El final de la Segunda Guerra Mundial en España: la desnazificación de Franco

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Franco y Hitler en Hendaya, 1940. Fotografía: Cordon Press.

Inicialmente, el nazismo no cuajó mucho en España. A Falange se le atragantaba su doctrina porque la veían poco compatible con el catolicismo. José Antonio Primo de Rivera estuvo en Alemania y no volvió deslumbrado. Tuvo más influencia el fascismo italiano. Sin embargo, todo cambió el 18 de julio de 1936. Cuando el golpe de Estado fracasó y los sublevados se vieron obligados a pedir auxilio a alemanes y italianos para poder derrotar al Estado.

En principio, Mussolini no estaba por la labor. Dijo que no varias veces. Tenía miedo de entrar en conflicto con Francia, que podría intervenir en defensa de la democracia en España. Acababa de terminar la guerra en Etiopía. El 15 de julio el Duce salió al balcón del Palazzo Venezia de Roma para celebrar que la Sociedad de Naciones le levantaba las sanciones. Intervenir en España tres días después era demasiado.

Sin embargo, Francia dejó tirada a España. Al igual que el resto de democracias, consideraron el golpe de Estado y la guerra que le iba a seguir como un asunto interno por miedo a una escalada que les terminase enfrentando abiertamente a los fascismos. Es decir, pánico a que se repitiera la guerra del 14, que hasta entonces era el horror de los horrores. En ese momento, Italia cambió de idea. Le habían dejado vía libre y la posibilidad de un Estado títere en el Mediterráneo. A tal fin colaboró el abuelo del rey emérito, Alfonso XIII, que desde una cacería en el castillo de los Metternich en Checoslovaquia, escribió esta carta a Mussolini para convencerle de que accediera a las peticiones de ayuda de Franco:

Le supongo enterado de la enorme importancia del movimiento español. Faltan elementos modernos de aviación y con objeto de adquirirlos van a Roma Juan de la Cierva (inventor del autogiro) y Luis Bolín, personas de mi entera confianza. El marqués de Viana, portador de la presente, le explicará todos los detalles y la ayuda que espero nos prestará. Aprovecho esta ocasión para de nuevo felicitarle por sus nuevos éxitos que consolidan su labor formidable y gloriosa. Agradeciéndole lo que seguramente hará, quedo su amigo y admirador que le abraza.

Paul Preston pone en duda que hiciera falta convencer a Musolini, Ángel Viñas en La soledad de la República cree que esta misiva «no dejó de tener importancia». Desde Italia salieron los aviones para que Franco hiciera el primer puente aéreo militar de la historia, le seguirían los nazis aportando más aviones en la Unternehmen Feuerzauber (Operación Fuego Mágico) y, de esta manera, en palabras de Preston: «Hitler y Mussolini convirtieron un coup d’état que iba por mal camino en una sangrienta y prolongada guerra civil».

La intervención de los aliados fascistas en España sirvió también para captar adeptos entre las nuevas elites políticas a la causa del nacionalsocialismo. En El Nuevo Orden, a España le correspondería dominar el norte de África y recuperar el liderazgo en América. Volvería al liderazgo mundial de la mano de los nazis. No obstante, nunca llegó a haber una estrecha colaboración. A Hitler las pretensiones de Franco le dejaban frío. A los pocos meses de empezar la guerra civil, los nazis ya estaban intentando explotar en su favor las diferencias dentro de las familias sublevadas. Se sabe que barajaron alternativas a Franco en busca de otro líder más maleable u orientado a sus intereses.

Aunque Himmler vino de visita a España y mencionó a los visigodos y un sin fin de elucubraciones que no buscaban más que sentar las bases para la alianza entre dos naciones originadas, según sus delirios, en la raza aria, el pacto no fue posible. España se declaró neutral, algo que ya había dejado claro en 1938, cuando estuvo a punto de estallar la guerra en Europa, pero las democracias en este caso a quien dejaron tirada fue a Checoslovaquia.

Pese a todo, la colaboración entre España y el III Reich fue estrecha y privilegiada. Como es sabido, de España salió la División Azul hacia la URSS, pero hay facetas menos conocidas. Alemania trabajó en nazificar las elites franquistas y sectores de la sociedad española. Se enviaron trabajadores y estudiantes, hubo una amplia colonia española en el III Reich y la pregunta es ¿Qué pasó con toda esta infraestructura cuando los nazis estaban perdiendo la guerra?

La respuesta está en un libro de 2000, Spaniards and Nazi Germany, de Wayne H. Bowen, hispanista estadounidense. Es un estudio que repasa las figuras de los grandes nazis españoles, sus actividades en Alemania y las relaciones entre ambos países. Cinco años apasionantes desde el punto de vista diplomático, pues España fue neutral de una manera al principio del conflicto diametralmente opuesta a su neutralidad al final.

