¿Cuál es la mejor versión de la historia de la música?

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Versionar un tema de otro músico es una aventura complicada. Porque tan pronto puede surgir una aberración de la osada empresa, como brotar algo especialmente personal y notable que fuerce a todo el mundo a aceptar que oficialmente la canción ha cambiado de padre. Dentro de un panorama musical con infinidad de versiones de todo tipo, la encuesta de hoy es peliaguda: ¿Cuál es la mejor versión de la historia de la música? Más abajo se apilan unas cuantas opciones, pero dado lo inmenso del catálogo de posibles candidatos al podio tenemos la sección de comentarios abierta para que cada uno se explaye a gusto explicando a quién echa de menos o preguntando enervado qué coño hacen en la selección Mojinos Escozíos junto a Nirvana y Jeff Buckley.  

(La caja de voto se encuentra al final del artículo)


Johnny Cash – «Hurt»

Johnny Cash y Nine Inch Nails no son una asociación evidente. O al menos no lo eran hasta que el primero decidió abrazar el melancólico «Hurt» de la banda de Trent Reznor y convertirlo en algo tremendamente personal. Lo que hace Cash aquí es colosal, porque solo él es capaz de fabricar a partir de una obra ajena una despedida tan salvaje (el músico murió apenas un año después de lanzar el tema), un resumen vital en forma de llanto solemne, una canción que directamente te derrumba por dentro. Reznor se rindió ante lo evidente sin sentir rencor alguno: «Esa canción ha dejado de ser mía para siempre».


Whitney Houston – «I Will Always Love You»

Dolly Parton escribió «I Will Always Love You» en el 73 para decirle adiós a su excompañero Porter Wagoner. La despedida fue fructífera, porque la mujer no solo coronó las listas de éxito con aquel tema al lanzarlo en 1974, sino que también lo logró de nuevo en 1981 al regrabar la canción como parte de la banda sonora de La casa más divertida de Texas, una película cuyo título original realmente era La mejor casa de putas de Texas. En los noventa llegó Whitney Houston, contrató de guardaespaldas a Kevin Costner e hizo que todo el mundo se olvidase definitivamente de Parton, Wagoner y la residencia aquella de las fulanas.


Joe Cocker – «With a Little Help From My Friends»

En Woodstock, cuando Cocker se lanzó con aquella versión del «With a Little Help From My Friends» de los Beatles parecía que algo de lo que se había comido antes de la actuación le había sentado regular. Aunque lo que le sentó más que bien fue la canción, porque desde entonces se convirtió en un clásico de su repertorio, y Aquellos maravillosos años hicieron el resto.


Turisas – «Rasputin»

Lo de Boney M en el 77 es digno de elogios, aplausos y construcción de monumentos. Porque hay que tenerlos cuadrados para plantearse componer un tema popero a partir de la historia de Grigori Yefímovich Rasputín. Pero hay que tenerlos poliédricos para hacerlo colando en la letra cosas como «Ra ra Rasputin / Lover of the russian queen / They put some poison into his wine / Ra ra Rasputin / Russia’s greatest love machine / He drank it all and said, I feel fine» («Ra ra Rasputín / Amante de la reina de Rusia / Pusieron un poco de veneno en su vino / Ra ra Rasputín / La mejor máquina del amor de Rusia / se lo bebió todo y dijo “Me siento bien”»). Lo más acojonante es que con todo lo anterior aquel grupo fue capaz de parir uno de los temazos bailables más potentes de la historia. Porque la escucha de «Rasputin» tiene la capacidad de transformar de manera instantánea los sesos de cualquier ser humano en una bola de espejos discotequera.

Lo hermoso es que «Rasputin» fue capaz de anotarse otro par de hitos en la historia musical ajena: por un lado fue sampleado por Amistades Peligrosas para la infame «Satán te invade», aquel carrusel musical de la vergüenza ajena. Y por otro, gozó de un rebarnizado folk-metalero fabuloso por parte de la banda finlandesa Turisas. En una época donde hay millares de músicos dando la brasa con versiones metaleras de cualquier cosa («Baby Shark» incluido) era necesario que llegase una tribu de nórdicos, bautizados en honor a un dios de la guerra con pinta de monstruo marino, a explicar cómo hay que reinterpretar el sonido disco para convertirlo en la banda sonora ideal para asaltar aldeas.


