El caníbal cautivo

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El silencio de los corderos, 1991. Imagen: Orion Pictures.

Hypocrite lecteur, mon semblable, mon frère! (Charles Baudelaire, Les fleurs du mal)

Una de las imágenes más potentes y desazonadoras del cine de las últimas décadas es la de Hannibal Lecter/Anthony Hopkins con sus ojos de hielo clavados en los del espectador y los dientes apretados tras su bozal de caníbal cautivo. Y en las listas de los personajes de ficción más terroríficos el doctor Lecter suele ocupar el primer puesto. ¿Por qué? Porque Aníbal el Caníbal somos nosotros —o para ser más preciso, somos una versión menuda y vergonzante del gran caníbal arquetípico, el superhombre nietzscheano extrapolable a partir del tipo de bestia humana predominante en nuestra sociedad—, y nada nos horroriza tanto como el monstruo que llevamos dentro. Lecter se come a los animales humanos que lo agreden o incomodan, y acaba con ellos de forma personal y expeditiva; más falsos y cobardes, sus mezquinos epígonos, cautivos de —y cautivados por— una cultura de la depredación, se comen a los animales no humanos que otros han torturado y sacrificado en las cloacas del sistema. La mezcla de horror y fascinación que sentimos al mirarnos en los ojos helados de Aníbal el Caníbal es una punzada de reprimida autoconsciencia, hipócrita lector/lecter, mon semblable, mon frère!

Los derechos de los animales

Tienen razón, en última instancia, quienes dicen que los animales no humanos no tienen derechos; pero se olvidan de decir que los humanos tampoco. Nadie tiene derechos como algo intrínseco o consustancial: los derechos de cada cual no son sino aquellas reglas del juego social que lo protegen y benefician, y son el resultado de un acuerdo colectivo. Quienes invocan una supuesta «ley natural» o una «moral natural», apelan vanamente a esa «fusión de contrarios» que solo tiene cabida en los delirios y en los sueños; por definición, la ley y la moral son constructos culturales que añadimos a la naturaleza precisamente porque en ella no existen.

Esto no significa que los derechos no tengan una base natural, y mucho menos que sean contrarios a la naturaleza, sino que no se derivan o deducen de ella de forma necesaria y unívoca. De hecho, llevamos cientos de miles de años en nuestro actual estadio evolutivo y nuestra visión de los derechos humanos ha variado considerablemente de unas épocas a otras, e incluso de unos lugares a otros en una misma época.

A lo largo de la historia, hemos excluido total o parcialmente de los derechos que hoy consideramos fundamentales a los extranjeros, los esclavos, los plebeyos, las mujeres, los negros, los homosexuales… Y aunque la xenofobia, la explotación, el clasismo, la misoginia, el racismo y la homofobia estén lejos de haber sido superados, al menos hay un amplio consenso teórico sobre la necesidad de superarlos. ¿Por qué no ocurre lo mismo con el especismo, impugnado solo por una exigua minoría de la humanidad? ¿Por qué nuestra capacidad de compasión por el sufrimiento ajeno suele detenerse en seco en el umbral de las mascotas y ni siquiera nos asomamos más allá? ¿Por qué se considera que abandonar o apalear a un perro es una crueldad inadmisible, a la vez que se aceptan atrocidades como la matanza del cerdo o «fiestas» como los sanfermines?

La suspensión de las creencias

Cuando leemos una novela o vemos una película, a menudo se produce el fenómeno conocido como «suspensión de la incredulidad»: sabemos que la historia que nos están contando no es real, y acaso ni siquiera verosímil, pero nos sumergimos en ella y nos emociona como si fuese verdadera. Y no solo reaccionamos así ante la ficción propiamente dicha, sino también ante mensajes claramente engañosos, como los publicitarios. Nadie en su sano juicio cree que la publicidad refleje las auténticas cualidades de los productos promocionados, y sin embargo nos predispone a consumirlos como si de verdad fueran tan maravillosos como los pintan. Y lo que es más grave, otro tanto ocurre con las noticias falsas, tergiversadas o tendenciosas con las que los grandes medios de comunicación nos bombardean sin cesar.

