El reality show del calamar

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El juego del calamar. Imagen Netflix
El juego del calamar. Imagen: Netflix.

En otros tiempos, el gran problema al que se enfrentaban los estudios y las emisoras de televisión era que, a la hora de crear un nuevo producto, no existía garantía de éxito. Ni siquiera cuando se imitaba otro producto exitoso. Cuando no existían los algoritmos computerizados, el público era realmente imprevisible.

Excepto en aquellos casos donde podía hablarse de, entre comillas, un «público cautivo». Un ejemplo eran las «amas de casa»: entre los años cincuenta y sesenta, cuando aún predominaban los matrimonios tradicionales y muchas esposas se quedaban en el hogar, las televisiones dedicaban las mañanas a programas ligeros, basados en la palabra, que pudiesen ser escuchados y por lo tanto compatibilizados con las tareas domésticas. No eran programas que requiriesen pegarse a la pantalla para analizar hasta el último detalle. Eran concursos, culebrones, o talk shows. Esto es, programas que podían ser vistos de manera intermitente en el caso de que la persona enganchada a ellos tuviese un día más ajetreado de lo normal. Incluso los culebrones estaban diseñados para que la pérdida de un capítulo no fuese un impedimento. En un culebrón puede parecer que es importante lo que sucede en cada episodio, pero es un juego de espejos: lo realmente importante es saber quiénes son los buenos y quiénes son los malos. Y es importante saber que no dejarán de serlo. Salvo sorpresa, claro está, pero las sorpresas dejarían de funcionar si se convirtiesen en la norma. Así que: buenos y malos; mecanismos dramáticos simples y dicotómicos. Eso funciona.

Existe una distinción entre una serie de televisión que tiene un argumento inteligente, y una serie que tiene un argumento con momentos muy tontos, pero que ha sido escrito de manera inteligente. Culebrones como Dallas, Dinastía o su secuela Los Colby podían contener argumentos que eran estúpidos hasta el infinito, pero no fueron creados por gente estúpida, ¡todo lo contrario! Además de tener bandas sonoras con melodías que Hans Zimmer no podría concebir ni tropezándose con el marco de una puerta, eran series cuyo éxito internacional se debía a que acertaron ofreciendo justo lo que determinado público estaba deseando ver. Y ni siquiera hablo de un público concreto. Dallas se convirtió en un fenómeno que no entendía de límites demográficos. Y todo el mundo sabía cómo se llamaban los personajes principales de Dinastía o Falcon Crest.

Es verdad que no imagino a Jorge Luis Borges viendo Dinastía. Pero muchos de nosotros, que a pesar de no ser Borges tampoco somos consumidores habituales de culebrones, podemos sentirnos entretenidos. La clave está en no pensar demasiado, porque los argumentos llegan a ser muy absurdos, especialmente cuando los creadores se han gastado ya todos los cartuchos de la sorpresa y no saben qué demonios hacer para continuar epatando al televidente. En Los Colby, de hecho, está mi desvarío favorito en la historia de la ficción televisiva: a Fallon Carrington-Colby, interpretada por la entonces celebérrima Emma Samms, ¡se la lleva un platillo volante! Perdón por el spoiler si es que planeaba usted ver Los Colby, pero, en serio, merece la pena ver esta secuencia (¡de 1985!) para entender que los actuales culebrones turcos, aunque sean muy efectivos, tienen todavía un largo camino por recorrer para alcanzar semejantes cotas de insensata grandeza:

Lo de estar viendo un argumento con escenas que parecen absurdas, ilógicas o exageradas, pero que al mismo tiempo me hace pensar «qué astuta es la gente que ha escrito esto», es algo que me sucedió con las primeras temporadas de sendas series españolas: La casa de papel y Élite. Ambas, como El juego del calamar, estaban dirigidas a un público adolescente, y ambas fueron grandes éxitos internacionales. A veces he comentado esto a mis amistades y me han mirado en plan «ya estás con tus estupideces», pero lo único que se necesita es comparar Élite con otras series sobre colegios pijos hechas en Estados Unidos o en Hispanoamérica. ¿Es una serie con un argumento inteligente? No. ¿Es una serie concebida de manera inteligente como producto? Sí. Pienso siempre en aquella ocasión en que un cocinero de prestigio mundial probó las hamburguesas de una famosa cadena de comida rápida y sentenció: «Están buenas». Es decir, son comida rápida, pero si está usted en un apuro de tiempo, le  llenarán el estómago y además le producirán una sensación agradable. Y a los chicos y chicas jóvenes les encanta.

