando no querían que les entendieran ni sus hijos ni sus maridos.

Había una explicación. Durante años, cada 7 de octubre un grupo de roncalesas arrancaba desde Burgi en dirección a Maule, al otro lado del Pirineo, para trabajar en la fábrica de alpargatas. En el cruce de Bidankoze se sumaba alguna más, y lo mismo en el de Garde; y luego, en Roncal y Urzainki. Una vez en Izaba hablamos de una larga caravana que enfilaba hacia Belagua con destino a la Venta de Arrako, donde muchas pasarían la primera noche de su vida fuera de casa. Allí se juntaban con las ansotanas y con las de Fago, que llegaban exhaustas después de una travesía bastante más dura en la que atravesaban el Paso del Oso. Tras un buen desayuno, ascenderían con los primeros rayos de sol por la falda de Lakora rumbo la frontera, y no volverían hasta la primavera. Con razón se las llamaba «golondrinas».

(Click en la imagen para ampliar). Diseño de relajaelcoco.

Aquella migración estacional no significaba que ellos se quedaran casa: los hombres bajaban con sus rebaños hasta la Ribera navarra en busca de pastos de invierno, o navegaban en almadías, aquellas precarias balsas de troncos con las que se enfrentaban a los embates de ese Esca que se funde «mayenco» con el Ebro, ya entrada la primavera. Algunos almadieros —así se les llamaba— llegaban hasta Tortosa a vender su madera, pero eran muchos más los que perdían los pingües beneficios de aquella aventura a manos de bandidos con los que se cruzaban en el viaje de vuelta. Lo hacían andando, por supuesto.

Las golondrinas se movían siempre juntas, y en Maule podían incluso entenderse con los locales en su propia lengua, más o menos. Ellos, sin embargo, combatían la soledad entre pastores aragoneses con los que, por supuesto, hablarían en castellano. Podríamos decir que los hombres del Roncal se dejaron su lengua por el camino.

Eran roncaleses como Gabriel Salvoch, un pastor de Urzainki —a dos kilómetros al norte de la casa de Gayarre—. Más de cincuenta años de soledad entre ovejas no le han hecho olvidar que escuchar hablar roncalés a su abuela le ponía los pelos de punta. «Solo lo hacía para abroncarme, a menudo antes de zurrarme con una alpargata», recuerda este hombre de un millón de historias. Como cuando bajó en bicicleta a Roncal a que el médico le extirpara un brote de carbunco —ántrax— del brazo, y vuelta a casa, como si aquello no hubiera sido más que un arañazo en un zarzal. Gabriel, hombre muy leído, por cierto, hace tiempo que dejó atrás la desértica Ribera para quedarse en el bosque: huele las setas antes incluso de que estas se atrevan a asomar, y es una fuente de conocimiento única cuando uno pregunta por el nombre de esa loma o aquella vaguada. No en vano Tomás Urzainki, jurista e historiador local, ha recurrido a su vecino en más de una ocasión para temas de toponimia en sus investigaciones.

Sobre Gayarre, Urzainki nos dice que el tenor se declaraba navarro, vasquista y liberal a partes iguales. Fue precisamente el final de las guerras carlistas el que dio el pistoletazo de salida hacia el progresivo declive del roncalés hasta su total extinción. El investigador explica que, durante la segunda mitad del siglo xix, llegan a Roncal maestros no vascoparlantes que prohíben y castigan el uso del roncalés en las escuelas. Eso, unido al tráfico cada vez mayor de gente de fuera del valle gracias a la construcción de su única carretera —financiada por Gayarre—, contribuyó a alimentar la idea de que el habla local era poco útil, además de sinónimo de incultura. Para una lengua no hay enemigo más temible que la diglosia.