Y esta paradójica suspensión de la incredulidad tiene su reverso y complemento en lo que podríamos denominar «suspensión de las creencias». El cristianismo propugna la igualdad y la fraternidad universales, así como el desprecio de los bienes materiales; pero muchos supuestos cristianos parecen «olvidarse» diariamente de estas convicciones para asumir sin reservas la lógica capitalista de la competencia insolidaria y el enriquecimiento personal. Y aunque los ateos no crean que Dios creara al hombre a su imagen y semejanza, muchos de ellos se comportan como si los humanos fuéramos los «reyes de la creación» y los demás animales estuvieran a nuestro servicio, como afirma la Biblia.

En nuestra «civilizada» relación con nuestros parientes no humanos, sorprende la aparente facilidad con que coexisten el supuesto «amor a los animales» con su explotación más despiadada y cruenta. La mayoría de las personas rechazan —o dicen rechazar— el denominado «maltrato animal», pero comen carne a sabiendas de que el carnivorismo implica no solo el sacrificio, sino también la tortura sistemática y prolongada de millones de animales cuya capacidad de sufrimiento es del todo similar a la nuestra. ¿Cómo se explica tal grado de disonancia cognitiva?

La desestructuración de la realidad

Al igual que las antiguas mitologías, nuestra visión del mundo se concreta en un ciclo narrativo, es decir, un conjunto de relatos complementarios e interrelacionados, más o menos coherentes y operativos, que intentan explicar la realidad. Estos relatos internalizados se basan, en parte, en nuestras propias experiencias e interpretaciones; pero esa parte es mucho menor de lo que solemos creer, puesto que de manera inconsciente incorporamos sin cesar, desde la más tierna infancia (sobre todo en la más tierna infancia), los relatos ajenos: la familia y demás personas de nuestro entorno, la escuela, los libros y los medios de comunicación nos cuentan una colección de historias y nos suministran una serie de datos que vamos integrando en una descripción/interpretación del mundo más o menos satisfactoria, que es a la vez un espejo en el que mirarse y un manual de instrucciones.

A partir de los seis o siete años de edad empezamos a adoptar una actitud crítica con respecto a ese «gran relato» que es la visión del mundo inculcada por nuestra cultura; nos damos cuenta de que los adultos, los libros y la televisión —por no hablar de internet— incurren en continuas contradicciones y no siempre dicen la verdad, y empezamos a sacar conclusiones propias a partir de nuestras experiencias personales.

Para quienes han recibido una educación religiosa, es especialmente difícil cuestionar las creencias que les han sido presentadas como verdades absolutas; pero hay otros dogmas tan resistentes a la crítica como los religiosos y de los que a menudo ni siquiera somos conscientes. El hambre, la libido y el miedo son las pulsiones básicas de todos los animales, incluidos los humanos, y nada caracteriza mejor a una determinada sociedad que sus hábitos alimentarios, amorosos y defensivos, hábitos que tendemos a considerar «naturales» y que rara vez sometemos a un análisis crítico.

Del mismo modo que consideramos normal enamorarse, emparejarse y formar una familia nuclear (un «hogar» protegido del exterior por unas paredes infranqueables y una puerta cerrada con llave), a la mayoría de la gente le parece normal comer carne: todo el mundo lo hace, siempre se ha hecho y no hay ninguna razón para dejar de hacerlo. Pero no es verdad: no todos lo hacen, no siempre se ha hecho y hay muy buenas razones para dejar de hacerlo. Un 8 % de la población mundial es vegetariana, y en los últimos años el vegetarianismo se ha difundido con creciente rapidez; y no solo hay razones éticas para abrazarlo, sino también dietéticas, económicas, ecológicas y sanitarias. Según un reciente informe de la ONU, la producción de carne y lácteos supone el 70 % del consumo mundial de agua dulce, el 38 % de la explotación total de la tierra y el 19 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, por no hablar de la relación del consumo de carne con el cáncer de colon. Estos datos, por sí solos, deberían sacudir las conciencias más laxas. ¿Por qué no lo hacen?