En estos tiempos ni siquiera es extraño que Corea del Sur se destape con la comida rápida más efectiva de todas. Los coreanos llevan años en la vanguardia de la ficción audiovisual, al menos la de vocación más comercial, hasta el punto de que han conseguido que el actual cine de Hollywood parezca hueco e insustancial. El Óscar que Parasite recibió como mejor película llegó en un momento histórico tan preciso que casi pareció un reconocimiento tácito de la superioridad del (artísticamente) reinante cine surcoreano. Cada vez que veo una película de Marvel, y al poco veo una película surcoreana, es como si la maquinaria de Hollywood se hubiese estancado en la caverna de Platón y los productores surcoreanos estuviesen danzando felizmente al sol.

Primero aclaremos que no, El juego del calamar no es una obra maestra como quizá habrá usted leído o escuchado a los fans más exaltados. Es más: ni siquiera es la mejor serie coreana que puede usted ver en Netflix. Por ejemplo, si no ha visto las dos temporadas de Kingdom, la serie de zombis ambientada en la Corea del siglo XVII, sepa que se está perdiendo una obra de arte. Los coreanos están en ese punto en que pueden retomar un subgénero que parecía agotado y moribundo, poner su sabiduría y sus recursos al servicio de ese subgénero, y conseguir que las demás series de zombis parezcan de serie B. Es decir, The Walking Dead tuvo algunos capítulos que me parecieron muy buenos (es verdad que pocos con respecto al total), pero uno ve Kingdom y la diferencia de calidad es abrumadora en prácticamente cualquier aspecto en el que uno se quiera fijar.

El juego del calamar no es Kingdom. No le va a sorprender a usted si busca ese tipo de valores artísticos, y no contiene un subtexto tan poderoso como el de Kingdom, una serie de zombis cuyo tema principal es realmente el concepto de majestad, las cualidades que debe poseer un rey para merecer la corona además de heredarla por nacimiento. El juego del calamar carece de esta profundidad y se parece más a La casa de papel. Parte de la misma premisa simple: la pregunta de cómo los protagonistas se saldrán con la suya en una situación que parece no tener salida. Las demás ideas están subordinadas a esa pregunta. El argumento de El juego del calamar es, por si usted, cosa difícil, todavía no se lo ha oído describir a un entusiasta compañero de trabajo, es este: un grupo de personas en situación económica desesperada se encierran en una isla para participar en un juego mortal cuyo ganador saldrá con una fortuna en sus manos. No hay mucho más que eso. La crítica a las desigualdades del capitalismo, un subtexto que impregna un buen número de producciones surcoreanas, está presente aquí, pero de manera bastante diluida y casi como un truco para que mentalmente asociemos esto con otros títulos célebres de aquel país. El juego del calamar es una serie en la que pasan muchas cosas, pero no una serie en la que haya grandes reflexiones. Puede ser disfrutada por adultos, pero sabiendo de antemano que está dirigida a adolescentes y el comentario, social o de otro tipo, no es muy elaborado.

El guion prima las reacciones emocionales del espectador por encima de la lógica. Y, sobre todo, prima el entretenimiento. Hay muchos momentos en que los sucesos o los comportamientos de los personajes no parecen responder a una lógica aparente, sino a la necesidad de que existan secuencias emotivas o impactantes en cada episodio. La mejor manera que se me ocurre para explicarlo es decir que El juego del calamar parece planeada en una hoja de Excel. En tal episodio han de suceder tales cosas. Usted podrá replicar que todas las series son planeadas así. En principio sí, pero esa estructura debe responder a una evolución lógica tanto de los personajes como del entorno. En El juego del calamar no sucede eso y, más allá del Excel, todo lo demás secundario. Conviene apaciguar la parte racional del cerebro para disfrutar de la serie porque, si es usted de quienes siempre se preguntan «¿Y esto por qué es así?», «¿Cómo es posible que…?», y suele tener dudas razonables sobre cosas sin explicación aparente, acabará padeciendo un serio dolor de cabeza.

Una de las cosas que me intrigaban sobre el éxito de esta serie era el que haya habido otras con temática parecida pero que han tenido menos impacto. Por ejemplo, la japonesa Alice in Borderland. ¿Dónde radica la diferencia? Por un lado, no se puede obviar que en El juego del calamar las interpretaciones son bastante mejores, por ejemplo. Pero tenía que haber algo más. Entonces caí en la cuenta: El juego del calamar está estructurado como un concurso reality. Es básicamente Operación Triunfo con violencia y sangre. No solamente importa quién sobrevivirá al juego, sino quiénes son los buenos o los malos entre los participantes, y cuánto de justicia o injusticia habrá en el desenlace final de cada uno de ellos. Y eso es una jugada muy astuta.

