
El profesor y filósofo Marshall McLuhan decía que los medios de comunicación son una prolongación de nuestros sentidos. La radio una extensión del oído, la televisión de la vista, las teclas de un ordenador de nuestros dedos. Cuando McLuhan lanzó esta teoría, que se estudia en las clases de periodismo y comunicación como la Biblia, era 1964 y aún quedaban unos años para que internet lo invadiese todo y acelerase la globalización.
Si el canadiense no hubiera muerto el 31 de diciembre de 1980, quizá habría reelaborado su teoría para introducir la era digital en la ecuación. A diferencia del resto de medios de comunicación, internet es mucho más volátil. Si escuchas una emisora de radio online ¿eso es radio o es internet? Esta era una pregunta recurrente hace cinco años en mis clases de teoría de la comunicación. Internet sería para McLuhan una prolongación de nuestro cerebro y las redes sociales de nosotros mismos o, puede, que de nuestro alter ego.
Como todos ya sabemos, la democratización del wifi ha hecho que los cimientos de los medios de comunicación tiemblen. De la nada han perdido influencia, sepultados bajo una montaña gigante de blogs y canales de YouTube. Aunque han tardado, hoy en día los vídeos o canales promovidos por grandes productoras pueden competir con influencers o youtubers. Un ejemplo es el despliegue en redes sociales que realizó la productora de Operación Triunfo en su edición de 2017.
Somos multiplataforma y esto significa que los contenidos pueden diversificarse. Ya no se ve todo en tu programa de televisión favorito, sino que, además, tienes contenido extra o relacionado en las diferentes redes sociales. Es lo que se conoce con el término narrativa transmedia, para hacer referencia al contenido que se desarrolla en múltiples plataformas. Es decir, si antes veías una hora que duraba el programa, ahora ves una hora de programa, otra de vídeos extra y otra hora más para cotillear el Instagram de los concursantes.
Lo transmedia ha invadido todo. Los youtubers, de nuevo, son un gran ejemplo de esto. Cuando en 2012 comenzaron a ganar dinero de verdad haciendo vídeos fueron el foco de atención. Acabaron yendo a cadenas de televisión a hablar de esta nueva profesión que tanta inquina suscitaba en los medios tradicionales, acabaron publicando libros en grandes editoriales, haciendo música y hasta series de televisión.
Pero por mucho que algunos se hayan empeñado en que las redes sociales sean parte del futuro de la ficción, parece que nadie encuentra la forma de hacerlo bien como para que se convierta en un formato fuertemente asentado y con tirón. Y cuando digo nadie me refiero tanto a la vieja escuela (medios tradicionales) como a la nueva (internet y redes sociales).
Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.







Interesante reflexión ??
Da para pensar esas conclusiones inquietantes de Marshal McLuhan. A una primera lectura pareciera que terminaremos dentro de un gran sistema “cognitivo neuro electrónico” interconectado. ¿Y por qué la ficción no podría triunfar en las redes sociales? A mi me parece que ya ha triunfado, solo que, como bien lo aclara la autora, internet es volátil y efímero: como la forma con la cual nos llega la información, una especie de ficción debido al hecho de que alguien la narra y en espera de la volatilidad y lo efímero que no falla jamás. Volátil y efímero, como nuestra condición de Humanidad vista desde una escala cósmica. Gracias por la lectura.
Pingback: De la ficción a la autoficción en redes sociales - Citysem
Pingback: De la ficción a la autoficción en redes sociales: cómo contar historias - Diseño Web Granada Posicionamiento y Seo