
John Wilmot, conde de Rochester (1647-1680) escribía poemas como este que a continuación copio y traduzco. Creo que figura su respuesta a una mujer que, como él afecta no apreciarle como ella merece, ha decidido romper la relación:
At last you’ll force me to confess
You need no arts to vanquish:
Such charms from nature you possess,
‘Twere dullness not to languish;
Yet spare a heart you may surprise,
And give my tongue the glory
To scorn, while my unfaithful eyes
Betray another story
***
Por fin me obligarás a confesarlo
no necesitas galas para vencer:
la naturaleza te ha dado tales encantos
que sería necio no anhelarte;
pero ten piedad de un corazón que puedes asaltar
y dale a mi lengua la gloria
de despreciar, mientras mis ojos desleales
traicionan otra historia
Doy «galas» o «cosméticos» o «maquillaje» por «arts». Supongo que ese es el sentido de la palabra en este contexto, para contrastar con el «nature» del siguiente verso. Sea como sea, es obvio que la gracia, la música del original se pierden en la traducción.
Rochester era hedonista, ateo, había leído muy bien a los clásicos griegos y latinos.
Love and life a song
All my past life is mine no more
The flying Houres are gon
Like transitory Dreames giv’n ore
Whose Images are kept in Store
By Memory alone.
What ever is to come is not
How can it then be mine,
The present Moment’s all my Lott
And that as fast as it is got
Phillis is wholy thine.
Then talke not of Inconstancy,
False Hearts, and broken Vows,
If I, by Miracle can be,
This live-long Minute true to thee,
This is all that Heav’n allows
En español, «Amor y vida una canción» dice más o menos lo siguiente:
Mi pasado entero ya no es mío,
las horas se han ido volando,
como sueños fugitivos
cuyos recuerdos conserva
solo la memoria.
Lo por venir no está aquí;
¿Cómo iba entonces a ser mío?
Mi único patrimonio es el presente;
y tan pronto como me llega,
Filis, tuyo es.
Así que no hables de inconstancia,
de corazones traicioneros y promesas rotas
si, por milagro, puedo
serte fiel durante este instante eterno,
porque el Cielo no concede nada más.
Parece escrito hoy pero lo escribió en inglés del siglo XVII John Wilmot, paradigma de los poetas cortesanos de la Restauración británica y paradigma del libertino a tumba abierta. Incluso en el sermón de su funeral el capellán subrayó que Rochester «estaba tan hecho al pecado que varias veces estuvo a punto de morir como un mártir por él». Su poesía, que ha sido durante largos periodos de tiempo despreciada por sus elementos soeces o vulgares y por la virulencia de sus sátiras que lo hicieron para muchos odioso mientras vivía e insignificante después de muerto —sus sátiras, y las de mano anónima que se atribuyeron a su pluma: fue un caso semejante en esto a Quevedo— ha vuelto a instalarse en los puestos más distinguidos del canon; o por decirlo de manera más llana: el materialismo antiheroico y descreído de su visión del mundo, la belicosidad de sus críticas, su vindicación de la atracción erótica y del sexo físico, y el desorden de su vida, atributos que hasta hace poco hablaban contra él, y ahora hablan a su favor.
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No tenga usted miedo ni prejuicios: «El libertino» es una película más que digna, con una magnífica interpretación del Sr. Depp. Ya puede vd. correr al videoclub sin temor.
Generalmente, cuando leo los óptimos artículos de este rincón literario, como cualquier otro lector pruebo una corriente de simpatía por quien escribe, y si lo hace en manera fluida y agradable como este, más áun, pero que usted diga que no piesa ver ese film me deja un poco desorientado. Me lleva a pensar que entre usted y yo hay un abismo inmenso que a duras penas puedo calificar como comprensible. Son pocas las películas que me han disturbado tanto como El libertino, del inicio al fin. Casi todo lo que usted relata está en el, incluída la escena del macaco que genera un desgarrante diálogo con su esposa. El maquillaje para mostrar los efectos de la sífilis, de tan horrendo es sublime como el amor que siente por el arte. Y al final, y no sé si corresponde a la verdad historica, lo muestra como debe de haber sido ese personaje: generoso y noble. Con sus últimas fuerzas y deformado por la enfermedad defiende en el parlamento al rey, a quien siempre despreció. De cualquier manera, le agradezco por las noticias sobre él.