
Reconozcámoslo: la premisa de The Monuments Men (2014) es buena y el reparto es potente, pero a la película le falta empaque. Tiene varias escenas que podrían ser memorables y, sin embargo, la sensación final es descafeinada. Quizá porque es una comedia que no se atreve del todo a serlo. Un sí pero no. George Clooney titubea con el registro y Bill Murray anda desubicado, como cuando Ferraz puso a Gabilondo a hablar de fascismo. Es una lástima porque, por la propia temática, se podrían haber parido un puñado de imágenes icónicas. Por ejemplo, a La adoración del Cordero Místico (el políptico de Gante) de los hermanos Van Eyck se le saca muy poco jugo. Tampoco era cuestión de hacer un documental de arte o un melodrama, pero oiga, algo de alma, de garra, de pathos. Ellos lo merecían: sabemos que hubo unas cuantas personas que se dedicaron a la noble tarea de recuperar las obras de arte que los nazis habían expoliado. Sabemos que entre ellos hubo historiadores del arte, profesores, restauradores o conservadores. Podemos saber incluso, gracias a los datos de la Monuments Men Foundation, que fueron unos trescientos cuarenta y cinco hombres y mujeres de catorce nacionalidades. Lo que no es tan conocido es que uno ellos está enterrado en Carabanchel. A unos nueve mil kilómetros de California, donde nació. Se llamaba Albert Sheldon Pennoyer y reposa en una tumba discreta del cementerio británico, ubicado en el barrio de Comillas de Madrid. En su lápida, a modo de última afirmación, aparece tallada una sencilla paleta junto a unos pinceles. Algo así como Albert Sheldon Pennoyer fuit pictor.
Junto a sus restos se hallan, a derecha e izquierda, los de una bailarina inglesa cuyo nombre está casi borrado por el tiempo y los del presidente de una empresa de suministros. Resulta curioso: nos pasamos la vida eligiendo de quién queremos estar cerca, estrechando afinidades y esforzándonos por no erosionar relaciones, y al final nos puede tocar acceder al cielo pegados a alguien a quien no conocemos de nada. En el cementerio británico también descansan militares, espías, diplomáticos, comerciantes, banqueros, aristócratas georgianos y algún colaborador nazi. Por haber, está hasta la legendaria espada Excalibur: la podemos encontrar labrada en la tumba de un hombre llamado Arthur muerto en 1854. Todo a pocos metros del asfalto inclemente y los kebabs de la calle General Ricardos. Cierto es que el cementerio tiene un punto de oasis urbano, pero no es un lugar pulcro ni despejado. Es más bien un desván, una enciclopedia polvorienta a cielo abierto donde la luz se filtra por los cipreses y las flores asilvestradas para iluminar nombres que solo recuerda el mármol.
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Se os ha colado una falta en «Junto a sus restos se hayan».
Magnífico artículo. ¡que vida tan interesante la de algunos norteamericanos del siglo XX ! Descubriendo el mundo má allá de sus inmensas fronteras americanas.
Juanma del Olmo Piera, me quedo con tu nombre y tu despierto intelecto para hacer un borron de poesia sin principio que ni es en vaciedad ni es vacuidad, pero si en cualquier cementerio de madrid que albergue nobles y diplomaticos. La performance seria metapoetica versus el yo de las de las ideas para que el holograma del metaverso entre efectos de animacion de paso a un happening situacionista en la dantesca y santa memoria de la nada. R. Toledo (ex judio que dejo de lado el ser cazador de nazis en el Paraguay del guarani).
Juanma del Olmo Piera. Me quedo con este nombre. Tal vez algun dia, reinclinacionando poesia del sin principio, juntos hagamos algo que no sera vaciedad pero si Vacuidad
De ser asi, sera en un cementerio de Madrid que albergue a nobles, militares y diplomaticos de la era franquista. Si todo eso se diese, entonces tu y yo hariamos la perfomance metapoetica del anti-yo. No se como se animarian los hologramas en el centro del mandala.. Pero lo cierto es que alli sucederia un happening nudista y situacionista que de manera espontanea profanaria la memoria de la nada. Incluyo la memoria del embajador en India, Enrique Mahou Stauffer y del embajador en Paquistan, Victor Sanchez-Mesas y Juste.
Rey Toledo.