
«Todo lo que una indumentaria trata de ocultar, disimular, aumentar y agrandar más de lo que la naturaleza o la moda ordena o quiere, siempre quedará como algo vicioso». Lo escribía en 1830 Honoré de Balzac en Tratado de la vida elegante (Impedimenta, 2011). Esta frase, que en principio se refiere a la manera de vestir, se puede utilizar también como una regla para delimitar qué entendemos como correcto en la actitud de una persona ante la vida. En consecuencia, todo lo que es artificio e impostura, todo lo que no es natural, sobra. Y sobra porque enmascara el verdadero ser. La elegancia personal se podría definir entonces como la expresión de uno mismo sin afectación. Con base en esa definición podría parecer sencillo llegar ser una persona elegante. Veremos más adelante que es más complicado de lo que parece. No es fácil, pero vale la pena intentarlo.
La palabra elegante significa «dotado de gracia, nobleza y sencillez», y en su etimología latina no tiene nada que ver con la acepción elitista y vinculada a la moda que el término ha adquirido en las últimas décadas. Vamos a tratar en este artículo de la elegancia interior, de la elegancia como una forma de estar en el mundo, como una postura frente a las circunstancias de la vida, como una manera de relacionarnos con los demás. Utilizaremos conceptos como discreción, naturalidad, empatía, sensibilidad, amabilidad, tolerancia, serenidad, humildad, cortesía y educación.
Narcisismo e individualismo
Putin (Rusia), Trump (Estados Unidos), Bolsonaro (Brasil), Salvini (Italia), Orbán (Hungría), Duterte (Filipinas), Erdogan (Turquía). Estos siete líderes mundiales representan el tipo de dirigente que se está imponiendo en la política internacional en los últimos años. Todos ellos son reconocidos, entre otras cosas, por un acusado narcisismo. Este trastorno de la personalidad se caracteriza por autoestima extrema, búsqueda de estatus, egoísmo, envidia, falta de empatía, necesidad de adulación, hipersensibilidad a la crítica, tendencia a la manipulación, poco control de la ira, fantasías de grandeza y propensión a magnificar sus logros. Se dice a menudo que los políticos no son más que un reflejo de la sociedad a la que representan, que tenemos lo que merecemos.
¿Es la sociedad de hoy mayoritariamente narcisista? De reciente publicación son varios libros sobre el asunto: El narcisismo, la enfermedad de nuestro tiempo de Alexander Lowen; La epidemia narcisista de Jean Twenge; Los perversos narcisistas de Jean-Charles Bouchoux, entre otros. Aparte de en utilizar títulos destemplados, los tres volúmenes coinciden en diagnosticar un incremento del narcisismo en la sociedad, sobre todo entre los jóvenes. ¿Cómo se mide este trastorno? La mayoría de los psicólogos utilizan un índice, el Narcisistic Personality Inventory (NPI). En el enlace anterior se puede acceder al test (en inglés) para evaluar el nivel de narcisismo. Se obtiene una puntuación de 0 a 40. Cuanto más alta, más narcisista. En la misma página, una vez finalizado el test, se pueden ver dos gráficos que reflejan la evolución de este índice a lo largo de los años. La media de puntuación se sitúa entre 15 y 17 puntos. A partir de 20 se comienza a tener cierta personalidad egocéntrica. Con el paso del tiempo la puntuación media se ha ido incrementando de forma constante.
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Artículo muy interesante, aunque creo que se mezclan demasiados conceptos. Yo me considero una persona bastante individualista (y no me siento orgullo de ello) pero a su vez «elegante» (según la definición dada más arriba), y así me lo hacen saber – ambas cosas – mi pareja, mis familiares y mis amigos más cercanos. Asertivo me dicen, entre otros palabros. También en el artículo se mezcla el ego con la inseguridad, pero no creo que la inseguridad tenga que ver con ser egocéntrico o individualista, o no tanto como se hace ver aquí. Mi pareja es bastante insegura, pero para nada egocéntrica o individualista, ni tampoco una persona que se este quejando todo el tiempo, al contrario, se lo curra el triple porque piensa que si no, no llega. Y no pretendo resumirlo todo a estos 2 ejemplos, pero sí que comparo con mucha de la gente que conozco, de todos los tipos, y creo que en el texto se han mezclado muchos conceptos que son cercanos y pueden estar a menudo entrelazados pero no estoy seguro si como se describe en el texto. Igualmente, artículo muy interesante. Me apunto algunos de los libros citados. Gracias.
