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¿Es la crítica un género periodístico? Durante los años —más de quince— en que me dediqué regularmente al reseñismo crítico me hice a menudo esta pregunta, siempre proclive a contestarla en sentido negativo. No tardé en dar con una respuesta tan pretendidamente ecuánime como reticente: la crítica, me decía, o más bien lo que solemos entender por ella (es decir, la crítica al uso, la que encontramos en los diarios y en las revistas, no por supuesto la más creativa o sesuda, ya sea ensayística o de corte académico) es un género bastardo, surgido a mediados del siglo XVIII de la oportunista connivencia de la vieja exégesis y del entonces naciente periodismo, y por lo mismo nunca bien adaptado a los presupuestos y a las exigencias de este. Buena prueba de ello, pensaba, es que el crítico (como, por otra parte, el cronista, también él cultivador de un género híbrido) muy pocas veces tiene un puesto en la mesa de los periodistas, en la que suele ser recibido, las pocas veces que se sienta en ella, como un intruso.
Esta respuesta no me satisface en absoluto en la actualidad. No me parece, además, que sirva para explicar gran cosa. Hoy tiendo a pensar más bien que sí, que la crítica es un género periodístico, y que se ha ido transformando y está condenado a seguir transformándose en la medida en que el periodismo lo haga, tratando no solo de mantener un lugar propio en el marco que este le brinda, sino de reconquistar el papel bastante más preponderante que en otros tiempos llegó a desempeñar dentro del mismo.
Me parece revelador, con todo, justificar aquí la aprensión que me movía, cuando era reseñista, a considerar que lo que hacía no era propiamente periodismo. Tiene que ver con aprensiones que suscribo todavía en buena medida y que juzgo de interés explicitar, siquiera sea como hilo conductor de cuanto me propongo decir.
Verán: desde sus orígenes, la práctica del periodismo —me limito ahora al orden del discurso, no de los soportes materiales o ideológicos— se ha sostenido sobre tres pilares principales: la información, la opinión y la publicidad. Por lo general, determinados recursos tipográficos y de diseño, a veces muy sutiles, indican al lector cuándo se trata netamente de una u otra cosa (por mucho que en la práctica sea cada vez más difícil establecer las fronteras correspondientes). Ahora bien: ¿a cuál de estos tres ámbitos se adscribiría la crítica?
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Sin duda, un artículo-ensayo digno de ser leído. Creo que la crítica cultural es más necesaria que nunca en tiempos de dictadura algorítmica. No desdeño esta, que me ha descubierto obras maravillosas en el ámbito audiovisual, como Shtisel, por ejemplo, pero siempre me parecerá más fiable la crítica de un reseñista que vive por y para el oficio de crítico, incluso no estando de acuerdo con ella. Es más, suelen ser estas las que me lanzan a comprobar la calidad de un producto, más que los ditirambos.