El primer episodio, y hasta cierto punto el segundo, engañan porque sí se parecen a otros dramas coreanos. El protagonista es un tipo divorciado, irresponsable y sin dinero que vive con su madre y que, aunque tiene una hija, es un padre desastroso. Vemos también las miserias del sistema coreano, como lo costoso de la atención médica, etc. Es decir, tenemos un protagonista muy bien definido, además de una muy detallada descripción de su entorno social. Pero después la serie cambia. Eso sí, como ya es costumbre en las grandes producciones surcoreanas, los actores y actrices no solamente tienen carisma sino que venden perfectamente bien a sus personajes. El protagonista está fantásticamente encarnado por Lee Jung-jae, y el resto del reparto no desentona; me ha gustado en especial el trabajo de Kim Joo-ryoung, que encarna de manera hilarante a una locatis barriobajera. Hasta HoYeon Jung, una muy guapa modelo que al principio no parece interpretar mucho —tampoco es que su hermético personaje lo requiera—, termina sorprendiendo conforme avanza la trama. Aunque los personajes son bastante estereotipados, también son defendidos de manera muy hábil por sus correspondientes intérpretes.

Todo esto se aplica exclusivamente al reparto surcoreano. Cabe mencionar que hay unas secuencias, pocas por suerte, donde aparecen actores anglosajones que producen auténtica vergüenza ajena. A ver, yo pronuncio el inglés como Pepe Isbert en Bienvenido Mr. Marshall, pero entiendo lo suficiente como para saber cuándo alguien está actuando como si lo hubiesen contratado para el teatrillo del club de libros del barrio. Supongo que en Corea no es fácil encontrar buenos actores occidentales, o que a los productores les haya dado igual porque esos actores tan malos responden al estereotipo, no del todo impopular en Corea, de anglosajón arrogante y sin cerebro. Pero vamos, la chocante diferencia de nivel entre los actores que hablan coreano y los actores que hablan inglés es, literalmente, la diferencia entre una superproducción y un cortometraje hecho por amigotes. Además, parece que esas escenas las haya escrito alguien con un dominio del inglés semejante al mío, ¡y eso es un problema!

Así pues, los personajes (salvo los occidentales) están encarnados con presencia y saber hacer. Lo malo es que las relaciones entre estos personajes parecen seguir con ortopédica obediencia las necesidades del desarrollo argumental, lo cual provoca que sus decisiones lleguen a parecer inexplicables. Este defecto se va incrementando conforme se avanza en la trama, y definitivamente se sale de madre en el último episodio. Que no voy a comentar más por no hacer spoiler, pero estén preparados/as para llegar al desenlace y soltar un «¡venga ya!». En mi caso, las relaciones entre personajes me han dejado frío porque casi nunca he conseguido verlos relacionándose de manera «autónoma». Ya sé que esto es ficción, pero aun así debería producirse la ilusión de que los personajes toman decisiones por sí mismos, sin que se hagan patentes las necesidades del argumento.

Con esto llegamos a un punto clave: qué tipo de espectador/a debe ser usted para que esta serie le guste. Si suele usted discutir en su entorno sobre cine o series, o si visita a menudo páginas de comentarios de internautas, quizá haya deducido que existen básicamente dos clases de espectadores. Aunque hablo de tendencias, claro, porque todos podemos ser un tipo de espectador u otro dependiendo del momento. Pero eso no implica que la tendencia no exista. Unos espectadores prefieren sumergirse de lleno en la ficción, por lo que reaccionan de manera más emocional y dependiendo de lo que les sucede a los personajes. Incluso juzgan la calidad del producto en función de cómo les ha hecho sentir, y suelen citar como peor defecto el que les haya aburrido. Otros se fijan más en la consistencia del argumento o en los valores artísticos, y suelen citar como peor defecto el que existan errores lógicos o poca inspiración artística. Esta diferencia entre dos tendencias pudo verse claramente con Juego de tronos. Estaban quienes vieron el declive de la serie en la séptima y octava temporadas porque lo que sucedía en la ficción ya no les hacía sentir igual. Y estaban quienes vieron el declive ya en la quinta temporada porque, sencillamente, la calidad de la escritura había caído en picado.