Soledad

Cuando Bonaparte dibujó su preciso mapa se estimaba en unos dos mil novecientos el número total de vascófonos en todo el valle, y puede que fuera aquel su máximo histórico. El entierro de Mariano Mendigacha, en julio de 1918, fue también el del último hablante de roncalés de Bidankoze. Para entonces ya había desaparecido en Garde y Burgi. «Los ancianos conocen la lengua, pero no la hablan», acotaba Pablo Fermín Irigaray sobre los cuatro pueblos restantes, en un estudio lingüístico realizado en 1935. La cifra de hablantes de roncalés se había reducido ya a seiscientos, que equivale casi a la población total del valle a día de hoy. El Pirineo se muere, también en Roncal.

Desde Izaba —a seis kilómetros al norte de la casa de Gayarre— Bernardo Estornés Lasa se resistía a quedarse de brazos cruzados. Aprendió la lengua perdida de sus padres, pero tuvo que huir cuando los falangistas fueron a buscarle a su casa, en los albores de la Guerra Civil en España. Su obra, prolífica a pesar del exilio, fue reconocida al ser nombrado académico por Euskaltzaindia —la Academia de la Lengua Vasca— en 1966. De entre su vastísima producción rescatamos Erronkari´ko Uskara —un manual del vasco del Roncal publicado dos años más tarde junto con su hermano, José—. Por supuesto, se lo dedicaron al príncipe Bonaparte, entre otros. Aquel sería uno más de entre sus muchos intentos de garantizar la supervivencia del roncalés, pero era luchar contra molinos de viento. En 1972, la muerte de María Ezker certifica la defunción oficial del vasco en Urzainki; dos años más tarde y cuatro kilómetros más arriba muere Antonia Anaut, la última de Izaba. Era como si un misterioso virus ascendiera por la carretera llevándose consigo a los hablantes de una lengua que, según Bonaparte, era la más vieja de Europa. Pero Estornés no desfallece, y organiza clases de roncalés para los más jóvenes de Uztarroze, el último pueblo del Roncal; el más septentrional y aislado.

«Era duro», recuerda hoy Julio de Miguel. «Salir de la escuela y ver a tus amigos ir a bañarse al río mientras tu seguías encerrado en clase…». Por supuesto, tampoco funcionó.

Ya mencionábamos al principio que Fidela Bernat, de Uztarroze, fue la última hablante nativa. En YouTube encontrarán fragmentos de entrevistas que le hicieron en Pamplona, donde pasó sus últimos años antes de llevarse con ella la lengua de los roncaleses. Fidela recordaba así sus años de golondrina:

Erribrara xoaitan zia gizona, Erribrara, eta gu neskatoak, bai, lumiak Frantziara espartiña egitra, baia gero xin zia gerra kan, eta baratu gintia urte bat edo bi akabartion gerra eta gero xoaitan gintia baia kontrabandoz xoan gindian behin.

(‘Los hombres se iban, a la Ribera, y nosotras, las chicas, sí, (…) a Francia, a hacer alpargatas, pero luego llegó la guerra allá, y paramos uno o dos años hasta acabar la guerra y luego fuimos, pero de contrabando, una vez’).

En esa misma entrevista dice no entender cómo pudo aprender la lengua; solamente la escuchó de sus padres, principalmente a su madre, «y de una tía que siempre hablaba en uskara». Pero hacía más de veinte años que habían muerto y, desde entonces, no la había hablado con nadie más. Suponemos que Gayarre compartió ese mismo sentimiento de incomunicación y soledad en sus años de viajes por toda la geografía; quizá fuera lo que le impulsaba a escribir a su tía Juana, como cuando la invita a visitarle en Barcelona, en 1884. Él correrá con los gastos de viaje y alojamiento. Además, no hace nada de frío, y comerán muy bien.

¿Quieres venir a ver el mar? Es muy grande, tía Juana.

Ovejas en Belagua, valle del Roncal, Navarra. Fotografía: David Santiago García / Getty.

