
Amor y vínculo
Dice el relato que a los niños los trae la cigüeña. Los transporta envueltos en un gran pañuelo que sujeta con el pico mientras vuela. Pero esto es solo la mitad del cuento. La historia completa relata que la cigüeña roba en Oriente a los niños de las madres descuidadas y los trae a Occidente.
Mientras aquí es símbolo de alegría, allí representa el miedo al rapto, la angustia súbita ante la amenaza de la desaparición. La celebración occidental constituye la peor fantasía en la otra parte del mundo: «No descuides al niño que se lo llevará la cigüeña», diría el refrán oriental.
Muchos relatos como este han sido modificados, fragmentados o con resolución feliz añadida para adaptarlos a la sensibilidad y necesidades de la infancia. También para desarrollar su capacidad de simbolización.
Otro conocido cuento habla de la historia de unos niños que se adentraron en el bosque y pusieron migas de pan para poder encontrar el camino de vuelta a casa. Los pajaritos se comieron el rastro y los niños quedaron aislados sin poder volver. Otros niños, sin embargo, aprendieron a poner piedrecitas blancas en el sendero para que los pájaros no pudieran comérselas y de ese modo lograron regresar.
Ambos relatos hablan de la importancia del vínculo. Hay personas que garantizan la vuelta a casa después de cada etapa de su viaje vital. Sin embargo, otras personas no pueden abordar correctamente su vida porque no disponen de herramientas que les permitan situarse en el mundo y volver a casa cuando lo deseen. De este modo quedan extraviados durante algunos periodos de su existencia y a veces se pierden en el bosque para siempre.
Saber quiénes somos depende del vínculo que podamos establecer con el clan al que pertenecemos: «Uno sabe quién es por el abrazo del padre». En nuestra memoria más ancestral está registrado nuestro origen seminómada y esto apunta a la necesidad que tiene el niño de ser aceptado y tomado en brazos para afrontar la travesía por la selva o el desierto. Por eso el cachorro hará lo que sea para que los adultos lo tengan en cuenta y lo lleven consigo, porque se juega la vida.
Pero en ocasiones, el niño no es suficientemente atendido por sus progenitores en sus primeros años. A veces no recibe de modo suficiente la mirada que necesita para sentir que tiene un lugar en el sistema. El «síndrome de la madre muerta» nos habla de este fenómeno, y esto suele ocurrir cuando un dolor importante se introduce en la vida de los padres y estos dejan de estar disponibles para su hijo.
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