El juego del calamar funciona más con el primer tipo de espectador. Esto no es un comentario sobre la capacidad de cada cual para ver la lógica de las cosas. Es un comentario sobre lo que cada espectador desea obtener de un producto audiovisual. Hay espectadores de Operación Triunfo y otros reality shows que saben, o como mínimo sospechan, que en esos programas está todo preparado y calculado, y aun así les da igual. Su objetivo como espectadores consiste en entretenerse sintiendo emociones derivadas de lo que les sucede a los protagonistas, para lo cual cierran los ojos si hace falta. A todos nos pasa un poco eso, todos tenemos esa necesidad de lo que llaman «suspensión de la incredulidad», de perdonarle a la ficción que sea ficción. Pero también es cierto que unos tienen esa necesidad más marcada que otros. Pues bien, El juego del calamar requiere mucha suspensión de la incredulidad. Pero mucha. Lo que deduzco que hace bien es recompensar la inmersión emocional de quienes consigan meterse de lleno en el argumento. Quienes no lo consigan, verán una serie que indudablemente es entretenida, pero también está indudablemente repleta de costuras argumentales mal cosidas. Además, salvo en algunos giros (al menos uno en concreto que admito no vi venir ni de lejos), casi todo es previsible. Y, como decía, no hay grandes conceptos detrás de la acción. No es una serie que haga pensar. Es más, cada vez que el guion intenta ponerse filosófico de manera explícita el resultado puede ser sonrojante («Los ricos se aburren, así que son tan desgraciados como los pobres»: ¡Vaaaaaya por Dios!) , pero la serie no abusa de ello porque sabe que las grandes ideas no pintan nada aquí.

Para comparar, tomemos por ejemplo la película The Belko Experiment. Trataba un asunto similar: los empleados de una empresa se ven envueltos en un «juego» en el que deben matar a treinta compañeros para que no terminen muriendo sesenta al azar. Aquella película apenas definía a los personajes, pero sobre el papel no hacía falta. Estaba engañosamente planteada como una película de ideas, como una oportunidad para realizar ciertos comentarios sociales. Sin embargo, en The Belko Experiment todo el posible trasfondo social fue desperdiciado en pos de un festival de violencia donde los brotes de las ideas nunca llegaban a germinar. Como resultado, terminó siendo una película violenta más, sin personalidad propia. El juego del calamar no ha repetido ese error; es verdad que las grandes ideas no existen, o han sido usadas como superficial aderezo de la ensalada de sangre y ocasionales vísceras. Pero la falta de trasfondo ha sido compensada yendo a por todas con las mencionadas relaciones entre los personajes, buscando momentos de sentimentalismo exacerbado y facilón, pero no por ello menos efectivo (sobre todo porque está bien interpretado).

Así pues, como Operación Triunfo sangrienta es impecable. Si es eso lo que usted está buscando, no se aburrirá ni un minuto. Como serie en su conjunto, tiene cosas buenas: el nivel de la producción, una dirección muy eficaz, un gran plantel de actores, quitando a los cuatro americanos sacados de algún curso de inglés. Pero sepa que si usted busca un drama realmente bien construido, no lo encontrará aquí, pese al espejismo del primer par de episodios. No se engañe: esto es comida rápida. Que a veces viene bien, tampoco lo vamos a negar.

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27 Comentarios

  1. En aras de debatir y aprender unos de otros ¿podría usted indicar algún ejemplo (de preferencia más de uno) de esas “decisiones tomadas por los personajes sin ninguna lógica, sólo porque el argumento lo requiere”?

    Obvia decir a los demás lectores que la respuesta estará cargada de SPOILERS.

    • Pues mientras la veía me di cuenta de bastantes, la verdad, pero la mayoría ya no las recuerdo. Haciendo memoria:

      – Que solo haya una noche de “purga”.
      – Que el pakistaní acepte la estúpida propuesta del compañero de canicas.
      – Que uno de los secuaces le explique al policía (disfrazado de secuaz) que “eso” es una bomba para bla bla bla, cuando se supone que ambos ya han pasado por ahí decenas de veces antes.
      – Toda la parte del tráfico de órganos no tiene ningún sentido.
      – Que no inicien una votación para detener el juego una vez hechos los equipos para el juego de las cuerdas. Cualquiera de los equipos débiles debería haberla promovido.
      – Lo mismo antes del juego de cruzar el puente. ¡Que había un matemático en el grupo! Tenía que saber que él iba a morir seguro.
      – Lo mismo para el de las canicas. ¿A la pareja de casados no les pareció buena idea intentar pararlo?
      – Que nadie recuerde qué 3 baldosas pisó el matemático antes de caer. ¿Nos estamos jugando la vida o unas cañas?
      – Que a nadie se le ocurra caminar sobre los raíles de las baldosas.
      – Que el viejo le agradezca al prota la idea para recortar la galleta porque de otro modo hubiera muerto (ya sabemos que no).

