Eric Jiménez: «Una ciudad sin ruido es una ciudad muerta»

Publicado por

Fotografía: Raquel López

Asombrado por la finura de Al-Andalus
que es como la piel de una gacela dormida
le pregunté al maestro Abu Ahmad Ibn Sa’id
y él me respondió:

Es una idea antigua
mantenida por los sabios de Persépolis,
que la tierra es un animal que se alimenta
con la boca en Bagdad, los ojos en Damasco

y el ano en el país de los Frany.

No te sorprendas pues
de la dulzura del paisaje
porque Granada cae a la altura del corazón.

Shakîr Wa’el, poeta de origen iraní. Granada. 1258-1260.

Bajo la superficie de la música popular discurre la historia secreta de las ciudades. La historia de la gente y de sus tradiciones. Nos vigila en las letras y las melodías, en las canciones y los cancioneros. En los cantos populares. En música transmitida de forma misteriosa, por vía oral, de generación en generación. Y así es como el sonido de las ciudades termina describiendo a sus habitantes. Les recuerda quiénes fueron y les explica quiénes son.

En ocasiones, hay quien aparece dispuesto a explorar todo eso más a fondo. Y lo rescata. Por ejemplo, Los Planetas. Grupo granadino que desde hace algunos años se decidió a salir de viaje. De viaje por una antropología del sonido. Del sonido de Andalucía. Jota, el cantante del grupo, habla del peso de las tradiciones en la producción sonora de la ciudad y de su pasado árabe. De la influencia que tiene en el grupo. Cita el papel de los poetas sufíes de la Granada del siglo XIII para hablar de las influencias subterráneas existentes en la poesía y la música de hoy.

Hay en Los Planetas una consciencia de entorno y tradición cultural que se ve especialmente en sus últimos discos. No siempre fue así. En un recorrido de más de veinte años y de nueve grabaciones de estudio, el grupo ha crecido y se ha movido. Y ese movimiento aparenta, al menos de momento, haberlos traído de vuelta a casa.

El recorrido por sus influencias llevó primero a la banda a puntos geográficos más lejanos. Y, poco a poco, los fue acercando. Primero fue Mánchester, Londres, EE. UU. Hoy es el Fargue y el Sacromonte, de cuyas noches flamencas Eric Jiménez habla con enorme respeto y gesto serio. Ninguna broma.

Casi todo en ellos recuerda al entorno urbano, histórico y cultural que les envuelve. El inicio de sus conciertos es un buen ejemplo. En los instantes previos a la salida a escena del grupo, cuando bajan los focos, suena lo mismo que puede escucharse en una Medina árabe, una llamada a la oración.

Son sin duda el grupo más influyente de su ciudad. Ciudad que, ahora mismo, es sin duda lo más influyente en el grupo. Granada, ciudad de la buena muerte, en palabras de Luis Rosales. Por ella camino en dirección a un local de peregrinación obligada, situado en el centro de la ciudad. El Bar de Eric. Y allí me espera su dueño.

Eric Jiménez, nacido en Granada hace cuarenta y ocho años. Y, desde entonces, un currículum que impresiona; ex-KGB (obviamente el grupo, no lo otro), Los Evangelistas, Lagartija Nick —incluyendo el mítico Omega junto a Enrique Morente—, colaboraciones con multitud de grupos y artistas, Napoleón Solo, Niza, Clovis, Me Enveneno de Azules, Tarik y la Fábrica de Colores, Triángulo de Amor Bizarro, Neuman, Soleá Morente

Y además de todo eso, veinte años y siete discos en la formación titular de Los Planetas. La banda, por la enorme personalidad que tiene su batería, ya no podría entenderse sin él. Me pregunta si recuerdo cuándo empezaron a gustarme Los Planetas.

Sí, hace más o menos quince años. Cuando empecé a escucharos. Y a ti… ¿te gustan Los Planetas?

Me apasionan. Al principio dudaba mucho porque mi nacimiento en términos musicales viene del punk y del afterpunk. Me gustaban las cosas más aceleradas. Venía de Lagartija Nick y lo cierto es que el pop me daba un poco de vergüenza ajena.

Fue después cuando entendí que la dureza no está en la velocidad sino en los mensajes y la actitud. Así que fui aprendiendo a abrir abanicos nuevos, otras texturas de sonido. Empecé a ver la música de otra manera y desarrollé algo más de sensibilidad. Fui aceptando el pop cada vez más y hoy lo cierto es me gustan mucho Los Planetas.

