«Maxwell’s Silver Hammer», el hijo tonto de los Beatles

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Muhammad Ali y los Beatles, 1964. Fotografía: Chris Smith / Getty.

Las reuniones privadas de los Beatles fueron adquiriendo un cariz cada vez más imprevisible conforme se alejaba el mágico «verano del amor» y repuntaban las adicciones a la heroína, la marihuana y el LSD. El 18 de mayo de 1968, por ejemplo, apenas dos semanas antes de que empezaran las sesiones de grabación del White Album, John Lennon reunió a sus tres compañeros en la sede de Apple Corps para anunciarles que era Jesucristo y consultarles la posibilidad de hacer pública dicha verdad cuanto antes. Paul, George y Ringo le sugirieron que esperara.

Tal vez por eso, y pese a todas las evidencias, ninguno se tomó en serio del todo la decisión de Lennon de abandonar el grupo el 20 de septiembre de 1969, coincidiendo con la firma del nuevo contrato con la discográfica estadounidense Capitol Records. John, al fin y al cabo, siempre había sido así: la mejor manera de convencerle de algo era sacar el mismo tema al día siguiente y confiar en que hubiera cambiado por completo de opinión. Con todo, fue un momento triste si se ve con cierta perspectiva: Paul empeñado en buscarle un futuro a la banda, proponiendo nuevas actuaciones bajo nombres falsos, una cierta vuelta a los orígenes que ya estuvo detrás del desastre de «Get Back» y Lennon contestando sin más: «Has perdido la cabeza».

La respuesta de McCartney a aquel «Quiero un divorcio, como el de Cynthia» fue nostálgica y sincera: «Incluso en el peor de los días, cuando entramos en el estudio, yo sigo ahí tocando el bajo, Ringo sigue en la batería y, de alguna manera, todo está donde siempre ha estado». Sonaba bien, pero no era verdad del todo. Cuando los Beatles entraban en el estudio —para grabar Abbey Road, por ejemplo, ese maravilloso canto de despedida—, Paul seguía tocando el bajo, sí, y Ringo, a veces, la batería… pero. Mientras, John estaba más pendiente de que le colocaran una cama a Yoko a su lado y George veía cada vez más claro que ahí no pintaba nada, acumulando un rencor que solo él podía saber si estaba justificado o no.

Ni siquiera Paul era un hombre feliz: había sido el único en oponerse a que Allen Klein se hiciera cargo del grupo y eso había provocado una distancia evidente con los demás miembros de la banda. Su relación de años y años con la actriz Jane Asher se había venido abajo por una infidelidad, una serie de exégetas chiflados habían decidido que estaba muerto y en medio de todo este caos apareció la fotógrafa Linda Eastman para cambiarle la vida junto a su familia de abogados. A falta de felicidad, quedaba la adrenalina casi ludópata de la búsqueda constante del «éxito», de esa canción que volviera a colocarles un año más en el número uno de todas las listas a lo largo del mundo entero.

Ahora bien, su percepción del éxito no acababa de coincidir con la de sus compañeros. En una reunión previa, datada en algún momento de la segunda o tercera semana de septiembre, posterior a la finalización de Abbey Road, pero previa a la firma del contrato de Capitol y el anuncio de Lennon, aún se entrevió la posibilidad de que la banda siguiera adelante al menos durante un disco más. Un disco que incluiría cuatro canciones de Paul, cuatro de John, cuatro de George y dos de Ringo («si las quería»). La idea fue de John, que quería a toda costa que una de esas cuatro canciones fuera «Cold Turkey», su reflexión sobre el síndrome de abstinencia que produce la heroína y que acabaría publicando con la Plastic Ono Band. No solo quería grabar la canción con los Beatles, sino quería que fuera su siguiente single. El resto se negó.

Aquel reparto de canciones suponía, además, establecer un nuevo orden con el que Paul no estaba en absoluto de acuerdo: cuatro canciones por disco era una cifra muy aceptable para John, cada vez más involucrado en temas no musicales y con cierta dificultad para componer de manera regular. Para George, podía pensarse que eran incluso muchas. Al fin y al cabo, solo en Revolver se había acercado a esa cifra (tres) y las cuatro que incluyó en el White Album se justificaban por el hecho de que el disco era doble. Para Paul, sin embargo, parecían pocas. Todo era siempre poco para Paul, un hombre con una voracidad compositiva a prueba de todo tipo de depresiones.