      Y las que me dejaré…

      La verdad es que estoy muy de acuerdo con la crítica, “fast food” es lo que mejor define a la serie.

      • No me parece una pedazo de serie ni en pintura, pero se deja ver. Te voy a responder (@nexus) porque creo que no son inconsistencias:

        – Hay una noche de purga antes del juego de sogatira, porque (creo) que es el único que requiere cierta fuerza, para eliminar a débiles.

        – Al pakistaní se le dibuja, durante toda la serie, como pusilánime e inocente. Además, él se encarga de mostrarnos constantemente que no quiere bajo ningún concepto que muera el compi, porque “le debe algo”.

        – Lo de la bomba se lo explica tras decirle “no lo toques”, porque el otro estira la mano. No sé si han pasado por ahí decenas de veces antes, no se de dónde sacas eso.

        – Lo del tráfico de órganos te lo compro. Quizás en la 2 temporada consigan explicarlo

        – Lo de las votaciones tiene cierto sentido, aunque ya vuelven tras la primera votación en lo que me parece algo acertado para darle algo de credibilidad a que sigan. Aún así eso habría sido sencillo de solucionar con una votación negativa y tirando.

        – Si el viejo no dice eso, te habrías esperado más lo que pasa después. No veo el sentido a criticar eso.

        A lo que no te he contestado es porque creo que tienes razón, y sería facilísimo de solucionar (lo de los raíles) poniendo a un “listo” haciéndolo y siendo fusilado al llegar al final, por ejemplo.

        • Es que si nos ponemos así no hay relato de ficción que se libre.

          – ¿Por qué Indiana Jones, experto en historia, no se acuerda de que Jehová se escribe con I?
          – ¿Por qué Richard Kimble es condenado a muerte, cuando las pruebas contra él son claramente circunstanciales? ¿Y sus abogados qué hacían? ¿Dormían?
          – ¿Cómo Tim Robbins en Cadena Perpetua coloca el poster desde dentro del túnel?
          – ¿Cómo es que Bruce Willis, psicólogo de profesión con décadas a sus espaldas, no se da cuenta de que desde hace meses nadie habla con él excepto Haley Joel Osment? Más importante, ¿cómo le llegó el caso de este nuevo niño con problemas?
          – ¿Por qué Kay tarda tantos años en mandar a tomar por culo a Michael Corleone?

          Y así. Supongo que la suspensión de incredulidad cada uno la pone donde quiere. Si vas a ver la obra con ánimo de buscarle los fallos, claro que se los vas a encontrar…

          Y sí, como indica JJ, la mayoría de los mencionados sí que estaban explicados en la historia, o podían ser explicados. Lo dicho, otra cosa es verlo con disposición de buscarle los fallos como los de Cinema Sins.

          • Claro, Pablo, pero es que me estás poniendo un ejemplo de cada película (y algunos de ellos muy pillados por los pelos). Aquí tienes decenas para la misma serie.

            Pero vamos, que lo único que he hecho ha sido responder a tu pregunta. Y es que por la forma en la que preguntabas, parecía que creyeses que esta serie es de esas que tienen un guion milimétrico, con todo bien atado, y que no hay nada dejado al azar, y va a ser que no.

            Tampoco hay nada malo en eso, es puro entretenimiento, está bien filmada y tiene buen ritmo (hasta el último capítulo, que es insufrible, e innecesaria toda esa “explicación”). Pero es simplemente una serie de mirar y no pensar. Comida rápida.

            • No, perdona, no quería dar esa sensación. Claro que el guión de la serie no es perfecto. Lo que digo es que me parece igualmente disfrutable, y no me parece más traído por los pelos que el de cualquier otra. Te he puesto un ejemplo de cada como te podría haber puesto cinco de cada, era por no extenderme demasiado. A ver, de la misma película:

              ¿Por qué no hay ningún policía en la casa del padre de Indy, que claramente ha sido destrozada? ¿Para qué Donovan contrata a los Jones si ya está trabajando con los nazis, no tienen ellos equipos de arqueología (sabemos que sí, nos lo dijeron en la primera parte)? ¿Por qué no hay policía o alarma en Venecia durante todo el tiroteo de las góndolas? ¿Cómo Indy y Elsa pueden hundirse en petróleo, e incluso abrir los ojos, mientras éste arde? ¿Para qué Indy se pone corbata para asaltar el castillo de Brumwald? (sabemos que no es por elegancia, el resto de su atuendo es el habitual de aventuras) Mientras están en Alemania tratando de evadir a las autoridades, ¿cómo es que ni padre ni hijo piensan en afeitarle la barba al primero?