La respuesta hay que buscarla, al menos en parte, en una sistemática —y sistémica— desestructuración de la realidad. Estamos tan acostumbrados a recibir informaciones contradictorias, falaces, tendenciosas o tergiversadas, que nuestra visión del mundo ha dejado de ser —si alguna vez lo fue— un «gran relato» coherente o un ciclo de relatos compatibles y complementarios, para convertirse en un proceloso mar de fragmentos dispersos en el que, como náufragos a la deriva, intentamos mantenernos a flote aferrándonos a alguna convicción engañosamente tranquilizadora. Como la de que somos los «reyes de la creación» y los demás animales son nuestros esclavos y nuestra comida.

El supremacismo humano

Muchos hombres se creen superiores a las mujeres, muchos blancos se creen superiores a los negros, muchas personas cultas se creen superiores a las menos cultas… Y muchos humanos se creen superiores a los demás animales. ¿Por qué? ¿Cuál es el concepto de superioridad que subyace a estas creencias?

Los hombres suelen ser más corpulentos y fornidos que las mujeres, y su supremacía empezó basándose en la fuerza bruta, que, directa o indirectamente, sigue siendo la base del machismo. Los blancos, por diversas razones geográficas e históricas, desarrollaron civilizaciones tecnológicamente más avanzadas —es decir, más poderosas— y sometieron a los negros hasta el extremo de convertirlos en esclavos, también mediante la fuerza. Las personas con más acceso a la cultura suelen ser las que pertenecen a las clases sociales que someten a las demás, de nuevo mediante la fuerza (del dinero y de las armas). En última instancia, quienes se creen superiores proclaman implícitamente que su supuesta superioridad dimana de la fuerza, por más que intenten presentarla como superioridad intelectual. Y además de demostradamente falsos, los argumentos supremacistas son éticamente irrelevantes; pues, aunque los varones blancos y ricos fueran más listos que las demás personas, ¿estarían justificados el sexismo, el racismo y el clasismo?

Supongamos que existiera una especie de homínidos físicamente iguales a nosotros, pero con un desarrollo intelectual similar al de los simios. ¿Los encerraríamos en los parques zoológicos, los torturaríamos en los laboratorios, nos los comeríamos? No, no lo haríamos, pues de hecho no nos comemos ni explotamos a los discapacitados mentales, ni nos sentimos superiores, sino solo mejor dotados para determinadas tareas.

¿En qué se basa, pues, la supuesta superioridad ontológica de los humanos? Aunque nos resistamos a verla, la respuesta es obvia: en el fetichismo del cuerpo y de su imagen (un fetichismo tan arraigado que se hace extensivo a los cadáveres). Al igual que el racismo, el especismo se basa en que los «otros» tienen un aspecto diferente.

Te propongo el siguiente experimento mental: en un remoto planeta, una cucaracha gigante, tan horrible como inofensiva e inteligente, está siendo atacada por un hermoso alienígena con un cerebro equiparable al de un mandril, pero cuyo aspecto físico recuerda vivamente a los angelotes de Rafael. ¿Dispararías contra el bello angelote para salvar a la monstruosa cucaracha? ¿Te lo comerías luego asado, en compañía del insecto gigante?

No se trata de un test con las respuestas a la vuelta de la página, querido lector/lecter, sino de una cordial invitación a la reflexión y a la autocrítica.

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46 comentarios

  1. Es completamente loable ser vegetariano, faltaría más, por mi parte mientras cumplas con la ley puedes hacer lo que quieras. Al igual que es loable ser carnívoro o incluso canibal. Al final el bien o el mal no existe y son todo convencionalismos sociales que se toman en un momento dado.

    Hace 30 años nos parecían bien unas cosas y ahora nos parecen bien otras distintas y dentro de 30 años quizá sea normal que nos comamos a nuestros hijos fritos con patatas.

    Entiendo que el artículo junta ideas que a todos nos parecen de sentido común para incluir sus cuestionables argumentos. Digo un mentira al lado de una verdad y entonces la mentira es verdad. De primero de demagogia.

    En cuanto a la salud, efectivamente la carne roja está relacionada con el cáncer de colon, de la de pollo no dicen nada. Tampoco del pescado.Ejemplo de decir una verdad (a medias ¿mentira?) para justificar la idea principal

    Hay proteínas que el cuerpo no sintetiza y la forma más fácil de ingerirla es mediante la carne. ¿Que pasaría si el 100% de la humanidad fuera vegana? ¿Habría algas para todos? ¿No generaríamos otro problema de esquilmación de los océanos?¿no tendríamos que deforestar miles de hectáreas para suplir esa carne que comemos?

