Arte y Letras Literatura

Las siete vidas de Vicente Blasco Ibáñez

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Blasco Ibáñez. Imagen: Cordon.

Todos los hombres con talento tienen dos patrias: una, donde nacieron; la otra es Francia. (Vicente Blasco Ibáñez)

La biblioteca de mi abuelo se quedó huérfana demasiado pronto. José García Roda —carpintero y repartidor de periódicos, colchones y dónuts— tenía una librería ecléctica y poderosa. Allí encontrabas novelitas wéstern de Marcial Lafuente Estefanía o Silver Kane, novelazas de José María Gironella u obras maestras como Los episodios nacionales de Benito Pérez Galdós. Era un lector omnívoro y delicado. A Pepe le encantaba practicar un tipo de lectura sosegada y en horizontal. Cuando yo tenía seis años, él se despertaba a las 4 de la madrugada para repartir periódicos, colchones y dónuts. Algún fin de semana me quedaba a dormir en su casa de Gandía. Cenaba pronto con mi abuela —un amor igual de terso que el que profesaba por los libros— y se acostaba a las 21 h. A las 22 h ya debía estar durmiendo. Esa hora que transcurría entre el encame y el sueño profundo la empleaba en la lectura. Yo me asomaba por la puerta y lo veía reclinado en su cama, con las gafas en pendiente, a punto de precipitarse siempre; el gesto serio y concentrado. A veces le adivinaba un pequeño brillo, una iluminación. Yo me preguntaba qué sucedía dentro de aquellos objetos que amontonaba en la mesilla de noche para que mi abuelo sacrificara tantas horas de sueño. Dice el dramaturgo francés Pascal Rambert que entramos en las personas a través de los libros y que leemos con el pecho. Yo creo que ese señor tiene razón porque pasé mucho tiempo observando cómo mi abuelo leía.

Su biblioteca se quedó yerma el 10 de enero de 1993. Falleció con solo cincuenta y siete años cuando un cáncer feroz le devoró en pocos meses; yo apenas tenía once años. Tuvo que pasar bastante tiempo para que aquella biblioteca volviera a tocarse. Cualquiera que haya leído y amado con el pecho sabe lo difícil que es leer los libros de las personas muertas a las que tanto se ha querido. Es como entrar en ellas de nuevo, reconocer su huella, su olor, sus apuntes, sus listas improvisadas. Mi abuelo tenía letra de médico: angulosa, sofisticada. Yo intenté imitarla durante mucho tiempo pero era irrepetible. Recuerdo la mano de mi abuelo escribiendo. Tenía un pequeño bultito en el dedo corazón, provocado por algún leve accidente en su anterior trabajo de carpintero. De pequeña imaginaba que la singularidad de su letra, su misticismo, radicaba en aquella excrecencia rosácea que a mí me resultaba tan agradable.

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12 comentarios

  1. Teniendo en cuenta que, como todo gran autor, su creación seguirá haciendo felices a generaciones futuras con su lectura, -debería ser más homenajeado y difundido-, y aun siendo como soy un perfecto indiferente sobre el lugar y la forma de sepultura de cada ser humano, incluida la mía, pienso que la del escritor valenciano es, en cuanto a tamaño y, sobre todo, a merecimiento, inversamente proporcional, -basándome, insisto, en su vida y su obra-, a la de otros seres humanos que, únicamente, vivieron para pensar en cuál era el mejor modo de mantener su poder absoluto ordenando la muerte de otros seres humanos como él.

    No, la civilización no tiene remedio.

    Un artículo extraordinario de principio a fin.

    Felicidades

  2. Muchísimas gracias por la divulgación de parte de la vida de un gran escritor. No obstante los llamara «imbéciles», los bonaerenses del partido de Adrogué le dedicaron una calle, que en su linear trayecto, a cierto punto se cruza con XX de Septiembre, toponimia que refleja los ánimos políticos y humanistas del siglo XIX: el día en el cual se logró, después de furibundos combates entre garibaldinos y la guardia suiza, la brecha de la Puerta Pia en las murallas del Vaticano, por supuesto con tanto de indignación del papa de aquellos tiempos, quien se encerró en sus habitaciones como un niño caprichoso y no se hizo ver por bastante tiempo. Talvez esperaba un milagro, pero los tiempos estaban cambiando.

  3. Lux Interior

    Lo digo como heredero de los libros de mi abuelo, o mejor de mi yayo, como lector, como viajero-viajante-turista y como valenciano…extraordinario artículo. Gracias.

  4. Doctor Centeno

    Para mi gusto Blasco es uno de los mejores narradores en castellano de todos los tiempos, pero ¡ay! tenía una ideología muy marcada, como refleja perfectamente el artículo. Esto ha influido sin duda en su posterior valoración literaria, habiendo sido excluido injustamente de entre los «grandes» de la llamada generación del 98. Nunca se le perdonó su radicalismo antimonárquico y anticlerical, ni tampoco que ganara más dinero con su obra que todos ellos juntos.

  5. Lo de Blasco Ibañez es una desgracia incluso en Valencia… denostado por la derecha por su radicalismo y anticlericalismo y denostado por la izquierda catalanista por escribir en castellano y por su amor a España.

    Solamente algunos gurpos valencianistas mantienen su recuerdo. Eso y los que nos acercamos a cualquiera de sus novelas y vemos la grandeza en su narración. Blasco es más que la Barraca o Cañas y Barro.

  6. Pingback: Instrucciones para ordenar su biblioteca – El Sol Revista de Prensa

  7. Francisco Tostón de la Calle

    Hola, amigos. Qué semblanza tan bien hecha. Muchas gracias.

  8. Fantástico artículo. Como valenciano relativamente joven-43 años-, lector compulsivo, católico practicante y considerándome de derechas, siempre he admirado a Blasco Ibáñez como persona, como político y como escritor. Siempre me ha parecido fascinante. Lo considero uno de los grandes de la literatura universal y no me cabe duda de que si hubiera sido británico, estadounidense, francés o alemán, le habrían concedido el Premio Nobel.
    Vergonzoso el trato que le siguen dando los politicuchos valencianos de cualquier ideología-incomprensiblemente, o comprensiblemente, más sangrante es la actitud de la envidiosa izquierda. Supongo que un personaje tan sublime como Blasco hace que se sientan como enanos mediocres-lo que son- y por ello no cae bien.
    Enhorabuena por el artículo.

  9. Gracias por compartir el bello recuerdo de tu abuelo y también por rescatar del olvido a un personaje español. Valiosísima a mi parecer la reflexión final del nº 19220.
    A seguir leyendo, que mejor nos irá.

  10. Pingback: Vicente Blasco Ibáñez – Fabricante de best-sellers - P. A. García

  11. Pingback: Un retrato para Sorolla - Jot Down Cultural Magazine

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