              Mi favorito, ¿por qué la REPÚBLICA DE HATAY tiene un gobernante al que se dirigen como Su Alteza? (no sabemos si será un emir, un rey, un sultán o qué, pero evidentemente no es un canciller ni un presidente de república)

              Y ojo, la película es de mis favoritas. Si quiere hacemos el ejercicio con cualquier otra. XD

              • Totalmente de acuerdo, Indiana Jones es una película de aventuras, sin más, y es excelente como tal. Y no pretende ser más que eso ni nadie en su momento la consideró más que eso. Sin embargo, de esta serie ya se dice que “trata” sobre las desigualdades del capitalismo y bla bla bla. Y no lo es, es un mata y disfruta.

                Por otra parte, una película de aventuras con toques de comedia puede permitirse muchas más licencias que un thriller con misterio. No puedes montar toda esa parafernalia de un concurso masivo y SECRETO, y que se lleva realizando décadas en varios continentes al mismo tiempo, si no vas a ser capaz de justificarlo ni aguanta un análisis de más de 3 segundos. Búscate una justificación para que sea algo público y conocido (Juegos del hambre) o no des ninguna explicación (Cube), pero esto es un despropósito.

        • La noche de purga no la decidieron los organizadores, sino los jugadores. Y ellos no saben qué juego va a haber al día siguiente. Simplemente, no tiene sentido que el mafioso y otros “desalmados” no aprovechen el resto de noches para seguir eliminando gente.

          Una cosa es ser inocente y otra eso.

          Entiendo que pasaron por allí decenas de veces porque ya habían extirpado órganos antes (y seguramente otros años) y en varias ocasiones se ve al policía dudar de qué camino hay que tomar, y al otro pareciéndole extrañas esas dudas.

          Lo del viejo, es exactamente lo que dices. No tiene sentido dentro de la ficción. Solo tiene sentido para despistarte a ti, espectador, pero eso es lo que se conoce como guion tramposo. Y no es precisamente una cualidad positiva.

          Y aquí intenté ceñirme solo a “decisiones de los protagonistas” (y seguro que olvidé muchas), pero saliendo de ahí se puede hacer otra buena lista, empezando porque es absurdo que los policías no tengan ninguna noticia del tema, cuando hay 200 personas que salieron de allí y se supone que buena parte de ellos habrán ido a denunciar, además de los miles que ya habrán ido a denunciar lo mismo en años anteriores en los que también se haya decidido detener el juego en algún momento.

          • Creo que se menciona que la noche de purga es provocada por los organizadores repartiendo menos comida. Pero sí, es incomprensible que no aprovechen más noches de purga. Podía haber sucedido una segunda batalla y que fusilaran a los implicados, dando a entender que no estaban permitidas más purgas.

      • Tengo más:
        -¿Por qué no hay violencia sexual en la (única) noche de purga? (ni hacia los hombres, ni hacia las mujeres)
        -¿Por qué el abuelo 001 aguanta tanto y cómo demonios se sube en lo alto de aquella torre de camas?
        – Esa última cena….chirría por todos lados; más bien quiere parecer aquellas cenas en la casa de campo de la primera temporada de La Casa de Papel

      • Que el policía no sea descubierto antes y que asimile todos los comportamientos de los soldados sin levantar sospechas, es una de las incoherencias más llamativas, porque por muy inteligente que sea, no tiene ni idea de cómo comportarse allí, ni de las ubicaciones, los rangos…

    • Me pasé toda la serie esperando que el malo hubiera sido Takeshi Kitano. Eso hubiera convertido una buena serie en la mejor serie de la historia xD

  2. A mi juicio, Emilio se refiere a la decisión final del protagonista de no subir al avión. Ya estaba bien de dramas, era el momento de disfrutar el dinero y estar con su hija. Pero evidentemente, necesitan que la rueda siga girando. Es mucho dinero el que Netflix ha hecho y hará.