¿Cómo definirías el sonido del grupo?

La distorsión de los sentimientos. El ruido de los instrumentos pasado por el corazón. Hay muchas canciones en las que un gran ruido está ocultando una narrativa de desgarros íntimos, de grandes sentimientos. Eso son Los Planetas.

En términos técnicos, ¿en qué crees que destacáis?

En la actitud. Siempre hemos sido un grupo al que nunca nadie le ha marcado los tiempos. Ha sido más bien al contrario. Además, nunca hemos tratado la música como un objeto, no nos hemos vendido a anuncios comerciales de ningún tipo. Y así es como hemos ido creciendo paso a paso, de una manera lógica. No hemos saltado al escenario grande de Benicasim de buenas a primeras.

No es tan frecuente que una banda de música consiga juntar buenas letras, buenas melodías y una actitud propia y marcada. Y Los Planetas lo han conseguido. Con mucho trabajo pero lo han conseguido, así que creo que es precisamente en eso en lo que el grupo destaca.

¿Crees que habéis alcanzado vuestro punto álgido de madurez?

En términos técnicos, el grupo está ya en su punto álgido de madurez. Los Planetas está compuesto por gente que se conoce muy bien, que lleva tocando muchísimos años. Además, se atreve a salir de su zona de confort. Por ejemplo, el grupo estaba cómodo en el pop más clásico y supo arriesgar metiéndose en atmósferas de ruido más fuerte. Cuando ya dominó esas estructuras de sonido por ruido, empezó a investigar con el flamenco… Sí, a nivel técnico ya estamos en nuestro punto álgido, pero siempre pasa lo mismo con este grupo. Siempre flota la misma pregunta. Qué va a pasar ahora.

¿Qué va a pasar ahora?

El grupo está componiendo y buscando cosas que le pongan anímicamente bien. Tratamos de encontrar un material con el que encontrarnos cómodos para salir a directo y presentarlo. Dependemos mucho de nuestro estado de ánimo para grabar y tocar. Y hasta que no lo conseguimos todo sigue en el laboratorio. Ahí está el grupo ahora mismo, en el laboratorio.

Todos coinciden en que vuestros directos muestran ya a un grupo muy evolucionado, con dominio de escena, calidad de sonido, actitud en el escenario…  

Sí, estoy de acuerdo. Disfrutamos mucho en directo.

Pero hay un hecho innegable: dais muy pocos conciertos ¿Por qué, si realmente disfrutáis tanto?

Hay gente en la banda a la que le gusta más el directo y gente a la que le gusta más el estudio. Nosotros consideramos que esto no puede ser un hándicap, si salimos a directo es porque la gente está con ganas de directo, si hacemos un disco es porque tenemos cosas que contar. Preferimos no quemar la banda y que el público no se harte. Si aceptáramos todos los sitios que nos ofrecen tocar, agotaríamos. Y quizá el grupo no hubiera aguantado vivo tantos años.

Yo creo que sabéis que entre los seguidores tenéis un rollo superreligioso y que da igual lo que hagáis porque os lo perdonan todo.

No, no, no… Es cierto que contamos con unos seguidores que son los mejores del mundo. La gente está muy acostumbrada a ser mimada por otros grupos a los que sigue y a recibir explicaciones de todo.  

Es cierto que nosotros no lo hacemos. Pero no es un problema de desprecio a nuestro público, es simplemente nuestra manera de ser. Somos cinco personas de bastante carácter y la química que sale cuando nos juntamos es esa. Los Planetas es un grupo que respeta muchísimo a sus seguidores aunque a veces no lo parezca.

He visto muchos conciertos vuestros que empiezan con una bajada de luces y un sonido que os delata, una llamada a una oración de una medina árabe. Sois completamente conscientes del rollo religioso que genera el grupo.

Que no, joder, no tiene que ver con eso. A nosotros siempre nos ha atraído mucho el misticismo. Ten en cuenta que vivimos en Andalucía, que es un sitio en el que por ejemplo la Semana Santa es parte de nuestra cultura. Todo lo que va con la religión, con el flamenco… nos llama mucho la atención. Vivimos en Granada, una ciudad mística. Y va muy inculcado en nuestra cultura desde que nacimos. Así que antes de salir a escena escuchar una oración nos mete en el papel. Nos sirve para entrar en ambiente. Así es como salimos al altar.