Un médico inspecciona a un voluntario para la División Azul en julio de 1941. Fotografía: DP.

Sin embargo, la flamante neutralidad aliadófila de toda la vida del franquismo se vio comprometida por los reclutas españoles que seguían alistándose para combatir del lado de Hitler —a pesar de que los aliados ya se acercaban al Rin y al Vístula— y los miles de trabajadores que renovaban sus contratos y seguían en el Reich. Alemania necesitaba desesperadamente trabajadores y soldados. Para captarlos en España, la propaganda de Goebbels explotó la idea de eficacia alemana y el sueño del Nuevo Orden. La huella de que había dejado la Luftwaffe era honda en contraste con la debilidad de las fuerzas armadas españolas y para los supervivientes de la guerra, en un país arrasado con una vida pública mediocre, formar parte de algo más grande, más moderno y más fuerte constituyó un atractivo para mucha gente en edad de hacer algo útil con su vida.

Según Bowen, en su artículo «The Ghost Battalion: Spaniards in the Waffen-SS, 1944-1945» para The Historian: «Aparte de un puñado de suecos, suizos, y los reclutas finlandeses, los españoles fueron los únicos europeos que se unieron a las SS y al ejército alemán sin pertenecer al territorio ocupado por el Eje». Solo en enero del 44, cien españoles se presentaron en la embajada alemana en Madrid para alistarse como voluntarios.

También hubo casos más prosaicos. Miles de trabajadores procedían de regiones devastadas, no tenían más opción para alimentar a sus familias que irse. Al mismo tiempo, cruzar la frontera era la única oportunidad que tenían los delincuentes de para traerse coñac, cigarrillos y café para el mercado negro. Algunos españoles dieron el pelotazo e hicieron fortunas que enviaron fácilmente a Madrid con el sistema de transferencias bancarias que se había establecido entre los dos países.

El 6 de noviembre de 1944, Franco anunció públicamente algo que ya llevaba en marcha varios meses. Se desmarcó totalmente de las fuerzas del Eje cuando, en una entrevista con United Press, declaró que España «ya era una verdadera democracia». Orgánica, naturalmente. En la que se encarnaba «la voluntad general de todos los españoles». Por eso, no había «obstáculos que impidan la colaboración con los principales poderes aliados».

En Berlín, el diario Enlace, controlado por Wilhelm Faupel, exembajador en España, escribió un editorial criticando duramente al Caudillo y comparando esas palabras con sus discursos de hacía tan solo un par de años. A partir del cambio en la diplomacia española, este diario, editado por Martín María de Arrizubieta Larrinaga, cura, abertzale y nazi, dio también un giro antifranquista y llegó a introducir la causa nacionalista vasca en sus contenidos ante la sorpresa de la colonia española en Alemania a quien iba dirigido. Mientras, en España, otro vasco, José Luis de Arrese, secretario general de la Falange, escribió en enero del 45 «Hoy está muy de moda para camuflar a la Falange y vestirla con el estilo democrático más inofensivo».

Bowen también atribuye a este giro las acciones de diplomáticos españoles para salvar judíos. Sostiene que los embajadores de España en Berlín, Bucarest, Budapest y otras capitales pusieron a salvo a miles de hebreos al final de la guerra como consecuencia del giro diplomático. Se anotaron un tanto ante los aliados y la prueba de ello es que no fue invitado ningún representante español al Congreso Internacional Antijudío que se había celebrado en Cracovia en junio de 1944. En diciembre del mismo año, se constató también que las programas de radio nazis para España perdieron oyentes «a un ritmo alarmante».

A finales de año, también cerraron las oficinas de soporte de la División Azul en España. Desde primavera se había ordenado su retirada del frente, pero eso no impidió que mucha gente siguiera saliendo del país para alistarse en las tropas alemanas. Aquí llega una de las mejores paradojas del libro. Comprometido por estos voluntarios, el gobierno franquista dijo a los aliados, primero, que no sabía nada, que se trataría de «rojos» llevados «por el espíritu de aventura y la necesidad económica». Parece un delirio, pero no lo era. El Sicherheitsdienst (SD), el servicio de seguridad de las SS, contó con españoles huidos de Franco. En palabras del historiador: «Algunos de los cuales habían sido reclutados por los alemanes entre los exiliados republicanos españoles, lucharon y espiaron contra los españoles en la resistencia francesa y contra los aliados en Normandía». La embajada española en Berlín sabía que eran no menos de mil quinientos.

No obstante, y aquí viene lo bueno, las autoridades franquistas añadían «su número no puede compararse al de españoles alistados en las tropas aliadas». Es decir, Franco tuvo que recurrir a los republicanos derrotados que ahora luchaban con los aliados para salvar la cara de la neutralidad del país, cuando tenían perfecto conocimiento de la cantidad de españoles que estaban prestando servicios ilegales en la Gestapo y las Waffen-SS en su Spanische Freiwilligen Einheit (Unidad de Voluntarios Españoles), formada de los aventureros citados, veteranos de la División Azul y trabajadores desplazados.