«Las que te sobren, dáselas a Mary (Hopkin, la estrella posadolescente que había llegado al número uno con «Those Were the Days» en 1968, una versión del clásico ruso que en español se tradujo como «Qué tiempo tan feliz»). McCartney era el productor de Hopkin en Apple Records y la frase de Lennon era una crítica directa a la pobre selección de canciones de Paul para los discos de los Beatles. «No tiene sentido que sigamos grabando canciones que no nos gustan a ninguno, ni siquiera a ti, solo porque tengan el potencial de convertirse en singles de éxito». A Paul le exigían moderación cuando Paul no entendía de eso. John, que tenía ya la espina de «Ob-La-Di, Ob-La-Da» clavada desde que McCartney se empeñó en incluir la canción en el White Album, se refería sobre todo a «Maxwell’s Silver Hammer», el tercer corte del nuevo disco.

El problema de «Maxwell’s…» era que ni siquiera había conseguido convertirse en un single de éxito. Aunque «Ob-La-Di…» nunca fue publicado como tal ni en Inglaterra ni en Estados Unidos, sí llegó al número uno en Australia, Alemania o Suiza, y con los años se ha convertido casi en un clásico de la banda, por mucho que Lennon considerara que era un ejemplo más de la típica «música para abuelas» a la que, según él, se entregó su compañero de firma editorial. De hecho, la versión que hizo del tema el grupo escocés Marmalade llegó a encabezar la lista británica aquel otoño. «Ob-La-Di, Ob-La-Da» había conseguido defenderse por sí misma, pero «Maxwell’s…» necesitaba un poco de cariño y no lo encontró ni por parte de su compositor: «Cuando la grabé, sí me gustaba», contestó al ataque de Lennon, viniendo a insinuar que después se le pasó.

«El error más grave que cometimos»

«Maxwell’s Silver Hammer» quedó por tanto como uno de los motivos indirectos de la marcha de John Lennon y como un ejemplo del abismo musical que le separaba de Paul McCartney. Lo curioso es que Lennon, que tanto criticó el tiempo dedicado a su grabación, siempre negó a la vez haber estado presente en ninguna de las sesiones. Convaleciente aún del accidente de coche que tuvo junto a Yoko, Julian y Kyoko en Escocia, John afirmó en varias ocasiones que no colaboró en la canción y que George y Ringo tuvieron que «comerse» todo el trabajo.

Sin embargo, Geoff Emerick, técnico de sonido y ayudante de George Martin en los estudios de EMI en Abbey Road, no lo recuerda así en su libro Here, There and Everywhere. Según Emerick, el 9 de julio, día en que se grabó la canción, fue el primero en el que John y la convaleciente Yoko se presentaron en el estudio. También estuvieron el día 11, cuando hubo que doblar algunos coros. De hecho, Paul se acercó a John para proponerle unirse a ellos en las segundas voces, pero John se lo quitó de encima y, a la media hora o así, Yoko se levantó de su cama y los dos Lennon se fueron.

Cuando le tocó promocionar el álbum en una entrevista a la BBC, John se limitó a decir: «It’s a typical McCartney’s singalong» con todo el desprecio del mundo, haciendo hincapié de nuevo en las muchas tomas que habían tenido que hacer, probablemente confundiendo el tiempo en Abbey Road con los ensayos en Twickenham de principios de año. Muchos años después, en la famosa entrevista de la revista Playboy pocos días antes de su muerte, el 8 de diciembre de 1980, John Lennon diría de la canción: «La odio. Nos tuvo días y días grabándola. Estaba convencido de que sería un éxito, pero era imposible que eso fuera un éxito». George fue algo más discreto en sus quejas: «Cuando Paul se empeña en algo, se empeña de verdad. Era una canción muy cursi, realmente cursi». Ringo, en 2008, aún se acordaba de «Maxwell’s…»: «Es la peor canción que hicimos, un error. Recuerdo aquellas sesiones de grabación con espanto. Estuvimos semanas trabajando en ella».

¿Cuánto hay de cierto en esto y cuánto de leyenda? Si recurrimos a Mark Lewisohn y su libro The Complete Beatles Recording Sessions, la auténtica biblia de todo seguidor de la banda, «Maxwell’s Silver Hammer» efectivamente se grabó en un solo día, el 9 de julio de 1969, y hubo que hacer veintiuna tomas. No son pocas, pero tampoco son muchas ni suena a pesadilla. En la versión recientemente rescatada para el cincuenta aniversario de Abbey Road, George y Paul bromean alegremente sin sensación alguna de hastío. El 11 de julio, como ya explicaba Emerick, se hicieron algunos ajustes y se dio por terminada el 26 de agosto, poco antes de cerrar el disco por completo. 

