Ocio y Vicio Eros Sociedad

Oasis de libertad sexual en el Madrid de finales de los años 70 (y II)

oasis libertad sexual madrid
DP.

(Viene de la primera parte)

Sobre el comportamiento sexual de las chicas hay poca información. Hubo relaciones lésbicas dentro de aquel grupo, sin duda, pero se mantuvieron con más discreción. Luis Antonio de Villena cuenta que lo que sí había era mucha «mariliendre», chicas que se especializaron en llevarse homosexuales a la cama. «Recuerdo una muy fea, con amplias caderas y generosos pechos que causó estragos entre la comunidad gay. Se aprovechaba de aquellos muchachitos que se encontraban deprimidos por algún desengaño amoroso para, con la excusa de darles consuelo, terminar metiéndolos en su cama. Y como yo digo: lo difícil es lo de antes, pero cuando dos están ya entre las sábanas todo puede ocurrir. Una de las mayores hazañas de aquella mariliendre fue la paja que discretamente le hizo a un amigo mío en la barra de un conocido bar, rodeados de gente».

Borja Casani apunta que «las drogas influyeron mucho en los comportamientos sexuales. En los bares se iba en parejas al baño para esnifar una raya. Y una vez allí —en algunos casos— surgía con facilidad un contacto íntimo». «Los índices de promiscuidad se elevaron mucho en aquellos años —añade Casani—. Había personas que podían tener cuatro o cinco rollos en una noche. Recuerdo a algunos componentes de la redacción de la revista (La Luna de Madrid) que, como quien  ahora baja a la calle a fumar un cigarro, me decían por la tarde, con todo el desparpajo del mundo: “salgo un momento a que me hagan una mamada y vuelvo en seguida para terminar la página que estoy maquetando”». Se refiere Borja Casani a personas que acudían a baños públicos, saunas o a ciertos cines (como fue el Carretas en la calle del mismo nombre) donde en cualquier momento del día se podía obtener un servicio sexual gratuito, generalmente de tipo homosexual.

Una persona que vivió intensamente aquellos años, y que hoy —casado y con hijos—prefiere mantener el anonimato, nos responde por correo electrónico: «La vía más rápida —muchas veces utilizando las drogas como combustible—  que teníamos entonces para llegar a la felicidad era la promiscuidad sexual sin reparar en el género de tu efímera pareja. Sin ataduras, sin complejos, sin culpabilidad, sin prejuicios. Todo estaba permitido. Fue una gran fiesta».

Como cantaba Santiago Auserón, vocalista de Radio Futura, uno de los pocos grupos musicales de la época con buenas letras, en «El nadador»: «Puede que mi alma sea un frasco vacío, pero mi cuerpo es un río».

Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.

Regístrate gratis

SUSCRIPCIÓN MENSUAL

5€mes
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL

35€año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL + FILMIN

105€año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
1 AÑO DE FILMIN
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 

Un comentario

  1. Pingback: 11 noviembre: la libertad sexual y sus límites en la Movida – Explorar Madrid Carleton

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*