Aretha Franklin – «Respect»

Ottis Redding lanzó «Respect» en el sesenta y cinco, pero fue la colosal Aretha Franklin quien la convirtió en himno indiscutible. Ambas interpretaciones compartían esqueleto en sus versos pero sonaban y, sobre todo, funcionaban de manera completamente distinta: la letra de Redding cantaba sobre las penas de un hombre desesperado por una mujer exigente que le trataba malamente. Mientras que a la versión de Franklin le bastaron un par de pequeños ajustes en la letra para erigirse como el orgulloso cántico de una mujer con un par de ovarios como sandías que exige deferencia hacia su persona. Por si fuera poco, la cantante tuvo la extraordinaria ocurrencia de añadirle al tema el deletreo lírico (R-E-S-P-E-C-T) más famoso de la historia.  


Antony and The Johnsons«Crazy In Love»

Antony and the Johnsons son esa agrupación capaz de parir discazos incontestables ( I Am a Bird Now y The Crying Light son de una belleza y tristeza tan rotundas que asustan). Pero también son esos artesanos que tomaron prestado el archifamoso funky bailongo de «Crazy In Love» de Beyoncé  y lo plantaron tan hondo es su terreno como para hacerlo totalmente suyo. Una versión asombrosa por haber sido capaz de agarrar el desmelenamiento de Knowles y, sobre sus cimientos, construir algo delicado, dolorosamente melancólico y extremadamente íntimo.


The Fugees – «Killing Me Softly With His Song»

«Killing Me Softly With His Song» puede que sea el ejemplo de reciclaje y evolución musical definitivo: nació como un poema escrito por Lori Lieberman tras escuchar el «Empty Chairs» de Don McLean. Charles Fox y Norman Gimbel se encargaron de convertirlo en una canción que grabaría la propia Lieberman en 1971. Roberta Flack la versionó, tras escucharla en el hilo musical de un avión, ante Marvin Gaye, y al músico se le cayeron los huevos sobre las tablas del Greek Theater de Los Ángeles. Flack la lanzó como single en 1973 y arrasó convirtiéndola en número uno de ventas durante semanas. A finales de los noventa, The Fugees rescataron la pista y le dieron su propia reinterpretación filtrada por el hip hop contemporáneo, construyendo una pieza capaz de aguantarle el tipo a la versión de Flack. Lo gracioso del asunto es que el convoy de reinvenciones musicales no se quedaba ahí: The Fugees samplearon en su «Killing Me Softly With His Song» la canción «Bonita Applebum» de los noventeros A Tribe Called Quest, quienes a su vez habían sampleado en dicho tema un pedazo del «Memory Band» de los sesenteros Rotary Connection. Un patchwork sónico enrevesado que no le restaba méritos en absoluto a Lauryn Hill y su séquito.


Los Petersellers – «Homenaje a los Ramones»

Utilizar una versión de «La Ramona» de Fernando Esteso para contar la historia de los Ramones es, se mire cómo se mire, una genialidad. Si además tenemos en cuenta que la pista arranca con el mensaje pregrabado de una gasolinera y que la letra contiene afirmaciones como «Sus catorce discos son iguales que el primero» o «El cantante de las gafas de los cuatro es el más feo» lo único sensato es reconocer que el guateque-punk de Los Petersellers es un género superior. Pero claro, es que estamos hablando de la misma banda que transformó el «In the Navy» de los Village People en el inolvidable «Indeleble» tras combinarlo con «La Grange» de ZZ Top.


Beatles – «Twist and Shout»

Los Beatles grabaron el album Please Please Me en un solo día a modo de maratón. Al final de la jornada, John Lennon descubrió que se había quedado sin voz cuando todavía le faltaba por grabar una versión del «Twist and Shout» de los Isley Brothers. Tras tirarse un rato bebiendo jarabe para la tos y haciendo gárgaras con leche, Lennon clavó la canción en tan solo dos tomas, aunque nunca quedó contento con cómo sonaba su voz en aquel corte. En cambio, el resto del mundo adoró (y bailó al son de) sus cuerdas vocales descerrajadas.


Nirvana – «The Man Who Sold the World»

Durante la grabación del mítico MTV Unplugged en 1993, a KurtCo y sus colegas se les ocurrió realizar su propia interpretación del «The Man Who Sold the World» del incombustible David Bowie, y lo que salió de allí fue algo hermoso. Porque en ocasiones a las leyendas solo las pueden reinterpretar otras leyendas. Más adelante, el pobre Bowie tuvo que aguantar a unos cuantos fans imberbes agradeciéndole que en sus conciertos hiciese una cover de Nirvana, pero eso fueron pequeños daños colaterales.


Sinead O’Connor – «Nothing Compares 2 U»

A mediados de los ochenta, Prince se montó un proyecto paralelo bautizado The Family al que, teniendo en cuenta las irrisorias ventas de su álbum de debut, probablemente no le debió de prestar atención ni la propia familia del artista. En el álbum de debut homónimo de aquella formación se encontraba una baladilla soul titulada «Nothing Compares 2 U» que el cantante había ideado pensando en su novia, Susannah Melvoin. Pero el corte, al igual que el disco, pasó sin llamar apenas la atención ni hacer demasiado ruido. Hasta que cinco años después, en 1990, Sinead O’Connor se fijó en el tema, lo reinterpretó, con lágrimas en los ojos, como un homenaje a su madre y lo convirtió en historia.