Es complicado considerar «cursi» una canción sobre un asesino en serie que mata a estudiantes, profesores y jueces por igual. De hecho, muchas veces se ha criticado la «falta de gusto» de la letra de Paul y, en ese sentido, «Maxwell’s…» tampoco tuvo suerte: su publicación llegó menos de un mes después de que varios miembros de la secta de Charles Manson degollaran a Sharon Tate y a varios de sus invitados. Teniendo en cuenta que Manson utilizaba la música de los Beatles como explicación y justificación de todas sus barbaridades, digamos que el timing no fue el más indicado, aunque es difícil imaginar a Lennon preocupándose mucho por una incorrección así, más bien al contrario.

Por otro lado, aunque es cierto que el tono de music hall de la canción, con ese teclado sincopado y ese ritmo tan aparentemente básico, remite a determinadas canciones para niños (más que para abuelas) como la propia «Yellow Submarine», es curioso que nadie supiera apreciar la ironía de juntar esa música y esa letra. Desde luego, nunca fue un éxito, al contrario, pero bien pudo haberlo sido: es una canción pegadiza y con un estribillo que, efectivamente, se presta a lo que ahora llamaríamos «karaoke». Todos borrachos y enfatizando a coro ese «bang, bang» del estribillo.

Dentro de lo que es el grupo más clásico de todos los clásicos de la música pop-rock, «Maxwell’s Silver Hammer» ha pasado a la historia como el niño tonto del que nadie quiere hacerse cargo, pero no hay motivos objetivos más allá de su leyenda negra para pensar que es peor que muchas otras de las que grabaron en sus últimos años. No es peor, desde luego, que «Ob-La-Di, Ob-La-Da», y ahí está «Ob-La-Di…» en cada concierto de Paul McCartney en solitario cincuenta años después, como si lo hiciera solo por fastidiar. Abandonados por su propio autor, quedaron frente al escarnio público el vehemente Maxwell Edison, la entrañable estudiante de patafísica (Paul siempre presumió de haber sido el único artista pop en incluir el término en una de sus canciones) llamada Joan, sus amigas Rose y Valerie, el juez inmisericorde y aquel profesor de tan mal carácter.

Puede que fuera una canción demasiado «tonta» para su época o puede que fuera demasiado inteligente y nadie la entendiera. Tony King, empleado de Apple durante años, aporta incluso una visión paralela a la historia oficial: «John me dijo que “Maxwell’s Silver Hammer” era una canción sobre el karma». Algo así como el «Instant Karma!» que él mismo compondría al año siguiente: en cuanto haces algo mal, llega Maxwell y te atiza. Paul lo explicaba de otra manera, menos filosófica: cuando crees que todo va bien, pasa algo con lo que no contabas que te demuestra lo complicada que es la vida. 

No parecen términos ni interpretaciones para referirse a una canción odiosa, intrascendente y ñoña. En cualquier caso, así quedará por los siglos de los siglos, esperando a que alguien la rescate y diga algo del tipo: «No es “Come Together”, pero tampoco pretende serlo. Es divertida, bruta e irónica y ahí reside su encanto. Me gusta cantarla y no desmerece otras canciones como “All Together Now”». Solo que «Maxwell’s…» lleva demasiados años pagando el pato de la separación más traumática de la historia de la música moderna y no tiene pinta de que la cosa vaya a cambiar cincuenta años después. Quizá sea mejor así, no vayan a empezar a tomarla con «Golden Slumbers». 

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23 Comentarios

  1. Pues a mí Maxwell’s Silver Hammer siempre me ha gustado; aunque, claro, la verdad es que me gusta todo lo que hicieron los Beatles.

    Ah, y Abbey Road es una obra maestra absoluta.

    • Coincido contigo, a mi siempre me ha parecido una cancion más del album, ni mejor ni peor que otras ( y ya es decir )
      Nada que ver con Ob la di… o All togheter now, que sí me parecen muy tontorronas, en especial la primera.
      Como dice un comentarista mas abajo, sus dos mejores trabajos son Abbey Road y el doble blanco.