    Decir tengo el autor escribe muy bien, ojala pudiera exponer mis perjuicios tan bien.

  2. Frabetti

    No se trata de escribir mejor o peor, David, sino de cifras: al margen de consideraciones morales, la producción de carne y lácteos es un negocio ruinoso para la humanidad desde el punto de vista económico y ecológico, y en la red puedes encontrar informes de la ONU y otras organizaciones poco sospechosas que alertan sobre ello. En cuanto a comernos a los niños fritos en el futuro, creo, francamente, que sería un retroceso en la evolución moral -e incluso gastronómica- de la humanidad.

  3. Faramir

    En esta ocasión la argumentación del autor me parece irreprochable.
    Lo que sucede es que a muchos nos gustaría comer carne y además convencernos de que hacemos lo correcto. Parece bastante claro, teniendo un mínimo de coherencia, que no está bien ser un supremaciata de ningún tipo. Propongo un ejercicio mental: imaginemos que somos invadidos por extraterrrestres mucho más inteligentes que nosotros. ¿Eso justificaría que nos maltrataran y nos comieran con patatas?

    • Frabetti

      Tu experimento mental ha dado lugar a varios relatos de ciencia ficción muy instructivos, sin olvidar versiones comerciales o humorísticas, como algunos episodios de los Simpson. Por no hablar de «La máquina del tiempo» de Wells. Y, por cierto, con tu lapsus calami has creado un neologismo interesante: «supremaciata» (como bocata, tocata, segurata…). Bromas aparte, gracias por tu honesta reflexión.

  4. Faramir

    Supremacista quise decir, perdón por la errata

  5. Excelente articulo. Muy interesante.

  6. Juan Solo

    Menudo montón de paparruchas. El 8% de la población es vegetariana? JA. En todo caso existe un sustituto de la carne para las necesidades alimenticias del 92% restante? Que coste medioambiental tendría producir ese sustituto para dar de comer al 92% de la población? Puede la gente del tercer mundo permitirse prescindir a parte de la carne, de la leche y los huevos? Una dieta vegetariana necesita suplementar las carencias de B12 y vitamina D, eso como lo piensas hacer cuando hay miles de millones de personas muriéndose de hambre y que ni siquiera tienen acceso a agua potable. Piensas regalar pastillas de B12 o crees que los que se mueren de hambre van a apartar una parte de su paga para comprar suplementos. Burguer King ha empezado a vender hamburguesas de carne artificial, eso es una posible solución. Pensar que el mundo puede ser vegetariano es de ilusos

    • Frabetti

      Para empezar, la mayoría de la gente, en el llamado «tercer mundo», rara vez come carne porque es un lujo. Deberías informarte antes de hablar, y actualmente la información está al alcance de cualquiera que esté dispuesto a afrontar sus prejuicios.

      • En le tercer mundo no se come carne… de res, pero si se consumen proteínas de origen animal ya sea de animales silvestres u otras mucho más económicas como la del pollo

        • Frabetti

          Los desposeídos comen lo que pueden, y no seré yo quien se lo reproche; pero te aseguro que, en general, tampoco comen mucho pollo. Las principales fuentes de proteínas en los países pobres son las legumbres y los cereales.

    • Barry Horne Jr.

