
Este artículo ha recibido el segundo premio del concurso DIPC de divulgación del evento Ciencia Jot Down 2018
El 30 de enero de 1933 el presidente Paul von Hindenburg nombró canciller de Alemania a Adolf Hitler. Hindenburg pensaba que una mayoría de ministros conservadores mantendría bajo control al ambicioso líder del partido nazi. No fue así: Hitler agarró con fuerza los resortes del poder, estableció un Gobierno autoritario y el Tercer Reich se convirtió en un Estado policial, en el que las libertades individuales fueron abolidas y los ciudadanos quedaron sujetos a la arbitrariedad y al terror. El general Ludendorff escribió a Hindenburg: «Al nombrar a Hitler… canciller del Reich ha puesto nuestra sagrada patria alemana en manos de uno de los mayores demagogos de todos los tiempos. Solemnemente le profetizo que este hombre nefasto arrastrará a nuestro país al abismo y traerá a nuestra nación una miseria inconmensurable. Las generaciones futuras le maldecirán en su tumba por lo que ha hecho».
Solo diez semanas más tarde, el 7 de abril, Hitler promulgó las leyes raciales. Cualquier persona que tuviera un abuelo judío no podía trabajar en ninguna institución del Estado, solo aquellos que hubieran servido en el ejército o hubiesen perdido un familiar cercano en la Primera Guerra Mundial podían seguir. Estas excepciones fueron abolidas en 1935. Como todas las universidades eran públicas, como los principales centros de investigación, los Institutos Emperador Guillermo (ahora Institutos Max Planck), eran también públicos, todos los profesores judíos, calificados con ese criterio tan laxo, fueron expulsados de sus trabajos. Algunos se enteraron por listas publicadas en los periódicos y otros fueron llamados por el director de su centro o su decano, quien les explicó que al día siguiente no podían volver a entrar en el edificio. Un 20% de los científicos de Alemania, sin duda muchos de ellos entre los mejores del mundo, perdieron sus puestos. Algunos intentaron encontrar otros trabajos en el país, pero las circunstancias se fueron volviendo más y más asfixiantes. Muchos de los que se quedaron, que no se sentían otra cosa que alemanes, perdieron la vida en el Holocausto. Los judíos de Alemania estaban totalmente integrados y habían formado una élite científica y cultural, una «aristocracia estética» que valoraba por encima de cualquier cosa la música, la filosofía y la literatura alemanas, su herencia común. Esa integración incluía haber luchado por su país: en la Gran Guerra, cien mil judíos se presentaron voluntarios para servir en el ejército alemán y doce mil murieron en combate. El físico Franz Simon, asqueado de los nazis, renunció a su cátedra de Breslau en 1933 y les envió por correo su Cruz de Hierro que llevaba en el reverso la inscripción: «La Patria siempre estará agradecida».
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El otro «regalo» fue dejar para la posteridad cómo se presenta fisicamente el mal absoluto. Excelente divulgación. Gracias por la lectura.
paralelismos con el discurso del Brexit , tristemente la demagogia se sigue empleando para conseguir objetivos politicos
Algo semejante fue «El regalo de Franco», pues miles de científicos, ingenieros, médicos, arquitectos, abogados, biólogos, químicos, matemáticos, músicos, pintores, poetas, historiadores, cineastas, agrónomos, físicos…, lo más granado del profesorado universitario español, se exilió. El país más beneficiado fue México, que abrió sus puertas a todos los que pudieran llegar, pero también Chile, Argentina, Cuba, Colombia, Venezuela e incluso Estados Unidos recibieron con agrado ese inesperado regalo del dictador fascista.
Muy buen artículo, mi enhorabuena.
El año 1929 nace la Biblioteca Marquesa de Pelayo de la Casa de Salud Valdecilla (Santander, Cantabria). Lo hace con vocación de biblioteca nacional de medicina, proyecto que aborta la guerra. Pero la biblioteca sobrevive. De hecho, es una de las bibliotecas biomédicas más importantes de España. Por fortuna, en la actualidad está recuperando su fondo antiguo, incuida una batería impresionante de revistas alemanas de los años veinte, treinta y cuarenta, fondos muchos únicos en nuestro país.
A/Z de revistas: s-hmv.c17.net
Buen artículo, pero indicar que Max Perutz fue químico, no biólogo.
Era químico de formación pero en general se considera que su perfil investigador era el de un biólogo molecular. Es curioso que en la wikipedia española se le define como químico y en la wikipedia inglesa como molecular biologist.
Paul Trendelenburg falleció en 1931, antes de la ascención del nazismo y la dictación de las leyes raciales.
«Se conoce como «el regalo de Hitler» afirma el autor, y no sé si es asi o si es invento suyo como más bien creo, pero en todo caso, podemos estar seguros de que los cientificos no se referían a si mismos de esa manera, ni se sentian como un «regalo» de nadie, mucho menos sus familiares y allegados que no habrán oido la palabra «Hitler» sin estremecerse…
Los medios nunca dejan de recurrir a los Nazis para articulos, libros, series etc de forma creo yo a estas alturas bastante insano. Los Nazis, de pura maledad, siempre serán noticia, pero hay que resistir el morbo insano en este caso y pensar en las victimas sobre todo…
El otro día, recibí un mensaje del multinacional Orange en el movil, «vendiendome» una exposición sobre el Holocausto, que «no había que perder» como si fuese un partido de fútbol… un mal gusto notable, una falta de sensibilidad aguda y preocupante…
Por cierto, para largar todo los cientificos de un pais, no hace falta ser Nazi. Eso lo ha conseguido Rajoy y los suyos, en su muy particular visión de España que es un gran pais según él, pero no para la ciencia, ni tampoco los artes por cierto…
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