
(Viene de la primera parte)
Como decíamos en la primera parte, si distintas culturas pueden usar diferentes tipos de escala musical, ¿por qué todas valoran las octavas del mismo modo? Esto sí podría ser innato. Hay estudios que parecen mostrar que la percepción de la octava se da también en otros animales y podría estar «programada» en el cerebro.
Otra característica universal de las escalas musicales es que, como indica la propia palabra «escala», están compuestas de intervalos prefijados. La longitud de los intervalos entre notas puede variar de una cultura a otra, por ejemplo de una escala basada en semitonos a otra escala que incluye microtonos. Pero, si se fijan, en ambos casos las guitarras tienen trastes que marcan los intervalos fijos entre las notas.
En una escala, la que sea, las relaciones matemáticas entre las notas se mantienen sin importar cuál sea la frecuencia concreta de la primera nota. ¿En qué frecuencia sonora debe estar el primer do de la escala para que lo reconozcamos como tal? No importa. El do puede estar en la frecuencia que queramos, porque no hay una frecuencia predeterminada para definir ninguna nota. Sí existen algunos estándares; el más habitual hoy es definir una nota la con una frecuencia de 440 Hz. Pero es una de muchas convenciones posibles, que cambian según lugares, épocas y preferencias personales. Si no existe una frecuencia concreta férreamente asignada a cada nota concreta se debe a que la inmensa mayoría de los humanos no somos capaces de identificar al vuelo las frecuencias sonoras. Quienes sí pueden poseen una habilidad llamada «oído absoluto». Suelen ser una minoría que ha recibido instrucción musical desde la niñez. De hecho, es una habilidad poco común incluso entre los más grandes músicos. Mozart tenía oído absoluto, Beethoven parece ser que también, mientras que Händel o Stravinsky no lo tenían. En cualquier caso, el oído absoluto, si bien es muy útil para ciertas tareas musicales y parece un don mágico (de hecho, ¡es muy impresionante!), no es necesario para ser un gran músico. Las personas con oído absoluto suelen preferir ciertas frecuencias concretas con las que han sido entrenadas, pero las frecuencias concretas de las notas varían según épocas y lugares, así que ni siquiera esas personas excepcionales pueden decir que hay un «do verdadero». Lo único que pueden decir que hay un do que prefieren. ¿Al resto de nosotros? Nos da igual. No distinguimos esos matices.
Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.







Me gustó mucho.
Buen colofón.
Buen artículo, Emilio, pero, por lo que yo se, los armónicos que crea cada nota individualmente son los que provocan que percibamos algunos intervalos como consonantes independientemente de cual sea nuestra cultura o época, son razones que obedecen leyes físicas. La 8va así como las 5tas y 4tas (inversión de las quintas) son comunes a todas las culturas y traducibles matemáticamente. Luego hay otros, como las 3ras, modificados ligeramente en la actualidad para igualar el sistema (temperado) y poder transportarlo a todos los tonos. En fin que creo que tu artículo deja un poco como fenómeno secundario a los armónicos que están en la base de todos los sistemas.
Esos intervalos sencillos son consonantes, y por tanto están en casi todas las escalas humanas, porque sus funciones de onda tienen mínimos comunes múltiplos muy bajos, es decir, sus bucles encajan cada poco. Pero creo que eso no quita que es sorprendente el hecho de que los «espacios en blanco» que dejan esos intervalos sencillos dentro de la escala hayan sido rellenados en casi todas las culturas con semitonos y no con cuartos de tono o cualquier otro divisor interválico…
Lo más probable sea que, al igual que se admite que la mayoría de lenguas provienen de un idioma común (indoeuropeo), el relleno con semitonos responda al ciclo de quintas que ya usaban los griegos. No lo se, podría ser. De todos modos los cuartos de tono existen en más de una cultura y tampoco nos son tan extraños a nosotros a través del blues.
Qué buen artículo! Un placer leerlo. Sobre el misterio de los sonidos y el resultado estético y emocional sobre nosotros,
aún hoy me pregunto por el porqué de cierta «ansiedad o angustia» que se manifiesta luego de una sucesión ordenada de
sonidos, como esperando una resolución a nuestro gusto y como si no hubiera otra. En aquel film en donde se mezclaba la
vida real y la de los dibujos animados, con un conejo hiperactivo e imprevisible y un detective descreido y alcoholizado,
era fantástica aquella escena en la cual un pérfido personaje, para poder atrapar al conejo, comienza a golpear muebles y
paredes con esa sucesión de corcheas, semicorcheas y sus silencios que ya es parte de nuestra cultura, pero dejando en el
aire sus últimas dos, y es tanta la ansiedad que le causa al conejo ese final que no llega que, aún sabiendo el peligro
que correrá no duda en salir de su escondite y gritar esas dos notas. Un alivio para él, y por supuesto para mí cuando
la veo. Gracias por la lectura.
Estupendo artículo! Solo aclarar que la guitarra «corregida» también tiene algunos acordes e intervalos que sonarán peor que otros, como en la anécdota del órgano de Bach que se cuenta después. Todos los temperamentos distintos al «temperamento igual», que es el que tiene la guitarra usual con trastes rectos, albergan puntos ciegos (tonalidades, escalas o intervalos que suenan peor que otros). El problema de la guitarra usual es exactamente igual en el piano: armónicos sonando simultáneamente y no en la misma frecuencia que notas reales. Lo único que garantiza el temperamento igual es que suena igual de imperfecto en todas las tonalidades y escalas, mientras que el resto de temperamentos no son homogéneos.
Sin saber música estos dos artículos me han resultado entretenidos e ilustrativos tanto que me gustaría un tercero en el que se explicará a litros como yo la v diferencias con otras músicas como la árabe o la japonesa o la India que suenan tan «raras» para pisos occidentales.
Fe de erratas.
Legos en vez de litros y oídos en vez de pisos.
a mi también me encantaría, es un tema interesantísimo.
Felicidades al autor de tan excelente artículo. Siempre me ha interesado la música y la teoría musical, aunque no he ido más allá de Walter Piston o el famoso tratado de Schoenberg. Me gustaría conocer más bibliografía sobre divulgación de teoría musical, armonía, etc. Me parece un tema apasionante y se nota que el autor de este texto lleva consigo buenas lecturas sobre el tema. Gracias
Buen artículo, muy bien escrito. Felicidades al autor.
MAGNIFICO ARTICULO. Mil mil gracias, y Felicidades.
Siento apartarme de la idea principal del artículo pero en mi caso sí que hay colores que «desafinan». Juntando dos cartulinas, una roja y otra verde, los colores «chocan»; invariablemente se produce una reverberación en la línea de unión que «veo» y esta línea, aunque es difusa, me parece negra. Igual se trata de un defecto en mi visión, porque nadie de mi entorno aprecia lo mismo, pero en mi realidad esos colores chocan sin armonía.
Hola Emilio, excelente articulo, creo que va a ser el siguiente que lea en Torpedo Rojo. Maravilloso.