
En un encuentro en el que los escritores son mayoría, como es el caso de las Converses de Formentor, la presencia de un historiador se vuelve particularmente simpática. Y lo es sin duda en esta edición pandémica la de José Enrique Ruiz-Domènec (Granada, 1948), que reúne en su persona la erudición, la sensatez y el buen humor.
Especialista en la Edad Media, la cultura europea y el legado mediterráneo, el autor de títulos como El reto del historiador, Cautivos de la fama, Atardeceres rojos o España, una nueva historia ha trabajado en los últimos tiempos sobre las pestes históricas, sobre las que acaba de publicar El día después de las grandes epidemias (Taurus). Con Ruiz-Domènec se puede hablar de casi todo, pero esta vez tocaba restringir el campo a cuestiones como el mundo medieval, la leyenda negra española, Cataluña, la deriva europea o la novela histórica. Y este fue el resultado.
Siempre se habla de «la oscura» Edad Media, pero, ¿lo fue tanto?
No, eso es un tópico hoy día indefendible. No solo porque desde mediados de los años setenta se abrieron espacios de interpretación mucho más sólidos, en la vía que dirigieron en París los dos grandes medievalistas, Georges Duby y Jacques Le Goff, ambos maestros míos y luego amigos míos, con los que mantuve hasta su muerte muy buena relación, y que demostraron claramente que esa Edad Media de la oscuridad era un prejuicio romántico, en la medida en que el romanticismo quería crear una atmósfera que luego se llamó gótica. No, la Edad Media, en su complejidad, es demasiado grande para calificarla de una forma tan simple. Y los siglos centrales son de gran desarrollo en todos los planos: economía, tecnología, cultura… Por otro lado, la ironía sería cómo una civilización como la nuestra, la europea, podría nacer de una época tan oscura, porque nuestros fundamentos son medievales. Son prejuicios que anidan generalmente en las afueras de la alta cultura: en las series de televisión que muestran a esa gente sucia, que no se lava… Cosa que es mentira, porque se lavaban tanto o más que la gente de hoy.
Cuando se piensa en la Edad Media, a menudo la primera imagen que nos viene a la cabeza es el caballero con su armadura. Cuando uno hace ahora una visita turística a un castillo medieval y ve esos armatostes, se pregunta cómo era posible que nadie luchara con tanto peso encima…
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Un historiador que insiste en identificar a alguien con una nacionalidad cuando en su época no existía ese territorio como nación o estado se desprestigia solo.
No lo creo, lo que está diciendo es precisamente lo contrario, que en esa época no existían los conceptos que mencionas, ni «nación» ni «estado», habla en términos geográficos.
Una entrevista interesante que cuenta con una serie de hitos apodícticamente muy ilustrativos del pensamiento del entrevistado, tales como …» El principal valor de Europa es un mestizaje sociocultural, por tanto, si los políticos quieren preservar los valores europeos, que impulsen el mestizaje»… Europa, sr. Domènec, no es un simple solar expectante a la llegada de nuevos pueblos. Los germanos, a modo de ejemplo, sólo aportaron la espada, se asimilaron a la cultura grecorromana y el Viejo Continente sufrió siglos de involución: gentes que se hicieron arrianos porque no entendieron el concepto trinitario o repartieron sus territorios como Carlomagno porque no entendían la diferencia entre el patrimonio cesáreo y las tierras sobre las que extendían su dominio. El Viejo Continente,ante los cambios vertiginosos que vienen imponiéndose en un Capitalismo Globalizador, no puede permitirse errores y pongo en tela de juicio que los flujos migratorios procedentes de un África aculturada y colonizada vayan a aportar nada positivo a la vida de una Europa decadente, políticamente correcta y defraudada con un proyecto como la Unión Europea que nos ha hecho franquicias de Alemania – los británicos se han dado cuenta y han optado por marcharse – y que ha puesto de relieve cómo la Historia sigue pesando mucho en las relaciones de vecinos que son, por demás, demasiado conocidos.
Respecto a los Severos, este señor demuestra no saber demasiado de Historia Antigua o, al menos, la interpreta a conveniencia: Caracalla concede la ciudadanía romana a todo hombre libre para simplificar y unificar criterios fiscales y el poder creciente de esta dinastía – que poco pudo hacer para revertir el inexorable proceso de declive del Imperio Romano – se debió – como antes sucedería en el s.II con Trajano y Adriano con la Bética – a la creciente importancia de Numidia y Mauritania en la provisión de aceite que, aunque de peor calidad que el que se elaboraba en el mediodía hispano, no hacía falta tener que remontar el Betis para conseguirlo.
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