  2. Decir que en el Abbey Road ‘George veía cada vez más claro que ahí no pintaba nada» es una opinión, desde mi punto de vista, gratuita. Es precisamente en el Abbey Road donde más brilla Harrison con Something o Here Comes the Sun y dos colaboraciones más. Creo que es el álbum con más intervención suya. Respecto a que Lennon le dijo a sus compañeros que él era Jesucristo nunca lo he oído. Supongo que el periodista tendrá sus fuentes

    • Tras Let It Be, donde George tuvo ese fuerte altercado con Paul y luego se fue pero regresó bajo ciertas condiciones, estaba claro que Harrison ya no quería saber nada con el grupo, era «el invierno del descontento con los Beatles», y prueba de ello es que su canción All things must pass fue rechazada para el disco y en su lugar pusieron For you blue. Pero luego Paul los convenció a todos para sacar un último album y así despedirse. Si Harrison brilla es precisamente porque sabía que tras Abbey Road ya no iba a haber nada más y pone sus dos mejores canciones en el album (e incluso se da el lujo de indicarle a Paul cómo quería que suene el arreglo del bajo, algo que Paul siempre le hacía con los arreglos de guitarra en sus canciones). En cuanto a John, en efecto si les dijo que era Jesucristo, pero fue en una de las sesiones del Pepper donde había tomado ácido sin darse cuenta y se sintió mal estando ya en el estudio. George Martin se lo llevó al techo del estudio para despejarlo y John se quedó anonadado del cielo estrellado, y luego Paul se lo llevó a casa donde tomó ácido para acompañarle, y aquella fue la primera vez que Paul consumió LSD.

    • Efectivamente lo de dijo que era Jesucristo Lennon, es la primera vez que lo leo. Otra cosa es que si dijo y se mal interpreto fue que los Beatles eran más importante que Jesucristo.

  3. Aquella profesora de tan mal carácter…
    (She tells Max to stay whwn the class has gone away…
    But when she turns her back to the boy…)

  4. Cuentan las malas lenguas que John, harto de grabar esta canción se fue a la sala de control, y en la toma master, cuando Paul cantaba lo de «so he waits behind», en la sala de control John, con su típico humor transgresor, se ponía de pie, se bajaba el pantalón y le enseñaba el trasero a Paul quien no pudo evitar reír al cantar «writing fifty times…» y así quedó en el disco.

  5. No entiendo el desprecio a Maxwell…, aunque de acuerdo con Ob-la-di Ob-la-da, nunca entendí como pudo ver la luz.
    Abbey Road y White Album, los mejores discos.

  6. Maxwell’s Silver Hammer» es un tema bellísimo, canción como para niños pero con arreglo de rock pesado; es parte inseparable de Abbey Road, ese disco inmortal calificado justamente por un contertulio como una «obra maestra absoluta».

    Recordemos que los Beatles fueron hasta su final un grupo de sencillos y en tal formato publicaron la mitad de su música, entonces sus álbumes íntegramente buenos son pocos: Rubber Soul, Sargent Pepper, Abbey Road y algún otro que olvido. El álbum íntegramente bueno en que ninguna canción desentona con las demás y todas forman un conjunto coherente sería mas una moda de los 1970, en la que se distinguirían Elton John y David Bowie, pero en la mayoría de álbumes de los Beatles y los Stones de los 1960, en cada disco alternan canciones bellísimas con temas insufribles.

      • Sí: Revolver, ese es el disco que olvidé, pero rehúso agregar el Álbum Blanco por Revolution#9, Honey Pie y otros despropósitos. Ob la di la oí mucho en mi infancia y no me disgusta por ser parte de mis recuerdos mejores, junto con Birthday, Martha my dear y Octopus Garden.

        Let it be también es un álbum que se puede oír completo de principio a final sin que alguna canción infortunada eche a perder la experiencia y sin que se necesite omitirla de una lista digital.

        Saludos.

        • Yo voy a más , el álbum blanco es de largo el peor disco de los Beatles y uno de los más sobrevalorados de la historia. Por tres o cuatro buenas canciones tiene bastantes infumables y demuestra una perdida notable de autoexigencia creativa. No ha envejecido nada bien.Menos mal que luego corrigieron con creces su deriva con Let it be y sobre todo Abbey Road, una obra maestra absoluta. Por cierto Maxwell’s me parece una buena canción aunque obviamente no es la mejor del disco.

          • No estoy para nada de acuerdo, a mí el doble blanco me parece su mejor disco, superior a Abbey road, aunque sólo sea porque tiene más material ( una obviedad ) y mas variado. Con excepción de Revolution 9, ( la única que siempre la saltaba en el giradiscos ) todo lo demás es bueno o muy bueno, con muy poco sólo aceptable. Hay tanto baladas como canciones típicamente beatelianas como rock potente, todo aprovechable.