      ¿Qué coste medioambiental tendría producir ese sustituto para dar de comer al 92% del a población? El mayor y principal causante de la huella ecológica e hídrica en este planeta, es el comer animales. No solo lo digo yo o Carlo Frabetti, lo dicen todos los informes de la FAO desde hace 15 años. Estamos en 2019, hace años que no conozco un vegane con carencias vitamínicas. Incluso los que se alimentan tan mal como yo. Por otra parte, tanto la D como la B-12 están sintetizadas en laboratorio hace años y vienen añadidas en todos los cereales, yogures… lo más habitual en los análisis de una persona vegana es tener el hierro un poco alto, nada alarmante. Sobre todo, si lo comparamos con el riesgo estadístico que sufrís los que coméis animales, de padecer cáncer y colesterol del malo.
      Hablar de ‘tercer mundo’, es una expresión reaccionaria y claramente colonialista. ¿la usarías delante de personas racializadas? Esa insistencia en generalizar y ver pobreza en todo el sur global pero no en nuestros barrios, genera estereotipos falsos. La Liga de Liberación Animal de Palestina, comenta desde hace años, que se deje de usar a “los pobres del tercer mundo” para justificar el carnivorismo. Y lo dicen siendo veganes en territorios ocupados y en situación de crisis social constante. Creo que como viejo hombre blanco deberías revisarte un poco e indagar en las cuestiones antes de responder acusando a los demás de decir tonterías. Sé que estás habituado a que el patriarcado te deje ocupar espacio público como te plazca, pero aquí, claramente, has quedado como un ignorante. Atribuir a Burger King ser parte de la posible solución, es como incluir a Felipe González en un plan para tomar el Palacio de Invierno. Me temo que en el montón de paparruchas de don Carlo Frabetti hay unas cuantas verdades objetivas. Juan Solo y muy mal acompañado, por lo visto.

  7. Oppiano Licario

    El vegano contemporáneo es un ser fascinante desde un punto de vista antropológico.
    Son los independentistas de la nutrición.

  8. Kilgore

    La especie humana (como los chimpancés que siempre nos han parecido muy simpáticos y comen otras especies de mini crudas) es omnívora. El aumento del tamaño del cerebro en la evolución de la especie va asociado a la ingesta de proteínas de origen animal. La negación de la evidencia es muy cansina. Los veterinarios están constatando problemas en gatos domésticos ocasionados por veganos que quieren convertir a su mascota en algo contrario a su naturaleza negándoles la carne. En definitiva demagogia vegana con el doctor Lecter como reclamo.

    • Frabetti

      Los gatos son carnívoros,y es complicado (aunque no imposible) que prescindan de la carne; los humanos son omnívoros, lo que significa que pueden comer de todo (es un decir), pero no que necesiten o deban comer de todo. El canibalismo también es una opción, y es una ventaja evolutiva tener esa posibilidad (que hasta puede que nos salvara de la extinción), lo que no significa que haya que seguir practicándola.

      • Kilgore

        Si los gatos son carnívoros, cual es la razón para hacer que prescindan de la carne? Aplicarles una “moral” que no les va ni les viene? La creencia equivocada que se puede razonar con ellos, como si fueran Tom o Silvestre, y convencerles de que comer pescado, carne, pajaritos o insectos es reprobable y que deberían abrazar el tofu como alimento?
        Pues lo mismo para las especies omnívoras. Que los ositos molan cuando comen bayas y vegetales, pero cuando se zampan una oveja pasan a ser proscritos. Ya no te digo yo, que disfruto igual de una buena ensalada (ciudadano moralmente intachable) que de un buen chuletón, unos callos o una lubina (pérfido equivalente a un maltratador o un asesino de masas).
        En fin, no hay secta que no haga proselitismo.

        • Frabetti

          No, lo osos no pasan a ser proscritos cuando se comen a una oveja, salvo para quienes tengan una moral de dibujos animados de Disney. Y un carnívoro humano no es equivalente a un asesino de masas: es, sencillamente, una persona capaz de modificar su conducta en función de una ética, y que cada cual ponga el listón donde su conciencia le dicte. Por eso acabo el artículo diciendo que no es un test para determinar la «maldad» de los lectores, sino una cordial invitación a la reflexión. (Por cierto, espero que lo de Kilgore sea por Trout, no por Bill).

          • Kilgore

            Pues es por Bill. Pero duerma tranquilo. Con el napalm suelo tener mucho cuidado.

        • Frabetti

          En cuanto a los gatos, he tenido varios y nunca los he «reñido» por cazar ratones o pajaritos; pero si podía alimentarlos sin fomentar una industria basada en la tortura y el gato estaba satisfecho y lustroso, prefería hacerlo así.

    • Barry Horne Jr.