Lucharon en la batalla de las Ardenas y, por ejemplo, las 101ª y 102ª Compañías SS Españolas, integradas en la 24ª División SS de Montaña «Kartsjäger», combatieron en Rumanía contra el Ejército Rojo y, ya bajo el mando del teniente José Ortiz Fernández, se enfrentaron a los partisanos de Tito en los frentes esloveno y croata de Yugoslavia. En el libro The Lion and the Eagle de Conrad Kent, Thomas K. Wolber y Cameron M.K. Hewitt dicen de estas fuerzas: «a diferencia de otras unidades españolas, sin embargo, se ganaron una reputación más turbia, con acusaciones de saqueo y violaciones».

Franco y Hitler en Hendaya, 1940. Fotografía: Cordon Press.

Es curioso también que había dos flujos. Uno de voluntarios que acudían al frente con las SS o tropas legionarias españolas dentro de la Wehrmacht, y a trabajar a las fábricas alemanas, y otro de españoles que ya llevaban tiempo en el III Reich y se olían el percal que se alistaron en la marina mercante alemana con la esperanza de escapar del barco en territorio neutral. Mientras, los familiares y el gobierno español exigían a Alemania la repatriación de todos trabajadores y soldados españoles, pero en el III Reich se lavaban las manos. Contestaban que no podían hacer nada, que eran ciudadanos que estaban en suelo del Reich y habían tomado esta decisión. Un veterano de la División Azul, Miguel Ezquerra, como capitán de las SS, en enero del 45 recibió la orden de reclutar a todos los españoles que pudiera encontrar.

Tampoco los involucrados tenían intención alguna de regresar. Hay casos documentados, como el de Rufino Luis García-Valdajos, de la SS-Freiwilligen-Grenadierdivision-Wallonie (división de granaderos voluntarios de Wallonia SS) del colaboracionista belga Leon Degrelle, que solicitó los permisos a la SS Rasse und Siedlungshauptamt (Oficina Central de Raza y Reasentamiento) para casarse con una mujer alemana que vivía en Berlín, Ursula Jutta- Maria Turcke. Les asimilaron.

El gobierno español solicitó que al menos los trabajadores españoles no construyeran fortificaciones. Por lo visto, a lo que más se dedicaron fue a excavar después de los ataques aéreos para sacar cadáveres y buscar un techo a los indigentes. Los bombardeos aliados también destruyeron los centros de Falange en Stuttgart, Königsberg, Hamburgo y Wiesbaden. Es llamativo que Bowen especifique que murieron decenas de trabajadores españoles en estos ataques «porque se negaron a entrar a los refugios».

Interesante es también el plan de Franco para Francia. Asignó a Jesús Suevos, camisa vieja, que mientras los nazis se retiraban se quedase en territorio francés para servir de enlace con el Parti Populaire Français (PPF) de Jacques Doriot —que muy bien se había exiliado a Alemania desde el desembarco de Normandía— y la nueva resistencia, esta vez blanca y contra De Gaulle. Todavía no estaba clara la derrota total de Alemania, que el III Reich sobreviviera firmando una paz por separado con los aliados occidentales se veía como posible aún en el año 44. De esta manera, el franquismo tuvo una mínima esperanza de que en París se colocase finalmente un régimen más afín o cercano a la dictadura española. Era su único asidero, al menos, para impedir que desde suelo francés se organizasen luego tropas para entrar en España, como efectivamente sucedió, aunque desastrosamente. Sin embargo, el fracaso del plan fue absoluto, y tal y como señala Bowen, Suevos tuvo que quedarse en la capital francesa hasta diciembre de 1945 y asistir a los desfiles de la victoria con la presencia de columnas españolas. La Nueve, ahora por fin célebre en España tras décadas de olvido.

Para el apocalipsis de Berlín, el aludido Ezquerra reunió a un centenar de voluntarios españoles. Lucharon junto a otros extranjeros franceses, noruegos, daneses, italianos, holandeses, rumanos, belgas, húngaros y de otras nacionalidades. Dice el hispanista que los ibéricos se distinguieron por, como de costumbre, «tenacidad en la defensa, imprudencia en el ataque».

Los diplomáticos españoles en la capital alemana tuvieron que abandonar su embajada dejando atrás toda clase de lujosos tesoros en el sótano. Se colocaron en el exterior carteles que señalaban la extraterritorialidad del edificio, su inmunidad diplomática, pero los soldados soviéticos que venían haciendo la guerra desde dos mil kilómetros se los pasaron por salva sea la parte y saquearon todo. Otra curiosidad, el 7 de abril, dice, ya no quedaban diplomáticos en Berlín menos uno, el portugués. Los españoles escaparon hacia Dinamarca. De la embajada, se llevaron consigo solamente la bandera de España, la de Falange, los documentos más importantes, y la película ¡Presente!, el biopic de José Antonio.