The Jimi Hendrix Experience – «All Along the Watchtower»

Jimi Hendrix se metió prisa por trasladar el tema «All Along the Watchtower» de Bob Dylan a sus dominios. En menos de tres meses el hombre ya lo había convertido en una lección magistral que debería de formar parte del temario de todas las escuelas. El propio Dylan reconoció que aquello era muy grande: «Me abrumó, en serio».


Metallica – «Brutus» / «El muerto vivo»

Metallica está a un paso de tocar en los bajos de los hoteles de Benidorm animando a los usuarios de la tercera edad. Pero, como siguen llenando estadios, es poco probable que lo hagan a corto plazo. Entretanto, James Hetfield y compañía se dedican a amenizar sus giras pervirtiendo los éxitos locales de allí donde actúan. En febrero de 2018 se pasaron por Madrid versionando a ObúsVamos muy bien») y Barón RojoLos rockeros van al infierno»), pero la auténtica grandeza tuvo lugar hace una semana, de nuevo en la capital. Concretamente, cuando anunciaron ante los sesenta y ocho mil asistentes que se disponían a interpretar un tema de «los Ramones de Algete» antes de marcarse una versión del «Brutus» de Los Nikis que no está muy claro si resulta más fascinante por inesperada o por desafinada. Lo evidente es que el esfuerzo merece su reconocimiento, tanto por las caras WTF de la gente durante el evento, como por tomarse la molestia de cantar la canción enterita. En Barcelona la cosa no fue para menos y recientemente, en el Estadio Olímpico de la condal, Robert Trujillo y Kirk Hammett cometieron la osadía de destrozar «El muerto vivo» de Peret en una rendición total a los bamboleos de la rumba catalana. Aunque esto último era menos novedoso porque Metallica ya había honrado los logros de Peret el año pasado, al acometer una versión del mismo tema en el Palau Sant Jordi.


Mojinos escozios – «Superman»

Esto debería de contar como doble combo. Porque la banda liderada por el Sevilla no solo tuvo la decencia de homenajear al David Bowie español, Miguel Bosé, reinterpretando su exquisito «Superman», sino que además decidió enfrentarse a la cantinela imitando la voz y las maneras de AC/DC. Y esa doble pirueta tan demencial certifica por sí sola a esto como un contendiente completamente válido a la hora de colocarse entre los finalistas de cualquier ranking de versiones de esta galaxia.


Soft cell – «Tainted Love»

Vale, la versión original de «Tainted Love» de Gloria Jones lanzada en el sesenta y cuatro es la rehostia. Pero lo que logró le grupo de synth pop británico Soft Cell tiene bastante mérito: revestir la pieza con una textura completamente diferente y acabar convirtiéndola en un hit contundente. Cuando Marilyn Manson intentó hacerla suya, sin demasiada gracia, lo que hizo fue partir directamente del tema de Soft Cell.


Jeff Buckley – «Hallelujah»

Así a ojo existen unos veinte millones de versiones diferentes del «Hallelujah» de Leonard Cohen. Y aunque un buen número de ellas son loables (hola, Rufus Wainwright, qué te cuentas, Bob Dylan) solo existe una que es capaz de erizar hasta los tirabuzones capilares más rizados: la del enorme Jeff Buckley.


The Kingsmen – «Louie Louie»

Esta marchosa versión que realizaron The Kingsmen a partir del «Louie Louie» que Richard Berry cantaba en 1957 tiene una anécdota fabulosa detrás: el FBI se tiró un par de años investigando su letra porque presuntamente ocultaba un mensaje obsceno y sucio que pervertía las mentes de la juventud. Al final no encontraron nada de eso, aunque lo más simpático es que durante la investigación nadie pareció darse cuenta de que en el segundo cincuenta y cinco de canción se escucha un «Fuck!». Un berrido de fondo exclamado por el batería del grupo cuando se le cayó accidentalmente una baqueta al suelo.


Children of Bodom – «Somebody Put Something In My Drink»

Probablemente los Ramones tienen tantos imitadores como grupos tributo. Pero a la hora de hablar de versiones dignas de sus temas lo de Children of Bodom es de medallero olímpico: su revisión de «Somebody Put Something In My Drink» es simplemente demoledora. O cómo meterle épica metalera al punk rock. Ojo a los coros.


Johnny Cash. Foto: Cordon.

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