21 comentarios

  1. Joer, qué buen texto y qué buena historia, justo ayer leí que con cada lengua que desaparece, desaparece también una concepción del mundo… lo estaba visualizando mientras leía

  2. Madre mía! pa’llorar. Qué buena historia! Las golondrinas vascas, por uno u otro motivo también se extinguen. Me viene a la memoria una poesia de un enamorado de una vasca en La Pampa… “Me fui de aquel pueblito con nombre en homenaje a un lejanísimo pueblo vasco (supongo que Guernica, ndr) por pocos motivos: el primero, porque aquella piba no me quería, y el segundo, porque todos los días alguien moría, especialmente los abuelos con boina y bastón…(laguna, ndr) en este nuevo pueblito ella no está, pero la gente continua a morir con obstinación. Creo que tendré que irme de este también. Gracias por la lectura estimado vasco.

  3. el euskera ha vuelto ha resurgir en el valle del Roncal, gracias al empeño de sus habitantes por recuperar su lengua natural.

  4. Roncalés

    Cómo cansa ya la propaganda disfrazada de inocente anecdotario filológico aderazada con ese romanticisimo bucólico del nacionalismo. Cansa e indigna, yo ya no trago más, porque al final acaba siempre igual. El texto es digno ejemplo de la sutil propaganda nacionalista:

    “Ellos, sin embargo, combatían la soledad entre pastores aragoneses con los que, por supuesto, hablarían en castellano. Podríamos decir que los hombres del Roncal se dejaron su lengua por el camino.”

    Claro hombre, hablarían en castellano teniendo en cuenta que los pastores analfabetos del Pirineo aragonés lo que hablaban era NAVARRO-ARAGONÉS, salvo que hubiesen aprendido el castellano en aquellos tiempos por ciencia infusa.

    No busquen referencia alguna a esta lengua, el navarro-aragonés -durante siglos única lengua oficial en la administración del Reino de Navarra y hablada por la mitad de los navarros- en el mapa del artículo, que lejos de incluir solo las zonas vascofonas de Navarra, la mete toda ella en esa silueta ya familiar de la Euskal Herria legendaria del Aranismo. El navarro-aragonés, hoy la lengua más amenazada de España, bien podría representarse en un mapa de Navarra y Aragón. Pero hay que vender la mercancía, Navarra es provincia vasca, no reino histórico y diverso..

    “Sobre Gayarre, Urzainki nos dice que el tenor se declaraba navarro, vasquista y liberal a partes iguales. Fue precisamente el final de las guerras carlistas el que dio el pistoletazo de salida hacia el progresivo declive del roncalés hasta su total extinción. El investigador explica que, durante la segunda mitad del siglo xix, llegan a Roncal maestros no vascoparlantes que prohíben y castigan el uso del roncalés en las escuelas.”

    No podía faltar la dosis de victimismo nacionalista, qué malos estos maestros no vascoparlantes que según un investigador que me juego lo que sea, es nacionalista, prohíbían y castigaban el roncalés porque debe haber cientos de testimonios escritos sobre ello. Y así, pasito a paso, se va construyendo el mito de que Navarra es solo vasca y alimentando la inquina entre navarros. El final de las guerras carlistas solo fue el pistoletazo de salida para algo aún peor que el carlismo, el nacionalismo, híbrido corrosivo entre el ultratradicionalismo carlista y el romanticismo germánico. Y así seguimos, dándole publicidad a estas patrañas. Y algunos navarros estamos ya hasta los huevos de tanta historieta, que no historia.

    • Roberto

      Pareciera que leíste otro artículo. ¿No se hablaba castellano a fines del XIX en Navarra y Aragón? ¿se hablaba (navarro-)aragonés en Navarra a fines del XIX?¿no se promueve el castellano en la escuela española desde hace varios siglos?