Quien más hizo por la colaboración nazi-española, Wilhen Faupel, promotor del Instituto Ibero-Americano de Patrimonio Cultural Prusiano, se suicidó junto a su mujer cuando cayó Berlín. Desde Baviera, Antonio de la Fuente, presidente de la Comisión Interministerial para el Envío de Trabajadores a Alemania (CIPETA) intentó organizar el regreso de los trabajadores españoles. La Barcelona que pocos años antes había recibido a los refugiados de toda España que huían de Franco, ahora se tuvo que preparar para acoger a los miles de refugiados españoles que volvían de Europa tras la derrota del Nuevo Orden.

Finalmente, el punto más complicado que toca es el de la colaboración con los aliados en la entrega de nazis. Bowen, en sus investigaciones, considera que fueron pocos los que encontraron refugio en España porque Franco cumplió con casi todas las demandas aliadas de entrega de alemanes, el más destacado que logró quedarse aquí fue Leon Degrelle, señala. Así consiguió salvar la cara del régimen, que fue respetado en su aislamiento para acabar recibiendo el flotador americano en 1959 por su anticomunismo. Sin embargo, hay que poner en perspectiva esa supuesta colaboración.

Está acreditado que en España se hicieron movimientos para engañar a los aliados y devolver bienes a los alemanes mediante testaferros españoles o, como recoge el libro La caza de nazis en la España de Franco de David A. Messenger (Alianza, 2018) en 1946, de mil seiscientos que le habían pedido que extraditase, envió a ciento setenta. En 1948, la OSS, precedente de la CIA, estaba «librando una batalla perdida», concluye el autor. Phillip Crosthwaite, del Foreign Office, escribió al respecto: «la decencia debería prevalecer sobre la conveniencia», pero la embajada británica, en noviembre de ese año, consideró las entregas un «asunto enterrado».

Imagen de propaganda nazi que muestra la marcha de la milicia fascista de Italia (conocidos popularmente como Camisas negras) con motivo del gran desfile de la victoria después de la toma del poder de Franco en Madrid, España, mayo de 1939. Foto: Cordon Press.

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15 Comentarios

  1. Joder tío, cada vez que Jot Down publica un nuevo artículo sobre el nazismo y veo tu firma, corro a devorarlo. Penosa parte de la historia de la humanidad pero interesante a más no poder la condición inhumana del curiosamente llamado ser humano; la única especie decidida y empecinada en terminar consigo misma. Desde crío me ha apasionado todo lo relacionado con esa etapa de la historia aunque en estos tiempos que corren debes andarte con pies de plomo porque la gente ya no sabe distinguir afición a la historia con simpatizar con los nazis, aunque me la pela, obviamente. En fin, felicidades una vez más por estos datos en los que, Francamente (ja-ja-qué-irónico-soy), nunca he produndizado y han sido interesantísimos de leer.

  2. El texto justifica la neutralidad de países como Francia o el Reino Unido con el conflicto resultado del alzamiento en el hecho de que los citados países no querían involucrarse en una lucha directa contra el fascismo cuando estaban tan cercanos los horrores de la reciente Guerra Mundial, a grandes rasgos.

    Existe una tesis alternativa para justificar dicha neutralidad. Las democracias renunciaron involucrarse en el conflicto contra el fascismo a favor de la República porque esta ya estaba en manos del comunismo. Apoyar al gobierno republicano implicaba ponerse a favor de otra dictadura distinta, de un régimen tan abominable como el fascismo. Pero vamos, esta tesis no está conforme con cierta corriente oficial que trata de defender a capa y espada la legitimidad republicana y la participación en ella del partido socialista dentro del frente popular, por más que este partido politico se situase en ese tiempo en las antípodas de lo que hoy en día representa. Y claro, esto decididamente no mola.

    • Lo que no mola es identificar fascismo y comunismo, sobre todo de manera tan extemporánea, sin ton ni son.
      Cuando el pacto de Munich y la traición a Checoslovaquia en el 38, según esa regla de tres estaban apoyando por complacencia y negligencia a los nazis.
      Aquí lo que es recurrente es la identificación negrolegendaria por ignorancia o mala fe de fascismo/comunismo y sobre todo que no se perdona a la URSS, y a su cabeza a Stalin, el haber machacado a los alemanes.
      De ahí sale ese tipo liberal para la economía y facha para todo lo demás que abomina con la boquita pequeña de la Alemania nazi, la Italia fascista y la España nacional-católica.