  3. supongo que lo peor es el hype que se monta y cómo se organiza un circo mediático sobre lo buena y profunda que es la serie, cuando es para pasar el rato y au. al final, me he tenido que meter en internet para no ir más allá de los tres primeros episodios porque estaba hasta el pirri de la tontería nivel king-size y quería desengancharme de ver lo que quedaba.

    totalmente de acuerdo con la crítica, salvo en que los personajes y sus relaciones enganchan. más estereotipados que estos tunantes: https://simpsons.fandom.com/wiki/The_Stereotypes

    j

  4. 111 millones han visto esta miniserie. ¿Buena noticia? Yo diría que excelente. Es un síntoma de que la hegemonía americana se está desmoronando poco a poco. Alegría me ha dado el éxito de la Casa de papel y otras tantas series y películas no producidas por los yanquis. Hollywood ha perdido el norte, ya no hacen apuestas, siempre van por lo seguro y eso hace sus productos sosos, tontos, ridículos…claro, de vez en cuando producen cosas buenas, pero no muy a menudo, como lo solían hacer. ¿Pueden los gringos hacer una serie como Sex education? No creo, son muy pacatos, de doble moral…
    Como siempre señor Emilio, un placer leerle. Totalmente de acuerdo con todo lo expuesto. Kingdom es una maravilla, y confieso que soy fan de The Walking Dead, con todos sus defectos.

    • Pues no sé qué decirte, esta serie es yanki a más no poder, y La casa de papel igual, lo único que les falta es poner el “EEUU” en país de procedencia. Así que no sé si será tan buena noticia, lo único que demuestra es que cuando en otros países intentan imitar al audiovisual americano, funciona. Eso puede llevar a que cada vez se vean más productos generalistas de este tipo (de los que ya hay demasiados), en lugar de otros con un estilo más propio.

      En cuanto a Sex Education, no pasé del tercer capítulo, tanto tópico junto (con mención especial a esa chica de 16 años malota que vive sola en un tráiler y que es mega-cool de la muerte…) y ese ambiente de cine indie adolescente donde todos dicen muchas tonterías pero como si fuesen súper profundas acabaron con mi paciencia.

  5. Creo que debo aclarar cosas, mea culpa, no lo hice antes. Cuando digo que me alegro por el éxito de los productos no gringos, es solo eso, me alegro por su éxito. Me alegro porque siento que están ayudando a desquebrajar su hegemonía…No estoy diciendo “me alegro por el éxito de esos productos porque son de un elevado nivel, de una calidad insuperable”.
    Y si claro, creo que tienes un buen punto cuando dices que tienen éxito cuando intentar copiar los productos audiovisuales americanos. Pero no creo que baste solo eso, copiar y llenar la plantilla o la receta… ahí viene a cuento el texto de Emilio: “Existe una distinción entre una serie de televisión que tiene un argumento inteligente, y una serie que tiene un argumento con momentos muy tontos, pero que ha sido escrito de manera inteligente.”
    A duras penas terminé el segundo capítulo de La Casa de Papel…El Juego del Cangrejo no es superior a un Hanecke, no faltaba más. Sex Education es un producto para adolescentes, pero difiere mucho de los productos adolescentes americanos que generalmente tratan de niños drogadictos. Es una tema que da para largo…baste solo comparar Sex Education con Love, Víctor. Víctor tiene tanta sacarosa que deberían advertir en sus créditos a los televidentes sobre una posible hiperglucemia si la terminan de ver…Sex Education presenta relaciones entre gais y lesbianas, pero su óptica no puede ser más diferente. Ejemplo: en un capítulo la pareja gay tiene un problema…según el tópico, el más masculino debería ser el que penetra (viene de los romanos): pero en ese capítulo el gay más masculino tiene el dilema de cómo hablar con su pareja para decirle eso, que es él el que prefiere ser penetrado…Por favor, no vayamos ahora a entrar en los tópicos de las relaciones sexuales gay. Es solo un ejemplo. En Víctor el dilema es cómo salir del armario y decidir entre su novia, el chico que le gusta y otro que aparece por ahí.

    • Entonces estamos más de acuerdo de lo que parecía. Acepto que Sex Education pueda ir más allá en cuanto a los temas o problemáticas que trata, no lo sé porque no llegué a darle tiempo ya que no pude con los personajes ni la presentación de la serie.

      • A veces el casting es el culpable de que no sintonicemos con algunos perosnajes. Asa Butterfield viene de Hollywood, tiene una carrarera que podríamos llamar sólida, pero en su personaje de Otis no logra cuadrar, me sorprendió lo mal actor que puede ser, su registro es tan bajo que a veces pienso que una cuchara lo hubiese hecho mejor. Y el personaje escrito tampoco ayuda, el chico es tan soso. ¿Quién no se enamora de Maeve? Pero a veces me costaba mucho trabajo suspender la incredulidad, Emma Mackey tiene 25 años e interpreta una chica de 16…bueno, todos actores de esa y otras series adolescentes son adultos de mas de 20…Pero ese es otro tema, actores de 30 años interpretando adolescentes…

  6. Pues a mí que la casa de papel me parece una mierda infumable, no sé si me alegra que algo tan malo tenga tanto éxito. En el calamar al menos los actores son buenos y se deja ver, coincido con el análisis de Emilio 100%. A veces presta un McDonald’s!

