Filosofía Arte y Letras

Impacto subjetivo de las creencias

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The Death of Washington, (1877), de Benson J. Lossing (DP)

Las convicciones pueden ser mayores enemigos
de la verdad que la propia mentira

(Nietszche)

 

Historia del telescopio

Galileo había oído hablar de la invención del telescopio en los Países Bajos y construyó uno más perfeccionado. Una de las primeras cosas que hizo con él fue mirar a la luna. Ahora bien, en su tiempo, y de acuerdo con el conocimiento establecido, la luna, al igual que los otros cuerpos celestes, tenía que ser perfecta. Se pensaba que era perfectamente redonda y llana. Cuando Galileo la observó a través de su telescopio se dio cuenta de que esa concepción era incorrecta ya que, aparentemente, existían montañas en ella. Algunas zonas de la superficie lunar no se veían tan diferentes de las que uno podría esperar encontrar en la tierra si se la mirase desde la misma distancia a través de un telescopio. Pero decir esto era una herejía. Los cielos no podían parecerse a la tierra. Galileo persistía en afirmarlo, y escribió un corto informe sobre sus observaciones, que fue alabado por unos, y atacado por otros. Cuando invitó a algunos de los que lo atacaban a que mirasen la luna a través de su telescopio, ellos declinaron su ofrecimiento. La mera observación, realizada por los seres humanos con sus imperfectos sentidos, no podía, obviamente, servir para refutar la aceptada y autorizada enseñanza existente entonces sobre la luna que era lógica y consistente en relación con el principal cuerpo de doctrina entonces dominante —la enseñanza según la cual la tierra y todo el mundo sublunar eran imperfectos, mientras que la luna, el sol y las estrellas, seres cercanos al cielo, eran perfectos—.

Existían entonces una diferencia que no debe ser olvidada: el conocimiento revelado y el conocimiento deductivo o axiomático no estaban abiertos a la comprobación empírica.

(Norbert Elías [1]).

Para poder comprender la realidad, las personas realizamos dos transformaciones de lo que percibimos del mundo. La primera es sensorial y la segunda de tipo lingüístico. Con distintas generalizaciones, eliminaciones y distorsiones de la realidad atribuimos significados a nuestro pensamiento y generamos nuestra constelación de creencias, criterios y valores.

No hay que prejuzgar a los hombres por sus opiniones, sino por lo que estas opiniones hacen de ellos.

(Regla de oro de Linchtenberg[2]).

Estudios epidemiológicos recientes han demostrado que lo que las personas opinan de su propia salud tiene relación con su salud real. En estas investigaciones se solicitó a los sujetos, en similares condiciones físicas, que calificaran su salud de excelente, buena, regular y mala. Esto constituyó un magnífico factor para predecir el tiempo que vivirían. Quienes creían tener mala salud mostraron tres veces mayor propensión a morir en los siete años siguientes.

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Un comentario

  1. Marco Antonio

    «Quienes creían tener mala salud mostraron tres veces mayor propensión a morir en los siete años siguientes»: a lo mejor consideraron tener «mala salud» porque tenían mala salud.
    «…los alumnos reflejan un rendimiento académico influido por lo que el profesor cree que estos son capaces de hacer»: a lo mejor el profesor tiene cierto ojo para darse cuenta de qué son capaces de hacer sus alumnos.
    «…los profesionales más creativos suelen ser los que creen de sí mismos que lo son»: a lo mejor es porque lo son.

    ¿Qué es antes: el huevo o la gallina? ¿Cuándo volverá esta revista a ser lo que fue al principio y dejará de publicar artículos simplones?

    Es que equiparar las tres frases entrecomilladas con «la relación entre las creencias del paciente y la efectividad de su sistema inmunitario es ya indudable para la comunidad científica» es una trampa grosera.

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