      • ¿Me explica lo de la extemporaneidad? Lo de la regla de tres tampoco lo he entendido. A lo mejor es por mi culpa, o no, vaya usted a saber. ¿No cree que la República en sus últimos meses estaba en manos del comunismo y que republicanos de verdad eran unos poquitos? ¿Es conocedor del número de gulags que ya existían en Rusia en 1936?

      • Ya sé por qué hace mención al pacto de Munich. Entiendo que lo que me trata de decir es que las cesiones de las democracias europeas (mayormente Reino Unido y Francia) a la Alemania nazi en su pretensión de ocupar todos los territorios adyacentes se hicieron por puro miedo al conflicto bélico. Mismo motivo que aplicaría en el caso de la no intervención en la Guerra Civil española.
        ¿Ha leído a Winston Churchill? Le cito textualmente alguna de sus ideas en relación con esta cuestión de su libro La II Guerra Mundial:
        «A finales de julio de 1936 la creciente degeneración del régimen parlamentario español y la mayor fuerza de los movimientos favorables a una revolución comunista o, en su defecto, anarquista, trajo como consecuencia una revuelta militar que se venía fraguando hacía tiempo. Forma parte de la doctrina y del libro de ejercicios de los comunistas, establecidos por el propio Lenin, que los comunistas deben colaborar con todos los movimientos izquierdistas y ayudar a conseguir el poder a los gobiernos constitucionales, radicales o socialistas más débiles, para después debilitarlos más y arrebatarles el poder absoluto para fundar el Estado marxista. En realidad, se estaba produciendo en España una réplica perfecta del período de Kerenski en Rusia. La diferencia era que España no estaba destrozada por las guerras extranjeras. El Ejército mantenía todavía cierta cohesión y, al mismo tiempo que la conspiración comunista, se elaboró en secreto un intenso contracomplot militar. Ninguno de los dos bandos podía reclamar que estaba en todo su derecho, y los españoles de todas las clases debían tener en cuenta la vida de España.
        Muchas de las garantías comunes en una sociedad civilizada ya habían desaparecido por la penetración comunista en el decadente gobierno parlamentario. Habían comenzado a producirse asesinatos por ambos bandos, y al pestilencia comunista había llegado a tal extremo que eran capaces de llevar a sus adversarios políticos a la calle, incluso sacándolos de la cama, y matarlos.»
        Más tarde cita:
        «En esta lucha me mantuve neutral. Naturalmente, no estaba a favor de los comunistas. Habría sido imposible, sabiendo que, de haber sido español, me habrían asesinado a mí, a mi familia y a mis amigos. Sin embargo, estaba seguro de que, con todo lo demás que tenían entre manos, el gobierno británico tenía razón en mantenerse fuera de España. Francia propuso un plan de no intervención, según el cual ambos bandos lucharían sin ninguna ayuda exterior, que suscribieron los gobiernos de Gran Bretaña, Alemania, Italia y Rusia. En consecuencia, el gobierno español, entonces en manos de los revolucionarios más extremos, se encontró privado del derecho incluso a comprar las armas encargadas con el oro que poseía físicamente. Habría sido más razonable seguir el curso normal y reconocer la beligerancia de ambos bandos, como se hizo en Estados Unidos durante la guerra de secesión, de 1861 a 1865. Por el contrario, se adoptó una política de no intervención que acordaron formalmente todas las grandes potencias.»

        • Luego iré con Churchill
          Aquí wikipedia, basándose en Aróstegui y Casanova
          «La «no intervención» estuvo determinada por la política británica de «apaciguamiento» (appeasement policy) de la Alemania nazi, a la que se vio arrastrada el gobierno del «Frente Popular» de Francia, que sólo contaba con los británicos ante una posible agresión alemana. Además en Gran Bretaña las simpatías del gobierno conservador se fueron decantando hacia el bando sublevado, ante en el temor de que España cayera «en el caos de alguna forma de bolchevismo» (en palabras del cónsul británico en Barcelona), especialmente a partir de febrero de 1938 cuando Anthony Eden fue sustituido al frente del Foreign Office por Lord Halifax. Lo contrario sucedía con los laboristas y los sindicatos, además de muchos intelectuales, cuyas simpatías estaban con el bando republicano.​ Francia, por su parte, que al principio intentó tímidamente ayudar a la República, a la que cobró unos 150 millones de dólares en ayuda militar (aviones, pilotos, etc.), tuvo que someterse a las directrices del Reino Unido y suspender la ayuda (además Francia y Gran Bretaña intentaron desalentar la participación de sus ciudadanos en apoyo de la causa republicana aunque muchos franceses e ingleses fueron a España como voluntarios, entre los que destacaron Malraux y Orwell, integrados o no en las Brigadas Internacionales).»