    • Karlos Zurutuza

      Unos apuntes a la respuesta de Roncalés:

      “Claro hombre, hablarían en castellano teniendo en cuenta que los pastores analfabetos del Pirineo aragonés lo que hablaban era NAVARRO-ARAGONÉS, salvo que hubiesen aprendido el castellano en aquellos tiempos por ciencia infusa”.

      Los pastores roncaleses mencionados en el reportaje hablaban castellano con los aragoneses porque el navarro-aragonés había desaparecido hace al menos 300 años del sur de Navarra.

      “El navarro-aragonés, hoy la lengua más amenazada de España, bien podría representarse en un mapa de Navarra y Aragón. Pero hay que vender la mercancía, Navarra es provincia vasca, no reino histórico y diverso…”

      Como ya le he dicho, el navarro-aragonés es un romance extinto. Lo más parecido hoy es el alto-aragonés, que se sigue hablando en localidades vecinas al Roncal como Ansó y Hecho.

      “No busquen referencia alguna a esta lengua, el navarro-aragonés -durante siglos única lengua oficial en la administración del Reino de Navarra y hablada por la mitad de los navarros- en el mapa del artículo, que lejos de incluir solo las zonas vascofonas de Navarra, la mete toda ella en esa silueta ya familiar de la Euskal Herria legendaria del Aranismo”.

      El mapa en cuestión es una reproducción del trazado por el príncipe Bonaparte en 1863. Puede ver una fotografía del original aquí:

      https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Bonaparte_euskalki_mapa.jpg

      Sobre la vida y el sentir de Gayarre, le recomiendo esta biografía, probablemente la más completa hasta la fecha

      https://www.casadellibro.com/libro-julian-gayarre-la-voz-del-paraiso/9788477682769/2618199

      Un saludo

  5. Jon Ispaster

    Totalmente de acuerdo con RONCALÉS: la manipulación del independentismo vasco disfrazada de pseudopoesīa, nostalgia por un paraíso bucólico y perdido que nunca existió y un romanticismo sobreazucarado es repugnante y digna de pasados dictadores mundiales. Y Jot Down se la compra. Y eso que soy navarro vascoparlante. Bai, euskalduna naiz.

    • No entiendo actitudes como la tuya. El castellano o español es una lengua que goza de una salud inmejorable, ¿qué amenaza puede representar una lengua que, como mucho, hablan millón y medio de personas?¿Qué hay de malo en que los vascos cuiden de su patrimonio lingüístico lo mismo que otros cuidan de su patrimonio arquitectónico o musical (el flamenco)? El saber no ocupa lugar.

      • Jon Ispaster

        No se trata de eso, Aran. Ya te digo que soy euskaldún y amo el euskera. Lo que no me gusta es que lo utilicen como arma de las ideas políticas independentistas (el periodista que escribe este artículo también lo hace en GARA, hazte a la idea).

        Y es que el artículo no es ya solo empalagoso, es peligrosamente propagandístico (y poco sutil, la verdad): desde la euskaldunización forzosa de los nombres de los pueblos de Roncal (en castellano siempre han sido Burgui, Garde, Isaba, Roncal, Urzainqui, Uztárroz y Vidángoz; mi padre, que era del valle, se reiría de esta payasada cuando no estás escribiendo en euskera) hasta afirmaciones como “para una lengua no hay enemigo más temible que la diglosia”, que el articulista (pobre víctima) no se aplica a sí mismo y a la nostálgica voluntad de recuperar el euskera por encima de todo en una zona que ya no es vascófona y para ello arrasar con el castellano. Y colabora a hacerlo institucionalmente, que para eso tenemos gobierno independentista vasco en Navarra. ¿Contradicción dices?

  6. Fernández

    Vale, el valle de Ansó que es colindante como bien dice el artículo, es cuna del ansotano, una de las variantes de la fabla aragonesa, lengua que hunde sus raíces en la lengua romance, occitana, latina. Lo contrario del euskera. ¿Hay alguna línea divisoria invisible que divida drásticamente la lengua entre dos valles que tenían relación comercial y humana entre sí en dos lenguas completamente diferentes y de raíces distintas?