      Hace unos dos millones de años, numerosas especies de aspecto humano habitaban el planeta. Los Neandertales, Sapiens, Hombre de las flores, Denisovanos, ahora también tenemos al homo Naledi… todes ellos pasaron de ingesta de plantas a también ingesta animal. Ese relato evolutivo donde el comer animales nos hizo más listes y por eso estamos aquí, es matizable. Aumentó nuestro cerebro, pero procesos similares les ocurrieron a otros homínidos que han quedado por el camino. Y no fue porque el Homo Sapiens se impusiera a todes debido a su inteligencia y capacidad de organización. De Denisovanos y Naledis, poco sabemos, de los Hombres de las flores, creemos que desaparecieron hace nada por erupciones volcánicas. Del Neandertal, probablemente, fue su incapacidad para adaptarse a la última edad de hielo. Estaban mejor adaptades que les Sapiens para cazar en los bosques y llevaban 80 y pico mil años más que nosotres en Europa. Sin embargo, no supieron adaptarse a nuevas formas de caza y recolección para sobrevivir a esos cambios climáticos. Y aquí quería yo llegar. Comerse a otros animales es la razón principal de la huella ecológica y la huella hídrica, y sin posibilidad de solución viendo nuestro finito planeta. Así que esa idea de que comer animales es lo que ha traído al Sapiens hasta nuestros días, también condena el futuro del Sapiens a desaparecer. Su comentario, en boca de un neandertal, sería algo así; Qué cansino, llevamos miles de años sobreviviendo, cazando y organizándonos de esta forma, la propuesta de un cambio es pura demagogia Sapiens. La única diferencia entre aquelles neandertales y nosotres, es que su arrogancia y su incapacidad para generar un cambio de paradigma, no se llevó el planeta por delante.

  9. Aquiles

    Si bien algunas culturas nos caracterizan a nosotros los homosexuales como peores que los animales hoy día , me hizo mucha gracia encontrarme con la equivalencia de nuestros derechos con el de los animales , en jotdown.
    A esto , quisiera aclarar cuando nos preguntan a los gays porque creemos que tenemos tal o cual derecho en El trasfondo del asunto , siempre respondo sacando todos los argumentos ,: porque luchamos por ellos y vencimos al menos ahora .
    La lucha contra la discriminación surge como seres conscientes y racionales de nuestra percepción de lo que es una injusticia y de desear vencer de la voluntad de ganar . Mí legitimidad de no ser encarcelado no viene de mis argumentos de que el sexo anal o mí matrimonio sea «inocuo » viene de mí voluntad de luchas .
    Pregunto , sin actitud ? Puede un animal ser consciente de eso ? ? Puede luchar por eso? ? Siquiera podría importarle ?
    A eso añadamos que el ser humano es mortal y el animal no. El animal es inmortal por carecer del sentido de su propia muerte.
    Por eso creo que el animal es «protegido » pero no sujeto de derechos porque el animal no ha movido una sola pezuña para ganarse. Ningún derecho

    • Frabetti

      Por la misma regla de tres, los niños pequeños y los discapacitados mentales tampoco tendrían derechos, puesto que no pueden luchar por ellos ni ser conscientes de ellos, ni tienen consciencia de la muerte; consciencia que, por cierto, algunos animales, como los grandes simios y los elefantes, parece ser que sí poseen. En cuanto a las comparaciones, a quienes comparo, en todo caso, es a los homófobos con los especistas.

    • Frabetti

      Me parece importante aclarar este punto: si digo, por ejemplo, que el marido que maltrata a su esposa es de la misma calaña que el cazador que maltrata a su perro, no estoy comparando a la mujer con el perro, sino al maltratador con el cazador.

  10. Aquiles

    Por eso mismo hay leyes de protección a la infancia y protección al discapacitado, Porque necesita ser protegido al no poder ejercer sus derechos temporalmente. Es sujeto de protección. La pregunta es si el animal puede tener derechos sin poder ejercerlos ni reclamarlos en ninguna circunstancia. Si el animal no es consciente de su propia mortalidad (y no recuerdo ninguna vaca ni cerdo preocupados por tal cosa del memento mori,), ¿reviste exactamente la misma importancia la muerte de un raton un perro una vaca o un humano?. Los animales están en posición privilegiada porque ignoran su propia muerte