          [Churchill, el 1 de octubre de 1939, haciendo gala de realismo político, prefiriendo los rojos a los nazis, una vez que el apaciguamiento había fracasado
          «Rusia ha seguido una fría política de interés propio. Hubiéramos deseado que los ejércitos rusos se mantuvieran en su actual línea como amigos y aliados de Polonia. Pero que los ejércitos rusos estén en esa línea es claramente necesaria para la seguridad de Rusia, en contra de la amenaza nazi»

          Se podría decir «a buenas horas mangas verdes». El famoso pacto germano-soviético no fue sino el trasunto de lo que tenían firmado por su parte británicos y franceses con los alemanes, y fue la última opción que Stalin prefirió para asegurar su nación (lo propio de un gobernante prudente) una vez que fue rechazado por aquellos.]

          La neutralidad «benévola» británica (Moradiellos), como dice el texto citado arriba, «además» se reforzó con el temor bolchevique, pero no fue su primer ni fundamental motivo. A pesar de todo, Adolf con su jugada de 1 de septiembre del 39, calculó mal y se encontró con la declaración de guerra de ingleses y franceses.

          En definitiva, la República Española seguía siendo una democracia y así era vista por muchos en el extranjero. Los Gobiernos que la dejaron tirada lo hicieron por lo que creían en ese momento que era la mejor estrategia para no entrar en guerra con Alemania; cosa que más tarde se vio que no había servido para nada.

          Por guinda, y apoyándome en ese gran colonialista, gran racista y gran político inglés que fue Churchill, hay algo seguro siempre peor que el comunismo: el nazismo. Por supuesto, ecualizarlos es una formidable falacia.

          [Sobre Churchill, ¡en la BBC! https://www.bbc.com/mundo/noticias-47255429
          Que no todas las hambruna van a ser en Ucrania.]

  3. En mi primera opinión me limito a sostener que la neutralidad de las principales democracias de Europa (básicamente Reino Unido y Francia) pudo ser debida a que no querían alinearse con el comunismo que había secuestrado a la República. Esta tesis, a mi juicio, puede apoyarse a través de dos procedimientos: uno, el ideal, recabar documentos históricos en los que se recogiese la opinión de los políticos franceses e ingleses sobre esta cuestión. Una segunda posibilidad, más cuestionable, la de demostrar con hechos que el socialismo de 1936 y el comunismo habían capturado a la II República para instaurar un gobierno similar a la Unión Soviética. En relación con la primera de las posibilidades le remito copia de la carta enviada por Churchill al embajador francés en Londres el 31 de julio de 1936:
    «Seguro estoy de que si Francia envía aviones, etcétera, al Gobierno de Madrid, mientras los alemanes e italianos hacen lo mismo en sentido inverso, las fuerzas predominantes aquí mirarán bien a Italia y Alemania y se alejarán de Francia. Espero no molestarle al decirle esto, que, desde luego, sale exclusivamente de mí. No me agradaría oir hablar a la gente de que Inglaterra, Alemania e Italia deben alinearse contra el comunismo europeo. No será verdad tanta belleza. Tengo la certidumbre de que la actitud más correcta y conveniente consiste en la neutralidad y en una enérgica protesta contra infracción de la misma».
    Esa carta es explicativa junto al texto de Churchill que cité anteriormente para sostener que es admisible en 1936 una neutralidad basada en el motivo aludido.
    Si sigo la estrategia indirecta dirigida a calificar el estado del Gobierno Republicano como una institución secuestrada por el movimiento revolucionario comunista en los meses anteriores de la Guerra le puedo citar una abundante relación de autores. Le cito a Payne:
    En 1934, antes de la rebelión socialista, no se produjo cambio alguno en las instituciones fundamentales del Gobierno, ni anulación en masa de la legislación de las Cortes Constituyentes. Por el contrario, en 1936, las innovaciones legislativas de los dos años anteriores se deshicieron de inmediato. Al mismo tiempo, las instituciones básicas de la República se vieron amenazadas conforme miles de corporaciones municipales fueron sustituidas por «comités ejecutivos», se expulsó al presidente de la República mediante triquiñuelas legales, un grupo que incluía a policías estatales fuera de servicio asesinó al político más destacado de la oposición, Calvo Sotelo, y los comunistas incorporaron leyes para ilegalizar a la mayoría de los partidos que se oponían al Frente Popular, basándose en que eran «fascistas».
    Por supuesto esas opiniones las contemplo a la luz de una serie de hechos que van desde el proceso electoral que llevó al poder al Frente Popular hasta el mismo momento del alzamiento y que si usted quiere podemos repasar aunque el texto remitido del hispanista norteamericano habla por sí solo.
    Que Churchill emitiese opiniones distintas sobre el comunismo en 1939 o posteriormente hacia el final de la guerra tienen un valor distinto para la cuestión que nos ocupa al ser otras las circunstancias históricas.
    A raíz de mi comentario surge para usted una cuestión adicional: el rechazo por mi parte en un plano igualitario del fascismo y del comunismo. Trataré de este asunto en un apartado distinto si acaso sea para separar temáticas de conversación diferentes.