    • Krauss

      Muy interesante.

    • Gardacho

      Sí, exactamente el puerto de Matamachos. Ahora hay carretera que une Garde con Ansó. Pero siempre fueron dos valles con poca relación, salvo el pastoreo en la Peña de Ezkaurre.

  7. Fernando

    Las lenguas deberían ser para comunicar a unas personas con otras; no para separarlas.
    Si hubiera que firmar para hablar una sola lengua que me uniera con todas las personas del mundo yo firmaría.
    Las muchas lenguas surjen por el aislamiento, en el que parece que hay mucha gente que se regocija, en la diferencia frente al otro, quizá porque no se sienten capaces de aguantar una comparación con tanta genete que hay en el mundo.
    Pero el artículo, tan lleno de nostalgía de momentos mejores, es muy sugerente.

  8. Hartza

    Qué fino hilan ciertos “no-nacionalistas” al celebrar las excelencias de la lengua única (entre nosotros, y para el vulgo, el castellano) y lo perjudicial de las lenguas autóctonas, que no llevan sino a ala divergencia, la desunión, el caos primigenio y la confusión de Babel. Si fuera cierto tanto cuñadismo, servidor, que resulta angloparlante, no debería tener peoblema alguno en no sólo comunicarse, sino también entenderse con Trump, Teresa May, un hooligan de Newcastle y, probablemente, con Cristina Hendricks. Nada más lejos de la realidad, porque fueraparte de las lenguas que hablemos, son nuestras ideas, concepciones del mundo, imaginarios, religiones, ideologías… las que nos separan. Esto, que resultaría evidente en otras latitudes, resulta harto difícil, al parecer, de explicar en esa España muy y mucho española, donde si un ciudadano resulta bilingüe y otro (un cateto) monolingüe, será el segundo el que exija al primero que, “para garantizar igualdad de derechos”, desaprenda un idioma.

  9. Buenas,
    Solo unos pequeños apuntes/correcciones a lo leído en el artículo que, a mí personalmente, me ha gustado.
    – Cartas de Gayarre a su tía y en uskara, que yo sepa, hay solo una, de ahí que se conserve como una auténtica reliquia;
    – El puente que sale en el escudo del valle de Roncal no es el de Burgui sino el de Yesa, hasta donde los roncaleses persiguieron a Abderramán y sus huestes y donde se le dio alcance;
    – Las denominadas golondrinas empezaron a marchar los inviernos a Maule después de la III Guerra Carlista (1872-1876), y para entonces el uskara ya apenas se hablaba en Burgi/Burgui y en el resto de pueblos ya estaba en claro retroceso (en Vidángoz, en concreto, pudimos concluir recientemente que la década de 1870 supuso un fuerte golpe a la transmisión del uskara, y con posterioridad a la citada guerra podría decirse que el uskara dejó de pasar de padres a hijos salvo casos muy concretos). Por ello, tal vez no es demasiado acertado señalar aquello de “la lengua de las golondrinas” ya que, además, eran por lo general las golondrinas eran las mozas más jóvenes de los pueblos. Por lo que respecta a las golondrinas de Bidankoze/Vidángoz, por lo general, llevaban otro camino hacia Maule, más directo desde aquella villa. Y por último, muchas golondrinas procedían también de los valles de Ansó y Hecho.
    – Decir que los hombres roncaleses se dejaron la lengua por el camino resulta excesivo. Por un lado porque a las Bardenas llevaban bajando desde tiempo inmemorial y no habían perdido la lengua. Y los almadieros pasaban la mayor parte del ‘invierno’ (otoño-invierno-primavera) en el valle, ya que las almadías bajaban con el agua del deshielo en los meses de primavera. Y en las Bardenas Reales de Navarra difícilmente se encontrarían con pastores aragoneses ya que como su propio nombre indica eran propiedad del rey de Navarra y solo podían (y pueden) pastar en ellas los denominados congozantes, todos ellos municipios o valles navarros. Lo que el autor querría decir sería con pastores de la Ribera de Navarra que de unos siglos a esta parte ya serían castellanoparlantes.
    – Mariano Mendigacha, de cuya muerte se cumplirán este verano 100 años no fue realmente el último euskaldun de Vidángoz, aunque sí seguramente el último en dominar a la perfección nuestro extinto dialecto. Sin embargo, hay constancia de que hasta mediados del siglo XX (algún testimonio llegaría incluso hasta la década de los 70) había ancianos en Vidángoz con cierto conocimiento del uskara.
    Pues creo que esto es todo.
    Buen artículo en cualquier caso.
    Un saludo

