Ciencias

Messi y la hormona económica

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Fotografía: José Bretón / Cordon.

Ese pase cruzado a la banda contraria, donde corre Jordi Alba, usted no lo sabe hacer.

Ni ese regate en corto, ni ese pase al hueco, ni ese caminar tranquilo como el que reposa sobre una cuerda haciendo equilibrio. Caminar que se rompe en tormenta y termina precipitando en un vaso que no sabe de dónde le llega tanta agua.

A Messi le hemos visto a cámara lenta y a cámara superrápida. Desde su barba de hoy hasta su pelo largo de ayer y un primer gol de vaselina a pase de Ronaldinho. Tanta sonrisa dándole un abrazo que daba miedo pensar que no fuera a masticarlo. Su vida alrededor de una pelota pero que no empieza desde la pelota. Todos sabemos de Messi y para ello ni hace falta ser del Barcelona ni argentino. Con haber tenido ojos en los últimos quince años habremos concluido más de una vez que no es necesario ser grande para ser enorme. Para saborear lo que este señor es capaz de hacer no es obligatorio que te guste el fútbol (a mí me gusta) ni es imprescindible disfrutar de sus victorias (yo no lo hago). En un deporte que presume de hacer un arte de dar patadas a un objeto hay individuos que directamente son oasis.

De Messi lo sabemos todo. Le hemos visto crecer delante de nuestros ojos, como una pulga que pasa de la televisión analógica al 4K que ahora todo lo embellece. Y es del verbo «crecer» del que a lo mejor uno espera menos en un deportista de élite. Pero a Lionel, y a su club, este verbo le ha cambiado la vida. Porque si hablamos de Messi empezamos por los goles, seguimos por los regates y es común que se nos caiga en el camino un comentario sobre su talla y lo que consiguió gracias a la hormona de crecimiento. Sabemos que recibió tratamiento durante la infancia a propósito de un probable déficit de esa hormona. Como si viniera tan lleno de fútbol que le faltara un poco de otras cosas.

El crecimiento es un sumatorio de elementos donde van participando diferentes personajes. De algún modo crecer es una serie de nuestra infancia y la hormona de crecimiento es muy protagonista tras los dos-tres primeros años de vida y hasta la adolescencia. Se encarga del intervalo que va desde los enfados de la edad preescolar a las dudas del adolescente. Niños de talla baja que pueden pasar desapercibidos pero que una vez empieza la carrera de los centímetros van quedando cada vez más lejos de sus compañeros y, probablemente, de las expectativas de talla para su familia. Como si estuvieran cogiendo fuerzas para dar un salto en centímetros antes de llegar a sentir los primeros pelos incómodos.

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2 comentarios

  1. Gracias por el artículo.

  2. Muchísimas gracias por esta divulgación.

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