    • Frabetti

      Insisto, no está nada claro que los animales no humanos ignoren su propia muerte. Y si no recuerdas a ninguna vaca o cerdo preocupados por ello es que nunca los has visto camino del matadero. En cuanto a la interesante pregunta que planteas («¿Reviste exactamente la misma importancia…?»), puedo decirte que para mí no: creo que hay una jerarquía, y que tiene que ver con el nivel de consciencia y la capacidad de sufrimiento; dónde ponemos el listón de la compasión (en el sentido etimológico del término) es una decisión moral, indecidible en términos puramente racionales. Y una vez más nos topamos con la paradoja sorites o «paradoja del montón»,presente en muchas cuestiones filosóficas y dilemas morales. Por ejemplo, ¿en qué momento un feto empieza a ser persona? ¿Lo es un neonato? Para el derecho romano, no, y no es lo mismo matar a un recién nacido que a un niño con un día de vida. ¿Arbitrario? ¿Discutible? Desde luego.

  11. Agustina

    Más aún que el artículo, me ha convencido la falta de argumentos de los que lo critican.

  12. Creo que nos olvidamos una vez más de que probablemente la diferencia más importante entre alguien que vive en «el tercer mundo» y quienes vivimos en «el primero» es nuestra capacidad de elegir. Hablar sobre lo que ocurre en el tercer mundo como argumento para concluir que es un absurdo no comer carne es desviar el tema y zafarnos de nuestra responsabilidad como europeos con privilegios. Entre ellos poder tomar un montón de decisiones sobre lo que queremos hacer y lo que no.
    Los animales tienen derecho a vivir, a ser respetados, a no padecer dolor (ni por supuesto tortura), a no ser asesinados…etc. Si pudiendo no hacer daño innecesariamente a otros seres decidimos hacerlo somos unos sádicos.
    Conseguir un kilo de proteína animal equivale en gasto de recursos a conseguir 5 kilos de proteína vegetal (con la que podría comer más gente en el mundo). Si pudiendo dar acceso a comida a más gente decidimos no hacerlo somos unos egoístas.
    El sector ganadero genera el 65% del óxido nitroso de origen humano que tiene 296 veces más Potencial de Calentamiento Global que el CO2. Si pudiendo reducir el impacto medioambiental de la actividad humana decidimos no hacerlo somos unos suicidas.
    Me da la sensación de que lo que se oculta tras respuestas tan encarnizadas (permitidme el adjetivo) a un artículo sobre especismo no es más que un miedo visceral a poner en cuestión, y tal vez llegar a perder, nuestros privilegios. Del mismo modo que ocurre con la homofobía (por no hablar de la lesbofobía o la transfobía).

    • Y no hay que olvidar la huella hídrica. Producir un kilo de lentejas supone un gasto de 50 litros de agua, y un kilo de queso 5.000, y una hamburguesa casi 3.000. Los alimentos de origen animal multiplican por 100 el consumo de agua, que empieza a ser un bien escaso.

  13. Me pregunto por qué nos olvidamos de la compasión, o de la empatía por lo existente? Será porque es cosa de viejos o porque son van de moda, o porque no todos las poseemos y esto último sería espantoso. Es un drama la existencia caro Frabetti. El frenesí de la existencia nos obliga a vivir reflexionando, no a reflexionar para existir. Y el problema de los gatos se resolvería si hubiera criaderos de lauchas, que para eso están, y fabricar con ellas croquetas para su alimentación.

    • Frabetti

      «Nos olvidamos de la compasión»: no se puede decir mejor. Los psicólogos lo llaman disonancia cognitiva, y es una auténtica epidemia. Gracias a ti, Eduardo.

    • «Ojos que no ven, corazón que no siente», creo que por eso nos olvidamos de la compasión. Si la gente visitara los mataderos…

      • Frabetti

        «Si las paredes de los mataderos fueran transparentes, todos seríamos vegetarianos», Paul McCartney.

  14. Una queja para los diseñadores gráficos de JD. En el nuevo espacio para los comentarios no hay una visión como en los anteriores, en donde se veia todo lo que se escribía. Ahora, al avanzar con la escritura, las primeras letras se van escondiendo. De ahí mi error en el anterior:… «son van de moda…» en vez no van de moda. A parte de esto, muchísimas gracias por la lectura.

    • Frabetti

      Se lo comunicaré a los responsables; pero a mí no me ocurre eso que dices, es muy extraño.