Bajo ese altar se producen transformaciones increíbles. He visto fans indies, sobre sus New Balance, cantando letras de Manolo Caracol en el «Romance de Juan de Osuna».

Jajajaja… Sí. Tienes razón.

Líneas de La Niña de los Peines en «Señora de las alturas», cantos populares en «Entre las flores del campo».

Sí, nosotros también flipamos un poco a veces.

Estáis como en un viaje por una especie de antropología del sonido.

Ten en cuenta que casi todos los grupos españoles hemos bebido muchísimo de la cultura anglosajona y americana. Y cuando estás encantado bebiendo de ahí no ves que cerca de ti hay otra cultura que es interesantísima.

Como si tuvieran que venir de fuera a explicarte lo que eres. Igual que cuando vinieron a Granada los románticos, como Washington Irving, a descubrirnos La Alhambra a los que vivíamos aquí. Tiene cojones que a veces no veamos lo que tenemos al lado.

Es cuando ves que gente de la generación beat estaba flipando con Lorca y que Lorca había nacido aquí… Empiezas a darte cuenta de qué tienes y agarras todo lo que encuentras. Ese es el viaje de Los Planetas. Y estamos muy orgullosos de que a nuestros seguidores les haya terminado gustando tanto.

¿Se han hecho flamencos?

No, no se han hecho flamencos, pero me encuentro con mucha gente que al principio estaba muy enfadada con el giro y que después se ha ido metiendo. Encontrarse con letras tan chulas que estaban en el cancionero y escucharlas instaladas en nuestro sonido hace que quieran poner su ojo y su oído en ese viaje de Los Planetas.

Siempre hemos sido un grupo con letras muy emocionales y el flamenco siempre ha tenido letras muy sentidas. A la vez, este grupo ha sido siempre un poco místico y un poco oscuro. De hecho, una de sus bandas más admiradas ha sido siempre Joy Division. De alguna manera, todo eso se termina encontrando, el misticismo flamenco roza con el misticismo afterpunk de los ochenta. Hay ciertas connotaciones que se dan la mano, ambas culturas conectan bien.

Conectan bien en el grupo bandera de una cultura independiente nacida en los noventa. ¿Qué dirías que es el indie hoy?

Creo que el indie actualmente son Los 40 Principales del siglo XXI.

Ese es un titular criminal, Eric.

No, joder. Es que la independencia es una cultura, una actitud, y en el momento en que se etiqueta se convierte en otra cosa. Ni mejor ni peor, otra cosa.

En el momento en que entras en el «tanto vendes, tanto ganas», además de la proliferación de festivales y, por supuesto, el hundimiento de los canales establecidos… No sé. Al final ha resultado que aquí ya todo dios es indie.

He leído varias entrevistas tuyas en las que dices que Una semana en el motor de una autobús es tu disco preferido. No vendió más de cincuenta mil copias. Y vuestras ocho o nueve grabaciones de estudio no llegan a trescientos mil discos vendidos. Son muchos, pero que uno de los grandes grupos de este país no llegue a trescientas mil copias en veinte años es curioso.

Cuesta mucho educar en determinados tipos de sonido. En España a la gente le terminan entrando algunos discos años después. Omega, con Enrique Morente y Lagartija Nick, es quizá el mejor ejemplo de esto que digo. Gustó, pero diez años después.

Quizá en el momento en que Los Planetas empezaron a sacar discos todavía no estaban los oídos muy hechos a lo que proponíamos. Recuerdo al principio, que si al cantante no se le oye, que si no se entienden las letras, que demasiado ruido…

Eso no fue solo al principio, Eric: sigue igual ahora.

Bueno, pues eso es el hándicap con el que te quedas en trescientas mil copias y no saltas hasta el millón de discos. Pero también tiene su encanto. Yo qué sé, así es más nuestro.  

Si algo te gusta de verdad, búscalo, vete a por ello, porque lo que nosotros hacemos no te va a llegar fácilmente por los canales oficiales. Y que haya gente que salga a buscarnos es precioso para nosotros. No necesitamos que sean un millón.

¿Cómo ves a los demás miembros del grupo? Por ejemplo, a Banin.

Banin tiene una cultura musical acojonante. Es un gran multiinstrumentista y un grandísimo arreglista. Creo que es de los que hace que el colchón de la banda funcione como funciona, que sea perfecto. Es absolutamente fundamental aquí. Sin él, no habría Los Planetas.

