Ciencias

Una de cada cinco millones

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Foto: DP.

Ser padre es una experiencia que te cambia la vida. Pero no eres consciente hasta que ocurre. De hecho puede parecer increíble que una vez ha nacido el primero, todavía haya gente que se lance a por un segundo. De nuevo los intentos, las molestias del embarazo, los dolores e incertidumbre del parto, y vuelta a empezar con las noches sin dormir.

Quizá es porque pensamos que no es tan complicado. Quizá tuviste hermanos que fueron padres antes y te haces una idea. O tus padres tuvieron más descendencia cuando eras lo bastante consciente como para tener que hacerte cargo de un pequeñajo en casa. De repente te hacías mayor y responsable, a la vez que sobrellevabas el incordio de perder parte de tu libertad para encargarte del pequeño cuando tus padres no podían. Ser mayor es uno de los trabajos más duros que existen en una familia. Sin embargo todo es una ilusión. Lo que sientes cuando llega una nueva vida a tu vida no tiene comparación. Para bien y para mal, claro.

La responsabilidad, las noches sin dormir, las rutinas del niño, la ruptura de las rutinas por los mocos o los cólicos o cualquier cosa que desconoces. Una vez pregunté a mi madre, «Mamá, ¿esta preocupación por los hijos cuánto dura?». «Los primeros sesenta años cariño. Luego ya no te enteras de nada». Así que la máxima en casa deja de ser que sean listos, que sean guapos o que sean obedientes. Sanos. Lo único que pido es que estén sanos. El resto terminar por ser gestionable, entendible, aceptable. La salud no.

Así que empiezas a batallar con las dudas cada vez que estornuda, no come, se sale de parámetros, no duerme o hace ruidos. De hecho también sufres si no estornuda, come demasiado, está siempre dentro de parámetros, duerme mucho o no hace ruidos. Y te despiertas a media noche cuando todo va bien porque no puedes dormir pensando en que algo vaya mal.

Luego llegan las vacunas. Imprescindibles, necesarias, vitales. Pero vienen con el miedo, la duda, el tener que ver llorar a tu retoño mientras le pinchan. Tu trabajo es protegerle, no quieres que le pase nada, pero paradójicamente debes pasar por ese trance. Es ley de vida. Nuestro trabajo es enseñarles a resolver problemas para poder vivir una vida independiente, y para ello debemos crearles problemas en entornos controlados que les permitan aprender.

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7 comentarios

  1. Encomiable su sensibilidad y solidaridad, Guillermo. Detrás de los números hay siempre alguien que sufre.

  2. Carlos Diaz

    Nos conocimos en Munich Guillermo hace ya tiempo. He hablado contigo dos veces, pero ha sido siempre un placer. Te mando un abrazo muy, muy fuerte. Gracias por compartir esta historia. No tengo hijos, pero me hace poner las cosas en perspectiva.

  3. No quiero, no soy capaz de imaginarme esa angustia, Guillermo. Tu forma de contarlo ha hecho que me invada.

    Nadie se podrá hacer una idea de lo que es si no lo vive o lo tiene cerca.
    Me alegro de que la pequeña Carol esté mejor y se sepa contra qué hay que enfrentarse. Le deseo lo mejor y una vida plena y llena de experiencias.

    Ningún niño debería pasar por algo así. Gracias por visibilizarlo.

  4. Guillermo de Haro Rodriguez

    Muchas gracias Rosa, por tus palabras y por ayudar a difundirlo

  5. ¡Gracias!

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