Y por cierto, nuestro Pdr Snchz, aunque no es un déspota engreído como los líderes citados en el artículo, a narcisista no le gana nadie.
Si has querido decir de manera torticera, que es guapo a rabiar, pues te doy toda la razón.
No me ha gustado nada, un batiburrillo de citas para regodearse en manidos tópicos. Para los estragos del altruismo basta ver Nazarín de Buñuel.
Muy buen artículo. Es acertadísimo el planteamiento, y yo personalmente agradezco mucho que alguien aborde de una forma tan meticulosa ese complicado concepto que es la elegancia. Todo lo que se va desarrollando en el artículo como la reducción de ego, el aprender a quejarse de las cosas (porque no es tanto el no hacerlo si no el cómo hacerlo, racionalizando, analizando y tratando de sacar una idea positiva de la fuente del problema), el control de la ansiedad, etc son ideas fundamentales que explican el desequilibrado comportamiento de la sociedad en la actualidad (la falta de ellas, quiero decir). Existe una falta de lucidez que se está convirtiendo en plaga bíblica. Por último ha sido genial volver a leer alguna referencia a Matthieu Ricard… Muy poco se habla de este hombre y quizás debería de ser referente indiscutible de algún movimiento global (o algo así).
Vaya que despliegue grandioso de sensateces de la metafísica (elegancia, nobleza, sencillez, ego, altruismo, etc. etc.), materia de estudio en un tiempo primordial de la filosofía, pero que hemos enterrado definitivamente con la llegada y tiranía de los medios de comunicación, apropiado medio para mostrarse al derecho y al revés. Por esto mismo no es extraño sentir decir que si no estás en Fb no existes. Vaya manera de ser, de existencia y de elegancia. En la lista de egos mundiales habría que agregar al nuestro Berlusconi, octogenario todavía egocéntrico y activo en política, siempre elegantísimo, aunque se duerma en el parlamento europeo, y por fortuna (para las adolescentes) con su libídine en neto declino. De él decía el grande Montanelli que, si en las bodas hubiera querido ser la esposa por la atención prestada, en los funerales el muerto, y que su egotismo no era otra cosa que la necesidad imperiosa de sentirse amado por las masas. Vaya a saber. Todas las referencias que usted ha mencionado son masculinas, pero tomo nota de las fuentes porque me gustaría saber si tal patología se presenta de la misma manera en el sexo opuesto. Supongo que sí. Agrego, en extrema defensa de aquellos que la sufren, que es una condena existir, ya que, en el fondo, es una de las tantas manifestaciones para seguir haciéndolo, pero no creo que aquel que la sufra, por motus propio se pueda liberar, porque, si hay un patrón que unifica (a los pocos) nombrados, es la reluctancia a la cultura que les diría lo contrario, y están muy satisfechos con tal actitud que los llenan de fervor, único motivo de nuestro existir. Con la muerte de la metafísica, y con ella la de un ente superior que constantemente nos mostraba lo miserable de nuestras pequeñas, egoístas y pasajeras existencias creo que habría que potenciar el arte. La ciencia, ese otro sustituto no lo necesita, de por sí es humilde, pero vive en un limbo aparte. De frente a lo bello e incomprensible de una obra de arte, es la única manera de volver a sentirnos pequeños, humildes y permitir bajar nuestras defensas.
¿Por qué me aferro a mi ego?
Simplemente, porque es lo único duradero.
Yo estaré siempre, y “chi se ne frega”
de los epítetos laudatorios o de condena,
que no tienen rostros y fáciles se diluyen.
Yo «seré» siempre al lado del nazareno,
o del austríaco pintor de brocha gorda,
o del latino de tórax desnudo y masculino.
Yo estaré, y no vosotros, plebe miserable
que cada tanto necesita de un buen padre.
Gracias por la estimulante lectura
Muchas gracias por este análisis tan completo y tan profundo sobre la elegancia. Tiene mucho sentido lo que dice, merece ser leído con atención. Lo dicho: gracias.
¡Gracias!