  4. Poco he leído sobre el comunismo y mucho menos del fascismo, es posible que a partir de aquí vayan por delante más opiniones que hechos. Trataré de alinear unas con otros en la medida de lo posible para defender mi postura.
    Concibo al comunismo como una corriente de pensamiento surgida de una situación en la que existían abundantes injusticias sociales. Del análisis de esta situación surge el concepto de la lucha de clases, el materialismo dialéctico como instrumento de análisis de la realidad y, a través de estos y otros métodos de la valoración de la realidad, el desarrollo de una serie de predicciones que darían lugar al colapso del mundo capitalista, la victoria del proletariado, la desaparición del estado y la eliminación de todas las diferencias de clase.
    Sobre el fascismo aún sé menos. Lo concibo como una ideología basada en las diferencias entre los individuos en función de su raza y otros aspectos supongo que de carácter morfológico, la adopción de un credo nacional y la protección de las fronteras, de los individuos y de dichas creencias a través de un estado dictatorial.
    Hasta aquí no encuentro elementos de comparabilidad. El fascismo me parece abominable, el comunismo no lo es al menos en lo descrito anteriormente.
    El problema es que el comunismo yerra en casi todo. La lucha de clases es un acercamiento insuficiente de la realidad, el materialismo dialéctico apenas sirve para nada por mucho que se le haya apodado de científico y casi todas sus predicciones fueron erróneas.
    Los medios adoptados por estas dos corrientes de pensamiento han sido los mismos. Aquí están las semejanzas que facilitan la comparabilidad, en ellas me he fijado para ponerlas en el mismo plano. La anulación del individuo, la creación de un aparato estatal que impone su linea de pensamiento e impide cualquier otra visión de la realidad, la tortura y el asesinato para alcanzar los objetivos, la creación de una élite de privilegiados que vive a costa del resto de los ciudadanos.
    Suficientes me han parecido estas razones para igualarlos.
    Ojála su opinión, si tiene el gusto de ofrecerla, me sirva para mejorar la mía.

    • No veo que sus argumentos sean definitivos para contradecir lo que digo:
      la no intervención británico-francesa tuvo como principal motivo la línea seguida de apaciguamiento previo con Alemania. Que aparte jugara el factor del riesgo comunista no empece lo esencial.

      Sobre lo segundo, que el coco comunista lo dominaba todo, pues no, ahí lo veo a usted revisionista: https://elpais.com/diario/2006/05/01/opinion/1146434405_850215.html

      Y, aunque sea tangencial a lo que hablamos, el libro de Muñoz Bolaños creo que ha dejado claro que la peste golpista de derechas estaba bien cuajada desde el 31
      https://www.elespanol.com/opinion/tribunas/20190626/guerra-civil-interminable/409079089_12.html

      Sobre el liberalismo
      Vaya, el liberalismo no ha asesinado, torturado, expoliado, masacrado, invadido y explotado, me habré despistado: el esclavismo de los primeros liberales y de EEUU, el exterminio de los indios en el Oeste (qué contraste con la dominación española), los golpes en Hispanoamérica, las masacres belgas del Congo, la intervención aliada en Rusia en 1919, la operación Cóndor y la Escuela de las Américas, Guantánamo, las guerras de Irak, la hambruna india, las matanzas de Indonesia, la guerra de Corea, la guerra de Vietnam, hoy Libia, el apoyo a los integristas wahabitas en Siria… y la propia acción alemana nazi, que no fue sino un intento de expansión imperialista (capitalista) fracasado. Yo creo que sí, que el liberalismo también tiene su lista de pecadillos.
      Por otro lado para haber leído tan poco sobre el comunismo hace juicios muy aventurados.
      Le recomiendo que empiece por el Manifiesto Comunista y se dará cuenta de que la economía determina gran parte de la realidad social y económica.
      Luego lea a Zemskov, a Losurdo, a Santos y a Daniel López Rodríguez y ya hablaremos
      https://en.wikipedia.org/wiki/Viktor_Zemskov
      http://mientrastanto.org/boletin-54/la-biblioteca-de-babel/contrahistoria-del-liberalismo
      http://www.javierortiz.net/voz/piris/el-ano-de-stalin
      http://nodulo.org/ec/2018/n184p02.htm

      Me despido definitivamente con la típica cita de Mann, de Escucha, Alemania:
      «Colocar en el mismo plano moral el comunismo ruso y el nazi-fascismo, en la medida en que ambos serían totalitarios, en el mejor de los casos es una superficialidad; en el peor es fascismo. Quien insiste en esta equiparación puede considerarse un demócrata, pero en verdad y en el fondo de su corazón es en realidad ya un fascista, y desde luego sólo combatirá el fascismo de manera aparente e hipócrita, mientras deja todo su odio para el comunismo.»