  10. Enhorabuena, una lengua inferior le dio paso al progreso :)

  11. Máximo

    Qué empeño el de Zurutuza y su cuadrilla por resucitar muertos…

    Lenguas medio muertas y patois diversos a mayor gloria de las naciones étnicas, el camino de la irracionalidad.

    Chino, ruso, inglés, árabe, español…sí

    Pero, ¿roncalés, vasco, extremeño, bable, bretón…? Ande, hombre. Qué ganas de perder el tiempo.

    https://www.eldiario.es/eldiarioex/sociedad/Estremenu-reivindica-europeo-prestigioso-minoritarios_0_780072438.html

  12. A/A de Roncalés: sinceramente, creo que en éste párrafo has tomado demasiada carrerilla…:

    “No podía faltar la dosis de victimismo nacionalista, qué malos estos maestros no vascoparlantes que según un investigador que me juego lo que sea, es nacionalista, prohíbían y castigaban el roncalés porque debe haber cientos de testimonios escritos sobre ello.”

    Pones en duda que en aquella época los maestros prohibían y castigaban al que hablara, en este caso, el Uskara? Tu crees que los alumnos se atreverían a contarlo y dejar TESTIMONIOS, para que luego gente como tú los pusiera aún así en duda?
    Te valdría el testimonio (no escrito) de mi madre, que sin ir tan lejos, ahora tiene 69 años?
    Un poco de respeto por favor. Y ya vale de poner etiquetas de “nacionalista” a todo aquel que se preocupe y ame éste idioma, ya que es un patrimonio inmaterial que lo deberíamos de proteger todos y todas. O es que eres de los que piensa que por recuperar éste dialecto en el Valle de Roncal, se va a ver amenazado el idioma castellano? Anda que…

  13. Kraken

    Excelente artículo.
    En cuanto a ciertos comentarios que pretenden politizar un artículo tan bueno,
    produce tristeza leer el rechazo que provoca en algunos, cualquier diversidad
    y riqueza cultural.
    Aunque sepamos que son siempre los mismos, esos de una grande y libre.

  14. Juan García Vicente

    Un apunte geográfico, en realidad un error imperdonable para quienes conozcan la toponimia de Ansó. Resulta chocante que se diga que las ansotanas y fagotanas llegaban exhaustas, es verdad, a la Venta de Arraco tras pasar por el Paso del Oso, totalmente falso.
    Nada más incierto ya que dicho paso se encuentra en un lugar muy distante a lo que era el camino real de estas “golondrinas” que tomaban la ruta del Valle del Roncal desde Garde para remontarle hasta la citada venta.
    Tanto el Paso del Oso como el Paso del Caballo comunican los vallejos de Linza y Gamueta, ambos pasos sin ninguna vocación de ser camino de paso hacia Mauleón sino solo un paso ganadero entre estos dos enclaves. Sería oportuna la corrección de tal frase. Repito ansotanas y fagotanas tomaban la ruta más fácil, transitada y poblada remontando el curso del río Esca hasta Belagua.

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