
El ensayo es un arte arduo, casi una disciplina, pero lo es más para quien lo lee que para quien lo escribe. Este, al fin y al cabo, no tiene más que volcar una parte cincelada de su ego en una página. Pero aquel debe enfrentarse a una idea desnuda, venciendo la resistencia natural de nuestra atención a algo que ni nos alerta de un peligro, ni nos proporciona alimento; ni siquiera nos cuenta una historia. La abstracción da vértigo. Y algo de pereza. Porque requiere trabajo.
¿Qué sucede cuando nuestro espacio de atención disminuye, a medida que disponemos de más estímulos externos?
La oferta de información a nuestro alcance es sustancialmente más abundante que en el pasado. También la demanda: probablemente, jamás en la historia habíamos consumido tantos símbolos. Pero, al mismo tiempo, el manejo de conceptos abstractos es cada vez más habitual. Vivimos en una especie de paradoja de la atención: nuestro mundo se hace más complejo y el número de personas que son conscientes de dicha complejidad y están dispuestas a pararse a pensar en ella es mayor que nunca, pero tenemos menos tiempo para dedicar a cada pequeño aspecto de dicha complejidad. Cuando los ensayos son más necesarios y potencialmente más demandados que nunca, es más difícil hacerles un espacio en nuestra vida cotidiana.
En realidad, el ser humano tiene una vieja táctica para sortear eso. Cuando es sencilla, directa y no admite matices, se le llama moraleja. Fábulas, cuentos, historias, chistes con un pequeño aprendizaje encerrado que, eso sí, no admite discusión. Pero la moraleja se puede llevar a otros niveles más complejos, que contemplen matices y contradicciones. No en vano se considera a los novelistas como los antecesores de los sociólogos: con sus herramientas naturalmente rudimentarias, alejadas del método científico pero cercanas a la realidad, fueron cronistas de su realidad. Muchas veces, críticos.
Decía Áurea Ortiz en Laboratorio de Series que cada capítulo de Black Mirror es prácticamente un ensayo. Pero para mí se parecen más que nada a una historia de Isaac Asimov. O de Arthur C. Clarke, Ursula K. Le Guin o Ray Bradbury. Los legendarios escritores de ciencia ficción tenían por costumbre traducir artefactos intelectuales relativamente complejos a su versión narrativa. Eso es exactamente lo que hace la serie de Channel 4 y Netflix. En una primera aproximación superficial podría parecer que cada capítulo se queda en la moraleja, o en la moralina en realidad. A mí me lo pareció la primera vez que la vi. Me molestaba ligeramente lo que percibía como un intento de decirme cómo tenía que comportarme, cómo debíamos relacionarnos con la tecnología. Pero, a medida que cada historia maduraba en mi cabeza, me encontraba con que me volvía a la memoria en forma de interrogación.
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Desde la cautela y sin abandonar la duda perenne, corrosiva y patológica que me acompaña desde hace algunos años, yo tengo las respuestas a las preguntas que planteas en tu artículo. Sin embargo, no las voy a compartir aquí, no porque no quiera, no por una serie de motivos nítidos o por alguna otra mundana razón. Me ha costado mucho «pegar» semejante salto mortal (aunque a veces no estoy muy seguro de haberlo pegado del todo). Desde 1931 «tenemos» la solución frente a nuestros ojos, pero mucha gente no es consciente de ello. Enhorabuena por tu artículo, es muy interesante y está muy bien escrito.
921kibu, no nos dejes así, cuéntanos cual es esa solución que «tenemos» ante nuestros ojos. De verdad que me has dejado muy intrigado.
Digo lo mismo, estoy intrigado.
Te pagaré con favores sexuales inconfesables…
Críptico el buen amigo. Qué habrá sucedido en 1931? Conjeturo que él es un «habitante» de ese año, y diría que en manera eterna. Hay indicios a partir de «cautela, perenne, patológica». Y ese salto misterioso! Sospecho que la frase «acompaña de algunos años» no se refiere a los actuales. Tal vez sea una «alma en pena» producto de la crisis del 29. He aquí una posible explicación. Nos está diciendo que el poder financiero nos puede llevar otra vez al desastre. Es una pena tener que resolver misterios a la vieja manera. Ese «sin embargo, no las voy a compartir aquí» también podría leerse «sin embargo no. Las voy a compartir aquí. «O la siguiente: no por que no quiera, no por una serie de motivos» que puede leerse: «No por que no quiera. No. Por una serie de motivos y blabla»
Estos oraculistas modernos me sacan canas verdes. A la guerra irás. Volverás. No morirás. A la guerra irás. Volverás? No! Morirás!
La clase de gente que se junta por estos lares, te digo, de lo más interesante.
Oh, madre mía! Otro críptico más. Y para colmo con ese nombre, Jasón, culpable del delirio de andar a buscar un montón de pelos dorados para pagar deudas de otros. Esto no sería grave si no fuera que después engañó a la pobre y fiel «sin papeles» Medea, con todo el dramón siguiente, hijos en común masacrados por venganza, rasgaduras de vestidos, imprecaciones etc. etc. Brrr. Me abstengo de tratar de descifrar ese inquietante «de lo más interesante»