      • Mire Máximo. Reúno algunas de sus citas para darles breve réplica:
        «No veo que sus argumentos sean definitivos para contradecir lo que digo»: Me limito a plantear una tesis alternativa a la primera de las cuestiones que he mencionado. Que existe una tesis alternativa a la hora de considerar la no intervención en la Guerra Civil por parte de Francia y el Reino Unido más allá de no querer intervenir en un conflicto bélico con el fascismo. Creo que la tesis es admisible en virtud de los argumentos expuestos. Por supuesto que no es definitiva. Pocas cosas lo son a la hora de analizar el comportamiento humano.
        «La peste golpista de derechas estaba bien cuajada desde el 31». Esta afirmación no tiene nada que ver con las dos opiniones que he vertido en mi intervención inicial y sucesivas. ¿Estaba la República en el 36 después de las elecciones en las que gana el Frente Popular secuestrada por el comunismo y el socialismo revolucionario? Esa es la cuestión que he puesto sobre la mesa para ser tratada.
        Las víctimas del liberalismo. En primer lugar, dudo que usted y yo llamemos liberalismo a la misma cosa. ¿Quién ha hablado de los muertos del liberalismo? ¿Por qué trata de eso? Dígame dónde he hablado del liberalismo anteriormente. ¿Por qué no me habla de los muertos del cristianismo? O del islamismo. No sé, por decir algo que no viene a lo que yo he expuesto como materia de discusión.
        La otra cuestión que se ha planteado es la de que fascismo y comunismo pueden compararse. Usted dice que no. Para ello dice que hago «juicios muy adventurados». Me recomienda que lea el Manifiesto Comunista (ya lo he leído) y la lectura de diversos autores. Al final me cita a Mann que no ofrece ninguna razón para sostener que no son equiparables comunismo y fascismo. Yo ya le he indicado que se pueden equiparar en relación con sus métodos.
        ¿Me dice algún motivo por el cual comunismo y fascismo no son equiparables en cuanto a los métodos para implantar sus creencias ideológicas?

        • Ah, vaya, los métodos del liberalismo (el imperio británico, la masacre belga y la Escuela de las Americas) que le he citado no son equiparables a esos que clasifica como exclusivos del comunismo y el fascismo. Usted mismo.
          Sobre todo, a ver cuántos fascistas luchadores por la libertad y la justicia encuentra y a cuántos comunistas ídem.
          Ya, ya, ya, para usted sólo somos asesinos, torturadores y diablos encarnados.
          Pero tiene razón en que el islam o el cristianismo y otros mil tienen sus manchas. Ahora, la ecualización de marras es típica de los liberales.
          El golpismo de derechas, yo mismo lo he dicho, tangencial.
          Mire por donde, yo sospecho que no discrepamos tanto sobre lo que entendemos por liberalismo. A usted le parece el no va más y a mí me parece que también le cuelga todo lo que indiqué anteriormente.
          Sobre lo primero, pues claro que es una interpretación alternativa la suya, en concreto, alternativa y equivocada. Y la república no estaba secuestrada tras las elecciones.
          Aunque para los golpistas que la golpearon (carlistas, alfonsinos y africanistas y algún fascista) estaba ya secuestrada desde el 31(pero esto es tangencial, ya lo sabemos).
          También le doy la razón sobre lo de Mann. Bah, Mann, qué sabría él de este asunto de identificar a fascistas y comunistas.
          Me quedo con los 5 minutos de inicio de esta película americana de los 40, una píldora sustanciosa contra la leyenda negra anticomunista (que no mola, por volver al principio, salvo a fascistas y súper-liberales)
          https://vimeo.com/182767468

          • ¿Dónde he dicho que los métodos empleados por el comunismo y el fascismo son exclusivos de estas dos ideologías?
            ¿Dónde he dicho que el liberalismo me parece el no va más?
            Antes de seguir con esta conversación necesito verificar que tiene una mínima comprensión lectora. Me temo que he perdido mucho tiempo con usted.

            • Será eso, que no sé leer. Yo creo, sin embargo, que, cuando leí en su primera intervención «Y claro, esto decididamente no mola.», ya había leído todo lo que tenía que leer de usted. Pero es sólo una opinión, lo admito.
              Sobre el tiempo, consuélese: yo no he perdido el tiempo con usted, se lo aseguro.

        • «Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre
          celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas?»
          Mateo, 6

          Hablando de responsabilidades liberales (expansión del capitalismo liberal, v.gr.)
          https://es.wikipedia.org/wiki/Los_holocaustos_del_fin_de_la_era_victoriana

          ¿Alguien vería algún motivo por el cual liberalismo y fascismo no son equiparables en cuanto a los métodos para implantar sus creencias ideológicas?

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