¿Y Julián, el bajista?

Es un grandísimo bajista, lo que pasa es que es un borracho.

Ya. Pero no puedo transcribir esto, Eric…

Sí, claro que puedes. Es un grandísimo bajista que además es un borracho. No me parece malo ser un borracho. ¿Qué pasa, te parece malo que alguien sea un grandísimo bajista?

No, joder. Bueno… da igual. ¿Y Floren?

Floren es el guitarrista del espacio. Creo que las atmósferas que construye con la guitarra son sencillamente espectaculares.

Nos queda Jota.  

Jota tiene un gran talento a la hora de transmitir sentimientos que mucha gente tiene dentro y que quizá ni siquiera sabe que los tiene. Así que escuchando al grupo terminan viendo que es Jota el que se los cuenta.

Tengo un amigo que dice que todas las canciones de Los Planetas hablan de él, de las cosas que le pasan o que le han pasado.

Exactamente esa es la gran virtud de Jota.

¿Qué papel crees que juega la banda dentro de la escena musical española?

Tras la Movida madrileña hubo un vacío musical en España hasta que de repente aparece un grupo de gente en Granada que se pone a hacer música, avanza en algunos sonidos y, contra todo pronóstico, después de tanto tiempo siguen juntos. A lo largo de esa trayectoria, Los Planetas juegan un papel. Poco a poco, pero lo van jugando. Por ejemplo, en influencia de sonido.

Eso es bastante evidente, sí.

Lo es. Y a la vez una putada. Una putada grande, de hecho. Porque todo lo que hacemos y todo lo que no hacemos se estudia, se analiza, se critica… Somos el grupo al que miran con lupa. Y por cierto, por si todavía le queda alguna duda a alguien, al grupo se la suda que lo miren con lupa.

La banda juega un papel a nivel de transmisión de madurez, evolución de sonido, responsabilidad en lo que hacemos. Podemos seguir haciendo música que eduque a la gente. Podemos seguir haciendo que lo que nos gusta a nosotros siga vigente.

¿Qué papel juega el grupo en tu vida?

Los Planetas han sido fundamentales. Cambiaron mi vida. Yo era bastante cerrado. Mi adolescencia la viví a partir de los treinta, con Los Planetas. En todos lo sentidos, además. Y no te imaginas hasta qué punto.

Da la sensación de que las percusiones del grupo han ido cogiendo con el paso de los discos una mayor presencia. Un mayor protagonismo.

No tengo ni idea. Siempre que hago algo intento hacerlo bien. Y eso que siempre que salgo a escena voy acojonado. ¿Sabes cuál es mi sueño más recurrente? Que en un directo hago el ridículo. Así que siempre toco como si fuera el último concierto de mi vida.

Lo del protagonismo de la percusión igual es porque en este grupo si quieres que una hostia suene le tienes que dar el doble de fuerte. Si no, los demás miembros del grupo, con tanto puto ruido, te tapan… En Los Planetas hay que currárselo. En «Segundo premio»… Fundamental darle fuerte.

Ese ritmo es impresionante, casi distingue al grupo.

No es un ritmo difícil. Está basado en las Supremes. Por ejemplo, el ritmo de «Reunión en la cumbre» imita a una batería de thrash metal con doble bombo pero sin doble bombo. Todo tiene un porqué.

Siempre me ha gustado que la batería esté presente, que hable, que sirva para anunciar las grandes partes. Es como el criado que entra en la sala y dice: señoras y señores, prepárense porque ahora viene lo más grande. Y que entre un estribillo o algo importante.

Algo importante en toda esta historia es Granada. Esta ciudad es sin duda uno de los principales focos de producción cultural de nuestro país. De aquí salió Miguel Ríos, Los Ángeles, Lagartija Nick, 091, Enrique Morente, Los Planetas y todo lo que trajeron detrás. ¿A qué lo atribuyes? ¿Por qué tantos grupos y de tanta calidad?

En los años sesenta aquí los oficios más comunes eran «aguaor», fraguero, carpintero, albañil… Gente llana de pueblo con las profesiones que había entonces.

Y alguien como Miguel Ríos empieza a conseguir el sueño de su vida, o Los Ángeles. De rebote consiguen que, años después, empiece a ser el sueño de mucha gente en Granada. Vivir haciendo música para salir de lo único que había. No sé, siempre ha sido todo muy ejemplar… Alguien sale del pueblo, se va a Madrid y se le ve o se le escucha haciendo cosas interesantes.

