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Editar en tiempos revueltos: Gong

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A los que ya conozcan la infatigable trayectoria del emprendedor Gonzalo García-Pelayo (Madrid, 1947) —cineasta, productor musical y asaltador de casinos, entre mil cosas más—, quizás no les sorprenda su última aventura: la creación de Gong, una editorial literaria nacida al albur de una serie de exitosas inversiones realizadas en el mercado de las criptomonedas.

Recuperando el nombre, el logo y el espíritu de aquella otra aventura musical que García-Pelayo pusiera en pie a mediados de los setenta, y de la que ya hablamos con él en su día largo y tendido, gracias a su libertad financiera, Gong se presenta en sociedad con un modus operandi totalmente atípico para una editorial independiente, apostando desde el principio por el audiolibro (narrado por voces ilustres) y la traducción simultánea a cuatro idiomas, alternando narrativa y ensayo, proyectos literarios de gran enjundia con modestas aportaciones populares, en un intento por explotar lo que han venido en llamar «nueva picaresca».

Dirigiendo el proyecto desde Argentina se encuentra Álvaro Arroba (Bilbao, 1975), militante crítico cinematográfico curtido en publicaciones como Cahiers y CinemaScope, y fanático irredento de la figura de García-Pelayo. Nos sentamos pues con ambos para conocer mejor su catálogo, el presente y el futuro, así como los entresijos de semejante osadía industrial y cultural, que vuela ya por libre. 

Explícanos, Gonzalo, cómo surge este proyecto editorial.

Gonzalo: La editorial surge básicamente porque tenía un poco de dinero de sobra. Aparte de para poder viajar y tal, quería dedicar parte de ese dinero a hacer alguna otra cosa que me apeteciese relacionada con la cultura. Como para hacer una película es necesario ahora gastar mucho dinero, siendo consciente de que probablemente ese dinero lo perdería, pensé que a lo mejor montando una editorial lo mismo no tenía necesariamente que perder todo lo que invirtiera, pues al fin y al cabo los libros son algo que la gente suele comprar en el día a día. El libro que me hizo plantear montar la editorial fue El otro lado de la realidad, de Luisa Grajalba, que llegó a mis manos en forma de manuscrito y leyéndolo pensé que era una maravilla, hasta que llegué a una parte que no me lo pareció tanto, y como teníamos confianza, porque la conozco desde hace muchos años, se me ocurrió hacerle una serie de sugerencias para que la obra tuviera al final más continuidad en el tono y tal. Ahí me di cuenta de que la labor del editor se parecía mucho a la del productor musical, que durante tantos años ejercí precisamente a través de la «Serie Gong» de Movieplay, que fundé en 1974, y por eso le hemos puesto a la editorial el mismo nombre que tenía el sello discográfico, porque es de hecho una continuación de aquella aventura; el logo que usamos es el mismo, el nombre además lo tenía yo registrado desde el principio, y con la idea en mente de publicar el libro de Luisa comencé a pensar qué otros títulos podría editar.

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3 comentarios

  1. Pues ya hay algunos advirtiendo contra la editorial, ¿acaso no es reseñable el que aparezca una en estos tiempos? La manía de que todo negocio es «lavado de dinero» es bastante rancia. ¿Cómo se puede decir que este artículo solo es propaganda de la supuesta estafa piramidal que ha armado Pelayo? Está claro que la envidia es el otro deporte nacional…

  2. Es el primer editor al que leo diciendo que prefiere publicar cuatro libros con errores que uno bien hecho. Sin duda, es toda una declaración de intenciones. A mí no creo que me pille como comprador.

  3. Pingback: Recuerdos de un hippie convencido - Revista Mercurio

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