Arte y Letras Lengua Literatura

El traductor en su trastienda

Thomas Stearns Eliot traductor
T. S. Eliot. Foto: Cordon Press.

La dinámica editorial valenciana Olé Libros publicó en 2020 mi versión de The Waste Land / La tierra baldía, maravillosamente fundidas en el diseño que Kike Correcher hizo para las cubiertas. Pronto se despertaron lectores curiosos que indagaban en los porqués de algunas decisiones. Es buena señal. En las respuestas que siguen, los interesados en la traducción literaria podrán escudriñar algo del trajín que suele acompañarla. El taller del traductor literario, o mejor aún, su trastienda, es un lugar solitario, pero frenético, donde se atropellan decisiones y revisiones y donde las certezas súbitamente se tornan dudas. Como dice el propio Eliot en su fenomenal The love song of J. Alfred Prufrock:

In a minute there is time

For decisions and revisions which a minute will reverse.

He apartado cualquier veleidad ensayística en este artículo, así que no entraré en disquisiciones de alta traductología; no hablaré de la noción de equivalencia en Eugene Nida; no indagaré en si el metapoema debe ser independiente del poema o seguirlo fielmente, aunque el resultado le suene poco natural al lector. Aquí hablaré de cinco problemas (aunque podrían haber sido fácilmente veinticinco) a los que realmente me enfrenté durante los dos años de trabajo en esta traducción.

De cosas así está hecha la brega diaria del traductor.

I

Todo empieza durante uno de mis paseos por las montañas en las que vivo. Al pie de un olivo, a la vera del camino, sorprendí a un perrillo mil leches montando a una hembra con el vigor añorado de la juventud y la ayuda inestimable del hueso peneano que poseen muchos mamíferos, pero que no nos tocó en la lotería de la evolución a los machos humanos. Pese a ello me grité eureka nada más verlo. Su acto natural, fogoso y jadeante me dio la solución para el primer verso de La tierra baldía, célebre entre los célebres:

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25 comentarios

  1. Me ha encantado el artículo. La profesión de traductor siempre me ha parecido fascinante , amén de importantísima, y siento mucho que con demasiada frecuencia no esté lo bastante reconocida además de mal pagada.

    • Luis Sanz Irles

      Muy amable. Sus anotaciones sobre la profesión (en mi caso sería más ajustado decir «trabajo», puesto que no vivo (¿acaso podría?) de él, son exactas. Al menos ya vamos consiguiendo (algunos) que nuestro nombre figure tanto en la cubierta, como en la portada. Hasta no hace mucho éramos invisibles.

      «La bien pagá» no se canta para nosotros.

  2. En resumen: traductor, traidor. Y está obligado a serlo especialmente en la poesía.
    Líbranos, Señor, de tener que ver tapices flamencos del revés. Pero no hay muchos que dominen lo suficiente el francés, inglés, italiano, alemán, ruso, y en cuanto al japonés… Sí, es mejor ver el reverso que no ver nada. Así me lleven los diablos.

    • Luis Sanz Irles

      Sí, pero el mayor traidor en, a la postre, el lector, porque quien lee siempre traduce (o retraduce, cuando lo que se lee es una traducción).

      • Nadie lo duda. Ese es el gran argumento.
        Creo que era Borges el que decía que las grandes obras no pertenecen a su autor, sino a la humanidad, para que cada cual vea en ellas lo que tiene que ver.

  3. Estimado Luis, enhorabuena por la brillante exposición, por los ejemplos, las dudas, opciones y soluciones y por mostrar una ínfima parte de esta nuestra profesión.

    Lo del triste tópico del dicho italiano, deberíamos de situarlo en lo anecdótico salvo que la traición sea en clave “erotico-sexual” y nos muestre un acto de promiscuidad salvaje entre emisores y receptores… suena algo mas frío o distante pero eludimos la complejidad de las autoridades, las autorías etc.

    El debate da para mucho y confío en que algunos se sumen (ojalá) a esta interesante discusión… aunque el que quiera participar que primero intente traducir un par de estrofas y luego que opine.

    Congratulations again and I will think in the “jug jug” pun.

    Best!

    • Luis Sanz Irles

      Qué amable, José. Muchas gracias.
      Puede interesarme lo de la promiscuidad salvaje esa que insinúa.
      And please do mull over the jug jug pun.

      • Hola de nuevo y voy a mull ovear un poco.
        En esta época de mucho “textual harrasment” y de mas “textual intercourse” cuesta saber dónde están los límites. La imagen que das al principio del artículo de loa perros ilustraría muy bien esto mismo que decimos. ¿Dónde acaba lo biológico, lo animal y lo artístico? En algún lugar que algunos llaman “poesía”… aunque no seré yo quien se pronuncie sobre esto. Lo dejamos como “hilo pendiente”

        Pero volvamos a la onomatopeya. En mi caso apostaría por el tradicional gorjeo cuyo “sonido” adquiere la forma “glu glú” (mucho mas asociado al pecho) aunque como bien apuntas es “dirty” el que lleva la carga y amplifica sentido, imagen, conjunto, armonía.

        Apostaría más por “oído ruin” (fíjate) pero no me llega a convencer del todo aunque si que es cierto que los poetas en lengua inglesa exigen un algo nivel de “intertextualidad” a sus lectores y ya puedes estar versado en mitología, alegorías y similares.

        abusar de la nota al pie y aleja al “lector” del verso, estrofa y romper el ritmo, pues elección editorial pero, como casi todo en traducción, mientras sea coherente, sin problemas.