Súmale a eso el buen tiempo y que es una ciudad universitaria. Ya tienes todo lo que necesitas. Mucha gente en Granada en vez de coger unos esquís prefiere una guitarra o una batería.

Para hacer distintos tipos de sonido además. Entre los estilos más próximos veo fronteras claras. Pero ¿cómo es la convivencia con los flamencos? ¿Hay relación? ¿Hay permeabilidad?

El álbum Omega, de Enrique Morente y Lagartija Nick, ha contribuido mucho a acercar dos mundos que en principio eran lejanos: el flamenco y el rock. A hacernos colegas, incluso.

De hecho, al acercarme al mundo flamenco me he dado cuenta de que los rockeros somos unos gilipollas al lado de ellos. Son los más frikis. Yo tenía a los rockeros como gente informal. Bueno, pues no tenemos ni punto de comparación con los flamencos. Son profesionales en eso.

Y no hablemos de fiestas; ni Mánchester, ni Nueva York ni nada de nada. Una fiesta en el Sacromonte no sabes lo que puede ser. No alcanzas ni a imaginar lo que puede llegar a ser eso.

Lo cierto es que nos llevamos muy bien.

Es como si Granada fuera guionista de todo eso.

Sí, es ella. Granada es una ciudad que ha estado viviendo durante muchísimo tiempo de los muertos. Y, sin embargo, es una ciudad muy viva.  Un día dijimos, coño… tanto vivir de los muertos y resulta que estamos vivos. Va siendo hora de que esta ciudad viva de los vivos.

Nuestros muertos siempre estarán con nosotros porque somos parte de ellos pero vamos a vivir de una puta vez la Granada de los vivos. Y por cierto, metámonoslo ya en la cabeza, una ciudad sin ruido es una ciudad muerta. Absolutamente muerta.

Si tenemos una ciudad con un ruido como el que se hace en esta factoría de sonido y con los artistas que hay tenemos que mostrarla. La gente de fuera va a ver una Granada que enamora. Como se enamoraron artistas tipo Joe Strummer. Vinieron, fliparon y se quedaron a vivir.

¿Hay un sonido Granada?

Hay muchos. La síntesis de todos ellos creo que está en el Omega. Casi sin querer la Granada más clásica y la más cosmopolita se juntan en ese disco como en ningún otro. Es muy granadino, con muchos de sus elementos. Lorca y Poeta en Nueva York, la Semana Santa granadina, el rock, el flamenco y una voz como la de Enrique Morente.

No creo en un sonido único para las ciudades. Creo en las influencias de las que en cada momento están bebiendo los grupos que hacen la música de una ciudad. Ahora mismo, en Granada, hay muchos grupos que se han convertido en embajadores de esta ciudad. Todos ellos la representan.

¿Cuáles son los grupos que más te gustan de los que hacen música ahora? De los que no conocemos.

Me gusta muchísimo Monte Terror, ÉTER, Pájaro Jack. Es gente buenísima haciendo cosas de mucha calidad. Muy interesantes.

¿Hay otras disciplinas artísticas en las que Granada destaque?

Sin duda, la poesía. Y échale un ojo al grafiti que se hace aquí. En cuanto al cine, con algo más de tiempo… Granada dará que hablar. Ya verás.

¿Cómo imaginas la ciudad en los próximos diez años?

Confío en que será una ciudad que demuestre todo lo que tiene a nivel artístico en sus bares, en sus comercios, sus locales… Quiero una ciudad viva en la que pueda tomarme un café a las cuatro de la tarde mientras veo a un grupo acústico en directo. Una ciudad en la que montas un negocio que difunde nuestra cultura a través por ejemplo de la música y que puedas hacerlo sin miedo a cagarla por una puta denuncia.

Hay una plataforma que se llama «Granada, ciudad del rock» que trata de difundir aspectos culturales y musicales de la ciudad. Sería una vergüenza que después de darle publicidad a la cultura de la ciudad la gente no pueda encontrarse en la calle con lo que viene a buscar. Parece que por primera vez todo el mundo está por la labor; grupos políticos, Ayuntamiento, sectores implicados… Ha empezado el proyecto, veremos si dentro de diez años hemos conseguido que la cultura se viva en la calle.