  7. Lo malo de esta serie es…que es una serie. Y quizás eso sea lo que hace que muchas series al final no satisfagan. Si fueran una película, seguramente fueran bastante mejor. Yo soy de películas, y no tanto de series. Así que, cualquiera puede rebatirme el argumento con facilidad, pero voy a intentar explicarme. Antes de seguir, agradezco al articulista que haya mencionado los culebrones y esas series de antes. En el fondo, creo que es como mejor funciona una serie: los personajes se comportan más o menos igual siempre. Cuando hay evoluciones en tanto en cuanto a la trama, no suelen acabar bien, para mi gusto.

    No estoy de acuerdo con el articulista, en cambio, con su parecer de que el Calamar no tiene un subtexto poderoso o concepciones filosóficas. Yo creo que sí, que presenta una gran temática, que queda reducida a efectismo, subtramas que no aportan gran cosa, y un final flojo continuista (leí por ahí que el autor no tenía claro si habría segunda parte; después de verla, es a lo que parece que aspira, a continuar la cosa).

    Esta historia se encuadra en el fantástico, y el fantástico cuando está acertado trata los temas importantes la vida con una gran complejidad alegórica, y para terminar bien debe haber un giro final apabullante y definitivo. De todo eso se alimenta el Calamar, pero lo alargan y retuercen, y no produce el efecto final, redondo, con una reflexión fantástica, y a la vez aplicable a la vida real. O lo que es lo mismo, que haya un transfondo filosófico dentro de la fanfarria fantástica.

    ¿No crees que nos presentan una reflexión sobre la sociedad moderna basada en el consumo? ¿No crees que específicamente eso marca nuestras vidas hoy en día más que cualquier otro tema como las ideologías o la religión o lo que sea? Esta serie es la peli Parasite llevada al fantástico (más aún), y alimentándose de un montón de películas previas.
    Quien ha hecho esto ha visto bastante cine moderno, tengo la impresión. El Calamar es Saw (recuerda a Jigsaw al final de Saw I, ¿ese giro no lo hace, sin gracia, el viejillo aquí?), pero sin entrar a una moralidad de castigo y redención (se queda en que los ricos se aburren). También es El hoyo, Cube y ese puñado de películas del fantástico alegórico, por llamarlo de alguna manera. Si se me permite, una especie de explicación sobre el uso de juegos infantiles, de cuando el mundo era más simple, para dar una lección sobre lo complejo y vacuo de la sociedad de consumo habría ayudado mucho a un mejor final. Y por supuesto, hacer de el Calamar un película, claro.

    Sobre interpretaciones, de acuerdo que habría que matar de alguna de esas maneras de la serie a los actores americanos del final. Y la emotividad, no sé por qué (quizás por la lengua coreana, de la que no tengo ni puta idea), en ningún momento conecto con la pena de los personajes. Interpretan bien las escenas de acción, pero la parte dramática…

    Concluyo diciendo que es altamente entretenida, tiene grandes escenas, y la fotografía con esas composiciones de forma y color son especialmente buenas para atraparte y guiarte a ese mundo fantástico. Pero por favor, déjalo en dos horas.

    Perdón por la brasa.

    • Me queda el último capítulo y lo veré esta noche. Para terminarla. Porque hace años que me vengo proponiendo acabar las cosas que empiezo. Pero, mi verdad, no es para tanto la historia. Es algo más que sadismo, si, pero poco más. Ni las partes de acción son mejores que las dramáticas ni viceversa. No le encuentro el gustillo a pesar de que reconozco me retorcí con lo crudo de ciertas escenas. Es un producto como tantos otros. Entretenidillo. Hoy he visto con mi hija el cuento de la princesa kaguya, también en netflix, y me resulta mucho más inspirador. Pero supongo que es mi preferencia. Me doy de baja en la plataforma a final de mes porque lo tengo pagado. Y coincido contigo en preferir las películas, las series me aburren en cierto momento.

      • El cuento de la princesa Kaguya la ví con mi hija hace unos meses y fue toda una experiencia vital para los dos. Al margen de la emotividad de la historia, la calidad artística me pareció sublime. Muy recomendable.

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