Arte y Letras Cómics

Unreal City: abran paso al hijo de Daniel Clowes y Charles Burns

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Detalle de la cubierta de Unreal City.

Daniel Clowes y Charles Burns consiguieron que el adjetivo «enfermo» fuese sinónimo de «atractivo», de «placer». Sus mundos oníricos, surrealistas y oscuros resultaban morbosos y desagradables, pero dejaban tal huella que no es de extrañar que a día de hoy Como un guante de seda forjado en hierro y Agujero negro sean clásicos ineludibles del cómic estadounidense. Nacidos en 1961 y 1955 respectivamente, marcaron una época, los ochenta y noventa, y ahora le toca el turno a sus herederos. Tomine, de 1974, podría ser uno. Y D. J. Bryant, nacido en 1979, sin duda alguna es otro, a juzgar por su debut, Unreal City, publicado en España por La Cúpula este año y el pasado en Estados Unidos por Fantagraphics.

Resulta muy curiosa la crítica que le han hecho en ComicsVerse. El título es muy acertado, la denomina «Pornographic Twilight Zone». A la autora le molesta el uso del sexo que hace D. J. Bryant en sus historias. No conduce generalmente a nada y eso le molesta. La aparición de penes detalladamente entintados le ofende y una escena de sexo lésbico no le parece bien, puesto que aparece descrita, entiende ella, como una forma de herir el orgullo del marido de una de ellas. Un enfoque desfavorable a la homosexualidad femenina, sentencia.

Me ha dejado de piedra leerla por lo intoxicado que debo estar por el viejo sistema opresor, porque no he reparado en una sola de esas circunstancias. No me parece pornográfico aunque salgan pollas y sexo, no veo que el sexo mostrado sea gratuito y la relación lésbica es una más, no una deshumanización del sexo entre mujeres.

A la contra, se puede ir defendiendo este tebeo punto por punto. En sus cinco historias hay una mezcla de tramas con regusto pulp, un noir decadente, y también dilemas y anhelos de la juventud indie de nuestro tiempo. En ambos casos, las historias se acercan al terror y a lo onírico. Los guiones se han comprado con David Lynch, Paul Auster y Edward Albee. Un recurso habitual es el cambio de roles y los desdoblamientos de personalidad. No se trata de realismo sucio, sino de propuestas imposibles que, a lo sumo, pueden albergar un carácter metafórico a libre elección del lector.

Ha tardado siete años en hacer las cinco historias. La mayor parte de los guiones están basados en sus propios sueños. La titulada «Yellowknife Retrospective» viene de un día que soñó una galería de arte en la que si pisabas por donde había pasado otro visitante podías compartir sus recuerdos. Luego evolucionó la idea y propuso una sala de exposiciones en la que, al recorrerla, te encuentras con tu yo del futuro inmediato que acaba de haber visto la exposición. Su imaginación, o su subconsciente si es quien le dicta las ideas, es brillante.

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