        De todos modos, sigo mull overando y veremos qué te parece

        • Luis Sanz Irles

          Bueno, jeje, el glu glú tiene su gracia, ciertamente, por su calenturienta conexión con la succión, pero no veo modo de que no nos aparte de la imagen de un pájaro.

          «Oido ruin» me gusta por su paradójica eufonia: «Ruin» es un bello sonido para un feo rasgo moral. De habérseme ocurrido, lo habría sopesado, sin duda, aunque sospecho que «sordos» habría acabado ganando la pelea.

          • Fácil no es y en eso creo que todos estamos mas que de acuerdo pero como son múltiples niveles a traducir (rítmicos, semánticos, etc.) y como ya comentamos al final solo se puede dar una solución.
            De ahí la promiscuidad textual en la cuestión a la que opino que esta sometido todo poema.

            Esta claro que lo que está escrito es lo que hay, que no es poco, pero falta ver cómo queda el conjunto. Al leer la estrofa completa “sordos” NO me chifla (como decimos en nuestro grupo de trabajo) pero sigo insistiendo en la dificultad del tema.

            Lo bonito es que sigue siendo algo cuestionable y por tanto vivo y actual.
            Y por supuesto, mi reconocimiento al que lo intenta y que además esta abierto a propuestas y sugerencias.

  4. Si de fuerza y rotundidad se trata, en el caso del “undone” del verso 63 también se podría contemplar truncar, o tronchar, aunque quizás se aparten demasiado del original. Me encantaría saber la opinión del articulista, aunque no sé si se trata de uno de los “interactivos” como nuestro caro Frabetti.

    • Luis Sanz Irles

      Gracias.
      Descartaría tronchar. Toda palabra lleva algunos fardos adosados y el de tronchar (-se de risa, por ejemplo) nos apartaría enseguida del tono que imponen el undone/disfatta.

      Truncar habría sido otra posibilidad, sin duda, aunque el grupo «mb» tiene una resonancia fonética que lo hace más atractivo a mi oído, para un verso como este. Hay un trueno en ese «-rrumb-» que me gusta. Claro que ese «trun-» no es manco tampoco.
      Habría sido una opción válida, sí.

  5. Ameno, sorprendente (a ratos abracadabrante) y hasta emocionante artículo. Gracias por compartir tus gozosos tormentos de traductor. He disfrutado mucho leyéndolo. Antes de la labor del traducción desde un idioma a otro, si es que el poema está escrito en una lengua extranjera, en la poesía hay un proceso previo de traducción: desde el lenguaje interno del poeta al del colectivo en el que convive. Traducir a palabras lo que uno siente tiene procesos parecidos a los que describes, similares decisiones arbitrarias y discutibles, pérdidas dolorosas, añadidos superfluos, traiciones y hallazgos inesperados.

  6. Qué artículo, señor! Una maravilla. Me ha hecho sentir privilegiado al invitarme a entrar sin conocerme a su «taller»
    o «trastienda», unas definiciones que denotan humildad, pero que a su vez merecerían una «traducción» metapoética, de
    intenciones, ya que usted muestra una tal pericia y seguridad que le permitirían usar esos términos, solo para que el
    lector se pregunte si serían los vocablos apropiados, la traducción justa de sus intenciones como la de los libros que
    traduce. Una prerrogativa de los que conocen su oficio. Yo, en vez de taller o trastienda, lo llamaría «laboratorio»
    con tanto de alambiques, lupas, microscopios, vapores insanos y tanto desorden. Junto a la curiosidad de saber quién
    hace sonar las campanas de mi pueblo, cuestión todavía irresuelta por mi lejanía de las iglesias, el oficio, mejor
    dicho el arte de traductor, ha sido siempre un misterio junto. Por lo menos ahora sé un poco más. Muchísimas
    gracias por la amena lectura.

    • Luis Sanz Irles

      Le agradezco los elogios. Estimulan. Algo de alquimia sí que hay en este quehacer, como insinúa usted.
      Y muy buena esa imagen de las campanas y los campaneros.
      (Coincidencia: hay muchas campanas en mi última novela, que no tardará ya en publicarse). ¡Ah, las campanas!

  7. Lo han conseguido.
    Acabo de amazonar el libro.

  8. Me disculpe, pero hay frases que no soportan el vacío. Espero volver a leerlo y tomo nota de ese libro. Gracias.

    Ah, las campanas,
    que despertaban hasta las palomas,
    la calle larga de mi pueblo
    todavía de ensueño, mi abuela,
    india pía y silenciosa
    que de negro y desgranando el rosario
    sabía olvidarse de las horas.

  9. «Eligió de la traducción» me provoca su análisis. Profundo y delicado. He leído la versión bilingüe de Cátedra; traducción j. L. Palomares. Agradecida a sus comentarios

    • Luis Sanz Irles

      Es una buena traducción, la de Palomares, y una buena edición, a cargo de Viorica Patea.
      Gracias.
      Y no se apure, que se entendía lo de elogio.

  10. Elogio quise escribir

  11. Elogio

  12. Interesantisimo artículo. Si la traducción en general es meritoria, la traducción de poesía (lo que el texto dice, cómo lo dice, por qué lo dice de una manera y no de otra, y hasta a qué obra/s cita) lo es aún más, y textos como éste ayudan a valorarlo en su justa medida. Muchas gracias.

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