
Mathieu de Taillac es corresponsal en España de Le Figaro y Radio France. Nació en Burdeos hace treinta y seis años y vive en Madrid desde hace más de diez. Estudió Ciencias Políticas en Francia, pero quiso ser periodista. En Francia es una profesión seria —y sin carrera propia—, y no entró en ninguna Escuela de Periodismo. Las pruebas de acceso, dice, son tremendamente difíciles. Así que vino a España y entró como número 1 en el máster de El País. Escogió España porque había estado con una beca Erasmus en Bilbao y le interesaba la cultura hispana. Se ha integrado, pero conserva sus toques franceses: lleva gorra de visera corta sin ser calvo, hace bromas peculiares y no usa WhatsApp. Es un periodista tan prudente que controla los juicios de valor incluso para hablar de él. Habla perfectamente español, pero no logra que entiendan su nombre al teléfono. Con algunos amigos se hace llamar Mateo, lo que parece una derrota considerable.
¿Te haces llamar Mateo?
Depende, pero sí, sobre todo al principio. El problema de «Mathieu» no es que se diga «mal», porque ese sonido no existe en castellano y cada uno lo dice mal de una forma y al final no sabes cuándo darte la vuelta. El problema es que cuando digo al teléfono «Mathieu», si lo digo rápido, la gente entiende «Nacho».
¿Nacho?
Lo bueno es que hay pocos Mateo, aunque ahora digo: «Soy Mathieu de Taillac», pero vocalizo mucho el «Mathieu» para que no entiendan «Nacho», porque Nacho de Taillac es un apellido superfrancés y un nombre superespañol. Tengo pensado titular algún libro, si lo escribo algún día, No me llamo Nacho.
Decías hace años que te presentabas como «gabacho» para romper el hielo. ¿Sigues haciéndolo?
Sí, en mi bío de Twitter aún lo pone. He madurado, tengo treinta y seis años, pero me hacía gracia, porque es una palabra que no llega a ser insultante, pero es despectiva. Si te la apropias, desactivas el efecto de la crítica.
¿Pero te han llamado alguna vez «gabacho» como insulto?
No, muy poco, alguna vez en Twitter. A mí personalmente no, hay gente que lo dice pero que no te lo dice a la cara. No me puedo quejar en absoluto de un trato antifrancés. Ha habido momentos de tensión cuando los guiñoles del Canal Plus se metieron con el supuesto dopaje en el deporte español y salió Rafa Nadal. Ahí hubo problemas. Pero no puedo decir que como francés haya recibido nunca un trato de hostilidad.
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