            • Si ya tienes que saltar canciones mala señal. Cualquier disco, ojo, no de los Beatles sino de cualquier artista que contenga revolution 9 no puede ser el mejor disco. Tiene morralla para aburrir. Y decir que un disco es mejor porque tiene más canciones no se como calificarlo.

          • Estoy de acuerdo, yo también creo que el album blanco está sobre valorado. Teniendo en cuenta que ya tenían una madurez en la creación de canciones, que no tenían en sus primeros 2-3 albumes, comparado con Abbey Road, Sgt Peppers, Revolver o Rubber Soul. Que no quiero decir que sea malo, pero no es, ni de lejos, de los mejores trabajos de los Beatles. Revolution#9 me parece una tomadura de pelo y una falta de respeto.

  7. No sé a qué viene tanto criticar «Ob-la-dí ob-la-dá». Supongo que va por modas. Personalmente, no creo que haya ninguna canción de los Beatles que sea realmente mala. Las hay más inspiradas y otras que lo están menos. Pero mala, lo que se dice mala, ni siquiera me lo parece la que titula el artículo. ¿O es que nadie ha tenido que machacarse nunca los oídos con engendros mucho peores?

      • Ya Nietzsche observó que al oyente convence la música más que el texto del canto y que el público acepta una canción tonta o absurda mientras le suene bien con melodía y armonía. Después, en el Jazz, está el scat, canto con letras sin sentido, a menudo sonidos vocales sin significado, solo por armonía de voz y orquesta y, después, los Beatles publicaron I am the walrus, en la que muchos quisieron oír un poema surrealista, pero de la que John Lennon explicó que sólo se cantó lo que sonaba con armonía sin importar significados, y esa canción ha sido gran éxito.

        Recordemos también que el Rock, en su era gloriosa de los 1960 y 1970, logró éxito mundial cuando el Inglés no estaba tan consolidado como lengua internacional ni era exigido en la educación de la mayoría de países no angloparlantes; hasta se acusó conspiración imperialista de USA y Reino Unido para difundir su lengua, pero el rock pasó de moda, hoy prospera el reguetón afrohispano y nadie aprende inglés oyendo rock, o sea, si hubo conspiración imperialista cultural fue un fracaso rotundo.

        Creyendo un artículo sobre Rock en Wikipedia, encuestas en países angloparlantes muestran que no más que 30% de los oyentes entienden las letras de canciones de Rock, de lo que podemos suponer que sólo un 30% de canciones serían inteligibles para quienes hablan inglés como lengua cotidiana, sugiero que son temas de gente como Bread, Carpenter y los Beatles en sus primeros álbumes, porque suenan en cursos de inglés para entrenar escucha y pronunciación.

        Finalmente, a muchos no satisfacen las voces que han cantado en AC DC, pero gustan sus canciones aunque juzgan que lucirían mejor con voces como Mick Jagger o Robert Plant, pese a lo cual se disfrutan así con sus voces chillonas originales, por armonía.

        Saludos.

  8. Obviedades:

    1.-El disco blanco es un disco sublime por su eclecticismo. Digan un grupo que meta tantos registros y tan diferentes en un solo disco. Una antología del pop que ya quisieran haber tener como discografía completa muchas bandas.

    2.-Obladi oblada es un temazo rock-steady. Tiene un groove tremendo y los arreglos jamaicanos son de un gusto esquisito. Que es tontorrona, pues sí pero te alegra el día

    3.-Maxwell me rompe toda la atmósfera seria y «adulta» de Abbey Road: me saca del disco (junto con Octopuss garden). Siempre he pensado que quitando estas dos canciones hubiera salido un gran disco de un tono conceptual. Pero bueno, no fue así.

    • Lo mejor del Álbum Blanco es el sonido, fue como un estreno del sonido del rock de los 1970 y ningún disco hasta 1968 se le compara en ello, ni siquiera de los Who y los Stones. Y es precísamente por el sonido que después pierde Let it be, pese a que todas sus canciones son tan buenas, pues tampoco los mismos Beatles estuvieron muy satisfechos con el experimento de «muro de sonido» aplicado por Phil Spector en la grabación de Let it be, tal vez lo aceptaron porque la separación estaba en curso y al no estar dispuestos a volver a trabajar unidos en un estudio, lo publicaron como quedó.

  9. Revolución 9 es un ejemplo de jugar al vanguardismo por parte de Lennon, y así hay que tomarlo, no como una canción al uso, en ocasiones puede ser divertida como divagacion.

  10. Revolución 9 es un ejemplo de jugar al vanguardismo por parte de Lennon, y así hay que tomarlo, no como una canción al uso, en e puede ser divertida como divagacion.

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