  15. Menudo supremacista animalista. ¿Y las plantas? ¿Es que nadie va a pensar en las plantas? Criadas en condiciones deplorables, apiñadas unas contra otraa, obligadas a alimentarse según pautas que nada tienen que ver con el caos de la naturaleza en estado puro, arrancadas de cuajo sus frutos, obligadas a cruzarse contra natura con otras especies. ¿En serio, a qué ser humano no le revuelve las entrañas semejante atrocidad? Vegetarianos y veganos, ¡ved la luz! No cargueis vuestras conciencias con el sufrimiento de ser vivo de clase alguna. ¡COMED PIEDRAS! ¡EL MINERALISMO VA A SHEGAR!

    • Frabetti

      Como prefiero pecar de ingenuo que de injusto, contemplaré la posibilidad de que que Tango no sea un troll y piense lo que dice. Las plantas no tienen sistema nervioso central, no sienten ni padecen; los animales sí, y su grado de consciencia y capacidad de sufrimiento depende de su desarrollo cerebral. Eso no significa que no haya que respetar a las plantas, que son la base de la vida.

      • Cree Vd. erróneamente que la algesia es territorio exclusivo del sistema nervioso central. Central y periférico son órdenes muy útiles para la ciencia médica en el abordaje de las lesiones, pero el dolor implica diferentes niveles, no sólo topográficos, sino inmunológicos, hormonales… Con fines didácticos, las etiquetas son muy útiles, pero un ser humano (y por añadidura un ser vivo), en referencia a la relación que establece con el entorno a través de su sistema nervioso, es un conjunto. Las plantas sufren pese a no integrar la información disruptiva en un orden de magnitud superior. Su tesis moral no se sostiene si desprecia el dolor de unos seres vivos, pero respeta el de otros.

        • Frabetti

          No integrar la información en… es la diferencia entre sufrir y no sufrir. Según ese argumento, también «sufren» los minerales. Y en cualquier caso, si es menos ético comerse a un niño que un mejillón, también es menos ético comerse a una vaca que una manzana.

  16. Está claro que la mejor manera de desautorizar a los «supremaciatas» es dejarlos hablar.

  17. Barry Horne Jr.

    Por si alguien más quiere investigar las propuestas del veganismo. Estos textos son libres, realizados desde la militancia y distribuidos por asociaciones antiespecistas. Sin buscar ningún tipo de lucro personal.

    Veganismo y economía:
    http://ochodoscuatroediciones.org/nueva/wp-content/uploads/2016/04/PEDSC_tripas_NOV15.pdf

    Veganismo y género:
    http://ochodoscuatroediciones.org/libro/la-politica-sexual-la-carne/
    https://jauriazine.wordpress.com/descarga/

    Veganismo y conciencia de clase:
    http://ochodoscuatroediciones.org/nueva/wp-content/uploads/2016/04/APCT_tripas_NOV15.pdf

    • Frabetti

      Gracias, Barry, muy interesantes, sobre todo el último. Uno de los tópicos antiveganos más difundidos es el de que nos preocupamos más por los animales no humanos que por los humanos.

    • Muy interesante «La política sexual de la carne», de Carol Adams. Cuanto más machuzos, más carnívoros.

      • Santana

        ¿Ahora resulta que comer carne es machista?

        • Frabetti

          No conozco el libro de Carol Adams, pero no creo que diga que comer carne sea machista. Pero el machismo y el especismo son formas de supremacismo similares y no es extraño que vayan juntos: supremacismo de género y supremacismo de especie. No es casual que la caza y las barbacoas sean actividades mayoritariamente masculinas.

        • Por no hablar de programas de tv como «Crónicas carnívoras».

  18. NOTA
    A la vista de algunos comentarios, tal vez convenga aclarar que no se trata de criminalizar a quienes comen carne, sino de invitar a la reflexión sobre las implicaciones de todo tipo (éticas, dietéticas, ecológicas, económicas, sanitarias) del carnivorismo. Y el primer paso es informarse adecuadamente al respecto, ya que, como ocurrió en su día con los perjuicios del tabaco, la información está a menudo tergiversada por la presión de poderosas industrias y cadenas comerciales ligadas a la producción y venta de productos de origen animal.

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