Arte y Letras Filosofía

Las cinco heridas

Michelangelo Caravaggio 065 e1571045914867
Narciso (detalle), de Caravaggio, 1597-1599.

Cuando llevábamos más de dos mil años contemplando la tragedia edípica desde la engañosa seguridad de la platea, Freud proclamó que todos somos Edipo, enamorados de nuestra madre y abocados a matar (simbólicamente) al padre-rey; la terrible anagnórisis saltó del escenario y se apoderó de los espectadores. Y unos años antes Darwin había demostrado que ese rey-padre no era de origen divino, sino simiesco, por lo que el parricidio simbólico ni siquiera tenía la grandeza de un magnicidio, sino que era un mero ajuste de cuentas con el macho dominante de la manada. Y, por si fuera poca tanta humillación, Copérnico y Galileo habían redescubierto que nuestra madre Tierra no era la reina del universo en su trono inamovible, sino una cortesana más del séquito solar.

Estas tres anagnórisis colectivas, que Freud denominó «heridas narcisistas», cambiaron drásticamente nuestra visión del mundo y de la propia naturaleza humana. No somos el centro del universo ni los reyes de la creación, y nuestras decisiones aparentemente libres están determinadas en buena medida por mecanismos inconscientes que no solo no controlamos, sino que ni siquiera conocemos.

No sabemos si Freud llegaría a darse cuenta de que a principios del siglo XX la humanidad sufrió una cuarta herida narcisista comparable a las tres anteriores, y en cierto modo aún más profunda. Tuvo tiempo de sobra (murió en 1939), pero tal vez le faltaran la disposición mental y los conocimientos necesarios para identificar los síntomas de esa cuarta herida. De hecho, muchos no han comprendido todavía, cien años después, que la revolución cuántica/relativista, a la vez que puso en nuestras manos un extraordinario poder, nos enfrentó a una insospechada impotencia intelectual. Einstein, que solía decir: «Si no puedo dibujarlo, no lo entiendo», nos ha legado, paradójicamente, un mapa del mundo indibujable.

El nuevo modelo de la realidad que se desprende de la relatividad y de la mecánica cuántica es de una precisión maravillosa y de una operatividad sin precedentes; pero a la vez resulta intrínsecamente incomprensible, inaccesible a la imaginación; más aún, ofensivamente contrario a la intuición. El espacio y el tiempo son nuestros referentes más básicos e inmediatos, el substrato de nuestras percepciones (es decir, de nuestra existencia misma, como ya lo comprendió Berkeley cuando dijo que ser es percibir). Y la relatividad demuestra que los dos absolutos newtonianos, los dos pilares de la realidad, no solo no son absolutos, sino que ni siquiera son dos: forman una sola entidad indivisible y maleable, un inconcebible espacio-tiempo que se estira y se dobla como una membrana de goma tetradimensional. Y, por si esto fuera poco, la mecánica cuántica añade que las inexorables cadenas de causas y efectos que hacen del mundo un lugar ordenado y predecible, no son más que la superficial apariencia macrofísica de un inconcebible microcosmos donde reina el azar.

Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.

Regístrate gratis

SUSCRIPCIÓN MENSUAL

5€mes
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL

35€año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL + FILMIN

105€año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
1 AÑO DE FILMIN
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 

7 comentarios

  1. ¿Cuál será la sexta herida?

    • Creo que la sexta herida narcisista de la humanidad ya se está produciendo, y es la inteligencia artificial. Comprobar que no somos la cima de la evolución no será fácil de digerir.

  2. A veces me pregunto si nuestro cuerpo (incluyendo el cerebro) nos permitirá profundizar en lo que conseguimos vislumbrar en el lejano horizonte. O si ya se ha producido un desfase demasiado grande entre nuestra evolución y lo que hemos descubierto. Quizás las prótesis tecnológicas que están entrando en simbiosis con nosotros nos permitirán seguir surfeando la ola del conocimiento.

    • Efectivamente: la sexta herida podría ser el motor de un salto evolutivo, si conseguimos aliarnos con las máquinas inteligentes. De lo contrario, nos dejarán atrás, seguirán sin nosotras.

  3. Me ha intranquilizado el día con esta sexta herida, caro Fabretti. Todavía no me puedo sobreponer al hecho de aceptar (a regañadientes) que estos universos que eternamente aparecerán y desaparecerán, de consecuencia sin una necesidad o razón, con sus mecanismos azarosos para crear vida y ahora, decía, a considerar un cambio antropológico en nosotros que veo inevitable, (y no creo que en este particular caso el método deductivo pueda fallar) puesto que no hemos hecho otra cosa que cambiar desde que aparecimos sobre la faz de la tierra. Pero es difícil aceptar la IA, ya que siento, como cualquier otro, gran afecto, estima y devoción por mi cuerpo y por los mitos, viejos y nuevos que lo acompañan desde siempre y, en especial modo el que considera este Universo como un inabarcable viñedo, con otros ya listos para eclosionar en las semillas diminutas, oscuras y densísimas de cada uva. Inquietante. De cualquier manera, creo que hoy será un buen día, y esto también es desconcertante.
    Ojalá que todo esto sea un mal sueño,
    que cuando me despierte definitivamente,
    o sea, cuando esté bien muerto para mí,
    para los otros y para el universo…
    Y aquí me detengo porque no puedo expresar
    experiencias o fantasías que no tengo.
    Gracias, Frabetti, por todas las lecturas.

    • Lamento la (inevitable) intranquilidad. Y celebro la (desconcertante) bondad del día. «Hoy es siempre todavía», dice Machado. Gracias por tus asiduas y reflexivas lecturas, Eduardo.

  4. Maravillosamente escrito!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*