Con respeto a los vecinos, por supuesto. Pero en una ciudad viva.

La proyección de Granada, en términos culturales, está mucho más allá de sus límites urbanos. La influencia de la música hecha aquí en los últimos veinte años es determinante en la cultura española. ¿La ciudad es consciente de eso o vive de espaldas?

Parte de la ciudad sí, pero todavía hay un problema de concienciación. Hay quien todavía ve el rock como algo malo, tenemos que conseguir que algunos chips culturales vayan cambiando. Estamos intentando que la cultura llegue a todos los sitios, que la música no muerde, que puedes estar perfectamente con un niño pequeño viendo a un artista tocando la guitarra.

A veces somos un puto desastre en esta ciudad. Estoy seguro de que hay muchos granadinos que han subido más a la fábrica de cervezas Alhambra a por un litro que a la Alhambra de ahí arriba.

Tenemos granadinos que ni siquiera han subido a ver esa maravilla. Como para preguntarles por un disco de Los Planetas. Queda mucho camino.

Da que pensar, es como si hubiera más conciencia de Granada fuera de la ciudad que dentro…

Hay gente a la que estoy seguro que le enseñas la cara de Enrique Bunbury y le dices que es el cantante de 091 y se lo cree. Mucha gente que no tiene ni puta idea.

¿Crees que esto de «Granada, ciudad del rock» saldrá bien?

Granada tiene que hacer el esfuerzo en conservar todo su patrimonio cultural. No creo que la música tenga que ser subvencionada por las administraciones, pero debe tener facilidades. Solo queremos que nos dejen hacer. No queremos nada más. Que no nos jodan.

Después de tantos años recibiendo hostias como si fuéramos delincuentes… Joder, hemos tenido que convencer a gente de Madrid, de Bilbao, de México para poder convencer a determinada gente en Granada. Después de eso, sería una gilipollez negarnos a hacer algo chulo.

Tenemos que olvidarnos de todo lo que ha pasado antes y aportar en la construcción de un modelo cultural que sirva para que todos nos sintamos más orgullosos del sitio en el que vivimos. Granada puede ser todavía más grande de lo que ya es. Vamos a ver si conseguimos que la cultura de la ciudad esté por encima de los grupos políticos del Ayuntamiento.

Dame una razón para seguir admirando a Los Planetas.

Te voy a dar una exclusiva: el próximo disco lo sacaremos dentro de entre uno y tres años. En esa espera tienes la razón para seguir admirando a Los Planetas.

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4 comentarios

  1. rrrrrulos

    Muy buena entrevista Sr. Madina, sacando temas interesantes y jugo a la conversación con el entrevistado.
    ¡¡¡Que molesto me resulta ese mesianismo de Los Planetas!!!, tan patente en las palabras del Sr. Jimenez.
    Grupo sobrevalorado donde los haya. Se tienen por genios y no son ni el mejor grupo de Granada, puesto que corresponde a 091 con gran diferencia.
    Un saludo para todos.

  2. Cada día más lúcido el Eric….quien lo diría. Yo soy uno de esos que se quedó colgado hace más de 25 años. Y sí, aunque la voz de J no se entienda y más prejuicios que se digan, sus canciones me acompañarán siempre….

  3. Que gran descripcion de Jota cuando dice que es la persona que nos cuenta los sentimientos que tenemos cuando ni siquiera nos dabamos cuenta de que los teniamos. Me identifico totalmente. Cuando quiero estoy mal y quiero sacar lo que me quema por dentro no tengo mas que ponerme a los planetas para desahogarme. Son mi mejor terapia.

  4. Me gustan Los Planetas pero no soporto esos extremismos de que o Dioses o Diablos. Realmente, me hace gracia. Me gustan más Lagartija Nick. Siempre se la han jugado más pero Los Planetas son una banda impresionante, y no creo que estén sobrevalorados. Desde Medusa hasta Zona Temporalmente Autónoma, han demostrado un conocimiento musical impresionante. Telescopes o Coppini, entre otros, aparecen en sus canciones. Por citar dos ejemplos, y más que no pienso escribir y otros tantos que no pillaré.
    Reitero, su mesianismo y sus detractores, son cosas absurdas que ya caen en el cliché. Al menos demuestran no dejar indiferentes.
    Si hay que elegir un disco de la ciudad aun a descubrir, sería Manifesto Gernika de TNT. Ni siquiera existe en cd.

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